Nadal no cae en la trampa ante Berrettini.

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El español jugará ante Medvedev su quinta Final del US Open.

El deporte no está sujeto a ninguna lógica. Ni siquiera el tenis, donde el cartel, el ranking y la experiencia sirven como taxonomía. Pero lejos de ser una ciencia exacta, cada partido es una incógnita, y eso es algo que Rafael Nadal se repite cada día antes de encarar la siguiente ronda. El español no cayó en la trampa ante el ‘novato’ Matteo Berrettini para superar la Semifinal del US Open por 7-6(6), 6-4 y 6-1 en 2 horas y 35 minutos.

Nadal se abrió paso en la que será la Final de Grand Slam número 27 de su carrera (18-8) y la quinta en Flushing Meadows. No obstante, el Domingo tratará de recortar distancias frente a Roger Federer en la lista histórica de campeones en esta categoría. Y es que el español guarda en su vitrina 18 títulos, mientras que el suizo conserva 20 coronas de este nivel.

Sin antecedentes ni referencias en el cara a cara, la Arthur Ashe reunió por primera vez a los protagonistas en la Semifinal de Flushing Meadows. El italiano, cabeza de serie N° 24, llegaba con confianza, la muñeca suelta y sin las cadenas de la presión. Toda la responsabilidad estaba al otro lado de la red, sobre todo, desde que Novak Djokovic y Roger Federer se ausentaron del cuadro.

Pero Nadal no sucumbió a la presión de ser el único favorito en juego desde hace varios días en Nueva York. Y mucho menos se confió ante un rival que había sacado un billete para la Semifinal del US Open por derecho propio, desplegando un tenis vistoso, potente y con descaro, que no tardó en dibujar sobre la pista más grande del mundo.

Eso sí, la falta de minutos de rodaje en este tipo de escenario pasó factura a Berrettini en los primeros minutos, que combinaba momentos de brillantez con golpes precipitados. Nadal estuvo cerca de hacer pagar el ansia de su rival en varias ocasiones. Y hasta en tres juegos al resto dispuso de opciones de break. Seis en total. Pero el italiano logró escapar de todas, con su servicio y valentía. Incluido un punto de set.

El tie-break fue el juez que decidió la balanza del primer parcial. Una doble falta y un ángulo corto de revés cruzado de Berrettini hicieron saltar las alarmas con dos mini-breaks (0-4) en el desempate. Tanto fue así, que el jugador nacido en hace 23 años, se colocó 4-6 para cerrar el set. Sin embargo, Nadal demostró por qué es uno de los mejores jugadores de la historia cuando está contra las cuerdas. Enlazó cuatro puntos seguidos para dejar el marcador de su lado (8-6).

Nadal siguió presionando el servicio de Berrettini en el inicio del segundo set. En los dos primeros juegos encontró hasta tres opciones de quiebre, pero no pudo materializar ninguna (3-3). Hasta entonces, la seguridad en el saque del manacorense se tradujo en un 93% de puntos ganados con el primero y ninguna concesión al resto.

Y a la décima fue la vencida. Después de dejar escapar hasta 9 opciones de break, Nadal convirtió el primer quiebre del encuentro en el séptimo juego del segundo set (4-3), que confirmó poco después, apoyado de nuevo en su gran rendimiento con el servicio (21/25). El balear puso otro granito de arena hacia la Final del US Open (6-4).

Apenas tardó un juego en encarrilar la victoria con segundo break del encuentro (3/15 en total) para escaparse 2-0. Ya no hubo respuesta posible de Berrettini que se fue diluyendo como un sobre de azucarillo en un vaso de agua. Las mejores sensaciones del italiano desaparecieron a la vez que el español agrandó su figura sobre la pista, sin prácticamente errores (sólo 3 en el set) selló su pase a la Final.

Nadal se enfrentará en el último partido por el título ante Daniil Medvedev por segunda vez en esta gira americana. El español domina el head to head por 1-0. En el único antecedente entre ambos en la Final del ATP Masters 1000 de Canadá, se impuso por 6-3 y 6-0 en apenas 70 minutos.

Federer bate a Nadal y buscará su noveno Wimbledon.

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El suizo se llevó un choque clásico sobre la hierba de la Centre Court.

Incluso la leyenda más grande puede seguir creciendo. Roger Federer alcanzó su 12ª Final de Wimbledon al batir a Rafael Nadal en un choque titánico. El suizo, que superó al español por 7-6(3), 1-6, 6-3 y 6-4 tras tres horas y cinco minutos de lucha en Londres, se aseguró su 31ª Final individual de Grand Slam, la mayor marca de todos los tiempos, y también otra cita con lo desconocido. El domingo, ante el serbio Novak Djokovic, buscará su novena copa en el All England Club para extender su figura como jugador más laureado de siempre sobre el pasto británico.

