Federer bate a Nadal y buscará su noveno Wimbledon.

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El suizo se llevó un choque clásico sobre la hierba de la Centre Court.

Incluso la leyenda más grande puede seguir creciendo. Roger Federer alcanzó su 12ª Final de Wimbledon al batir a Rafael Nadal en un choque titánico. El suizo, que superó al español por 7-6(3), 1-6, 6-3 y 6-4 tras tres horas y cinco minutos de lucha en Londres, se aseguró su 31ª Final individual de Grand Slam, la mayor marca de todos los tiempos, y también otra cita con lo desconocido. El domingo, ante el serbio Novak Djokovic, buscará su novena copa en el All England Club para extender su figura como jugador más laureado de siempre sobre el pasto británico.

Que no es un partido cualquiera pronto quedó bastante claro. Español y suizo saltaron a la Centre Court de Wimbledon bajo una sonora ovación, recibidos como auténticas leyendas en un escenario icónico. Sobre una hierba rota tras dos semanas de zapatazos, dos de las mayores figuras de todos los tiempos abordaron un partido sin concesiones.

El sol calentaba con fuerza la hierba y el juego actuó en consecuencia. Si el suizo es un especialista en el tenis vertiginoso, capaz de mantener la precisión a la velocidad de un rayo, el español mantuvo la agresividad mostrada desde su llegada a Londres. Era un partido para afrontar desde la decisión, con una contundencia sin miramientos, y la misión fue aceptada a ambos lados del campo.

Para dos tenistas con los nervios curtidos a experiencia, la situación fue manejada con hielo en las venas. Los primeros siete juegos volaron desde la autoridad al servicio, calentando las manos a pasos acelerados. Nadal no fue capaz de frenar un encuentro plagado de puntos simples, decididos de chispazo en chispazo al gusto de su adversario. Atento al escenario conducido, Federer dispuso de una pelota de rotura con 4-3, una opción que es tesoro en una batalla de equilibrio. Ahí, también, estuvo Nadal dispuesto a aceptarlo.

El primer momento crítico del partido fue un viaje al pasado. Ante una situación de presión, quizá en una de las visiones más repetidas de su carrera, Rafa confió en la medicina de siempre. Combar su derecha sobre el revés de Federer hasta partirlo en mil pedazos. Una variante para nada explotada pero que apareció en este instante. Después, cuando Roger se colocó a dos puntos de ganar la manga (6-5, 40-40), el mismo recoveco la permitió seguir a salvo. Como resultado: un primer set sin roturas de intenso aperitivo.

El desempate fue el destino lógico para dos tenistas blindados. Allí, en un minúsculo puñado de puntos, quedaría resuelto el drama de todo un primer asalto. Y Federer apareció preciso, dispuesto a sacarse toda la presión de golpe. El suizo se rehizo en un tiebreak de infarto, donde su cabeza funcionó tan rápido como las manos. Tras levantar dos mini-roturas y con una derecha que escupió fuego, el ocho veces campeón asestó el primer mazazo.

Nadal no se rendiría y poco tardó en demostrarlo. Con su capacidad para mover montañas, en un partido que apenas se encontraba en las faldas, el español comenzó a mover la pelota con una furia inusitada. Dejando fuera de posición a su adversario. Sus tiros desafiaron el orden del suizo, clavado en un paredón de trayectorias desde el fondo. Y el partido encontró unas curvas inmensas. Nada más comenzar el segundo set Rafa tuvo dos misiones: contener con 1-0 su interior, al no aprovechar sus dos primeros puntos de quiebre, y contener con 1-1 también a Roger, que rozó una rotura con un aspecto gigantesco.

Como la fe del español no tiene límites, convirtió en oportunidad un partido a cara de perro. El mallorquín hizo pestañear a Federer colapsando su flanco de revés y pronto abrió en canal la discusión sobre el césped. En un abrir y cerrar de ojos dominaba 4-1 en un partido hasta entonces bien plano. Sus piernas tomaron un impulso tremendo,  respondiendo a los cambios de ritmo del jugador suizo y su revés volvió a endurecerse, siendo la plataforma clave para plantear la pista a lo ancho.

El primer resurgir de Nadal creó dudas claras en Roger, impreciso incluso en la zona central del campo. Cuando los pensamientos llegaron hasta cerca de la red, un terreno de habitual dominio para el suizo, el rumbo del partido dio un giro bien brusco. Antes de que Londres asumiera una reacción, el español se sentó en el banco con el partido igualado.

Si los momentos de presión distinguen a los mejores de los buenos, Federer remarcó una vez más su lugar entre los primeros. El suizo desplegó una derecha que es un primor, coloreando una variedad de tiros que levantó al graderío. Con golpes invertidos, ganadores en estático pasando por bote prontos, el de Basilea rasgó un parcial que bien podría haberlo hundido. Con el 3-1 en las manos y un Nadal dispuesto a resistir, Roger salvó una situación crucial. Un 15-40 con el partido ya convertido en lo de siempre, un duelo de tenis con el ritmo del ping-pong.

Como el suizo es imparable con la mano engrasada, el final del parcial fue un resumen de atributos. Roger se montó al resto como un martillo, devolviendo pelotas sin pausa con los pies sobre el blanco. Y su derecha, un láser hacia cualquier punta del campo, siguió marcando el ritmo de lado a lado. El nivel fue evidente mirando al marcador: Roger llegó a tener pelotas para dominar 5-1 al español, un tenista al que es casi imposible siquiera mantener el ritmo.

