Nadal conquista su 19 Grand Slam en Nueva York.

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El español logró su cuarta corona en el US Open.

Había mucho más que un título en juego. La historia se escribía el Domingo en Flushing Meadows con dos protagonistas que perseguían hitos de diferente magnitud. Rafael Nadal, ampliar su leyenda, y Daniil Medvedev, ser el primer ruso en 15 años en ganar un título de esta categoría. Pero fue el español el que grabó su nombre con letras de oro en Nueva York, conquistando su decimonovena corona de Grand Slam y cuarta en el US Open, tras imponerse ante un rival que propuso una batalla encarnizada por 7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4 en 4 horas y 50 minutos.

A sus 33 años, el balear consiguió el título 84 de su carrera y el cuarto (ATP Masters 1000 de Roma, Roland Garros, ATP Masters 1000 de Canadá y US Open) de una temporada, en la que se distingue como el N° 1 de la ATP Carrera a Londres. Además, su 19º Grand Slam lo sitúa a sólo uno del récord absoluto que ostenta Roger Federer y le permite despegarse de Djokovic, que en tercera posición cuenta con 16.

Los ingredientes del menú incluían a los dos jugadores que más victorias habían acumulado a lo largo de la temporada. Si bien el manacorense registraba 46 partidos ganados en 2019, la cifra del moscovita se elevaba hasta las 50. Y el duelo no defraudó. Ambos querían sumar una más. Añadir otro título a su vitrina. Pero el triunfo N° 47 del español le permitió ampliar su racha de victorias consecutivas hasta 11 (27-1 en sus últimos cinco torneos), en la que era su quinta Final en el US Open.

Nadal, el único jugador junto a Federer que cuenta con al menos cinco finales en tres torneos de Grand Slam diferentes, pudo con el ruso por segunda vez en esta gira americana. Entonces, en la Final del ATP Masters 1000 de Canadá, Nadal ganó por 6-3 y 6-0 para coronarse con su 35º título ATP Masters 1000 en apenas 70 minutos, siete menos duró tan solo el primer set de un nuevo capítulo de su leyenda escrita, esta vez, en la Arthur Ashe.

Sin grandes golpes, pero resistiendo como un muro. Medvedev se levantó como una muralla al resto en los primeros juegos. Tanto que, si bien en el primero disfrutó de una opción de break, que el español salvo con un gran servicio, a la segunda no perdonó para convertir su primer quiebre del encuentro (2-1). Nadal parecía carecer de ‘feeling’ con la pelota y el punto que concedió el quiebre, así lo confirmó.

Pero, de inmediato, el favorito N° 2 en Nueva York devolvió la situación de peligro a su rival. Combinando tiros con profundidad y cambios de ritmo, Nadal encontró su primera opción de break, que convirtió después de que el ruso cometiera su sexto error no forzado del choque. Y reestableció la lógica del servicio en el marcador (3-2).

Nadal fue elevando su porcentaje de éxito hasta el 80% con el primero para garantizar en blanco un juego más con su saque (4-3), después de que Medvedev hiciera lo propio con el suyo. En el octavo juego, el manacorense apretó otra vez al resto para obtener tres opciones de break más, pero el ruso salió ileso de la amenaza del español. También en el décimo juego, donde tras cuatro ‘deuce’ puso el marcador en igualdad (5-5).

El manacorense reservó su mejor nivel para el final del set. Para entonces ya había calibrado su muñeca. Soltó el brazo y empezó a desplegar su mejor juego de fondo, conectando ganadores con su drive. En el duodécimo juego se terminó el set para Medvdev. El español trabajó dos opciones de break más (2/6) para acabar cerrando la primera manga por 7-5 tras 63 minutos con un balance de 10 winners y 10 errores no forzados, una decena menos que su rival.

Medvedev no dio lugar a la relajación. No estaba dispuesto a levantar la bandera blanca tan pronto. Y desde el inicio del segundo set volvió a exigir máxima tensión a Nadal, que no dudó en exhibirla para levantar otro punto de break. Superada la situación, la calma volvió a ambos lados de la pista, para que se mantuviese la hegemonía del servicio (2-1).

Nadal se agarró al fondo, poniendo cada ataque de Medvedev en pista y profundizando en las dudas de un rival que no había vivido una experiencia similar antes en su carrera. Así llegó una cadena de errores del ruso que colocaron el cuarto juego en 0-40, pero con la misma facilidad que los concedió fue rescatando cada punto para salvar hasta 4 opciones de quiebre (2-2). El balear, sin problemas con su servicio, con paciencia siguió trabajando al resto hasta que en su quinta oportunidad logró premio.

A pesar de que Medvedev subió el listón de agresividad (14 winners) y redujo la lista de errores (9 no forzados), el español jugó como si de una partida de ajedrez se tratase, moviendo las fichas adecuadas para escaparse en el marcador (5-2), gracias a un parcial de 12 puntos ganados en 15 posibles. Tras un juego en blanco del ruso, Nadal cerró el segundo set por 6-3 en 48 minutos.

Tal y como ha ocurrido durante todo el torneo, Nadal se reservó su mejor nivel para la tercera manga, donde empezó a mandar en prácticamente cada punto. Y en el quinto juego aprovechó su primera oportunidad de break del tercer set para asestar un golpe definitivo al partido. Cuando parecía que había asestado un golpe definitivo a la Final y aún construyendo los puntos con criterio, varios errores dejaron al ruso en posición de devolver el quiebre. Y así lo hizo en su tercera oportunidad (3-3).

La tensión de los primeros sets dio lugar al corazón. Ante un Nadal dominador apareció un Medvedev que se negó a marcharse sin dejarse el alma en la pista. Demostró por qué se presentaba en el US Open como el mejor jugador de la gira estadounidense y se aseguró llegar, al menos, al tie-break con una lucha desmesurada, que se ganó el aliento y apoyo de toda la Arthur Ashe. Sin embargo, no hizo falta ir hasta ese desempate. Un sensacional juego al resto le dio el quiebre y estiró el choque un set más.

Que la moneda cayera de su lado en el tramo final del tercer parcial fue una botella de oxígeno para Medvedev, que no tardó en poner en jaque a Nadal al resto (1-0, 30-40). Pero el español no sólo salió del laberinto con 6/6 con primeros saques, sino que devolvió la situación en el quinto juego (2-2, 30-40) hasta en dos ocasiones y el ruso también supo encontrar escapatoria.

