Alejandro Valverde gana el Mundial de ciclismo.

post

El ciclista murciano se proclama campeón del mundo a los 38 años al batir al sprint a Bardet, Woods y Dumoulin, los últimos supervivientes del infierno de Innsbruck.

“¡Por fin!”, grita Alejandro Valverde, que, campeón del mundo, no ha levantado los brazos hasta que no ha estado seguro de cruzar el primero la última línea. Aún controlado y sereno, lo hace cuidadosamente: primero el brazo izquierdo, casi lentamente, mientras con la mano derecha frena un poco y controla la bici disparada; solo entonces alza el derecho. Y ahí se acaba la calma. La clase y la tranquilidad se rinden a la emoción que el ciclista murciano llevaba minutos controlando. Y empieza a llorar, una magdalena sin freno, tiernísimo, antes incluso de bajarse de la bici y abrazarse a su masajista, Escámez, y llorar más aún, incontenible.

Tiene 38 años. El de Innsbruck es el 12º Mundial que disputa, el más duro que ha conocido. Ha subido seis veces el podio en su larga carrera; lleva haciéndolo desde 2003, un niño de 23, y nunca ganando. Tantas veces se ha quedado cerca que piensa que nunca se llevará el arcoíris, el máximo símbolo de la gloria en el ciclismo junto al maillot amarillo del Tour. Ya escamado piensa que este año, tampoco. Lo piensa cuando atraviesa el infierno sobre un Innsbruck soleado penando sobre los pedales en los 300 metros del 28% que todos, salvo él, temen tanto. Se ve tan fuerte con su piñón de 29 que empieza a ilusionarse, aunque no quiere creérselo. “No me lo creía, no me lo creía”, repite después, las lágrimas ya secas, los ojos siempre brillantes. “Me encontraba bien en el momento clave, y solo habíamos quedado tres delante. Y pensaba, ‘este puede ser mío’, y al mismo tiempo quería olvidar que lo pensaba”.

Es el día perfecto de la selección española, su Mundial impecable. Solo han llegado vivos tres al infierno, Valverde entre ellos, pero los otros dos son más lentos que el murciano, la Bala Verde, El Imbatido desde sus tiempos de sprinter juvenil: son dos ciclistas duros, de fondo, el escalador francés Romain Bardet y el animoso canadiense Michael Woods. Nibali, Alaphilippe, los gemelos Yates, Moscon, Kwiatkowski, Roglic… La lista interminable de favoritos, de grandes rivales, de peligros insuperables, se ha quedado en nada. Solo, unos metros detrás, resiste Dumoulin, el gigante holandés que serpentea por el infierno, de lado a lado de la carretera estrecha, sin venirse abajo, sin despendolarse. Ha sido una carrera durísima, de eliminación pura y dura. De muchos ataques y acelerones de los italianos, los franceses, los holandeses, los belgas, los daneses, y una defensa increíble de los españoles, a los que les llegaba de vez en cuando un único mensaje desde el coche de su director, Javier Mínguez, quien, cuando le preguntaban “¿qué hacemos?”, respondía: “Nada. Tranquilos siempre, nunca perdáis la calma. Y controlad”.

Con un entusiasmo desbordado, los siete compañeros de Valverde han logrado controlar lo incontrolable, siete secantes que empiezan a llevar la carrera por donde quieren a falta de 80 kilómetros. Allí entra en acción Castroviejo, que tira del carro; luego salen Herrada y Omar Fraile a frenar ataques, y también De la Cruz. Mas, Izagirre y Nieve, los más escaladores, se guardan para el final. Y todos intervienen. Solidarios. Felices de contribuir a la coronación del ciclista que empezó a ser una referencia para todos a comienzos de siglo, cuando la mayoría no eran ni juveniles, solo niños que soñaban con ser él.