La caída del sol trajo un balón de oxígeno para Federer: un reto de larga distancia en las manos de su adversario. Si Nadal quería llegar a la victoria en la Centre Court, a imagen de su histórico triunfo en la Final de 2008, tendría que hacerlo por el camino más duro: las cinco mangas sobre césped ante el mayor dueño del campo.

Con el partido encarado Federer firmó momentos brillantes, plagados de reflejos. Sus manos fueron rápidas ante Nadal, un maestro del revés cortado que quiso bajarle la pelota contra el suelo. Allí estuvo Roger, intacto a los 37 años para mostrar la agilidad de su cuerpo. La contundencia del suizo pronto colocó el 3-1, dejando a Rafa al borde del camino. Una ventaja que Roger nunca más dejó escapar.

Y eso que el español se resistió sin descaso. Nadal levantó dos pelotas de rotura con su servicio, otras tres al resto y, con 5-4 en los letreros, estuvo apenas a un punto de restablecer el equilibrio. En el sufrimiento, algo habitual, se desvivió Rafa como ninguno. Una lucha sin tregua que levantó a una grada impactada ante lo visto.

Federer culminó el partido a lo grande, sin perder un servicio en las dos últimas mangas como mensaje más nítido. Ante los mejores, sin importar el nombre del adversario, su ritmo sigue siendo incontenible sobre pasto.

Nadal cita a Federer en épica Semifinal de Wimbledon.

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Español y estadounidense batallaron sobre la hierba de la Court 1 para pasar de ronda y medirse contra el suizo.

Es imposible contenerle, el jamás se rinde. Rafael Nadal avanzó el miércoles a la Semifinal de Wimbledon tras vencer por 7-5, 6-2 y 6-2 al estadounidense Sam Querrey en un duelo eléctrico. El español regresa a la penúltima ronda firmada en la pasada edición, extiende su trabajada adaptación sobre el césped y remarca su condición de gran candidato en el All England Club, donde persigue una tercera copa dorada que incluir en su vitrina.

El mallorquín disputará una Semifinal de ensueño ante el suizo Roger Federer. Ambos se encontrarán en la hierba de Londres once años después, sumando un esperado capítulo a la inolvidable Final librada en la edición de 2008. Un choque para los anales de la historia, considerado por muchos uno de los mejores partidos de tenis de todos los tiempos.

Para alcanzar esa cita, Rafa sumó ante Querrey su enésimo ejercicio de tesón sobre el pasto.

El partido fue recibido por la intensidad de Nadal, un jugador hirviente desde el principio del torneo. Ante Querrey, uno de los pegadores más formidables sobre hierba, el saludo inicial fue parecido a los anteriores. Ninguna tregua en los primeros minutos. Como en sus cuatro partidos previos, y marcando un dominio total de los momentos, Rafa apenas necesitó dos turnos al resto para asestar la primera rotura (2-1). Un manotazo de entrada sobre el juego de su adversario. En una superficie como la hierba, un buen balón de oxígeno.

En el torneo de las costumbres Nadal se aferró a las más mostradas en Londres: una mentalidad constante y la seguridad al poner la pelota en juego. El español ganó sus 14 primeros puntos con el servicio. Esa fue la carta de presentación más clara. Si Querrey suponía un reto de pegada, un obstáculo de tenis vertiginoso, Rafa afrontó el partido dispuesto a aceptar el desafío.

Que Querrey no era un invitado también quedó bastante claro. Imponente con sus golpes de derecha, un misil en el impacto estático, el estadounidense también mostró la suavidad de sus manos. Si Nadal buscó incomodar su gran planta (1.98m) con el revés cortado, Sam respondió con un tacto agudo desde la dejada y la volea. Golpes clásicos sobre el pasto que fueron dibujando una batalla sin tregua.

El partido tenía espinas y no tardaron en aparecer. Tras acumular ocho mangas sin encarar una pelota de rotura, Nadal estuvo a un punto de distancia de perder el servicio ante Querrey. El español evitó el 4-4 con tiros decididos y se lanzó con la mano abierta a la conquista del primer set. Allí, sin embargo, esperó el americano para sobrevivir al vía crucis. Sam levantó tres pelotas de set con su servicio y una cuarta al resto, arrastrando al español hasta un 5-5 que parecía improbable.

Como retener a Nadal equivale a consumir un incendio abanicando, el mallorquín respondió de inmediato. Rafa estuvo tres veces a un tiro de tocar el tiebreak, una ruleta rusa ante un rival como el americano, y su respuesta fue formidable. Tres servicios colosales, dos de ellos directos al besar la cal, para hacerse con el control de la primera manga. Un parcial en la que resistió con todo, tragando hasta 14 aces de su rival antes de apretar la mano.

Si estudiar la tarde posterior a un examen es raro, Nadal apareció con varios manuales encima. Tras una manga de infarto, de esas que pueden aplanar a cualquiera, allí emergió la figura del español. Siempre dispuesto a continuar el trabajo. Rafa arrebató el servicio a Querrey en las faldas del set (2-1), cuando la toalla recién se apartaba del rostro del americano. El dos veces campeón se hizo fuerte en uno de sus grandes sellos, la intensidad permanente sin importar el sufrimiento vivido.

El ejemplo fue bien claro porque la segunda manga pudo tomar un rumbo muy distinto. En una de sus especialidades más perfeccionadas, Nadal convirtió una situación crítica en su trampolín más inmenso. El español levantó un 15-40 en el sexto juego del set, toda una amenaza ante un pegador como Sam, y volteó por completo la dinámica del partido. El impacto psicológico fue de tal dimensión que se pasó del día a la noche: un muy posible 3-3 se convirtió en un definitivo 6-2, con el español lanzado a la conquista del encuentro.

