Djokovic gana su quinto Wimbledon y suma 16 Grand Slams.

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El serbio domina 3-0 a Roger Federer en finales de Wimbledon.

Una emoción realmente complicada de igualar. Novak Djokovic revalidó el domingo el título de Wimbledon tras levantar dos pelotas de partido a Roger Federer y vencer por 7-6(5) 1-6, 7-6(4), 4-6 y 13-12(3) tras 4 horas y 57 minutos en la Final más larga de siempre en el All England Club. El serbio conquistó su quinta copa dorada en Londres y estiró hasta los 16 títulos su colección de Grand Slam, una hazaña que lo impulsa en la batalla histórica por ser el jugador más laureado de todos los tiempos.

La hierba de Londres parece yerma de imposibles para el balcánico, que ya firma un 3-0 en finales de Wimbledon ante Federer tras inclinar también al suizo en las ediciones de 2014 y 2015.

Por encima de todo, fue una prueba de supervivencia extrema. Djokovic se coronó en un partido donde levantó una pelota de set en el tercer parcial, en el no dispuso de bolas de rotura hasta el cuarto y en el que, por si fuera poco, anuló pelotas de partido para tocar la copa de Wimbledon. Algo que solo se había visto en la edición de 1948.

El partido es tan grande que los despistes no se contemplan. Sobre la hierba de la Centre Court, y con la copa de Wimbledon en juego, Federer y Djokovic no necesitan explicación alguna para remangarse en el escenario. El partido comienza con un ritmo feroz, como si los cinco parciales que tienen por delante jugasen contra el crono. Y el suizo siempre se manejó como nadie en la alta velocidad.

Aunque todo el primer set transcurre sin un arañazo al saque, subrayando la igualdad del pulso, es el suizo el que dispone del primer aviso desde la devolución. Apenas una pelota de rotura con 2-1 para colocar la presión en el encuentro. No es una herida abierta, ni siquiera una tendencia en el encuentro, pero es suficiente para enviar un buen mensaje de amenaza.

La derecha paralela de Roger es un cañón en el inicio del partido. Federer conecta ese golpe con una decisión feroz, coleccionando un contrapié tras otro ante la mirada de Novak. El serbio, uno de los jugadores con mejor movilidad del circuito, siempre ha hecho virtud del anticipo. Pero ese tiro del helvético consigue dos cosas: primero, inculcar dudas en las piernas del serbio; después, neutralizar su formidable revés a dos manos, en el que aterrizan esos cañones sobre la línea. Dos armas principales del N° 1 son cuestionadas desde el inicio de la batalla.

De resistir podría sentar cátedra el serbio y no tarda mucho en demostrarlo. En un partido que no le da respiro, que le exige una reacción inmediata en cada punto, también sale indemne cuando Roger se coloca a dos pelotas del primer set (5-4, 0-30). Alcanzar el tiebreak en ese nivel de exigencia refuerza la dureza de su coraza. Allí, Novak firma un imposible que pocos podrían imaginar: detener en seco a un Roger lanzado en césped. Tras digerir otra situación límite (3-5), el serbio enlaza los últimos cuatro puntos del set para tomar ventaja en Londres.

Será el primer ejemplo de su resistencia. Djokovic gana un primera primera manga con todo en contra: sin pelotas de rotura, con un primer servicio demolido (54%) y ante un Federer rectilíneo, capaz de penetrarle con 21 tiros ganadores. Ninguna piedra es suficiente para detener al N° 1.

Como connsumir a Federer en hierba es una buena fantasía, Wimbledon se encarga de reventar la burbuja a golpe de realidad. Con el partido ya caliente y el pulso acelerado, Federer culminó la amenaza de la primera manga. Entre un revés cortado maravilloso y una derecha bien afilada, el suizo rasgó de arriba a abajo el parcial con un inmediato 4-0. Tal fue el ritmo que la caída de Djokovic, desparramado por el fondo entre la hierba abierta, ilustró a la perfección lo vertiginoso del juego.

El ocho veces campeón igualó el encuentro en un abrir y cerrar de ojos, escalando a pulmones llenos una montaña capaz de rendir a casi todos. El servicio, su músculo más firme, se mantuvo sobre la hierba, completando otra manga sin encarar una pelota de quiebre. Toda una gesta ante uno de los mejores restadores de siempre. Si Londres quería degustar una gran batalla, acababa de recibir los dos primeros platos.