Valverde es el ciclista español con más victorias, 122 según los que llevan las cuentas, y ha ganado una Vuelta, cuatro Liejas y cinco Flechas y etapas en todas las pruebas que puedan pensarse. También ha subido al podio del Giro y del Tour. En todas, tantas, victorias, supo en todo momento qué había que hacer. En el Mundial, y no sabe por qué, quizás porque era el sueño que siempre se le escapaba, no lograba enfriarse en el momento decisivo. “Corre cuando tengas que correr, no corras antes”, es el último consejo que le da Mínguez. El consejo que le convence y pone en práctica cuando bajan los tres del infierno hacia Innsbruck y Dumoulin los persigue de cerca. Valverde sabe lo que tiene que hacer, lo que debe hacer, y lo hace. Corre cuando tiene que correr. Aunque el Mundial se corre sin pinganillo y no recibe información de lo que pasa detrás de su grupo, su instinto le hace volverse a mirar de vez en cuando, con su estilo de pistard, la mirada de reojo que se mama en los velódromos, y siente la llegada de una mancha naranja grande, Dumoulin, la huele. “Uno se va a quedar sin medalla”, dice que pensó entonces. Pero sabía que no sería él quien lloraría de rabia en la meta. Esta vez sería otro. Cuando llegó el holandés, y faltaban menos de dos kilómetros para la meta, Valverde se pone delante de todos para que el grupo no se pare y para controlar a todos, y así pasan por debajo del triángulo rojo del último kilómetro, y todos esperan a ver qué hace el favorito para saltar a la contra. Y ninguno se mueve. Cuando se mueven, después de que Valverde acelerara a falta de 300m, siempre en cabeza, fue para disputarse entre los tres la segunda plaza. Bardet, más fuerte, derrota a Woods y a Dumoulin. Todos, detrás del murciano que se corona campeón del mundo a los 38 años y cinco meses.

Solo el holandés Joop Zoetemelk, que alcanzó el arcoíris a los 38 años y 10 meses, lo ha logrado más viejo que él, el ciclista que aún corre con la emoción de un juvenil y la clase de un campeón único.

El cometa Dennis logra su primer arcoíris.

post

El australiano sucede a Tom Dumoulin.

El australiano Rohan Dennis ha conquistado su primer Campeonato del Mundo Contrarreloj gracias a una exhibición de otra galaxia sobre el complicado trazado de 52,5 kilómetros con final en Innsbruck. El aussie se ha mostrado intratable desde el primer punto intermedio y ha ido pulverizando las marcas y esperanzas de sus rivales.

La diferencia de 1:21 sobre el holandés Tom Dumoulin, que pasó de la ilusión por defender su título a salvar por centésimas una sufrida plata frente al belga Victor Campenaerts (bronce), no ofrece duda sobre su divino estado de forma.

Incluso el español Jonathan Castroviejosexto clasificado, sufrió el ciclón australiano al verse doblado en el ecuador de la prueba. Michal Kwiatkowski y Nelson Oliveira cerraron el top-5.

GP Austria: Mercedes entrega el triunfo a Verstappen y el liderato del Mundial a Vettel.

post

El neerlandés se impuso a Raikkonen y Vettel, que completaron el podio en una carrera desastrosa para Mercedes.

Mercedes se las prometía muy felices en el GP de Austria de Fórmula 1, pero en medio de las montañas de Zeltweg, pareció recibir un embrujo. Todo cambió de un momento a otro para que los de la estrella entregaran un triunfo que tenían en la mano a Verstappen en una victoria histórica para Red Bull en su circuito, ante su gente, algo absolutamente inesperado en una pista que nunca se les había dado nada bien a los de la bebida energética. Max ganó su cuarta carrera por delante de Raikkonen y Vettel, que recuperó el liderato del Mundial por el abandono de Hamilton. La carrera se antojaba decidida desde el principio, pero sorprendió desde sus primeros metros con una salida apasionante y, cuando Hamilton parecía dirigirse al triunfo con Bottas en la segunda posición para aumentar su ventaja en el liderato del Mundial, el abandono de su escudero finlandés por un problema hidráulico marcaba el inicio del desastre de los de Brackley, que terminaron con Hamilton retirado a 6 vueltas para el final.

Kimi Raikkonen, quien ya parece más fuera que dentro en Ferrari para 2019, salió lanzado en el Red Bull Ring para revindicarse. Pero lo hizo pasado de revoluciones. El finlandés iba con el ‘cuchillo entre los dientes’ y se colocó entre Hamilton Bottas en paralelo en el arranque. Le robó la posición a su compatriota en la primera curva pero no pudo atacar a Lewis pese a que se acercó mucho. Se pasó de frenada en la primera curva y en la tercera saliéndose del trazado en dos ocasiones. Al volver a pista se colocó de nuevo por delante de Verstappen en la segunda plaza, pero ahí entró en acción Valtteri Bottas. El nórdico de Mercedes había realizado una muy mala salida perdiendo tres posiciones, pero consiguió rehacerse con un doble adelantamiento espectacular en la recta precedente a la curva 3. El de Nastola pasó de una tacada a Verstappen Raikkonen para colocarse segundo y ponerse como escudero del líder del Mundial para que Hamilton aumentara su ventaja en la general sobre un Vettel que también salió muy mal (llegó a ser octavo pero recuperó las dos posiciones).