En un choque que era un cuerpo a cuerpo, los puñetazos de Querrey se fueron consumiendo. Ante un rival pletórico, siempre generoso en el derroche del esfuerzo, el americano apenas pudo conectar tres servicios directos en toda la segunda manga. Una cifra baja sobre césped e insuficiente para suponer un obstáculo. Era el mérito de Nadal, capaz de desfigurar la mejor propuesta de cualquier adversario.

El tercer set fue el desenlace porque el español no conoce el relax. Sobre un amplio colchón y con la caída del sol ya entre manos, Rafa mantuvo la velocidad de pies como un galgo. El dos veces campeón mordió el primer turno de servicio de Querrey y mantuvo como constante un imposible: hacer competir al americano siempre por debajo. Una misión de altura ante un rival que es un tren en marcha, algo incontenible sobre el pasto.

Con una derecha que dominó a su antojo, zarandeando a Querrey en un fondo de pista ya desgastado, Nadal puso rumbo decidido hacia la Semifinal. Una ronda que pondrá definitivamente a prueba su altura como candidato. Si Rafa está preparado para reconquistar Londres, ya se ha plantado a las puertas de demostrarlo.

La victoria permite a Nadal ser el primer jugador clasificado para las ATP Finals, a celebrar del 10 al 17 de noviembre bajo la cubierta del O2 en Londres.

Un Nadal imperial vuelve a Cuartos de Final en Wimbledon.

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El mallorquín desborda a Sousa sobre la hierba de la Centre Court.

Las ideas claras sobre hierba son un buen presagio. Rafael Nadal se clasificó el lunes para los Cuartos de Final de Wimbledon tras batir por 6-2, 6-2 y 6-2 al portugués Joao Sousa en una hora y 47 minutos de encuentro. La convicción del jugador español, intacta sobre la hierba del All England Club, lo ha impulsado con fuerza hasta colocarse entre los últimos ocho candidatos. Las rondas decisivas del Grand Slam se acercan en Londres, y el mallorquín aparece dispuesto a continuar con su camino.

El dos veces campeón intentará regresar a la penúltima ronda alcanzada durante la pasada edición. Su próximo reto será el semifinalista de 2017 Sam Querrey, un jugador bien curtido en el césped de Londres.

Sobre una superficie que pone a prueba la capacidad de reacción, porque sorprende con el vuelo bajo de la pelota, Nadal ha mostrado lo afilado de sus reflejos. En sus cuatro primeros partidos de Londres, marcando una buena tendencia, el español ha necesitado como mucho dos turnos al resto para romper el saque de su adversario.

El portugués Sousa palpó en esta ocasión la capacidad de aceleración del balear, que volvió a salir en tromba a la Centre Court de Wimbledon. Nadal marcó con convicción la dirección de sus golpes y colocó dos roturas en las faldas del encuentro (3-0), un golpe serio antes de subir las pulsaciones.

La seguridad al servicio siguió siendo la firma del mallorquín en Londres, donde está marcando un ritmo de juego vertiginoso ante cualquier adversario. Un 85% de tino con el primer saque fue el sostén más claro del arranque. Nadal supo mantener a raya cualquier intento de reacción de Sousa, desesperado por momentos e incapaz de generar una sola pelota de rotura en todo el parcial.

El tesón es una clave fundamental en el formato a cinco mangas y esa misión la cumplió Rafa al milímetro. Lejos de romper su concentración el español asestó otro golpe clave, colocando una nueva montaña en la apertura del segundo set (2-0). Para Sousa, vacío de soluciones ante el Top 5 en partidos de Grand Slam (0-8), la dificultad del reto comenzaba a ser inmensa.

Al encarar el partido con una variedad fabulosa, Nadal siguió complicando la situación sobre la hierba. El español empleó con maestría su revés cortado, un golpe fundamental para aplacar los fogonazos de un Sousa decidido a acelerar el ritmo. Las pelotas flotantes de Rafa desordenaron las ideas del portugués, consumido en un laberinto táctico. En esas, la segunda rotura del parcial no tardó en llegar (5-2), llevando el partido a un punto de difícil retorno.

Las dos primeras mangas le exigieron poco más de una hora al español, adherido al ritmo de crucero que ha mostrado desde el inicio del torneo. Si la velocidad de piernas es un reflejo del estado físico, Nadal gozó de un motor solvente en todo momento.

Por si la situación no era definitiva el tiro de gracia fue absoluto. El español comenzó el tercer set repleto de oxígeno y el ejemplo generó la ovación del graderío. Rafa ganó el gran punto del encuentro, dominando un intercambio de casi 20 golpes que culminó con un delicado revés a una mano. Un tiro en mitad de pista que dejó a Sousa clavado y a Nadal por los aires con el puño bien cerrado. La fortaleza de su backhand quedó probado para convertir la rotura (2-1), lanzando un misil cruzado que fulminó la cal del pasillo.

La victoria fue un destino natural para el orden de Nadal, impasible a la ventaja del marcador hasta completar su objetivo. Así, Nadal alcanza por 7ª vez los Cuartos de Final de Wimbledon – ocupando la 10ª posición histórica de apariciones en esta ronda en Londres junto a Andre Agassi, Stefan Edberg, Goran Ivanisevic e Ivan Lendl.

Nadal conquista su 12 Roland Garros.