Que no es un partido cualquiera pronto quedó bastante claro. Español y suizo saltaron a la Centre Court de Wimbledon bajo una sonora ovación, recibidos como auténticas leyendas en un escenario icónico. Sobre una hierba rota tras dos semanas de zapatazos, dos de las mayores figuras de todos los tiempos abordaron un partido sin concesiones.

El sol calentaba con fuerza la hierba y el juego actuó en consecuencia. Si el suizo es un especialista en el tenis vertiginoso, capaz de mantener la precisión a la velocidad de un rayo, el español mantuvo la agresividad mostrada desde su llegada a Londres. Era un partido para afrontar desde la decisión, con una contundencia sin miramientos, y la misión fue aceptada a ambos lados del campo.

Para dos tenistas con los nervios curtidos a experiencia, la situación fue manejada con hielo en las venas. Los primeros siete juegos volaron desde la autoridad al servicio, calentando las manos a pasos acelerados. Nadal no fue capaz de frenar un encuentro plagado de puntos simples, decididos de chispazo en chispazo al gusto de su adversario. Atento al escenario conducido, Federer dispuso de una pelota de rotura con 4-3, una opción que es tesoro en una batalla de equilibrio. Ahí, también, estuvo Nadal dispuesto a aceptarlo.

El primer momento crítico del partido fue un viaje al pasado. Ante una situación de presión, quizá en una de las visiones más repetidas de su carrera, Rafa confió en la medicina de siempre. Combar su derecha sobre el revés de Federer hasta partirlo en mil pedazos. Una variante para nada explotada pero que apareció en este instante. Después, cuando Roger se colocó a dos puntos de ganar la manga (6-5, 40-40), el mismo recoveco la permitió seguir a salvo. Como resultado: un primer set sin roturas de intenso aperitivo.

El desempate fue el destino lógico para dos tenistas blindados. Allí, en un minúsculo puñado de puntos, quedaría resuelto el drama de todo un primer asalto. Y Federer apareció preciso, dispuesto a sacarse toda la presión de golpe. El suizo se rehizo en un tiebreak de infarto, donde su cabeza funcionó tan rápido como las manos. Tras levantar dos mini-roturas y con una derecha que escupió fuego, el ocho veces campeón asestó el primer mazazo.

Nadal no se rendiría y poco tardó en demostrarlo. Con su capacidad para mover montañas, en un partido que apenas se encontraba en las faldas, el español comenzó a mover la pelota con una furia inusitada. Dejando fuera de posición a su adversario. Sus tiros desafiaron el orden del suizo, clavado en un paredón de trayectorias desde el fondo. Y el partido encontró unas curvas inmensas. Nada más comenzar el segundo set Rafa tuvo dos misiones: contener con 1-0 su interior, al no aprovechar sus dos primeros puntos de quiebre, y contener con 1-1 también a Roger, que rozó una rotura con un aspecto gigantesco.

Como la fe del español no tiene límites, convirtió en oportunidad un partido a cara de perro. El mallorquín hizo pestañear a Federer colapsando su flanco de revés y pronto abrió en canal la discusión sobre el césped. En un abrir y cerrar de ojos dominaba 4-1 en un partido hasta entonces bien plano. Sus piernas tomaron un impulso tremendo,  respondiendo a los cambios de ritmo del jugador suizo y su revés volvió a endurecerse, siendo la plataforma clave para plantear la pista a lo ancho.

El primer resurgir de Nadal creó dudas claras en Roger, impreciso incluso en la zona central del campo. Cuando los pensamientos llegaron hasta cerca de la red, un terreno de habitual dominio para el suizo, el rumbo del partido dio un giro bien brusco. Antes de que Londres asumiera una reacción, el español se sentó en el banco con el partido igualado.

Si los momentos de presión distinguen a los mejores de los buenos, Federer remarcó una vez más su lugar entre los primeros. El suizo desplegó una derecha que es un primor, coloreando una variedad de tiros que levantó al graderío. Con golpes invertidos, ganadores en estático pasando por bote prontos, el de Basilea rasgó un parcial que bien podría haberlo hundido. Con el 3-1 en las manos y un Nadal dispuesto a resistir, Roger salvó una situación crucial. Un 15-40 con el partido ya convertido en lo de siempre, un duelo de tenis con el ritmo del ping-pong.

Como el suizo es imparable con la mano engrasada, el final del parcial fue un resumen de atributos. Roger se montó al resto como un martillo, devolviendo pelotas sin pausa con los pies sobre el blanco. Y su derecha, un láser hacia cualquier punta del campo, siguió marcando el ritmo de lado a lado. El nivel fue evidente mirando al marcador: Roger llegó a tener pelotas para dominar 5-1 al español, un tenista al que es casi imposible siquiera mantener el ritmo.