A partir de entonces, tanto a uno como a otro le costó volver a hacerse daño al resto. Hasta que en el décimo juego, Medvedev levantó un 40-15 de Nadal para colocar el ‘deuce’ y encontrar el punto de set, que convirtió con un passing a la esquina.

Con la confianza de haber enlazado dos sets consecutivos, Medvedev atravesaba los mejores momentos del partido. Prácticamente con cada uno de sus golpes generaba peligro. Capaz de intercambiar golpes desde el fondo con saque-red. En el segundo juego obligó a Nadal a sacar su versión más guerrera para escapar de hasta tres puntos de break.

El español, que había pasado a ser dominado, supo aguantar cuando el guion lo exigió, cuando enfrente tuvo a un rival sublime que convertía en oro todo lo que tocaba. Y en el quinto juego del quinto set llegó la respuesta de Nadal. Un break, que confirmó a continuación con su servicio (4-2). El sufrimiento al inicio del set se tradujo en superioridad para abrir una brecha con su sexto break (6/19) hasta el 5-2.

Aún hubo tiempo a que Medvedev aumentara el drama devolviendo el quiebre (5-3). Era el quinto para él (5/14). En el caos, cuando el corazón le gana a la cabeza, el ruso salvó dos puntos de partido (5-4). Pero tras salvar un punto de break, acabó cerrando con su servicio.

Nadal no cae en la trampa ante Berrettini.

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El español jugará ante Medvedev su quinta Final del US Open.

El deporte no está sujeto a ninguna lógica. Ni siquiera el tenis, donde el cartel, el ranking y la experiencia sirven como taxonomía. Pero lejos de ser una ciencia exacta, cada partido es una incógnita, y eso es algo que Rafael Nadal se repite cada día antes de encarar la siguiente ronda. El español no cayó en la trampa ante el ‘novato’ Matteo Berrettini para superar la Semifinal del US Open por 7-6(6), 6-4 y 6-1 en 2 horas y 35 minutos.

Nadal se abrió paso en la que será la Final de Grand Slam número 27 de su carrera (18-8) y la quinta en Flushing Meadows. No obstante, el Domingo tratará de recortar distancias frente a Roger Federer en la lista histórica de campeones en esta categoría. Y es que el español guarda en su vitrina 18 títulos, mientras que el suizo conserva 20 coronas de este nivel.

Sin antecedentes ni referencias en el cara a cara, la Arthur Ashe reunió por primera vez a los protagonistas en la Semifinal de Flushing Meadows. El italiano, cabeza de serie N° 24, llegaba con confianza, la muñeca suelta y sin las cadenas de la presión. Toda la responsabilidad estaba al otro lado de la red, sobre todo, desde que Novak Djokovic y Roger Federer se ausentaron del cuadro.

Pero Nadal no sucumbió a la presión de ser el único favorito en juego desde hace varios días en Nueva York. Y mucho menos se confió ante un rival que había sacado un billete para la Semifinal del US Open por derecho propio, desplegando un tenis vistoso, potente y con descaro, que no tardó en dibujar sobre la pista más grande del mundo.

Eso sí, la falta de minutos de rodaje en este tipo de escenario pasó factura a Berrettini en los primeros minutos, que combinaba momentos de brillantez con golpes precipitados. Nadal estuvo cerca de hacer pagar el ansia de su rival en varias ocasiones. Y hasta en tres juegos al resto dispuso de opciones de break. Seis en total. Pero el italiano logró escapar de todas, con su servicio y valentía. Incluido un punto de set.

El tie-break fue el juez que decidió la balanza del primer parcial. Una doble falta y un ángulo corto de revés cruzado de Berrettini hicieron saltar las alarmas con dos mini-breaks (0-4) en el desempate. Tanto fue así, que el jugador nacido en hace 23 años, se colocó 4-6 para cerrar el set. Sin embargo, Nadal demostró por qué es uno de los mejores jugadores de la historia cuando está contra las cuerdas. Enlazó cuatro puntos seguidos para dejar el marcador de su lado (8-6).

Nadal siguió presionando el servicio de Berrettini en el inicio del segundo set. En los dos primeros juegos encontró hasta tres opciones de quiebre, pero no pudo materializar ninguna (3-3). Hasta entonces, la seguridad en el saque del manacorense se tradujo en un 93% de puntos ganados con el primero y ninguna concesión al resto.

Y a la décima fue la vencida. Después de dejar escapar hasta 9 opciones de break, Nadal convirtió el primer quiebre del encuentro en el séptimo juego del segundo set (4-3), que confirmó poco después, apoyado de nuevo en su gran rendimiento con el servicio (21/25). El balear puso otro granito de arena hacia la Final del US Open (6-4).

Apenas tardó un juego en encarrilar la victoria con segundo break del encuentro (3/15 en total) para escaparse 2-0. Ya no hubo respuesta posible de Berrettini que se fue diluyendo como un sobre de azucarillo en un vaso de agua. Las mejores sensaciones del italiano desaparecieron a la vez que el español agrandó su figura sobre la pista, sin prácticamente errores (sólo 3 en el set) selló su pase a la Final.

Nadal se enfrentará en el último partido por el título ante Daniil Medvedev por segunda vez en esta gira americana. El español domina el head to head por 1-0. En el único antecedente entre ambos en la Final del ATP Masters 1000 de Canadá, se impuso por 6-3 y 6-0 en apenas 70 minutos.

El oficio de Nadal le da un billete a Semifinal.

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El español se medirá a Matteo Berrettini por una plaza en la Final del US Open.

Si Rafael Nadal dispone de una cualidad distintiva es la capacidad para apagar cualquier intento de rebelión de sus rivales. El momento dulce que atraviesa el español, sin ceder ninguna derrota en la gira americana, se mantuvo intacto también en su duelo de Cuartos de Final del US Open frente a Diego Schwartzman. A pesar del desparpajo del argentino, que por momento puso contra las cuerdas a su rival, el favorito N° 2 en Nueva York tiró de oficio para llevarse la victoria por 6-4, 7-5 y 6-2.