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El español consiguió el 18 Grand Slam de su carrera.

Como si de un déjà vu se tratase, el tiempo se detuvo en la Philippe Chatrier para decidir entre los mismos protagonistas del pasado año quién es el campeón de Roland Garros. Rafael Nadal y Dominic Thiem pelearon por la Copa de los Mosqueteros en una reedición de la Final de 2018. Pero la historia no cambió el mismo guion establecido prácticamente sin piedad en los últimos 15 años y el español se impuso por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 para levantar su duodécima corona en París.

El manacorense volvió a normalizar lo imposible. Si bien en el Monte-Carlo Masters y en el Barcelona Open había elevado el listón hasta los once trofeos, en Roland Garros se convirtió en el primer jugador de todos los tiempos (hombre o mujer) en ganar 12 veces en un mismo Grand Slam.

Al otro lado de la red, Nadal se medía a su némesis en tierra batida. Al único jugador capaz de derrotarlo en la superficie más lenta en las últimas tres temporadas (Roma 2017, Madrid 2018 y Barcelona 2019). Pero no dio lugar a revanchas. Ni siquiera la confianza de haber tumbado a Djokovic un día antes fue suficiente para que Thiem impidiese el Grand Slam número 18 de la carrera del español.

La intensidad del primer juego fue un revelador preámbulo de lo que estaba por llegar. En cinco minutos Nadal amarró su servicio inicial frente a un rival muy suelto desde el fondo, capaz de aguantarle los intercambios. Tuvo que trabajar los puntos ante un jugador pleno de confianza tras su victoria en Semifinal ante el número uno del mundo. No obstante, el austriaco fue el primer jugador de esta edición en evitar que el español se adelantara 3-0.

Thiem obligó a Nadal a ejecutar siempre un golpe más. Demostró dotes felinas en la defensa para con una facilidad asombrosa pasar al ataque. Tampoco dudó en cortar los puntos con dejadas milimétricas. Y fue el primero en aprovechar la ventaja al resto, convirtiendo su primera opción de break para adelantarse 3-2. Pero el manacorense respondió de inmediato colocándose 0-40 y en su segunda oportunidad devolvió el quiebre.

Cada punto era una batalla, cada intercambio una eternidad. Y Thiem volvió a encontrar la forma de hacer daño al resto, jugando con mucha profundidad y abriendo ángulos con el revés, para colocarse con otra oportunidad de break 30/40. Sin embargo, Nadal logró salvarlo para adelantarse de nuevo 4-3 en 40 minutos de partido hasta entonces.

El desgaste del juego anterior -físico y mental- pasó factura al austriaco. Nadal empujó a Thiem al fondo con tiros de mucha profundidad para situarse 15-40. Transformó su segundo break del duelo (2/3) y certificó el primer set con su servicio.

Si alguien esperaba que el partido rebajase la intensidad al inicio del segundo set, estaba equivocado. Ajenos aún al cansancio, Thiem y Nadal siguieron desgarrando pedazos del alma en cada intercambio, tratando de desgastar al contario. Eso sí, con altos porcentajes, ambos conservaron como su principal baluarte sus servicios. Una fisura en el saque, podría ser sinónimo de dar una ventaja demasiado grande al rival.

Y así fue. La superioridad de los servicios terminó en el duodécimo juego, cuando Thiem encontró su única oportunidad de break del segundo set. No perdonó e igualó el encuentro cuando había transcurrido una hora y 42 minutos. 13 golpes ganadores acompañaron un parcial en el que ganó tres puntos más que su rival (29-26).

El paso por el banco sirvió como un bálsamo para Nadal. Recuperó la brújula para mandar en el inicio del set con un break en blanco. Tres errores no forzados del austriaco contribuyeron a la ventaja del español. Y en tan sólo seis minutos ya dominaba 2-0 sin haber concedido un solo punto.

La lista de errores de Thiem siguió engordando (acabó con 9 el tercer set), a la vez que Nadal aprovechó para dar un paso adelante al oler el momento de mayor debilidad en el partido de su rival. El austriaco no ganó su primer punto del tercer set hasta el duodécimo, pero fue un espejismo. El balear, con un parcial de 12-1, firmó otro break para adelantarse 3-0.

En 14 minutos, Nadal había cedido únicamente un punto y ningún juego (4-0). Fue entonces cuando el austriaco pareció aterrizar de nuevo en la Philippe Chatrier estrenándose con su servicio (4-1). Pero ya era tarde, al menos, para levantar el set. El defensor del título en Roland Garros mostró su mejor versión y prácticamente no dio opciones a Thiem. Con 24 puntos ganados de 31, 3 de 4 break convertidos y 10 golpes ganadores se quedó a un set de levantar la duodécima.

El cuarto set arrancó como el anterior. De nuevo con Nadal volando sobre la pista, deslizándose como una pieza de ballet clásico, con una fluidez en sus movimientos superior a la de Thiem, que parecía haber perdido la sintonía con su raqueta y también con sus piernas. Así, el español dio un importante golpe de autoridad para colocarse 3-0. Ya no hubo capacidad de respuesta de un rival que lo había dejado todo en la pista, pero que tuvo que inclinarse ante el mejor jugador de todos los tiempos en la tierra batida.

Nadal tumba a Federer antes de su 12ª Final en París.

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El español espera a Thiem en la última ronda de Roland Garros.