La caída del sol trajo un balón de oxígeno para Federer: un reto de larga distancia en las manos de su adversario. Si Nadal quería llegar a la victoria en la Centre Court, a imagen de su histórico triunfo en la Final de 2008, tendría que hacerlo por el camino más duro: las cinco mangas sobre césped ante el mayor dueño del campo.

Con el partido encarado Federer firmó momentos brillantes, plagados de reflejos. Sus manos fueron rápidas ante Nadal, un maestro del revés cortado que quiso bajarle la pelota contra el suelo. Allí estuvo Roger, intacto a los 37 años para mostrar la agilidad de su cuerpo. La contundencia del suizo pronto colocó el 3-1, dejando a Rafa al borde del camino. Una ventaja que Roger nunca más dejó escapar.

Y eso que el español se resistió sin descaso. Nadal levantó dos pelotas de rotura con su servicio, otras tres al resto y, con 5-4 en los letreros, estuvo apenas a un punto de restablecer el equilibrio. En el sufrimiento, algo habitual, se desvivió Rafa como ninguno. Una lucha sin tregua que levantó a una grada impactada ante lo visto.

Federer culminó el partido a lo grande, sin perder un servicio en las dos últimas mangas como mensaje más nítido. Ante los mejores, sin importar el nombre del adversario, su ritmo sigue siendo incontenible sobre pasto.

Nadal tumba a Federer antes de su 12ª Final en París.

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El español espera a Thiem en la última ronda de Roland Garros.

Rafael Nadal y Roger Federer. Roger Federer y Rafael Nadal. El Viernes se citaron en la Philippe Chatrier dos de los grandes colosos de la historia de este deporte, para protagonizar el capítulo N° 39 de su rivalidad. Pero fue el español el que volvió a dominar en su territorio sagrado en París, al imponerse por 6-3, 6-4 y 6-2 y ganarse el derecho a pelear por su duodécima Copa de los Mosqueteros en París.

El manacorense amplió, además, su reinado frente a Federer en Roland Garros. No obstante, el once veces campeón en el segundo Grand Slam de la temporada ha ganado los seis encuentros que han disputado sobre la tierra batida francesa. También añadió una victoria más al head to head frente al helvético (24-15), cortó una racha de cinco triunfos seguidos de su rival y amplió a 14-2 su autoridad sobre arcilla.

Y es que ya son 22 las victorias consecutivas de Nadal en Roland Garros (no pierde desde los Cuartos de Final de 2015 frente a Novak Djokovic). Finalmente Dominic Thiem será el último peldaño que deba escalar para levantar al cielo de París un título más en la ciudad custodiada por la Torre Eiffel.

Las condiciones atmosféricas eran la peores para decorar uno de los partidos más grandes de la historia de este deporte. Pero el fuerte viento y la lluvia fina parisina previa pusieron aún más mística al duelo entre Nadal y Federer. Fue el suizo el primero en intimidar al resto, colocándose 30-40 en el juego inicial, pero tras ocho minutos el español salvó su servicio para de inmediato devolver la amenaza 1-0, 15-40. A la tercera oportunidad firmó su primer break (1/3).

Tal y como había hecho en sus cinco enfrentamientos anteriores en París, el manacorense inició el partido abriendo una brecha inicial en el marcador de 3-0. Sin embargo, Federer logró romper la sangría con su servicio y de nuevo al resto mantuvo un patrón agresivo, tratando de cerrar los puntos lo antes posible. Así, consiguió levantar un 3-1, 40-30 para convertir su segunda oportunidad de quiebre (3-2).

En una réplica del primer juego del encuentro, pero esta vez con Federer al servicio, se sucedieron las alternativas en los diez minutos que se prolongó. Y la irregularidad del servicio durante la primera media hora continuó inalterable. Esta vez fue Nadal el que insistió al resto hasta encontrar premio. En su sexta oportunidad de break en el sexto juego volvió a romper el saque (4-2) para, a continuación, confirmar la ventaja con su servicio (5-2). El español conservó la ventaja y con un revés ganador, de los 8 winners con los que terminó el set, cerró el parcial por 6-3 en 52 minutos.

A pesar del golpe de perder la primera manga, Federer se mantuvo en el partido. Tanto que al resto logró contener las embestidas de su rival hasta situarse con tres oportunidades de quiebre. A la tercera, logró colocarse por primera vez por delante por 2-0. Sin embargo, la paciencia -una de las grandes virtudes del balear- volvió a ser su mejor aliado.