La carrera pintaba muy favorable para Mercedes, pero todo cambió de un momento a otro por el abandono de Bottas en la vuelta 13. Ahí inició la debacle para los de Brackley. El abandono de Valtteri provocó la entrada del ‘Safety Car Virtual’ y la gran mayoría de pilotos aprovecharon para realizar su primera parada. Todos los favoritos menos Hamilton, que sólo ante el peligro se vio perjudicado por la actitud conservadora y la falta de reacción de su muro, que posteriormente le debía pedir perdón al ver como Lewis perdería el liderato cuando entrara a boxes poco después. La carrera había cambiado por completo. Mercedes pasó de tener un doblete asegurado a entregarlo por completo.

 Hamilton paró en la vuelta 25 y salió entre los dos Ferrari, en la cuarta posición, con Vettel justo por detrás. Verstappen y Ricciardo pasaban a liderar la carrera, pero no pudieron completar el doblete de Red Bull por los problemas que el australiano tuvo de blistering.

Antes, Raikkonen había logrado pasar a Ricciardo y se colocaba como el máximo peligro de Verstappen. Había dos carreras, la del triunfo y la lucha por el Mundial, y bien lo sabía el germano de Ferrari, que olió sangre en Hamilton y fue con todo a por su rival por el título, al que pasó con un gran interior en la vuelta 39, después de haber pasado a un australiano que en la vuelta 54 se vio obligado a abandonar por un fallo de motor que lo dejó fuera, cuando ya había dicho adiós al podio.

Hamilton sufría mucho con las gomas y tuvo que parar por segunda ocasión antes del abandono de Ricciardo. Posteriormente, la carrera se estabilizó, con los Ferrari recortando vuelta a vuelta a un Verstappen que trataba de defenderse como podía. A falta de 8 vueltas, la diferencia de 7 segundos que tenía había reducido a 3, pero el neerlandés logró defender su posición con una espectacular gestión de neumáticos, demostrando que no solo es agresivo y rápido, sino también inteligente.

La enorme película que se vio en el circuito de Spielberg deparaba un final todavía más sorprendente, con Lewis Hamilton abandonando a falta de 6 vueltas para el final, dejando a los dos Mercedes fuera de carrera, algo muy raro de ver en la escudería más fiable de los últimos 4 años y que sirvió para cerrar un Gran Premio absolutamente loco en el que Hamilton tuvo la victoria a tocar y terminó fuera, entregando el liderato del Mundial a Vettel en una auténtica pesadilla.

GP Estados Unidos: Hamilton deja el Mundial visto para sentencia.

post

Lewis logró un triunfo por delante de Vettel y Raikkonen que le acerca al Mundial en México, donde le basta con ser quinto si Vettel gana para lograr la corona.

Lewis Hamilton no defraudó. El inglés vive un momento espectacular de forma y no desaprovechó la ocasión para hundir todavía más a un Vettel que sigue aferrándose al título ya sin esperanzas ni fuerzas. El inglés tuvo que sufrir más de lo esperado para batir al germano, pero consiguió con mucha seguridad su principal objetivo del fin de semana, el triunfo. Lewis no quería ni hablar del título. Ya avisaba en la previa que sólo pensaba en ganar, y lo hizo, preparándose el terreno para una más que posible fiesta en México. El británico se impuso a Vettel, que fue segundo necesitando que Raikkonen, tercero, le dejara pasar tras un fallo garrafal de estrategia de Ferrari, que vio como Mercedes se adjudicaba el Mundial de Constructores a falta de tres carreras por disputarse.