Rafael Nadal y Roger Federer. Roger Federer y Rafael Nadal. El Viernes se citaron en la Philippe Chatrier dos de los grandes colosos de la historia de este deporte, para protagonizar el capítulo N° 39 de su rivalidad. Pero fue el español el que volvió a dominar en su territorio sagrado en París, al imponerse por 6-3, 6-4 y 6-2 y ganarse el derecho a pelear por su duodécima Copa de los Mosqueteros en París.

El manacorense amplió, además, su reinado frente a Federer en Roland Garros. No obstante, el once veces campeón en el segundo Grand Slam de la temporada ha ganado los seis encuentros que han disputado sobre la tierra batida francesa. También añadió una victoria más al head to head frente al helvético (24-15), cortó una racha de cinco triunfos seguidos de su rival y amplió a 14-2 su autoridad sobre arcilla.

Y es que ya son 22 las victorias consecutivas de Nadal en Roland Garros (no pierde desde los Cuartos de Final de 2015 frente a Novak Djokovic). Finalmente Dominic Thiem será el último peldaño que deba escalar para levantar al cielo de París un título más en la ciudad custodiada por la Torre Eiffel.

Las condiciones atmosféricas eran la peores para decorar uno de los partidos más grandes de la historia de este deporte. Pero el fuerte viento y la lluvia fina parisina previa pusieron aún más mística al duelo entre Nadal y Federer. Fue el suizo el primero en intimidar al resto, colocándose 30-40 en el juego inicial, pero tras ocho minutos el español salvó su servicio para de inmediato devolver la amenaza 1-0, 15-40. A la tercera oportunidad firmó su primer break (1/3).

Tal y como había hecho en sus cinco enfrentamientos anteriores en París, el manacorense inició el partido abriendo una brecha inicial en el marcador de 3-0. Sin embargo, Federer logró romper la sangría con su servicio y de nuevo al resto mantuvo un patrón agresivo, tratando de cerrar los puntos lo antes posible. Así, consiguió levantar un 3-1, 40-30 para convertir su segunda oportunidad de quiebre (3-2).

En una réplica del primer juego del encuentro, pero esta vez con Federer al servicio, se sucedieron las alternativas en los diez minutos que se prolongó. Y la irregularidad del servicio durante la primera media hora continuó inalterable. Esta vez fue Nadal el que insistió al resto hasta encontrar premio. En su sexta oportunidad de break en el sexto juego volvió a romper el saque (4-2) para, a continuación, confirmar la ventaja con su servicio (5-2). El español conservó la ventaja y con un revés ganador, de los 8 winners con los que terminó el set, cerró el parcial por 6-3 en 52 minutos.

A pesar del golpe de perder la primera manga, Federer se mantuvo en el partido. Tanto que al resto logró contener las embestidas de su rival hasta situarse con tres oportunidades de quiebre. A la tercera, logró colocarse por primera vez por delante por 2-0. Sin embargo, la paciencia -una de las grandes virtudes del balear- volvió a ser su mejor aliado.

Nadal necesitó de nuevo tres oportunidades para devolver el break al suizo. Y más allá de presentar un escaso 37% de puntos ganados con el primer servicio hasta entonces en el segundo set, consolidó el quiebre (2-2). La igualdad era máxima con un reparto de 22-20 en puntos ganados hasta entonces, dominado por el suizo que también iba por delante 4-3.

La autoridad del servicio se mantuvo inalterable hasta el noveno juego. Nadal consiguió levantar un 40-0 en contra y con cinco puntos seguidos se dio la oportunidad de sacar para cerrar el segundo set. No falló y con 12 golpes ganadores -por tan solo 4 errores no forzados- consiguió dar un importante paso hacia la victoria.

El 17 veces campeón de Grand Slam parecía tomar velocidad de crucero. Ágil de piernas, dominando con la derecha y apoyándose en el revés que funcionó como un puñal, volvió a adelantarse 30-40 al inicio del tercer set. Pero Federer se negó a abandonar tan pronto. Levantó la situación de peligro para mantenerse con vida en el partido.

Fue un espejismo. Para entonces Nadal ya había sacado el rodillo. Un doble break sentenció el partido y le permitió poner rumbo a su duodécima final en Roland Garros.

Nadal sube el nivel en París.

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Se medirá a Roger Federer en Semifinal de Roland Garros.

Rafael Nadal buscaba el Martes ante Kei Nishikori ampliar su dominio sobre la tierra batida de Roland Garros, donde presenta un récord de partidos de 91-2. La victoria del español por 6-1, 6-1 y 6-3 sirvió para sellar su clasificación a Semifinal en París por duodécima vez en su carrera, una marca que no ha logrado ningún otro jugador en la historia del Grand Slam francés.

El español llegaba más fresco que su rival, que había pasado hasta cuatro horas más en pista, debido a las victorias en cinco sets que firmó en sus dos últimos encuentros frente a Laslo Djere (6-4, 6-7[6], 6-3, 4-6 y 8-6) y Benoit Paire (6-2, 6-7[8], 6-2, 6-7[8] y 7-5). Y se acabó trasladando a la arcilla, donde se vio a Nadal más cómodo, ágil y dominador durante la hora y 50 minutos que duró el encuentro.

El once veces campeón de la Copa de los Mosqueteros apenas tardó ocho minutos en fabricarse el primer break del partido. Tal y como venía haciendo a lo largo de todo el torneo, el español saltó con una voracidad atroz a la pista, agresivo con la derecha, haciendo mucho daño al resto desde el fondo.