El manacorense aseguró en Flushing Meadows una plaza en la Semifinal, una ronda que ha disputado en todos los Grand Slam durante este curso. Por si fuera poco, Nadal ha estado presente entre los cuatro mejores de cada torneo que ha encarado en 2019, salvo en Acapulco (segunda ronda). En los diez restantes, llegó al menos a esta instancia consiguiendo el título Roma, Roland Garros y Canadá, además de una Final más en el Open Australia.

El español construyó su victoria ante un rival al que había derrotado las siete ocasiones anteriores en las que se habían cruzado cara a cara. Y el Miércoles añadió la octava al head to head. Pero como siempre que lo hicieron en un Grand Slam, el desenlace no fue sencillo para Nadal. El argentino exigió oficio, trabajo y nervio durante las 2 horas y 47 minutos que se prolongó el partido. Porque hay días en los que el guion reclama un recurso de emergencia de los que muy pocos jugadores disponen. Un salvavidas para escapar del abismo y aumentar la escala de grises a todo color.

Eso es lo que logró el balear en la primera manga de un partido en el que no había tardado en declarar sus intenciones. En apenas un minuto resolvió su servicio inicial en blanco. Otro juego eterno al resto que se prolongó durante diez minutos con break a favor tras cuatro opciones parecía encarrilarlo de su lado. Mucho más cuando un errático Schwartzman con 9 errores no forzados en los primeros cuatro juegos dejaba a Nadal 4-0 por delante.

El argentino, que tardó prácticamente 25 minutos en aterrizar en la Arthur Ashe, dio un giro inesperado al argumento de la película. Empezó a encadenar un punto tras otro, mientras el cabeza de serie N° 2 no encontraba la vía de escape en un laberinto inesperado que desembocó en otros cuatro juegos consecutivos del bonaerense de 27 años.

La trama empeoró aún más para el español, cuando su rival se adelantó 4-4, 15-40. No le quedó más remedio que aferrarse al único recurso que entonces parecía quedar en su mochila: actitud. Siempre innegociable. Se negó a ceder más ventaja y con más corazón que acierto se agarró al fondo de la pista desde donde fue construyendo su reacción. Un “¡Vamos!” que retumbó en el estadio más grande del mundo sirvió para celebrar el fin de la sequía. Entonces, volvió a sacar su instinto felino para firmar el tercer break a su favor y cerrar el set (6-4). Eso sí, los errores se impusieron a los ganadores (7-13 Nadal; 9-17 Schwartzman).

El tres veces campeón del US Open empezó a construir los puntos, a sentirse poco a poco más cómodo en los intercambios y a generar golpes ganadores con más asiduidad (17 en el segundo set). Así, llegó el quiebre en el cuarto juego para adelantarse 3-1. Sin embargo, el argentino no le perdió la cara al partido. “¡Vamos, Peque, vamos!”, se escuchaba desde el banquillo de Schwartzman, donde se encontraba como invitado la leyenda de la NBA Manu Ginóbili. Pero la reacción inmediata 30-40 en el juego siguiente no se materializó y a partir de entonces Nadal desplegó su mejor tenis.

De nuevo, al resto, el manacorense protagonizó un juego impecable con ganadores desde ambos lados para escaparse 5-1. Pero si Nadal no entrega un punto por perdido, Schwartzman tampoco es menos. Y cuando el campeón de 18 Grand Slam se disponía a cerrar el parcial con su servicio, el argentino recuperó uno de los quiebres para darse la oportunidad de seguir peleando en el set (5-2). Un parcial de 12-2 en puntos disputados desde entonces permitió al bonaerense igualar la manga (5-5).

Otra vez Schwartzman había rescatado cuatro juegos consecutivos. ¿Sería capaz de aprovecharlo esta vez? La respuesta se la negó Nadal de la misma forma que en el primer set. Elevando el nivel de agresividad y provocando los errores del argentino. Dos juegos más seguidos, incluyendo su sexto break del encuentro pusieron el partido muy favorable para el español (7-5).

En el tercer set se mantuvo la hegemonía de los servicios hasta que en el sexto juego Nadal amenazó el saque de Schwartzman, colocándose 3-2, 0-40 hasta que quebró una vez más (8/14 en total) para asestar la sentencia final.

Nadal se enfrentará en Semifinal del US Open a Matteo Berrettini, que en la jornada de día consiguió su primera clasificación para esta ronda en un Grand Slam. El italiano se impuso por 3-6, 6-3, 6-2, 3-6 y 7-6(5) ante Gael Monfils. Será el primer duelo entre ambos. El Viernes, por una plaza en la Final del US Open.

Nadal y el don de la regularidad.

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El español ha llegado a los Cuartos de Final de todos los Grand Slam.

De Melbourne a Nueva York. Rafael Nadal ha alcanzado, al menos, los Cuartos de Final en todos los Grand Slam esta temporada, una regularidad que le permite destacarse como la mejor raqueta de 2019 en la ATP Carrera a Londres. El español sacó esta vez su billete en Flushing Meadows frente a Marin Cilic, tras imponerse por 6-3, 3-6, 6-1 y 6-2, en 2 horas y 49 minutos.

El favorito N° 2 superó el test más serio en esta edición del US Open para seguir dando forma a un curso brillante, en el que ha conseguido llegar a estas alturas con opciones en todos los torneos que ha disputado salvo en Acapulco (segunda ronda). En los Grand Slam fue campeón en Roland Garros, finalista en el Open Australia y semifinalista en Wimbledon. Su techo en la pista dura americana está aún por escribir.

El dato cobra aún más valor si cabe, cuando se mira el historial del balear. Esta regularidad en los Grand Slam sólo la había conseguido en cuatro ocasiones antes (2008, 2010, 2011 y 2018).

“Eso quiere decir que cuando he jugado al tenis he respondido y he estado competitivo en todas las superficies, mentalmente he estado lo suficientemente bien y a nivel de tenis también”, valora Nadal sobre una situación que no vivía desde 2011, cuando completó por segunda temporada consecutiva todos los Grand Slam estando entre los ocho mejores de cada torneo.