Nadal necesitó de nuevo tres oportunidades para devolver el break al suizo. Y más allá de presentar un escaso 37% de puntos ganados con el primer servicio hasta entonces en el segundo set, consolidó el quiebre (2-2). La igualdad era máxima con un reparto de 22-20 en puntos ganados hasta entonces, dominado por el suizo que también iba por delante 4-3.

La autoridad del servicio se mantuvo inalterable hasta el noveno juego. Nadal consiguió levantar un 40-0 en contra y con cinco puntos seguidos se dio la oportunidad de sacar para cerrar el segundo set. No falló y con 12 golpes ganadores -por tan solo 4 errores no forzados- consiguió dar un importante paso hacia la victoria.

El 17 veces campeón de Grand Slam parecía tomar velocidad de crucero. Ágil de piernas, dominando con la derecha y apoyándose en el revés que funcionó como un puñal, volvió a adelantarse 30-40 al inicio del tercer set. Pero Federer se negó a abandonar tan pronto. Levantó la situación de peligro para mantenerse con vida en el partido.

Fue un espejismo. Para entonces Nadal ya había sacado el rodillo. Un doble break sentenció el partido y le permitió poner rumbo a su duodécima final en Roland Garros.

Liverpool 4-0 Barcelona: Histórica remontada en Anfield.

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Un desconocido barça vio como un fiero conjunto inglés se levantó del 3-0 en la Ida y certificó su pase a la Final de la Champions League.

El Liverpool logró una de las remontadas más impresionantes de la historia tras vencer 4-0 al Barcelona (4-3 global) en la Vuelta de la Semifinal de la UEFA Champions League, en Anfield.

El primer gol de los locales llegó rápido, apenas a los cinco minutos, tras un fallo garrafal de Jordi Alba por la parte izquierda, donde recuperó Sadio Mané que se marchó hacia el área y cedió a Jordan Henderson, cuyo disparo fue contneido por Ter Stegen, pero el rechace quedó a los pies de Divock Origi, que remató a placer.

Los Reds mantuvieron una alta intensidad en los primeros minutos, pero el Barcelona respondió y equilibró las acciones, incluso mereciendo el empate en alguna ocasión. Llegó el descanso con la sensación de que, si bien el Liverpool no estaba muerto, el Barça tenía la serie bajo control salvo una catástrofe.

La catástrofe comenzó al minuto 54. Volvió a errar Jordi Alba, Alexander Arnold se hizo con el balón, recorrió unos metros y lanzó un pase raso hacia la posición de Georginio Wijnaldum, que entró con todo para fusilar a Ter Stegen, que alcanzó a tocar pero no pudo evitar el gol.

Y apenas dos minutos después, el tercero.  Centro de Shaqiri desde la banda izquierda y nuevamente apareció Wijnaldum, que de cabeza se convirtió en el primer suplente de la historia en marcarle dos goles al Barcelona en un mismo partido de la Champions League.
El derrumbe del Barcelona se concretó al 79′ con uno de los goles más insólitos de la historia. En un tiro de esquina por la banda derecha toda la defensa del Barcelona dio la espalda al balón, Alexander-Arnold  se dio cuenta y sacó rápido a la llegada de Origi, que remató sin marca para consumar la remontada.
El Liverpool buscará ahora su sexto título en la máxima competición europea ante el Tottenham.

Barcelona 3-0 Liverpool: Messi y la suerte dejan al barça a las puertas de la Final.

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El que perdona siempre la paga. La máxima del fútbol se cumplió en la Ida de la Semifinal de Champions. El Liverpool fue infinitamente mejor que el Barça, pero la fortuna y Leo Messi determinaron que los culés hayan conseguido poner pie y medio en la Final de Madrid del próximo mes de Junio.

Los chicos de Klopp quitaron el balón al Barça, le hicieron correr, les hicieron sufrir como nunca y se fueron con tres goles en contra para la vuelta en Anfield Road. Los culés, con muy poco, consiguieron marcar gracias a la inspiración de Luis Suárez –en su versión más marrullera y letal– y un rato de Messi –vaya obra de arte marcó–.

Los británicos, totalmente desatados y descarados, perdonaban a la hora de dar el último pase, mientras que Coutinho amenazaba a sus ex compañeros con varios disparos de fogueo. El Barça lo estaba pasando mal y no lo ocultaba la cara de un Valverde descompuesto. Pero cuando peor parecían los culés apareció la conexión entre Jordi Alba y Luis Suárez para que el uruguayo culminase en plancha un gol de cazador.

El impresionante ritmo de juego del Liverpool dejaba al Barça con la lengua fuera y eran hasta los propios culés los que perdían tiempo para tomar un poco de aire. Los visitantes, sin embargo, seguían empeñando en dar el último pase más difícil todavía sin llegar a conseguir rematar la faena para empatar.