Así encontró premio para adelantarse 3-0 también ante el japonés, al igual que en cada uno de sus duelos anteriores en esta edición de Roland Garros. Nishikori respondió anotándose su primer juego con el saque, pero sería el último que firmó en el set inicial. El balear encadenó otro quiebre más y con un 83% con su primer servicio y 2 de 3 puntos de break convertidos se anotó el parcial.

Nadal mantuvo la intensidad al inicio del segundo set ante un rival que parecía no encontrar las mejores sensaciones con su raqueta. Pero, Nishikori respondió de inmediato para impedir que el partido se le escapara desde tan pronto con su primer quiebre del choque. Pero sólo fue un espejismo. El favorito N° 2 en París se impuso en el duelo de restadores y volvió a endosar un break (2-1).

El nipón se fue diluyendo a medida que Nadal retomó el control de la pista. El segundo juego había sido tan solo un desliz en una primera hora impoluta. Y es que el campeón de 17 Grand Slam encadenó tres juegos seguidos más para marcar distancias insalvables para Nishikori. Elevó la lista de quiebres a un 6/8 que le permitió asegurar el segundo set con otro 6-1.

El cabeza de serie N° 7 se negó a entregar el partido, pero la muralla que se levantaba al otro lado de la red era demasiado elevada. Ni siquiera durante los primeros siete minutos del tercer set y las cuatro oportunidades de rotura que dispuso, pudo intimidar al español.

Sin ir más lejos, fue el manacorense el que encontró el camino para abrir la última brecha del partido (3-1). Era el séptimo quiebre (7/11). Cuando el partido llevaba una hora y 41 minutos, con 4-2 en el marcador, la lluvia obligó a detener el partido a las 5:28 pm (hora local).

A las 6:38 pm, sin rastro de nubes, regresó el juego en la Philippe Chatrier con Nadal al servicio para cerrar el partido finalmente por 6-3 tan solo diez minutos después de la reanudación.

Nadal puso rumbo a Semifinal de Roland Garros, para convertirse en el tercer jugador de la historia con más presencias en esta ronda. El español se enfrentará a Roger Federer, que superó a Stan Wawrinka por 7-6(4), 4-6, 7-6(5) y 6-4.

Nadal sigue agrandando su historia en París.

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Alcanza 90 victorias en Roland Garros para clasificarse a Cuartos de Final.

Ver a Rafael Nadal celebrando una victoria en Roland Garros se ha convertido en una estampa habitual. Tanto que parece casi una rutina que el español acabe despidiendo rivales en París. Así lo ha hecho en 90 de los 92 partidos que ha afrontado en la capital francesa. El último en caer en sus redes fue Juan Ignacio Londero, que vio cómo el manacorense voló hacia Cuartos de Final tras imponerse por 6-2, 6-3 y 6-3.

Por octavo año diferente en sus 15 participaciones en Roland Garros, a Nadal le tocó enfrentarse a un argentino. Y como en las diez ocasiones anteriores, acabó firmando la victoria. El pasado curso fue la edición con más rivales de esta nacionalidad (3), mientras que Juan Martín del Potro es el único frente al que ha repetido (2007, 2018) y Mariano Puerta contra el primero que jugó en París en la Final de 2005.

Apenas tardó diez minutos en intimidar a un rival que no sólo se estrenaba en la Philippe Chatrier, sino que en esta edición de Roland Garros debuta en el cuadro final de un Grand Slam. El español se adelantó con un 3-0 que marcó la diferencia desde el inicio. Y eso que en el quinto juego se vio obligado a salvar hasta 3 opciones de break para el argentino (3-1, 15-40/ Ad), pero Nadal supo mantener la ventaja para adelantarse en los primeros 37 minutos por 6-2.

Nadal mantuvo altos porcentajes con el servicio también durante el segundo set, y esta vez no entregó ni siquiera una sola opción de quiebre. Agresivo desde el fondo y sabiendo encontrar el momento para atacar a su rival, volvió a romper el saque por tercera vez en el sexto juego (4-2). El argentino trató de agarrarse al parcial, levantando dos puntos de set con 5-2 y saque, pero no pudo impedir lo inevitable. El español amarró la segunda manga por 6-3 con su servicio.

Londero amenazó por cuarta vez en el partido el saque de Nadal (0/4), pero no encontró premio en el segundo juego del tercer set. El que sí lo hizo fue el balear, que a continuación cerró dos breaks consecutivos (4-1), antes de que Londero devolviese uno de los quiebres de inmediato (4-3). Fue el mejor momento por el que atravesó el argentino hasta que Nadal volvió a sofocar un intentó de rebelión para encadenar dos juegos seguidos que pusieron fin al partido.

De esta manera, Nadal se aseguró estar en los Cuartos de Final de Roland Garros por decimotercera ocasión en su carrera, convirtiéndose en el jugador de la historia con más presencias en esta ronda junto con Novak Djokovic.

Por otro lado, Nadal consiguió otra marca personal que lo sitúa en la cuarta posición en la Era Abierta con más presencias en los Cuartos de Final de un Grand Slam. El español estaba igualado con el australiano Roy Emerson y el Domingo en París, se situó con 38 clasificaciones a esta ronda en un torneo de esta categoría y se sitúa a sólo tres de la tercera plaza que ostenta Jimmy Connors.

Nadal espera ahora en Cuartos de Final al japonés N° 7 del Ranking ATP Kei Nishikori.

Nadal se hace eterno en Roma.

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El español logra en el Foro Itálico su 34º ATP Masters 1000.

