El estreno de Roglic en la reVuelta eslovena donde Valverde repitió podio.

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Los colombianos pusieron la ‘cruz’ de la carrera.

La Vuelta España 2019 concluyó el Domingo en Madrid con el característico paseo triunfal por las calles de la capital. La etapa arrancó a primera hora de la tarde desde Fuenlabrada para concluir al atardecer en Madrid. Hubo tiempo para las fotos con el champán, una pedida de matrimonio en plena carrera, bromas, la escapada de Rubio y Martínez… Pero a la hora de la verdad fue Jakobsen quien se apuntó el último triunfo en el Paseo de la Castellana con Bennet y Sajnok pisándole los talones. Poco después se formó ahí el podio con los vencedores.

La Vuelta 2019 fue La Vuelta de los eslovenos. Primoz Roglic y Tadej Pogacar coparon el podio de La Cibeles escoltados en el medio por Alejandro Valverde, quien fue segundo diez años después de subirse al cajón por primera vez. El murciano, además de llevarse la etapa parcial en Más de la Costa, consiguió su 9º podio en una grande, el séptimo en la ronda de casa (incluida la victoria de 2009), 19 top-ten en 22 carreras de tres semanas terminadas además de las 17 etapas conquistadas.

El último día, camino de la Plataforma de Gredos, estuvo a punto de perderlo debido al empuje de Pogacar, que se fue en solitario desde Peña Negra. La estrategia conservadora de Movistar, que apostó por intentar salvar los puestos de Nairo y ‘El Bala’, casi les cuesta quedarse sin nada pero el de Las Lumbreras apretó al final para salvaguardar un segundo puesto que no esperaba, puesto que había llegado a esta carrera con la intención de llevarse etapas.

Por delante de él ganó con solvencia Primoz Roglic. El del Jumbo, aunque con bagaje todavía escaso en un deporte al que llegó hace solo ocho años procedente del esquí, se hizo con una Roja que asaltó en la única crono de la carrera, en Pau, y consolidó sorteando como pudo, pero firme, las numerosas vicisitudes que le aparecían cada día. Pogacar, a sus 20 añitos, fue la sensación con tres triunfos de etapa de prestigio en Andorra, Los Machucos y la Plataforma de Gredos además de llevarse el maillot de los jóvenes.

La cruz en esta carrera la pusieron Nairo Quintana y Miguel Ángel López. Es cierto que el de Movistar ganó la etapa de Calpe, dio la machada recortando cinco minutos en Guadalajara y peleó por el triunfo hasta la última etapa competitiva, pero el regusto que dejó finalmente fue amargo. El de Boyacá escribió en esta Vuelta uno de los últimos capítulos, si no el último (aún correrá clásicas con el cuadro navarro), de un matrimonio con el Movistar que nunca dio la sensación de ser estable y acabó con un divorcio que le lleva al Arkae francés.

Supermán, por su parte, fue protagonista indiscutible de la carrera. Para bien y para mal. Ha sido, con Pogacar, el corredor más ofensivo entre los importantes, pero también de los que menos suerte ha tenido. En especial, por la caída al final de la primera semana en Andorra que quizás le mermó para el resto de la carrera. Pero cuando parecía recuperado y todo el mundo le esperaba, al final también le abandonaron las fuerzas pese a que su equipo no paró de calentar la carrera y dificultar la existencia a los rivales.

A falta de grandes figuras, y con La Vuelta un poco más ‘barata’, los equipos españoles aprovecharon para ser protagonistas. Burgos BH brilló sobremanera gracias a las fugas que protagonizaron sus hombres, pero sobre todo por el increíble triunfo de Madrazo en Javalambre.

Además, el Gorrión aguantó el maillot de topos casi hasta el final de la ronda. Se lo acabó birlando Bouchard. Murias, por su parte, salió del bache económico en el que se encontraba -ya casi tienen cerrado un patrocinador- y se llevaron un alegrón de altura en Urdax con el triunfo de Iturria, quien culminó con maestría la escapada.