Los culés, sin embargo, necesitaban muy poco para conseguir un gol y eso quedó demostrado en el minuto 74. Una acción embarullada obró el segundo tanto azulgrana. Messi buscó en profundidad a Sergi Roberto y el rechace cayó en la rodilla de Luis Suárez estrellando el balón en el larguero. La suerte se alió con los locales cayendo el rechace en las piernas de un Messi que sólo tuvo que empujarla. ¿Quizá era el guiño a la suerte del futuro campeón?

Klopp, quien tardó muchísimo en hacer los cambios, sacó a Firmino a diez minutos del final en busca del tanto que les pudiese meter en la eliminatoria. Pero el que ya se estaba desatado fue un Messi que firmó una obra de arte para poner el tercero culé. Él se lo guiso sacando una falta que en realidad realizó él aprovechando que el arbitro no estaba atento para propinar un puñetazo a Fabinho y él se lo comió culminando una falta impresionante desde 30 metros que entró por la escuadra.

Los locales se colgaron del larguero en los minutos finales. Perdieron tiempo como si fuesen un equipo pequeño para conservar un resultado que les pone con pie y medio en la final. El Liverpool no tuvo su noche de cara al gol, mientras que los locales consiguieron un premio excesivo para el fútbol desplegado. La noche en la que el Barça fue menos Barça que nunca se llevó el premio gordo.

Nadal gana el duelo generacional para llegar a la Final en Melbourne.

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El español peleará por su segunda corona en el Open Australia diez años después.

Rafael Nadal y Stefanos Tsitsipas se citaron este Jueves en la Rod Laver Arena en un duelo generacional. En un pulso de presente contra futuro. En una batalla de veterano frente a aspirante. Pero ambos con un mismo objetivo: la Final del Open Australia. Y la balanza se decantó del lado de la madurez del campeón de 17 Grand Slam, que tratará de sumar uno más, después de derrotar al griego por 6-2, 6-4 y 6-0 en una hora y 46 minutos.

12 años y 70 días de distancia les separan, en lo que supone la novena diferencia de edad más grande en la historia de la Semifinal de Grand Slam (Era Open). Nadal, de 32 años y 238 días, y Tsitsipas, de 20 años y 168 días, se medían por tercera vez. Hasta entonces, el español se había impuesto en todos los antecedentes que registraba el head to head (Barcelona y Canadá), y esta vez la historia no cambió.

En un día en el que Melbourne ardió superando los 40 grados en el termómetro por primera vez desde que arrancó el torneo el pasado 14 de enero, el manacorense se ganó el derecho a pelear por una nueva corona en el Abierto de Australia diez años después. No obstante, será su quinta final en Las Antípodas y la número 25 de su carrera en un torneo de Grand Slam.

Y eso que Tsitsipas no padeció la inexperiencia en su primera Semifinal en un Grand Slam. El griego empezó a jugar el partido antes de que la pelota empezara a volar por encima de la red, ocupando la silla que habitualmente había elegido su rival en sus partidos anteriores en el torneo. Poco después en la pista, tampoco le tembló el pulso en los primeros intercambios.

La primera acción del encuentro fue un saque-red del N° 15 del Ranking ATP. Fue una declaración de valentía, personalidad y agresividad desde el principio. No obstante, de los primeros ocho puntos, Tsitsipas se apuntó seis para colocarse 0-1, 15-30. El español salvó el juego y fue a partir de entonces cuando se desató su mejor versión. La misma que arrolló a sus cinco rivales anteriores sin conceder un set.

Con 30-30 en el tercer juego el guion cambió. Nadal conectó una derecha paralela en la esquina que le dejó el primer break del encuentro en bandeja. A partir de entonces, el ritmo del partido aceleró con una sucesión de juegos en blanco con el servicio. Hasta el 4-2 cuando el griego cometió dos dobles faltas con 40-15 a su favor. El cabeza de serie N° 2 firmó un nuevo break para cerrar con su saque (6-2), con el que firmó un 100% de puntos con primeros (11/11).

En el segundo set Tsitsipas sofocó el primer intento de Nadal de dar un nuevo zarpazo al marcador. En el quinto juego el español enlazó un golpe de magia que coló entre la silla del juez de silla y el poste de la red con la derecha, un error del griego y un golpe de suerte con la red para ponerse 0-40. Pero el heleno salvó el peligro con cinco puntos seguidos y demostrando su habilidad en la volea.