No fue una conquista cualquiera. Rafael Nadal coronó su noveno título del Masters 1000 Roma con un ejemplo de autocontrol, levantando el primer título de la temporada 2019 en uno de sus escenarios predilectos. Bajo una tarde soleada y ante uno de sus principales adversarios, el español revalidó el trono del Foro Itálico para firmar la 81ª corona individual de su carrera, ampliar su récord con 34 títulos ATP Masters 1000 y mandar un mensaje bien claro: en el corazón de la gira de tierra batida, una de sus grandes especialidades en el circuito, la solidez competitiva ha llegado justo a tiempo.

El mallorquín superó por 6-0, 4-6 y 6-1 al N° 1 mundial Novak Djokovic con un partido repleto de convicción, mirando a los ojos del jugador que ha dominado la cima del circuito durante el último año. En su 50ª Final ATP Masters 1000, la victoria fue algo más que un partido para el español: Nadal levantó su primer título en nueve meses (Toronto 2019), volvió a sentirse campeón antes de la fase cumbre del polvo de ladrillo y asestó un golpe seco a Novak, un rival siempre perenne en la lucha por los mayores títulos.

Si la Final del Open Australia 2019 fue uno de los duelos más desequilibrados que jamás se vieron entre ambos, decidida a toda velocidad en favor del jugador balcánico, Nadal se encargó de colocar un buen argumento sobre el tablero. En el primer encuentro entre ambos desde aquella noche de Melbourne, el español salió dispuesto a devolver el orden. Y poco importó que Djokovic fuera el único jugador capaz de haberle batido en una Final del Foro Itálico. Nadal tenía unos planes bien definidos.

En la rivalidad más extensa de todos los tiempos, con 54 capítulos dibujados alrededor del mundo, jamás se había cerrado una manga unánime en favor de uno de ellos. Hasta el Domingo en Roma. Con un orden supremo y una activación total desde el inicio, Nadal asestó un incontestable 6-0 sobre su rival, incapaz de detener el juego del español sobre el polvo de ladrillo romano. Con una velocidad de piernas superior, una derecha con mucha altura sobre el revés de Novak y un tino especial para las dejadas, Nadal culminó un set para el recuerdo. Apenas cedió tres puntos al saque, una cifra sublime en arcilla.

Tras un primer set vertiginoso, la batalla tomó un cariz bien físico…

La gasolina no desbordaba el tanque de Novak tras sus últimos dos encuentros en Roma. Las épicas batallas ante Juan Martín del Potro y Diego Schwartzman exigieron sobremanera el cuerpo del número 1, y la demanda de Nadal siempre es máxima sin importar el terreno. Pero donde las piernas puedan no alcanzar siempre lo hace un gran corazón. En esa situación, Djokovic tardó 45 minutos en sumar su primer juego, una tregua demasiado grande ante el ocho veces campeón, lanzado cuando el serbio comenzó a tener voz en el encuentro.

Nadal gana el duelo generacional para llegar a la Final en Melbourne.

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El español peleará por su segunda corona en el Open Australia diez años después.

Rafael Nadal y Stefanos Tsitsipas se citaron este Jueves en la Rod Laver Arena en un duelo generacional. En un pulso de presente contra futuro. En una batalla de veterano frente a aspirante. Pero ambos con un mismo objetivo: la Final del Open Australia. Y la balanza se decantó del lado de la madurez del campeón de 17 Grand Slam, que tratará de sumar uno más, después de derrotar al griego por 6-2, 6-4 y 6-0 en una hora y 46 minutos.

12 años y 70 días de distancia les separan, en lo que supone la novena diferencia de edad más grande en la historia de la Semifinal de Grand Slam (Era Open). Nadal, de 32 años y 238 días, y Tsitsipas, de 20 años y 168 días, se medían por tercera vez. Hasta entonces, el español se había impuesto en todos los antecedentes que registraba el head to head (Barcelona y Canadá), y esta vez la historia no cambió.

En un día en el que Melbourne ardió superando los 40 grados en el termómetro por primera vez desde que arrancó el torneo el pasado 14 de enero, el manacorense se ganó el derecho a pelear por una nueva corona en el Abierto de Australia diez años después. No obstante, será su quinta final en Las Antípodas y la número 25 de su carrera en un torneo de Grand Slam.

Y eso que Tsitsipas no padeció la inexperiencia en su primera Semifinal en un Grand Slam. El griego empezó a jugar el partido antes de que la pelota empezara a volar por encima de la red, ocupando la silla que habitualmente había elegido su rival en sus partidos anteriores en el torneo. Poco después en la pista, tampoco le tembló el pulso en los primeros intercambios.

La primera acción del encuentro fue un saque-red del N° 15 del Ranking ATP. Fue una declaración de valentía, personalidad y agresividad desde el principio. No obstante, de los primeros ocho puntos, Tsitsipas se apuntó seis para colocarse 0-1, 15-30. El español salvó el juego y fue a partir de entonces cuando se desató su mejor versión. La misma que arrolló a sus cinco rivales anteriores sin conceder un set.

Con 30-30 en el tercer juego el guion cambió. Nadal conectó una derecha paralela en la esquina que le dejó el primer break del encuentro en bandeja. A partir de entonces, el ritmo del partido aceleró con una sucesión de juegos en blanco con el servicio. Hasta el 4-2 cuando el griego cometió dos dobles faltas con 40-15 a su favor. El cabeza de serie N° 2 firmó un nuevo break para cerrar con su saque (6-2), con el que firmó un 100% de puntos con primeros (11/11).