Aunque esa regularidad se ha visto enturbiada por un pequeño lunar: los problemas físicos. Aún con todo ha podido dejar su estampa en la estadística, pero con matices. “En cuanto a físico no he respondido tan bien, porque en estos ocho torneos en los que he llegado a Cuartos de Final, me he retirado en dos: en el Open Australia 2018 y en el US Open 2018”, recuerda el español sobre sus últimos grandes.

“El porcentaje tampoco es tan brillante, pero ahí están los números. Ahí quedan unos resultados que me sirven para seguir sintiendo que tengo opciones para pelear por las cosas más importantes, que me ilusionan y me motivan. Eso siempre da energía para seguir adelante”, cierra el manacorense sobre la cifra que consiguió el Lunes.

Por otro lado, el N° 2 del Ranking ATP amplió la racha de victorias que emprendió en esta gira americana, donde ya encadena siete partidos ganados de manera consecutiva. En el ATP Masters 1000 de Canadá consiguió levantar el título mientras que en Flushing Meadows ya se encuentra en Cuartos de Final, una ronda que ha disputado en nueve ocasiones a lo largo de su carrera en este Grand Slam.

Nadal revalida el título en Canadá.

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Por primera vez, el español defiende un trofeo en pista dura al ganar la Coupe Rogers.

Rafael Nadal consiguió el Domingo en la Coupe Rogers algo que le faltaba en su carrera. Y no fue ni ganar su quinto título en Canadá, su 35 ATP Masters 1000 o su trofeo N° 83 en total. No. El tenista español, que venció a Daniil Medvedev por 6-3 y 6-0, logró revalidar la corona que levantó en Toronto el año pasado, defendiendo por primera vez en su carrera un título en pista rápida.

Nadal convirtió a Montreal en el tercer ATP Masters 1000 donde más éxito ha tenido en su carrera, empatado con el Madrid Open. La lista la lidera Montecarlo, donde ha ganado 11 veces el trofeo, Roma, donde ha conseguido nueve, y Madrid y Canadá, donde tiene cinco trofeos de campeón.

Hasta hoy, Nadal y Medvedev no se habían visto nunca las caras. Y el arranque del partido sirvió para que el ruso demostrase de lo que es capaz. Sin fallar una bola, jugando solo al contraataque, Medvedev llevó al límite a Nadal, y ambos disputaron puntos de más de 30 golpes, haciendo las delicias de la grada.

Nadal, que había ganado el último ATP Masters 1000 disputado este año en Roma, salió de esa situación elevando su nivel. En poco tiempo, el español consiguió romper el saque de Medvedev para colocarse 3-1 en el primer parcial, con todo controlado. Mantener la renta, una buena brecha, fue suficiente para que el N° 2 del mundo se llevase la primera manga, dando un paso importante hacia el título y golpeando la moral de su contrario.

Medvedev comenzó el segundo parcial lamentándose por las ocasiones perdidas, y cuando quiso darse cuenta había cedido de nuevo su saque, dejando que Nadal se colocase 2-0. Con todo en contra, el ruso se lanzó a luchar, aunque no encontró el éxito que buscaba ante uno de los mejores tenistas de todos los tiempo.

Con todo a su favor, Nadal no se detuvo, al revés. El español decidió seguir buscando aumentar la ventaja con Medvedev, y lo consiguió en forma de otra rotura de saque, que le dio el 3-0 y le despejó el camino hacia el título de campeón.

Jugó un gran juego, algunos intercambios muy largos. Para mí, personalmente, fue importante comenzar el partido en buena forma. Llegó a este partido jugando muy bien, jugando muchos partidos [en las últimas] semanas. Para mí, fue una historia diferente. Solo jugué tres partidos en dura antes de este”, dijo Nadal, quien jugaba en su final N° 51 de Masters 1000.

“Creo que también jugué un buen primer juego. Tenía punto de break. Jugué bien y salvé ese juego. Después de eso, creo que jugué un partido sólido, mi mejor partido de la semana hasta ahora sin lugar a dudas”.

“Mi táctica era no darle tanto tiempo, intentar jugar profundo, no darle golpes fáciles. Funcionó al principio del partido, pero luego perdí el impulso por completo. Solo él controlaba el juego”, dijo Medvedev.

“El simplemente jugó demasiado bien”.

“Hice muchas cosas bien: cambiando direcciones, cambiando ritmos durante el punto. El cortado funcionó bien esta tarde. Jugué algunas bolas altas, luego cambié la línea. Creo que jugué de manera inteligente esta tarde”, dijo Nadal.

El español ganó su tercer título del año (Roma, Roland Garros). Con su quinta corona de Masters 1000 en Canadá (2005, 2008, 2013, 2018), mejoró a 5-0 el balance en las finales canadienses Masters 1000 y consiguió una de las marcas de todos los tiempos de Ivan Lendl. El N° 2 del mundo solo ha perdido un set en sus cinco finales canadienses (2005 vs Andre Agassi, 6-3, 4-6 y 6-2).

“Siempre he estado rodeado de buenas personas y buenos profesionales que me ayudan en todos los términos. Creo que he sido lo suficientemente humilde e inteligente para escuchar todo el tiempo a las personas que son mayores que yo y que tienen un mejor conocimiento que yo de la vida en general y al mismo tiempo en el tenis”, dijo Nadal.

Federer bate a Nadal y buscará su noveno Wimbledon.

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El suizo se llevó un choque clásico sobre la hierba de la Centre Court.

Incluso la leyenda más grande puede seguir creciendo. Roger Federer alcanzó su 12ª Final de Wimbledon al batir a Rafael Nadal en un choque titánico. El suizo, que superó al español por 7-6(3), 1-6, 6-3 y 6-4 tras tres horas y cinco minutos de lucha en Londres, se aseguró su 31ª Final individual de Grand Slam, la mayor marca de todos los tiempos, y también otra cita con lo desconocido. El domingo, ante el serbio Novak Djokovic, buscará su novena copa en el All England Club para extender su figura como jugador más laureado de siempre sobre el pasto británico.

Que no es un partido cualquiera pronto quedó bastante claro. Español y suizo saltaron a la Centre Court de Wimbledon bajo una sonora ovación, recibidos como auténticas leyendas en un escenario icónico. Sobre una hierba rota tras dos semanas de zapatazos, dos de las mayores figuras de todos los tiempos abordaron un partido sin concesiones.