Los servicios marcaron el desenlace del set. Con 4-4 Nadal exhibió un manual de recursos ilimitado que le valió para encontrar dos nuevas oportunidades de quiebre. La primera no la pudo materializar tras estrellar un intento de passing de derecha en la red. Pero en la siguiente (1/5), precisamente un error con la volea de Tsitsipas le dio el break. Un 86% de primeros saques y un equilibrado balance de 10 winners y 4 errores marcaron una hoja de servicios suficiente para adelantarse dos sets a cero.

Nadal apagó cualquier intento de remontada de su rival desde el inicio del tercer parcial. Otro break, que confirmó a continuación con su servicio, lo situó por delante en el marcador 2-0. Lejos de conformarse, el balear volvió a sacar un manual de derechas, globos y sutileza en la red. Potencia y muñeca. Talento. Así llegaron dos quiebres más (6/11 en el partido) y la puntilla final (6-0).

El Domingo, el español buscará su segunda corona en el Open Australia, diez años después de conseguir la única copa que ha levantado en Melbourne Park. Será ante el N° 1 del mundo Novak Djokovic.

Djokovic mete miedo antes de la Final en Londres.

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El serbio espera a Alexander Zverev en la lucha por el título de Masters Cup.

En un abrir y cerrar de ojos. Con suma facilidad. Como si apenas le costara esfuerzo seguir acumulando una victoria tras otra, Novak Djokovic continúa devorando rivales para afianzar su condición de número uno del mundo y principal favorito para levantar su sexta corona en el Masters Cup. El serbio derrotó al Kevin Anderson el sábado en Semifinal por 6-2, 6-2.

Djokovic sigue dando forma a una segunda mitad de la temporada brillante. Y es que desde que inició su camino hacia el título en Wimbledon, desde lejos del Top 20, ha logrado acumular un récord de partidos de 35-2. O lo que es lo mismo, el de Belgrado ha ganado el 94,5% de lo que ha jugado, cediendo únicamente en los Octavos de Final de la Rogers Cup en Montreal ante Stefanos Tsitsipas y en la Final del Masters de Paris frente a Karen Khachanov.

La experiencia del balcánico en Masters Cup frente al sudafricano, que jugaba por primera vez esta competición a sus 32 años, además de un head to head contundente (7-1) fueron argumentos de peso para decantar la balanza de su lado. No obstante, Djokovic amplió su cara a cara ante Anderson a un 8-1 y no pierde frente a este rival desde 2008, cuando lo hizo en el ATP World Tour Masters 1000 de Miami en su primer duelo frente a frente.

Djokovic tardó 39 minutos en adelantarse en el marcador. Lo hizo tras un impecable primer set en el que quebró el saque de Anderson en el juego inaugural (1-0) y en el séptimo (5-2). Los dos breaks convertidos en cinco oportunidades estuvieron acompañados por un 77% de puntos ganados con el primer servicio. Al sudafricano lo condenaron los 17 errores que cerró en el parcial.

El guion se mantuvo en el segundo set. Como si de un espejo se tratase, Djokovic volvió a romper en el juego inicial. Y también lo hizo en el quinto (4-1). Con un total de 4 breaks en 9 oportunidades demostró sus habilidades al resto en otra gran victoria aderezada con 14 winners en una hora y 15 minutos.

Ahora Djokovic, campeón del Masters Cup en 2008, 2012, 2013, 2014 y 2015, se enfrentará en la última ronda ante Alexander Zverev. El alemán de 21 años, el jugador más joven en pelear por el título desde que lo hizo Juan Martín del Potro con su misma edad en 2009, sorprendió a Roger Federer en Semifinal el sábado por 7-5 y 7-6 (5). Será el cuarto duelo cara a cara, en una rivalidad que domina el serbio por 2-1.

Zverev alcanza su primera Final en Londres.

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El alemán se impone al seis veces campeón Federer.

La última vez que un alemán había alcanzado la Final del Masters Cup, Alexander Zverev no había nacido. Sabía que el reto era harto complicado, pero el benjamín demostró por qué es el líder de su generación. El alemán de 21 años se impuso a su ídolo Roger Federer por 7-5 y 7-6 (5) en hora y 35 minutos y alcanzó así su primera Final del Masters Cup. El partido más importante de su carrera.

Sascha se convierte así en el primer alemán en alcanza el partido decisivo desde Boris Becker en 1996 en Hanover (p. ante Sampras). Hay que remontarse un año antes para ver a un alemán ganar el evento, precisamente Becker (en Frankfurt). El alemán, además, iguala el head to head con Federer, que queda en empate: 3-3.

Zverev es además el finalista más joven del Masters Cup desde Juan Martín del Potro en 2009 (p. ante Davydenko).