Tan sólo se quedó sin ‘mojar’ Caja Rural-Seguros RGA, quien rozó el éxito varias veces vía Aranburu y Aberasturi. Fue la Vuelta de las ausencias ilustres, del triunfo de Jesús Herrada en Ares del Maestrat, de algunas polémicas internas de Movistar, de las salidas de tono en la ‘batalla de Toledo’, pero sobre todo de la Revuelta eslovena.

Simon Yates se consagra en Madrid.

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Enric Mas y Miguel Ángel López le acompañan en el podio.

Simon Yates se llevó el domingo su primera grande. El líder del Mitchelton se subió a lo más alto del podio de La Castellana tras completar una carrera casi perfecta. El líder no flaqueó ningún día. Estuvo impoluto desde el inicio.

El británico había preparado a conciencia la Vuelta; era su oportunidad de resarcirse después de un Giro que perdió en el último suspiro después de una genialidad de Chris Froome en Bardonecchia.

Quería demostrar su calidad y su fortaleza en España. Con su ya clásica filosofía por bandera, “la mejor defensa es un buen ataque”, el de Mitchelton-Scott ha mostrado, a sus todavía 26 años, sus grandes credenciales. Además, lo ha hecho en un año inmejorable para el ciclismo británico, que ha firmado la triple corona: Chris Froome se hizo con el Giro, Geraint Thomas con el Tour y ahora Yates con la Vuelta. Un hito que puede resultar un espaldarazo importante para su país.

No fue la Vuelta del Movistar Team, que llegó a la carrera con el máximo favorito entre sus aspirantes y el mejor gregario posible: Alejandro Valverde. Nairo, ganador en 2016, se postulaba como el principal candidato por palmarés, aunque venía con dudas después de un gris Tour de Francia. Es cierto que había conseguido un triunfo de etapa importante, pero no logró el objetivo de entrar en el podio.

Comenzaron muy fuertes, dominando la carrera. Valverde se mostró como el rey de las bonificaciones. Por eso llegó con opciones de podio hasta el final. Respondió en montaña. En La Covatilla, La Camperona (donde consiguió un triunfo excelso Óscar Rodríguez que encumbraba a un Murias que, al igual que el Burgos, se mostró muy competitivo en su debut), en los Lagos de Covadonga…

Tan sólo falló en Andorra, cuando se repartían los puestos del cajón. Nairo se desconectó mucho antes. Su crisis comenzó en el Monte Oiz. A partir de ahí, sabiendo que no tendría opciones en la general, se puso a las órdenes del ‘Bala’. El ‘Imbatible’ ganó dos etapas a Kiatkowski (Caminito del Rey) y Sagan (Almadén).

Fue la Vuelta de la igualdad, del calor y las pequeñas diferencias. No rindieron a su mejor nivel hombres como Ion Izagirre o David de la Cuz, que tenían esperanzas de pisar el podio. Tampoco Fabio Aru, ganador de esta carrera, al que le persiguieron todos los fantasmas.

Los españoles que sí triunfaron fueron Jesús Herrada, que vistió durante dos días el maillot de líder gracias a una inteligente escapada en Estaca de Bares, y Enric Mas. El balear, el ‘heredero de Contador’, fue de menos a más. Siempre respondió con los mejores pero se vino arriba tras su gran actuación en la crono de Torrelavega.

Aquella tarde se acercó a un podio que cazó tras su histórico triunfo del sábado en La Gallina. Allí superó a Supermán López, quien se coló en el tercer puesto gracias a su actitud ofensiva en el último tramo.

Se disputó en La Castellana la última etapa de Madrid. Viviani, que hacía ‘triplete’, se llevó un ajustado triunfo al imponerse al esprínt a Sagan y Nizzolo. Era la última victoria del italiano en una Vuelta que fue dominada por el capitán Simon Yates.

Froome se corona al fin en la Vuelta España y Contador entra en la leyenda.

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El madrileño dio sus últimas pedaladas profesionales en Madrid. El africano redondeó el doblete Tour-Vuelta.