El sol calentaba con fuerza la hierba y el juego actuó en consecuencia. Si el suizo es un especialista en el tenis vertiginoso, capaz de mantener la precisión a la velocidad de un rayo, el español mantuvo la agresividad mostrada desde su llegada a Londres. Era un partido para afrontar desde la decisión, con una contundencia sin miramientos, y la misión fue aceptada a ambos lados del campo.

Para dos tenistas con los nervios curtidos a experiencia, la situación fue manejada con hielo en las venas. Los primeros siete juegos volaron desde la autoridad al servicio, calentando las manos a pasos acelerados. Nadal no fue capaz de frenar un encuentro plagado de puntos simples, decididos de chispazo en chispazo al gusto de su adversario. Atento al escenario conducido, Federer dispuso de una pelota de rotura con 4-3, una opción que es tesoro en una batalla de equilibrio. Ahí, también, estuvo Nadal dispuesto a aceptarlo.

El primer momento crítico del partido fue un viaje al pasado. Ante una situación de presión, quizá en una de las visiones más repetidas de su carrera, Rafa confió en la medicina de siempre. Combar su derecha sobre el revés de Federer hasta partirlo en mil pedazos. Una variante para nada explotada pero que apareció en este instante. Después, cuando Roger se colocó a dos puntos de ganar la manga (6-5, 40-40), el mismo recoveco la permitió seguir a salvo. Como resultado: un primer set sin roturas de intenso aperitivo.

El desempate fue el destino lógico para dos tenistas blindados. Allí, en un minúsculo puñado de puntos, quedaría resuelto el drama de todo un primer asalto. Y Federer apareció preciso, dispuesto a sacarse toda la presión de golpe. El suizo se rehizo en un tiebreak de infarto, donde su cabeza funcionó tan rápido como las manos. Tras levantar dos mini-roturas y con una derecha que escupió fuego, el ocho veces campeón asestó el primer mazazo.

Nadal no se rendiría y poco tardó en demostrarlo. Con su capacidad para mover montañas, en un partido que apenas se encontraba en las faldas, el español comenzó a mover la pelota con una furia inusitada. Dejando fuera de posición a su adversario. Sus tiros desafiaron el orden del suizo, clavado en un paredón de trayectorias desde el fondo. Y el partido encontró unas curvas inmensas. Nada más comenzar el segundo set Rafa tuvo dos misiones: contener con 1-0 su interior, al no aprovechar sus dos primeros puntos de quiebre, y contener con 1-1 también a Roger, que rozó una rotura con un aspecto gigantesco.

Como la fe del español no tiene límites, convirtió en oportunidad un partido a cara de perro. El mallorquín hizo pestañear a Federer colapsando su flanco de revés y pronto abrió en canal la discusión sobre el césped. En un abrir y cerrar de ojos dominaba 4-1 en un partido hasta entonces bien plano. Sus piernas tomaron un impulso tremendo,  respondiendo a los cambios de ritmo del jugador suizo y su revés volvió a endurecerse, siendo la plataforma clave para plantear la pista a lo ancho.

El primer resurgir de Nadal creó dudas claras en Roger, impreciso incluso en la zona central del campo. Cuando los pensamientos llegaron hasta cerca de la red, un terreno de habitual dominio para el suizo, el rumbo del partido dio un giro bien brusco. Antes de que Londres asumiera una reacción, el español se sentó en el banco con el partido igualado.

Si los momentos de presión distinguen a los mejores de los buenos, Federer remarcó una vez más su lugar entre los primeros. El suizo desplegó una derecha que es un primor, coloreando una variedad de tiros que levantó al graderío. Con golpes invertidos, ganadores en estático pasando por bote prontos, el de Basilea rasgó un parcial que bien podría haberlo hundido. Con el 3-1 en las manos y un Nadal dispuesto a resistir, Roger salvó una situación crucial. Un 15-40 con el partido ya convertido en lo de siempre, un duelo de tenis con el ritmo del ping-pong.

Como el suizo es imparable con la mano engrasada, el final del parcial fue un resumen de atributos. Roger se montó al resto como un martillo, devolviendo pelotas sin pausa con los pies sobre el blanco. Y su derecha, un láser hacia cualquier punta del campo, siguió marcando el ritmo de lado a lado. El nivel fue evidente mirando al marcador: Roger llegó a tener pelotas para dominar 5-1 al español, un tenista al que es casi imposible siquiera mantener el ritmo.

La caída del sol trajo un balón de oxígeno para Federer: un reto de larga distancia en las manos de su adversario. Si Nadal quería llegar a la victoria en la Centre Court, a imagen de su histórico triunfo en la Final de 2008, tendría que hacerlo por el camino más duro: las cinco mangas sobre césped ante el mayor dueño del campo.

Con el partido encarado Federer firmó momentos brillantes, plagados de reflejos. Sus manos fueron rápidas ante Nadal, un maestro del revés cortado que quiso bajarle la pelota contra el suelo. Allí estuvo Roger, intacto a los 37 años para mostrar la agilidad de su cuerpo. La contundencia del suizo pronto colocó el 3-1, dejando a Rafa al borde del camino. Una ventaja que Roger nunca más dejó escapar.

Y eso que el español se resistió sin descaso. Nadal levantó dos pelotas de rotura con su servicio, otras tres al resto y, con 5-4 en los letreros, estuvo apenas a un punto de restablecer el equilibrio. En el sufrimiento, algo habitual, se desvivió Rafa como ninguno. Una lucha sin tregua que levantó a una grada impactada ante lo visto.

Federer culminó el partido a lo grande, sin perder un servicio en las dos últimas mangas como mensaje más nítido. Ante los mejores, sin importar el nombre del adversario, su ritmo sigue siendo incontenible sobre pasto.

Nadal cita a Federer en épica Semifinal de Wimbledon.

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Español y estadounidense batallaron sobre la hierba de la Court 1 para pasar de ronda y medirse contra el suizo.

Es imposible contenerle, el jamás se rinde. Rafael Nadal avanzó el miércoles a la Semifinal de Wimbledon tras vencer por 7-5, 6-2 y 6-2 al estadounidense Sam Querrey en un duelo eléctrico. El español regresa a la penúltima ronda firmada en la pasada edición, extiende su trabajada adaptación sobre el césped y remarca su condición de gran candidato en el All England Club, donde persigue una tercera copa dorada que incluir en su vitrina.