“Ante Roger tienes que ser agresivo”, reconoció Zverev. “Tienes que quitarle tiempo, porque de otra manera no va a perder el partido, especialmente uno importante en un torneo grande, si ya ha encontrado su ritmo. Eso fue lo que traté de hacer. Funcionó bien”, declaró el alemán, preparado antes de medir en la Final al N° 1 mundial y cinco veces campeón Novak Djokovic.

”Novak es el mejor jugador del mundo actualmente. Es muy complicado de batir. Apenas ha cedido un encuentro en los últimos seis meses. Está jugando un tenis increíble. Tienes que mostrar tu mejor nivel para tener alguna opción”.

El primer set fue frenético. Con tremendo respeto, ambos jugadores se centraron en su propio servicio durante los primeros compases, fortaleciéndose desde el ataque. Todo parecía indicar que el parcial se decidiría en la muerte súbita, pero Zverev tenía otra idea en mente. El alemán se hizo con la primera bola de break de todo el encuentro y no perdonó.

Una estadística resultó esclarecedora: Sascha se impuso en los intercambios cortos, los más prominentes del set. En los intercambios de menos de 5 golpes, Zverev fue superior a Federer (23-14), mientras que el suizo se hizo con uno más en los intercambios de 5-9 golpes (10-9) y los más largos, superiores a 9 (3-1).

La primera ocasión de break a favor de Federer llegó en el tercer juego de la segunda manga. Y aunque Zverev neutralizó dos de ellas, no pudo frenar el quiebre del suizo a la tercera. La reacción del alemán no se hizo esperar. Sabía que sus opciones pasaban por mantenerse siempre cerca en el marcador y firmó un inmediato contrabreak que dejó las tablas en el set.

El parcial prosiguió con ambos jugadores resistiendo los embistes del contrario, con Federer viéndose obligado a servir por dos veces para mantenerse en el partido. En la primera, no le tembló el pulso. En la segunda, tampoco. Llegaba el momento de la verdad. Un tie-break que era el todo para Zverev o la opción de seguir soñando para Federer.

En el momento más decisivo, Zverev fue superior. La victoria era suya. También el pase a la Final. La cita más importante de su fulgurante y joven carrera.

“Me enorgullece seguir siendo tan competitivo con 37 años y me siento feliz por jugar al tenis”, dijo Federer. “Desde ese punto de vista, estoy triste por haber perdido este partido. Pero, si pienso en ello, estoy muy contento con mi temporada. Ha sido un año histórico para mí de alguna forma. Volví al N° 1. Eso fue un gran momento en mi vida y en mi carrera. Nunca pensé que volvería a estar ahí”.

“Creo que no he dirigido bien los tiros en gran parte del partido”, admitió Federer. “Lo logré hacia el final, y eso me hizo ser más competitivo y cerrar algo el encuentro. Podría haber restado mejor los primeros saques de Sascha. Sufrí con su primer servicio al inicio. Logré después un mejor ritmo. Tener la rotura y perderla de inmediato fue negativo. Me recordó a la situación vivida ante Nishikori”.

“A veces las diferencias son pequeñas y las oportunidades escasas. Un punto aquí y allá no cayeron de mi parte. Quizá hoy no tuviera energía para marcar la diferencia. Casi siempre he estado por detrás en el marcador. Al final, eso te pasa factura”.

Del Potro vuelve a la Final del US Open.

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Superó al vigente campeón Nadal para avanzar a su segunda Final de Grand Slam.

Juan Martín del Potro regresa a una Final de Grand Slam en el US Open, precisamente en el mismo escenario donde levantó el primer título de esta categoría hace nueve temporadas. El argentino logró su billete para la última ronda en Flushing Meadows, después de que Rafael Nadal dijese basta tras dos horas de partido cuando el marcador estaba 7-6(3), 6-2.

El español venía arrastrando durante la última semana problemas en la rodilla derecha y ya había necesitado asistencia en su partido de tercera ronda frente a Karen Khachanov. Después de un torneo en el que necesitó 15 horas y 54 minutos para llegar hasta Semifinal, más tiempo que nunca antes en su carrera, el físico no le permitió seguir compitiendo en Nueva York.

Se trata de la segunda retirada de la temporada. La primera se remonta al Open Australia (p. ante Marin Cilic), además de la del viernes ante Del Potro en el US Open. “Odio retirarme”, aseguró el español unos minutos después de salir de la pista en la sala de prensa.

El N° 3 del Ranking ATP rompió una racha de tres derrotas consecutivas ante el español en Grand Slam, después de caer en la Semifinal el pasado curso en Nueva York, en la Semifinal de Roland Garros y en los Cuartos de Final de Wimbledon. Levantó su primera corona de Grand Slam en el US Open 2009 y el domingo peleará por reeditar el éxito que firmó entonces.