“Prepárense para la pelea”, avisaba el mítico Michael Buffer por megafonía como suele hacer el presentador en los combates de boxeo, y Lewis terminó el GP de Estados Unidos con una victoria que deja casi K.O. a Vettel en la lucha por el campeonato. No obstante, el inglés no pareció salir con los guantes puestos de un inicio, ya que vio como Vettel le pasaba en la salida. El teutón debía apretar para ganar hueco sobre el inglés, pero Hamilton enmendó muy bien su error con un ritmo frenético y atestó el primer ‘derechazo’ a su rival quitándole las pegatinas de su SF70H en sólo 6 giros. A partir de ahí, todo parecía controlado para Lewis, pero Vettel dispondría de un segundo asalto para poner contra las cuerdas al inglés.

Los de Brackley se durmieron en los laureles en el momento de realizar la primera parada de Hamilton y sufrieron más de lo debido por ello. El británico salió del pit lane justo por delante del teutón, que veía como su intento de ‘undercut’ se veía frustrado por muy poco. No faltó el error de Vettel, ya que si no se hubiera salido de la pista instantes antes, cuando estaba apretando al máximo, podía haberle arrebatado la posición a Hamilton. A partir de ahí, Lewis se dedicó a gestionar su ventaja sin problemas para coger ya entre sus manos otro pedacito de título con la esperanza de recuperar el trono que perdió el pasado curso.

Sebastian Vettel se equivocó en la estrategia y realizó una segunda parada en la vuelta 39 cuando era segundo. Ahí, destrozó las pocas opciones que tenía para presionar a Hamilton, ya que el británico y Raikkonen no volverían a parar. Tampoco lo quería hacer Bottas, que tras verse superado al final por el teutón de Ferrari se quedó sin neumáticos y tuvo que realizar su segunda parada. Fue entonces cuando Raikkonen entregó su posición a su compañero para que recuperara una plaza que se había complicado con una mala estrategia.

Vettel había entrado para defenderse del verdadero hombre del día, Max Verstappen, que salía el 17º y llegó a soñar incluso con la segunda posición. El holandés pasó uno a uno a sus rivales a un ritmo frenético y en 11 vueltas ya era sexto. Salir con el neumático súperblando le ayudó con una estrategia más agresiva y terminó la carrera de nuevo con el súperblando para presionar a los Ferrari. Finalmente, pasó a Raikkonen en la última vuelta con un adelantamiento que los aficionados recordarán por mucho tiempo, pero cuando ya estaba esperando para subir al podio, le comunicaron que había quedado cuarto. El holandés fue sancionado con cinco segundos por pasar a Kimi pisando la línea interior de la curva 18, algo que supuso un jarro de agua fría para Max.

Sagan entra en la historia con su tercer Mundial consecutivo.

post

El eslovaco hace historia al imponerse al sprint en Bergen. El local Kristoff ha sido plata y bronce el australiano Matthews.

El eslovaco Peter Sagan se ha proclamado campeón del mundo por tercera ocasión consecutiva, algo inédito en la historia del ciclismo en ruta, y de nuevo buscándose la vida en Bergen (Noruega) al imponerse al sprint al local Kristoff y el australiano Matthews.

La prueba, de forma inusual, llegó con un grandísimo pelotón en cabeza a los últimos 12 km y se decidió en una llegada de un grupo de 26 corredores.

La jornada, con una meteorología ideal, comenzó con la habitual fuga de ciclistas secundarios, que llegó a tener diez minutos de ventaja. República Checa llevó el peso de la persecución y luego fue Bélgica la que se esforzó para neutralizar.

Quedaban aún cuatro vueltas al circuito de 19 kms. donde la única dificultad era la subida al monte Ulriken, un repecho de 1,5 km. al 6% de desnivel hasta el cerro Salmon, aún a 10 de meta.

Ahí llegó la primera fuga de los hombres fuertes, con el italiano De Marchi, el español De la Cruz o el colombiano Pantano entre ellos. En el pelotón fue Francia la que asumió las riendas de la persecución del octeto destacado, mientras los últimos gregarios de Sagan se quedaban ya descolgados.

En la penúltima ascensión al monte, el holandés Dumoulin, ganador hacía cuatro días de la prueba contrarreloj, dio dos arreones que dejaron sentenciada esa fuga, pero que no fueron suficientes para seleccionar el pelotón, que llegaba al toque de campana con más de cien unidades, algo extraño a estas alturas de la carrera de fondo por excelencia de la temporada, pero revelador de la relativamente poca exigencia del recorrido.