El mallorquín disputará una Semifinal de ensueño ante el suizo Roger Federer. Ambos se encontrarán en la hierba de Londres once años después, sumando un esperado capítulo a la inolvidable Final librada en la edición de 2008. Un choque para los anales de la historia, considerado por muchos uno de los mejores partidos de tenis de todos los tiempos.

Para alcanzar esa cita, Rafa sumó ante Querrey su enésimo ejercicio de tesón sobre el pasto.

El partido fue recibido por la intensidad de Nadal, un jugador hirviente desde el principio del torneo. Ante Querrey, uno de los pegadores más formidables sobre hierba, el saludo inicial fue parecido a los anteriores. Ninguna tregua en los primeros minutos. Como en sus cuatro partidos previos, y marcando un dominio total de los momentos, Rafa apenas necesitó dos turnos al resto para asestar la primera rotura (2-1). Un manotazo de entrada sobre el juego de su adversario. En una superficie como la hierba, un buen balón de oxígeno.

En el torneo de las costumbres Nadal se aferró a las más mostradas en Londres: una mentalidad constante y la seguridad al poner la pelota en juego. El español ganó sus 14 primeros puntos con el servicio. Esa fue la carta de presentación más clara. Si Querrey suponía un reto de pegada, un obstáculo de tenis vertiginoso, Rafa afrontó el partido dispuesto a aceptar el desafío.

Que Querrey no era un invitado también quedó bastante claro. Imponente con sus golpes de derecha, un misil en el impacto estático, el estadounidense también mostró la suavidad de sus manos. Si Nadal buscó incomodar su gran planta (1.98m) con el revés cortado, Sam respondió con un tacto agudo desde la dejada y la volea. Golpes clásicos sobre el pasto que fueron dibujando una batalla sin tregua.

El partido tenía espinas y no tardaron en aparecer. Tras acumular ocho mangas sin encarar una pelota de rotura, Nadal estuvo a un punto de distancia de perder el servicio ante Querrey. El español evitó el 4-4 con tiros decididos y se lanzó con la mano abierta a la conquista del primer set. Allí, sin embargo, esperó el americano para sobrevivir al vía crucis. Sam levantó tres pelotas de set con su servicio y una cuarta al resto, arrastrando al español hasta un 5-5 que parecía improbable.

Como retener a Nadal equivale a consumir un incendio abanicando, el mallorquín respondió de inmediato. Rafa estuvo tres veces a un tiro de tocar el tiebreak, una ruleta rusa ante un rival como el americano, y su respuesta fue formidable. Tres servicios colosales, dos de ellos directos al besar la cal, para hacerse con el control de la primera manga. Un parcial en la que resistió con todo, tragando hasta 14 aces de su rival antes de apretar la mano.

Si estudiar la tarde posterior a un examen es raro, Nadal apareció con varios manuales encima. Tras una manga de infarto, de esas que pueden aplanar a cualquiera, allí emergió la figura del español. Siempre dispuesto a continuar el trabajo. Rafa arrebató el servicio a Querrey en las faldas del set (2-1), cuando la toalla recién se apartaba del rostro del americano. El dos veces campeón se hizo fuerte en uno de sus grandes sellos, la intensidad permanente sin importar el sufrimiento vivido.

El ejemplo fue bien claro porque la segunda manga pudo tomar un rumbo muy distinto. En una de sus especialidades más perfeccionadas, Nadal convirtió una situación crítica en su trampolín más inmenso. El español levantó un 15-40 en el sexto juego del set, toda una amenaza ante un pegador como Sam, y volteó por completo la dinámica del partido. El impacto psicológico fue de tal dimensión que se pasó del día a la noche: un muy posible 3-3 se convirtió en un definitivo 6-2, con el español lanzado a la conquista del encuentro.

En un choque que era un cuerpo a cuerpo, los puñetazos de Querrey se fueron consumiendo. Ante un rival pletórico, siempre generoso en el derroche del esfuerzo, el americano apenas pudo conectar tres servicios directos en toda la segunda manga. Una cifra baja sobre césped e insuficiente para suponer un obstáculo. Era el mérito de Nadal, capaz de desfigurar la mejor propuesta de cualquier adversario.

El tercer set fue el desenlace porque el español no conoce el relax. Sobre un amplio colchón y con la caída del sol ya entre manos, Rafa mantuvo la velocidad de pies como un galgo. El dos veces campeón mordió el primer turno de servicio de Querrey y mantuvo como constante un imposible: hacer competir al americano siempre por debajo. Una misión de altura ante un rival que es un tren en marcha, algo incontenible sobre el pasto.

Con una derecha que dominó a su antojo, zarandeando a Querrey en un fondo de pista ya desgastado, Nadal puso rumbo decidido hacia la Semifinal. Una ronda que pondrá definitivamente a prueba su altura como candidato. Si Rafa está preparado para reconquistar Londres, ya se ha plantado a las puertas de demostrarlo.

La victoria permite a Nadal ser el primer jugador clasificado para las ATP Finals, a celebrar del 10 al 17 de noviembre bajo la cubierta del O2 en Londres.

Un Nadal imperial vuelve a Cuartos de Final en Wimbledon.

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El mallorquín desborda a Sousa sobre la hierba de la Centre Court.

Las ideas claras sobre hierba son un buen presagio. Rafael Nadal se clasificó el lunes para los Cuartos de Final de Wimbledon tras batir por 6-2, 6-2 y 6-2 al portugués Joao Sousa en una hora y 47 minutos de encuentro. La convicción del jugador español, intacta sobre la hierba del All England Club, lo ha impulsado con fuerza hasta colocarse entre los últimos ocho candidatos. Las rondas decisivas del Grand Slam se acercan en Londres, y el mallorquín aparece dispuesto a continuar con su camino.

El dos veces campeón intentará regresar a la penúltima ronda alcanzada durante la pasada edición. Su próximo reto será el semifinalista de 2017 Sam Querrey, un jugador bien curtido en el césped de Londres.