En el segundo set Tsitsipas sofocó el primer intento de Nadal de dar un nuevo zarpazo al marcador. En el quinto juego el español enlazó un golpe de magia que coló entre la silla del juez de silla y el poste de la red con la derecha, un error del griego y un golpe de suerte con la red para ponerse 0-40. Pero el heleno salvó el peligro con cinco puntos seguidos y demostrando su habilidad en la volea.

Los servicios marcaron el desenlace del set. Con 4-4 Nadal exhibió un manual de recursos ilimitado que le valió para encontrar dos nuevas oportunidades de quiebre. La primera no la pudo materializar tras estrellar un intento de passing de derecha en la red. Pero en la siguiente (1/5), precisamente un error con la volea de Tsitsipas le dio el break. Un 86% de primeros saques y un equilibrado balance de 10 winners y 4 errores marcaron una hoja de servicios suficiente para adelantarse dos sets a cero.

Nadal apagó cualquier intento de remontada de su rival desde el inicio del tercer parcial. Otro break, que confirmó a continuación con su servicio, lo situó por delante en el marcador 2-0. Lejos de conformarse, el balear volvió a sacar un manual de derechas, globos y sutileza en la red. Potencia y muñeca. Talento. Así llegaron dos quiebres más (6/11 en el partido) y la puntilla final (6-0).

El Domingo, el español buscará su segunda corona en el Open Australia, diez años después de conseguir la única copa que ha levantado en Melbourne Park. Será ante el N° 1 del mundo Novak Djokovic.

Nadal tampoco titubea ante Tiafoe en Melbourne.

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El español acumula 30 semifinales de Grand Slam en su carrera.

Es como un tren de alta velocidad que viaja sin paradas hacia el título como único destino. O eso al menos es lo que pretende Rafael Nadal y lo que desprende su raqueta tras una nueva exhibición en la Rod Laver Arena, esta vez frente a Frances Tiafoe al que se impuso con superioridad por 6-3, 6-4 y 6-2. El español puso rumbo a Semifinal del Open Australia en apenas una hora y 47 minutos.

La victoria del 17 veces campeón de Grand Slam le permite asegurarse una plaza en su trigésima semifinal en un torneo de esta categoría, que lo sitúa únicamente a una del total de presencias que sumó Jimmy Connros, el tercer clasificado en este ranking histórico.

Además, se trata de la sexta vez en su carrera que el manacorense consigue una plaza en la Semifinal en Melbourne desde que llegó por primera vez en 2008 (p. con Tsonga). Repitió en 2009 (v. a Verdasco), 2012 (v. a Federer), 2014 (v. a Federer), 2017 (v. a Dimitrov) y este curso vuelve ante Stefanos Tsitsipas, que poco antes de que el español cerrara su pase a Semifinal hizo lo mismo frente a Roberto Bautista Agut.

Si bien en Semifinal tendrá que medirse al griego de 20 años y en la tercera ronda ya había derrotado a De Miñaur, de 19, este Martes encontró enfrente a otro de los miembros de la Next Gen ATP. A sus 21 años recién cumplidos el pasado Domingo, el estadounidense llegaba con una lista de víctimas entre las que se encontraban el favorito N° 5 Kevin Anderson o el N° 20 Grigor Dimitrov. Pero el primer duelo en el head to head con el N° 2 del Ranking ATP se decantó del lado del más experimentado.

Nadal apenas tardó en marcar distancia. Tal y como ha demostrado durante sus partidos anteriores, lució la misma rapidez de piernas, velocidad de muñeca y confianza para en apenas seis minutos cerrar el primer break de su lado (2-0). Con una derecha letal movió como quiso a Tiafoe. Por si fuera poco, se mostró muy seguro con el servicio. Tanto que en el set inicial se adjudicó los 15 puntos que puso en juego con su primer saque, acompañado de 4 aces.

El primer set se esfumó en apenas media hora, gracias a aquel break prematuro que fue una distancia insalvable. A pesar de los esfuerzos del americano por tratar de engancharse al partido, Nadal siguió mandando, imponiendo un ritmo muy alto en los intercambios para acabar desgastando a su rival.

El español no levantó el pie del acelerador. El segundo set empezó como terminó el anterior: con juego para Nadal. De nuevo en forma de break, se escapó 2-0 en el marcador. Y cuando Tiafoe trató de recuperar la distancia hasta en dos ocasiones en el cuarto juego, el balear salvó ambas situaciones de peligro. Una vez más, la ventaja fue suficiente para encarrilar el encuentro.

Y como si de un déjà vu se tratase, el español estrenó la tercera manga igual que las anteriores. Una vez más un break confirmado con su saque lo puso en la rampa de lanzamiento hacia Semifinal (2-0). Nadal no dejó escapar la oportunidad para abrochar el partido con una hoja de servicios en la que figuraron 11 saques directos, un 84% de puntos ganados con el primer saque, 29 golpes ganadores y 4 breaks convertidos en 8 oportunidades.

El cabeza de serie N° 2 firmó en el Open Australia su victoria número 60, superando las 58 que registra en el US Open, las 48 de Wimbledon y aún lejos de las 86 en 88 partidos que firma en Roland Garros.

Para seguir ampliando su registro personal tendrá que batir en Semifinal a una de las revelaciones del torneo: Stefanos Tsitsipas. Eso sí, Nadal ya sabe lo que es derrotar al griego en sus dos enfrentamientos anteriores sobre la tierra batida del Barcelona Open (6-2 y 6-1) y la pista dura del ATP Masters 1000 de Canadá (6-2 y 7-6[4]). Este jueves se librará otra batalla con la Final de Australia en juego.