El lunes después de una grande es un día de sensaciones raras. A la hora de la comida coges el mando a distancia, por pura inercia, y zapeas impulsivamente por el televisor, pero no encuentras a Carlos de Andrés y Pedro Delgado. Si acaso te topas con una redifusión. De repente, caes en tu error: ya no hay Vuelta a España. Y sientes un enorme vacío. Inconsolable. Ese vacío se convertirá este 11 de septiembre en un abismo cuando, además, recuerdes que ya no volverás a ver más a Alberto Contador en una carrera profesional.

A las 20:24 horas, Contador cruzó la meta de Madrid en el puesto 26º. Feliz del trabajo bien hecho. No le importó haber perdido la cuarta plaza ante Wilco Kelderman por un corte de siete segundos. El último recorrido, sobre 117 kilómetros, se lo tomó como una fiesta, con brindis de cava incluido. Vistió el maillot blanco de la combinada de prestado, porque el ganador de esa clasificación es Chris Froome, que también se ha llevado el rojo de la general y el verde de los puntos, en dura puja final con Matteo Trentin.

Froome cumplió su desafío. Le ha costado más esfuerzo ganar la Vuelta que el Tour. En España se descubrió como corredor de grandes rondas en 2011, cuando fue segundo tras Juanjo Cobo. Después de aquello se había coronado cuatro veces en París, pero la Vuelta se le resistía. El reto se transformó casi en una obsesión. Tanto que esta temporada Froome se preparó a conciencia para rendir aquí. Otras veces llegó más cansado, o con un equipo más pasota. En 2017 lo ha bordado. El africano se erige como el primer ciclista que gana Tour-Vuelta el mismo año, desde que se celebra en ese orden. Jacques Anquetil (1963) y Bernard Hinault (1978) también lo hicieron, pero cuando la Vuelta se disputaba en primavera.

Chris Froome se lleva la gloria en el palmarés y la admiración del público. “Para todos, mucho, mucho gracias, para tres semanas a tope”, se despidió en castellano desde el podio. Es difícil no quererle. Su ciclismo no es bello, pero su actitud nos engancha. Sus dos sprints finales contra Trentin son un ejemplo de ello. Para Contador ha sido la gloria eterna y el aplauso infinito. Su ciclismo es bello. Su actitud, también. Contador nos engancha porque no se ha limitado a recibir los vítores de los aficionados en cada una de las 21 etapas. Ha atacado cada día que ha podido: hasta once días. Sin contar el paseo en solitario que se dio en la entrada a Madrid. Emotivo homenaje. Los 2:33 minutos que perdió en la tercera etapa en Andorra han sido un lastre que le ha impedido luchar por el jersey rojo y por el podio. Pero siempre le quedará el Angliru: la imagen más hermosa de esta Vuelta 2017.

Contador se dio el domingo el último baño de cariño como profesional. Firmó autógrafos en la salida de Arroyomolinos, se hizo fotografías… Y lidió como pudo la aclamación unánime: “No te retires, Alberto”. Hasta sus compañeros Markel Irizar y Edward Theuns se lo cantaron en directo para las cámaras de televisión: “¡Un año más!”. Nos vamos a quedar con las ganas. Aunque bien pensado, ¿para qué arriesgarnos a un broche menos mágico?

Trentin ganó el sprint de Madrid y logró su cuarta victoria en la Vuelta, pero no le sirvió para arrebatar el maillot verde a Froome, que se codeó con los velocistas ‘a lo Eddy Merckx’ para clasificarse undécimo y conservar la prenda por sólo dos puntos. Por cosas así, Froome es admirable. Mientras el africano se daba ese último calentón, Contador se autodedicaba un homenaje: una vuelta de honor con la bandera de España al viento. Ya desmontado de su bicicleta, subió al podio para recoger el premio al Más Combativo… A un podio similar al que escaló otras nueve veces como ganador de nueve grandes: tres Tour de Francia, tres Giro de Italia y tres Vuelta a España. Por todo ello solo queda decir el que ha sido el lema de esta Vuelta: Gracias Alberto.