Sobre una superficie que pone a prueba la capacidad de reacción, porque sorprende con el vuelo bajo de la pelota, Nadal ha mostrado lo afilado de sus reflejos. En sus cuatro primeros partidos de Londres, marcando una buena tendencia, el español ha necesitado como mucho dos turnos al resto para romper el saque de su adversario.

El portugués Sousa palpó en esta ocasión la capacidad de aceleración del balear, que volvió a salir en tromba a la Centre Court de Wimbledon. Nadal marcó con convicción la dirección de sus golpes y colocó dos roturas en las faldas del encuentro (3-0), un golpe serio antes de subir las pulsaciones.

La seguridad al servicio siguió siendo la firma del mallorquín en Londres, donde está marcando un ritmo de juego vertiginoso ante cualquier adversario. Un 85% de tino con el primer saque fue el sostén más claro del arranque. Nadal supo mantener a raya cualquier intento de reacción de Sousa, desesperado por momentos e incapaz de generar una sola pelota de rotura en todo el parcial.

El tesón es una clave fundamental en el formato a cinco mangas y esa misión la cumplió Rafa al milímetro. Lejos de romper su concentración el español asestó otro golpe clave, colocando una nueva montaña en la apertura del segundo set (2-0). Para Sousa, vacío de soluciones ante el Top 5 en partidos de Grand Slam (0-8), la dificultad del reto comenzaba a ser inmensa.

Al encarar el partido con una variedad fabulosa, Nadal siguió complicando la situación sobre la hierba. El español empleó con maestría su revés cortado, un golpe fundamental para aplacar los fogonazos de un Sousa decidido a acelerar el ritmo. Las pelotas flotantes de Rafa desordenaron las ideas del portugués, consumido en un laberinto táctico. En esas, la segunda rotura del parcial no tardó en llegar (5-2), llevando el partido a un punto de difícil retorno.

Las dos primeras mangas le exigieron poco más de una hora al español, adherido al ritmo de crucero que ha mostrado desde el inicio del torneo. Si la velocidad de piernas es un reflejo del estado físico, Nadal gozó de un motor solvente en todo momento.

Por si la situación no era definitiva el tiro de gracia fue absoluto. El español comenzó el tercer set repleto de oxígeno y el ejemplo generó la ovación del graderío. Rafa ganó el gran punto del encuentro, dominando un intercambio de casi 20 golpes que culminó con un delicado revés a una mano. Un tiro en mitad de pista que dejó a Sousa clavado y a Nadal por los aires con el puño bien cerrado. La fortaleza de su backhand quedó probado para convertir la rotura (2-1), lanzando un misil cruzado que fulminó la cal del pasillo.

La victoria fue un destino natural para el orden de Nadal, impasible a la ventaja del marcador hasta completar su objetivo. Así, Nadal alcanza por 7ª vez los Cuartos de Final de Wimbledon – ocupando la 10ª posición histórica de apariciones en esta ronda en Londres junto a Andre Agassi, Stefan Edberg, Goran Ivanisevic e Ivan Lendl.

Nadal conquista su 12 Roland Garros.

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El español consiguió el 18 Grand Slam de su carrera.

Como si de un déjà vu se tratase, el tiempo se detuvo en la Philippe Chatrier para decidir entre los mismos protagonistas del pasado año quién es el campeón de Roland Garros. Rafael Nadal y Dominic Thiem pelearon por la Copa de los Mosqueteros en una reedición de la Final de 2018. Pero la historia no cambió el mismo guion establecido prácticamente sin piedad en los últimos 15 años y el español se impuso por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 para levantar su duodécima corona en París.

El manacorense volvió a normalizar lo imposible. Si bien en el Monte-Carlo Masters y en el Barcelona Open había elevado el listón hasta los once trofeos, en Roland Garros se convirtió en el primer jugador de todos los tiempos (hombre o mujer) en ganar 12 veces en un mismo Grand Slam.

Al otro lado de la red, Nadal se medía a su némesis en tierra batida. Al único jugador capaz de derrotarlo en la superficie más lenta en las últimas tres temporadas (Roma 2017, Madrid 2018 y Barcelona 2019). Pero no dio lugar a revanchas. Ni siquiera la confianza de haber tumbado a Djokovic un día antes fue suficiente para que Thiem impidiese el Grand Slam número 18 de la carrera del español.

La intensidad del primer juego fue un revelador preámbulo de lo que estaba por llegar. En cinco minutos Nadal amarró su servicio inicial frente a un rival muy suelto desde el fondo, capaz de aguantarle los intercambios. Tuvo que trabajar los puntos ante un jugador pleno de confianza tras su victoria en Semifinal ante el número uno del mundo. No obstante, el austriaco fue el primer jugador de esta edición en evitar que el español se adelantara 3-0.

Thiem obligó a Nadal a ejecutar siempre un golpe más. Demostró dotes felinas en la defensa para con una facilidad asombrosa pasar al ataque. Tampoco dudó en cortar los puntos con dejadas milimétricas. Y fue el primero en aprovechar la ventaja al resto, convirtiendo su primera opción de break para adelantarse 3-2. Pero el manacorense respondió de inmediato colocándose 0-40 y en su segunda oportunidad devolvió el quiebre.

Cada punto era una batalla, cada intercambio una eternidad. Y Thiem volvió a encontrar la forma de hacer daño al resto, jugando con mucha profundidad y abriendo ángulos con el revés, para colocarse con otra oportunidad de break 30/40. Sin embargo, Nadal logró salvarlo para adelantarse de nuevo 4-3 en 40 minutos de partido hasta entonces.

El desgaste del juego anterior -físico y mental- pasó factura al austriaco. Nadal empujó a Thiem al fondo con tiros de mucha profundidad para situarse 15-40. Transformó su segundo break del duelo (2/3) y certificó el primer set con su servicio.

Si alguien esperaba que el partido rebajase la intensidad al inicio del segundo set, estaba equivocado. Ajenos aún al cansancio, Thiem y Nadal siguieron desgarrando pedazos del alma en cada intercambio, tratando de desgastar al contario. Eso sí, con altos porcentajes, ambos conservaron como su principal baluarte sus servicios. Una fisura en el saque, podría ser sinónimo de dar una ventaja demasiado grande al rival.