Tras seis horas y media de esfuerzo, llegó el momento decisivo: el francés Alaphilippe, secundado por el italiano Moscon, consiguieron unos pocos segundos, insuficientes para que triunfara una escapada.

La volata la lanzó un Kristoff aupado por el numeroso público noruego y solo le sobrepasó Sagan, quien a duras penas consiguió aguantar el puesto en la línea de meta. Finalmente, conserva su maillot arcoíris y agranda un palmarés fabuloso a sus 27 años, en el que descatcan entre otros ocho triunfos de etapa y cinco clasificaciones por puntos en el Tour de Francia o un Tour de Flandes.

Se da la circunstancia de que además se ha proclamado campeón del mundo en tres continentes diferentes: Norteamérica en 2015 (Richmond, Virginia, EE.UU.); Asia en 2016 (Doha, Catar); y ahora Europa, y  como siempre ante selecciones mucho más potentes.

El eslovaco se une así al italiano Alfredo Binda, los belgas Rik van Steenbergen y Eddy Merckx y el español Oscar Freire con tres títulos como los mejores de todos los tiempos en la competición.

Tom Dumoulin Campeón del Mundo de Contrarreloj, dando una exhibición.

post

Medalla de oro incontestable para Dumoulin y aviso para Froome. La medalla de plata se la ha ganado el esloveno Primoz Roglic y el bronce Froome.

Se citaban en los Mundiales de Bergen (Noruega) los dos ciclistas llamados a pelear por la victoria del próximo Tour de Francia y atención porque el holandés Tom Dumoulin se ha exhibido para ganar la medalla de oro y avisar a Chris Froome, de que el próximo año no le pondrá fácil repetir su inédito doblete Tour-Vuelta.

El ganador del Giro ha estado a punto de doblar al británico y se ha subido a lo más alto del podio gracias a su tiempo de 44 minutos y 41 segundos. La plata se la ha ganado el esloveno Primoz Roglic —el único de los cabeceros que cambió de bicicleta— (45’38”) y el bronce ha sido para Froome (46’02”).

Se esperaba una jornada lluviosa pero el agua no apareció hasta que todos los favoritos estaban en carrera. La tregua desapareció y descargó cuando el pulso Froome-Dumoulin se estaba librando.

La circunstancia de los cambios de bicicleta antes de ascender el temido Monte Floyen, 3,5 km con una pendiente media del 9,1%, condicionó también la pelea.

El primero de los favoritos en cambiar de bici para conseguir el mejor tiempo fue el holandés Wilco Kelderman (46’15’’). Su tiempo lo rebajaría el portugués Nelson Oliveira (46’09’’) y eso que el corredor del Movistar realizó un cambio de bicicleta muy poco ortodoxo antes de afrontar el tramo final.

A punto estuvo de arrebatarle su puesto en la silla el bielorruso Vasil Kiryienka pero se mantuvo en ella por 23 centésimas. El que apeó al luso de la cabeza fue el eslovaco Primoz Roglic, que pulverizó el crono al rebajarlo en 30 segundos (45’38’’).

La primera víctima de la lluvia fue Rohan Dennis. El australiano venía pugnando por los mejores tiempos en los puntos intermedios pero se fue al suelo y se magulló la pierna derecha tirando así al traste sus opciones.

Chris Froome concluiría su actuación sin mejorar el tiempo de Roglic y con el increíble Tom Dumoulin pisándole los talones. La medalla de oro tenía su nombre ya grabado antes de que terminara Tony Martin por detrás (a 1’39”).

El holandés marcó territorio a partir del segundo punto cronometrado (14’22’’) y en el tercero ya ponía tierra de por medio al aventajar a su inmediato perseguidor, Tony Martin, en 32 segundos. En el siguiente, antes de la subida, su ventaja superaba ya los cuarenta segundos.

No cambió su herramienta, como tampoco lo hicieron Froome o Martin y finalmente en meta pararía el reloj en 44’41’’. Toda una exhibición para convertirse en el primer holandés de la historia que se enfunda el maillot arco iris de la CRI.

GP Belgica: Hamilton aprieta el Mundial con una defensa increíble.

post

El inglés se sitúa a 7 puntos de Vettel tras un auténtico recital, aguantando la presión constante del alemán en cabeza.