Después de un titánico primer set que se prolongó durante 70 minutos, las alternativas se sucedieron en el marcador. Pero desde muy pronto Nadal sintió un pinchazo en la rodilla con 2-2, 15-0. Apenas veinte minutos de partido y el manacorense ya estaba lastrado. Con 4-3 pidió la asistencia del fisioterapeuta, que le proporcionó un vendaje que se retiró él mismo dos juegos más tarde.

Por el camino, tanto Nadal como Del Potro se intercambiaron dos breaks para decidir la manga en el tie-break. El argentino, agresivo en sus tiros de fondo, y el español sin la chispa para poder defenderlos y apoyarse en sus tiros de ataque, acabó cerrando el desempate de su lado.

Con 2-1 en el segundo parcial, Nadal pidió nuevamente la asistencia del fisioterapeuta. Y esta vez tras un tiempo médico, su participación en el partido empezó a ponerse en duda. Cada vez con peor movilidad y más dudas acabó estrechando la mano a su rival al final del segundo set.

Djokovic sobrevive a Nadal y pisa la Final.

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El serbio buscará su cuarta corona en el All England Club.

En una reanudación para la historia, Novak Djokovic encontró la fórmula para abrirse paso hasta su quinta Final de Wimbledon. El serbio, tres veces campeón en el All England Club, desmontó por 6-4, 3-6, 7-6(9), 3-6 y 10-8 en cinco horas y 17 minutos al español Rafael Nadal hasta avanzar a su 22ª final de Grand Slam, la primera de la categoría desde la temporada 2016. La cita del domingo ante el sudafricano Kevin Anderson es una consecuencia al esfuerzo del serbio, una reacción completada en condiciones atípicas sobre el verde inglés.

Aunque el sábado amaneció despejado y con más de 20 grados, el partido se mantuvo con la esencia del viernes: competir en la Centre Court con el techo sellado. La situación era clara en la reanudación: Djokovic manejaba dos mangas a uno a Nadal por un puesto en la Final de Londres.

Sin margen de error al regresar a pista, Nadal fue puesto a prueba sin piedad. El español atravesó un primer turno de servicio de 18 puntos, levantando dos pelotas de rotura antes de respirar. En un ambiente cargado de presión, el balear logró superar la reválida hasta montar un 3-0 sobre el balcánico, que reaccionó de inmediato para colocar el 3-3 en el marcador. Si la igualdad fue notable el viernes, la reanudación marcó un guión muy parecido.

En un partido donde remar a contracorriente fue ley, Nadal volvió a remangarse para desafiar a su rival. El español se plantó sobre la línea, zarandeó al serbio en el fondo y se hizo con los últimos tres juegos del set para igualar la batalla. La manera de alcanzar la manga definitiva fue todo un mensaje: levantó un 0-40, conectó un ace para sellar el set y acudió al banquillo sin dejar de apretar el puño.

Con la Final de un Grand Slam a un set de distancia, la mente fue un golpe de primer orden sobre el césped. Nadal y Djokovic se montaron en un ritmo notable al servicio, conservando sus turnos hasta el 3-3 con la calma de los elegidos. Si Novak dejó volar el revés para abrir la pista, Nadal empleó su saque zurdo hasta despejar cualquier duda.

La cercanía del abismo llevó el partido al límite al ambos lados de la red. El español levantó una pelota de rotura con 3-4 de manera heroica: anuló la amenaza con una dejada, y después cerró el juego con una derecha junto a la valla. Si el duelo pidió supervivencia, el balear respondió con hechuras. Tras el riesgo, la oportunidad: Nadal se situó con 4-4 15-40 sobre el servicio de Djokovic, valiente para levantar ambas opciones permitir siquiera el resto. Desde entonces ya no hubo tregua. Con el agua al cuello surgió una versión total de Nadal, que levantó un agónico 0-30 con la frialdad del hielo: tres servicios no devueltos por Djokovic y un ace colocaron el 5-5 en el marcador.

Como si de un combate de boxeo se tratara, el duelo apiló una montaña de asaltos. Djokovic resistió desde la lona, llegando a levantar tres pelotas de rotura en un juego de 16 puntos hasta situar el 8-7. En un delirio total, Nadal levantó la primera pelota de partido con una dejada que congeló Londres y mandó a Djokovic al césped. Una batalla en la que el balcánico asestó el golpe final, cerrando el duelo con 10-8 en el luminoso.

La cita por la historia esta servida: Djokovic buscará el domingo su 13ª copa individual de Grand Slam en el All England Club, un escenario clave durante su carrera para tomar la cima del ATP World Tour. El serbio, que entrará de lleno en la lucha por acceder a las ATP Finals en caso de coronar Londres, batalla por seguir construyendo su leyenda en el olimpo del deporte.