Y así fue. La superioridad de los servicios terminó en el duodécimo juego, cuando Thiem encontró su única oportunidad de break del segundo set. No perdonó e igualó el encuentro cuando había transcurrido una hora y 42 minutos. 13 golpes ganadores acompañaron un parcial en el que ganó tres puntos más que su rival (29-26).

El paso por el banco sirvió como un bálsamo para Nadal. Recuperó la brújula para mandar en el inicio del set con un break en blanco. Tres errores no forzados del austriaco contribuyeron a la ventaja del español. Y en tan sólo seis minutos ya dominaba 2-0 sin haber concedido un solo punto.

La lista de errores de Thiem siguió engordando (acabó con 9 el tercer set), a la vez que Nadal aprovechó para dar un paso adelante al oler el momento de mayor debilidad en el partido de su rival. El austriaco no ganó su primer punto del tercer set hasta el duodécimo, pero fue un espejismo. El balear, con un parcial de 12-1, firmó otro break para adelantarse 3-0.

En 14 minutos, Nadal había cedido únicamente un punto y ningún juego (4-0). Fue entonces cuando el austriaco pareció aterrizar de nuevo en la Philippe Chatrier estrenándose con su servicio (4-1). Pero ya era tarde, al menos, para levantar el set. El defensor del título en Roland Garros mostró su mejor versión y prácticamente no dio opciones a Thiem. Con 24 puntos ganados de 31, 3 de 4 break convertidos y 10 golpes ganadores se quedó a un set de levantar la duodécima.

El cuarto set arrancó como el anterior. De nuevo con Nadal volando sobre la pista, deslizándose como una pieza de ballet clásico, con una fluidez en sus movimientos superior a la de Thiem, que parecía haber perdido la sintonía con su raqueta y también con sus piernas. Así, el español dio un importante golpe de autoridad para colocarse 3-0. Ya no hubo capacidad de respuesta de un rival que lo había dejado todo en la pista, pero que tuvo que inclinarse ante el mejor jugador de todos los tiempos en la tierra batida.

Nadal tumba a Federer antes de su 12ª Final en París.

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El español espera a Thiem en la última ronda de Roland Garros.

Rafael Nadal y Roger Federer. Roger Federer y Rafael Nadal. El Viernes se citaron en la Philippe Chatrier dos de los grandes colosos de la historia de este deporte, para protagonizar el capítulo N° 39 de su rivalidad. Pero fue el español el que volvió a dominar en su territorio sagrado en París, al imponerse por 6-3, 6-4 y 6-2 y ganarse el derecho a pelear por su duodécima Copa de los Mosqueteros en París.

El manacorense amplió, además, su reinado frente a Federer en Roland Garros. No obstante, el once veces campeón en el segundo Grand Slam de la temporada ha ganado los seis encuentros que han disputado sobre la tierra batida francesa. También añadió una victoria más al head to head frente al helvético (24-15), cortó una racha de cinco triunfos seguidos de su rival y amplió a 14-2 su autoridad sobre arcilla.

Y es que ya son 22 las victorias consecutivas de Nadal en Roland Garros (no pierde desde los Cuartos de Final de 2015 frente a Novak Djokovic). Finalmente Dominic Thiem será el último peldaño que deba escalar para levantar al cielo de París un título más en la ciudad custodiada por la Torre Eiffel.

Las condiciones atmosféricas eran la peores para decorar uno de los partidos más grandes de la historia de este deporte. Pero el fuerte viento y la lluvia fina parisina previa pusieron aún más mística al duelo entre Nadal y Federer. Fue el suizo el primero en intimidar al resto, colocándose 30-40 en el juego inicial, pero tras ocho minutos el español salvó su servicio para de inmediato devolver la amenaza 1-0, 15-40. A la tercera oportunidad firmó su primer break (1/3).

Tal y como había hecho en sus cinco enfrentamientos anteriores en París, el manacorense inició el partido abriendo una brecha inicial en el marcador de 3-0. Sin embargo, Federer logró romper la sangría con su servicio y de nuevo al resto mantuvo un patrón agresivo, tratando de cerrar los puntos lo antes posible. Así, consiguió levantar un 3-1, 40-30 para convertir su segunda oportunidad de quiebre (3-2).

En una réplica del primer juego del encuentro, pero esta vez con Federer al servicio, se sucedieron las alternativas en los diez minutos que se prolongó. Y la irregularidad del servicio durante la primera media hora continuó inalterable. Esta vez fue Nadal el que insistió al resto hasta encontrar premio. En su sexta oportunidad de break en el sexto juego volvió a romper el saque (4-2) para, a continuación, confirmar la ventaja con su servicio (5-2). El español conservó la ventaja y con un revés ganador, de los 8 winners con los que terminó el set, cerró el parcial por 6-3 en 52 minutos.

A pesar del golpe de perder la primera manga, Federer se mantuvo en el partido. Tanto que al resto logró contener las embestidas de su rival hasta situarse con tres oportunidades de quiebre. A la tercera, logró colocarse por primera vez por delante por 2-0. Sin embargo, la paciencia -una de las grandes virtudes del balear- volvió a ser su mejor aliado.

Nadal necesitó de nuevo tres oportunidades para devolver el break al suizo. Y más allá de presentar un escaso 37% de puntos ganados con el primer servicio hasta entonces en el segundo set, consolidó el quiebre (2-2). La igualdad era máxima con un reparto de 22-20 en puntos ganados hasta entonces, dominado por el suizo que también iba por delante 4-3.

La autoridad del servicio se mantuvo inalterable hasta el noveno juego. Nadal consiguió levantar un 40-0 en contra y con cinco puntos seguidos se dio la oportunidad de sacar para cerrar el segundo set. No falló y con 12 golpes ganadores -por tan solo 4 errores no forzados- consiguió dar un importante paso hacia la victoria.

El 17 veces campeón de Grand Slam parecía tomar velocidad de crucero. Ágil de piernas, dominando con la derecha y apoyándose en el revés que funcionó como un puñal, volvió a adelantarse 30-40 al inicio del tercer set. Pero Federer se negó a abandonar tan pronto. Levantó la situación de peligro para mantenerse con vida en el partido.

Fue un espejismo. Para entonces Nadal ya había sacado el rodillo. Un doble break sentenció el partido y le permitió poner rumbo a su duodécima final en Roland Garros.