Fin de semana de ensueño para Lewis Hamilton. Un día después de igualar a Schumacher en cabeza del ránking de pilotos con más poles en la historia de la F1 con 68, redondeó su actuación en Spa-Francorchamps con una carrera perfecta. El inglés, que antes del parón veraniego se mostraba errático y nervioso, volvió relajado, concentrado y con su mejor pilotaje al GP de Bélgica. “He venido aquí a hacer esto”, expresó el inglés, emocionado por ganar en un circuito muy especial para él. Spa fue el primer trazado que pisó junto a su padre. “No éramos nadie y soñábamos con estar aquí arriba. Es la demostración de que no hay que dejar de insistir. Los sueños se cumplen”. Y precisamente esa constancia en lograr su objetivo fue el que le llevó al triunfo. El británico no sólo volvió a demostrar que es el mejor a una vuelta, sino que en carrera, dio una clase magistral a sus rivales, ganando una prueba que se le complicó mucho al final debido a la entrada del coche de seguridad. Con una estrategia peor que Vettel, que lo intentó de forma incesante con una presión constante, se defendió de forma magistral para sumar su victoria número 58 y acercarse a tan sólo 7 puntos del germano en la lucha por el título. El podio lo completó Daniel Ricciardo, que pasó a Bottas tras la salida del Safety Car.

Lewis Hamilton sabía que no podía fallar en Spa. Es un circuito de los denominados Mercedes debido a que la potencia de los de Brackley les da una ventaja respecto a sus contrincantes. Y precisamente el propulsor fue clave en el triunfo del británico. Tras una salida sin percances, en la que Hamilton pudo aguantar la primera plaza, la victoria del inglés parecía clara. Pero todo cambió en la vuelta 31, cuando los dos Force India pusieron el ‘picante’ que le faltaba a la prueba para originar así un final apasionante. Pérez cerró en el muro previo a Eau Rouge a su compañero y esto abrió de nuevo la carrera. La mayoría de pilotos aprovecharon la situación para realizar su última parada a boxes, entre ellos, Hamilton y Vettel, pero con una gran diferencia que daba ventaja a Vettel: A Hamilton no le quedaban neumáticos ultrablandos.

El inglés tuvo que poner el compuesto blando, que se iba a enfriar mucho durante las vueltas que estuviera tras el coche de seguridad, y que le iba a dar un menor ritmo ante un Vettel desatado con los ultrablandos. Todo parecía en contra para el británico, pero Lewis se hizo más fuerte que nunca, posiblemente utilizando el mapa motor de calificación de Mercedes para defenderse del teutón en la relanzada. El tetracampeón se pegó a el, le cogió el rebufo y ambos se pusieron en paralelo en Kemmel, pero el motor Mercedes exhibió todo su potencial, aguantando la velocidad punta del germano por el interior, y haciendo que Lewis pudiera mantener la posición con peores compuestos.

A partir de ahí, el de Stevenage empezó a pintar una obra maestra sobre el lienzo belga con unos neumáticos con los que debía ir más lento que el teutón. Sacó su martillo y con 10 vueltas de ‘Hammertime’ acabó de forma sensacional la carrera ante un Vettel muy constante, que no tiró la toalla en ningún momento, pero que terminó como el gran derrotado pese a su gran carrera.

La carrera de Hamilton se puede definir como hazaña si se compara con la de Bottas. El finlandés perdió la tercera posición, en detrimento de Ricciardo, y fue quinto por detrás de Raikkonen. Todo ello, tras montar el neumático blando con el coche de seguridad en pista, igual que su compañero, que sin embargo, aguantó y ganó.

GP Gran Bretaña: Hamilton revoluciona el Mundial a costa del desastre de Ferrari en Silverstone.

post

La temporada de Lewis Hamilton cambió por completo en el GP de Gran Bretaña.

El británico finalizó triste la anterior prueba de Austria, necesitó unas pequeñas vacaciones para asimilar todo lo que había sucedido en las últimas semanas con Vettel, y llegó a Silverstone criticado por su decisión de no ir a la F1 Live en Londres. Pero el inglés volvió a demostrar que cuando quiere, su fortaleza mental es la que le consigue hacerle brillar por encima del resto en los malos momentos. Para Hamilton, los baches son algo normal en su ajetreada y desordenada vida, y como quedó claro en este GP de Gran Bretaña, la expresión de su cara puede cambiar de la tristeza a la más absoluta alegría en tan sólo una carrera.

El inglés, tras firmar la pole el sábado y quedarse a una del récord de Schumacher, dominó de principio a fin la carrera con mucha autoridad, casi sin sudar, poniendo incluso el broche de oro a su fin de semana con la vuelta rápida.

La suerte acudió a la llamada que el inglés le hacía en Austria y esta vez le regaló toda su bondad, puesto que logró salir de Silverstone a tan sólo un punto de distancia de Vettel en la clasificación del Mundial debido al pinchazo que sufrió el alemán, y lo hizo con su quinta victoria en Silverstone, algo que ya es considerado su reino, igualando así los triunfos que lograron Prost o Clark en el mítico trazado británico. Bottas, que salía noveno, completó el podio con Raikkonen, que perdió la segunda posición por otro pinchazo.

Lewis pudo por fin celebrar el no haber tenido ningún problema en su monoplaza y se dirigió a la victoria desde el principio con un ritmo frenético, sin rival en pista. La incertidumbre se trasladaba a la parte trasera, con una salida en la que Ferrari empezó a entender que no iba a ser su día. Verstappen pasó a Vettel al inicio y la carrera se empezó a complicar para los italianos.

El teutón se encontró con un auténtico muro con el holandés en pista y sólo pudo pasarle en la estrategia en boxes mientras Bottas luchaba por recuperar posiciones a contrarreloj pensando en poder batallar con Vettel por el podio. Parecía que Raikkonen iba a terminar segundo tras una prueba excelente y sin ningún error, pero este año, la F1 ha recuperado también la magia de las sorpresas. Una carrera no acaba hasta que no se cruza la bandera de cuadros, y la de Ferrari cambió en las últimas dos vueltas. Raikkonen sufrió un pinchazo que le privó de la segunda plaza y entregaba el doblete a Bottas, que instantes antes había superado a Vettel en pista con facilidad fruto a una gran estrategia basada en un primer stint muy largo.

El finlandés iba con neumáticos frescos y le quitó los colores a ‘Seb’ pasándolo en la recta de atrás. Pero todavía estaba por llegar lo peor para el alemán de Ferrari, que en la penúltima vuelta también pinchó la rueda delantera izquierda de su monoplaza perdiendo así la cuarta plaza y cruzando la línea de meta en la séptima posición. Un pinchazo hizo que Hamilton se acercara a tan sólo un punto en el Mundial en un fin de semana para olvidar para los de Maranello.

Nueva Zelanda 34-17 Australia: Los All Blacks logran su tercer Mundial.

post

Los All Blacks neozelandeses derrotaron hoy en la final de la Copa del Mundo de rugby de Inglaterra 2015 a los Wallabies australianos por 34-17 y revalidaron su título de campeón, convirtiéndose en la primera selección en la historia en levantar tres Copas Webb Ellis.

Primero y segundo en el ránking de la World Rugby se enfrentaron en una de las catedrales de este deporte, el estadio de Twickenham, en una final inédita. Nunca antes se habían medido en esta instancia neozelandeses y australianos, que, sin embargo, se habían visto las caras en 154 ocasiones, la primera a principios del siglo pasado (1903).

All Blacks, campeones en 1987 y 2011, y Wallabies, vencedores en 1991 y 1999, pugnaban ante 82.000 personas por la supremacía del rugby mundial después de una Copa del Mundo impoluta para ambos: seis victorias y cero derrotas.

Los vigentes campeones comenzaron el duelo con una presión muy arriba, agobiando a los australianos, que vieron como a los siete minutos Dan Carter subía al marcador los tres primeros puntos para los suyos con un golpe de castigo (3-0, m.7).

Mejoraron los ‘aussies’, aferrados a Michael Hooper, David Pocock y Scott Fardy, y al cuarto de hora igualaron el choque con un golpe de castigo de Bernard Foley.

Gozaban los de Hansen de la posesión y del dominio territorial, pero carecían de mordiente, y todos sus acercamientos se perdían una y otra vez en los ‘tackles’ australianos.

Foley, sin embargo, seguía fino a los palos, y gracias a dos golpes de castigo más, al 27 y al 35, puso de nuevo a los suyos por delante.

A falta de un minuto para el descanso, el empuje ‘kiwi’ tuvo su recompensa y Nehe Milner-Skudder logró el primer ensayo de la final tras una excelente circulación de balón.

La jugada, iniciada Aaron Smith y continuada por Dan Carter, Conrad Smith y Richie McCaw, la finalizó Milner-Skudder en la bandera. La conversión de Carter, impecable en los primeros 40 minutos, amplió la ventaja de los All Blacks a los 13 puntos (16-3, m.40).

Los pupilos de Steve Hansen superaron en la primera mitad a sus rivales en todos los aspectos del juego: 71 por ciento de posesión y 79 por ciento del tiempo jugado en terreno ‘aussie’.

Mantuvieron el ritmo los de negro al inicio del segundo periodo, y a los dos minutos Ma’a Nonu dejó en el suelo a Kurtley Beale para avanzar hasta la zona de marca rival y apoyar el oval (21-3, m.42).

Se le complicaron las cosas a los ‘kiwis’ después de que el árbitro, Nigel Owens, con la inestimable ayuda del ‘TMO’ (juez de television), mandara al ‘sin bin’ (expulsión durante diez minutos) a Ben Smith por un placaje peligroso.

Con un jugador más, los Wallabies se fueron a por el ensayo, y lo consiguieron en el 52, obra de David Pocock. Bernard Foley no falló la conversión y puso a los suyos a once puntos (21-10, m.53).

El centro Tevita Kuridrani metió en el partido a los australianos en el minuto 63 con un nuevo ensayo, dejando a sus vecinos con un parcial de 0-14 durante los diez minutos que estuvo Smith en el ‘sin bin’.

Ahí apareció el veterano Carter, ausente hace cuatro años por lesión, con un ‘drop’ a falta de once minutos que ampliaba la ventaja ‘kiwi’ hasta los siete puntos (24-17, m.69). Los All Blacks conseguían la llamada ‘ventaja de seguridad’ mientras Australia buscaba el ensayo que forzara la prórroga.

El apertura, que se despedía hoy de la selección, amplió la ventaja con un penalti a falta de poco más de cinco minutos que dejaba a los de negro acariciando su tercera Copa Webb Ellis.

Con Australia al ataque buscando el ensayo a la desesperada y tras un ‘avant’ de Drew Mitchell, Beauden Barret aprovechó un contragolpe para sentenciar la final en el minuto 79 con un ensayo junto a la hache (34-17, m.80).

En la gran despedida de nombres que han hecho historia en el rugby neozelandés, como McCaw, Carter o Conrad, los All Blacks derrotaron a los Wallabies y lograron su tercer mundial -el primero fuera de la isla- y mantendrán su reinado al menos cuatro años más, hasta Japón 2019.

Sudáfrica 24-13 Argentina: Los Springboks se comen a los Pumas.

post

Sudáfrica devoró a Argentina en la final de consolación con un marcador (24-13) que los Pumas maquillaron en el último minuto con un ensayo agónico de Orlandi.

Los albicelestes se vieron penalizados con una amarilla a Cubeli por antijuego en el minuto cinco y cuando el medio melée volvió al campo diez minutos después su equipo ya perdía por 10-0. Argentina se mostró errática, sin ideas para romper la defensaSpringbok y apenas pisó el campo rival en la primera mitad. Demasiado errores jugando a la mano que no se solventaron a base de patadas por más que lo intentaron los de Hourcade.

Físicamente los Pumas estuvieron muy por debajo de los sudafricanos y eso se evidenció en las melées, que se venían abajo del bando albiceleste. Con estos mimbres no hubo nada que hacer y el marcador al descanso señalaba un 16-0 que lo decía todo tras el ensayo tempranero de Pietersen y la bota de Pollard.

En la reanudación la cosa no mejoró y el drop de Nicolás Sánchez en el segundo minuto no fue más que un espejismo contestado (una reacción de impotencia al no poder superar la zaga rival) con un ensayo de Etzebeth.

Si atacando los Pumas mostraron sus debilidades, defendiendo tampoco les fue nada bien. Todo ello contribuyó a crear un estado de ansiedad que les tuvo bloqueados ante un equipo con mucho oficio, mayor potencia física y claridad de ideas. Bryan Habanahizo un mal partido y se quedó con las ganas de romper el récord de ensayos de Jonah Lomu.