El corazón del partido trajo momentos maravillosos, porque la importancia de la tercera manga reunió el mejor nivel a ambos lados de la cinta. Si Djokovic regresó con fuerza al encuentro, recuperando su fortaleza desde el fondo, Federer respondió con un amplio abanico de recursos. El suizo cortó el revés con furia, dejando muchas pelotas sobre los tobillos del serbio. Ninguna pelota era clara en manos del vigente campeón, todavía impedido para encontrar un recoveco sobre el servicio de su adversario.

El momento de máxima presión hizo aflorar la templanza de dos grandes campeones. Un bote pronto excelso con 5-4 dio a Federer una pelota de set, un momento que la grada celebró al unísono. Allí, solo ante el peligro, Djokovic fue capaz de reordenar su servicio, enlazar tres puntos de precisión y mantenerse con vida en el parcial. Otra demostración de hielo en las venas camino de un nuevo desempate.

Con el duelo en el canto de una moneda, el partido convertido de siempre: la supervivencia de un especialista al borde del precipicio. Djokovic remó en un desempate de puntos trabajados, donde se compitió desde el fondo más de lo habitual. La presión hizo ganar terreno a la selección de tiro y ahí el serbio marcó una diferencia visible.

Sin ver una opción de roturas en tres mangas completas, de alguna manera, Novak iba torciendo la mano a Roger en el césped más preciado de todos.

Lejos de encontrar una autopista hacia la copa, Djokovic se topó con lo contrario. Si la experiencia de Federer es imponente también lo fue su respuesta, dirigida a frenar los pasos de un campeón inminente. El suizo compitió montado como nunca sobre la línea y abrió la defensa del serbio de lado a lado. Pronto creó una renta de dos quiebres (5-2), una grieta terminal sobre pasto.

Como ocurriera en las dos primeras mangas Roger marcó diferencias después de parcial agónico, sobreponiéndose a un desempate que bien pudo mandarlo directo a los vestuarios. No a él, acostumbrado a mil batallas sobre la Centre Court de Londres. Antes de cerrar el cuarto set, además, le mostró a Djokovic el precio al partido. Cuando el serbio disfrutó de su primera pelota de rotura, algo minúsculo con casi cuatro sets en las piernas, Roger se lo negó con el intercambio más largo del partido, una maravilla de 35 tiros. Aunque Djokovic quebró y acortó distancias hasta el 5-4, el suizo no permitió el respiro.

Así, ambos acudieron al set definitivo con fe en las entrañas. Djokovic había asestado su primer mazazo al resto, toda una prueba de presencia. Federer, dispuesto a la épica, volvía a estar bien vivo.

Y los quintos sets son para sobrevivir.

Federer lo comprobó bien pronto. Tras completar cuatro sets con sufrimientos contados al saque, el suizo se encontró con tres pelotas de rotura en un solo juego. La sangre fría para colocar el 2-2 lanzó el duelo a una batalla sin miedo. Como si lo que estuviera en juego no fuera poner las manos en el trofeo. La cercanía del final desató las emociones en un partido que no resistía demasiada lógica. Si Djokovic colocó un 4-2 de aroma inquietante, Federer respondió rompiendo de inmediato ante una grada que coreaba con fuerza su nombre.

El hambre por un drama total era más que evidente. La llegada del 4-4 desató una ovación digna de un estadio de fútbol, como si Roger hubiera anotado en el tiempo de descuento.

La ebullición ya solo fue a más. Con 5-5 15-30, expuesto a un peligro límite, Djokovic acabó por el suelo después de cazar una pelota lanzado sobre su derecha. Más que un partido de tenis aquello ya era una pelea por la vida. Hasta Novak le preguntó al juez de silla en qué momento habría un desempate en la quinta manga. Un premonición lejana pero factible, con el formato de 12-12 estrenado en esta edición.

Federer se encargó de desafiar esos límites. El suizo resistió en un partido en el que estuvo a dos puntos de verse 2-5 en la manga definitiva. Y cerca estuvo de obrar el milagro. Con un tremendo passing shot de derecha cruzada dejó clavado a Djokovic, puso el 8-7 en el marcador y los nervios en media Inglaterra. Novak respondió con un imposible, algo complicado de creer en césped, colocando el 8-8 tras levantar al resto una doble pelota de partido. La segunda, con un colosal passing de derecha cruzada que rompió el esquema de Roger.

Desde allí, el partido fue una carrera al abismo. Un momento deportivo de difícil descripción. Demasiado en juego y demasiado poco por jugar. El 10-10 llegó como la noche al final de los días y ninguno dio su brazo a torcer hasta la tregua del 24º juego. Allí, tras volver a caer por los suelos y ver una caña de Federer perderse por los aires de Londres, Djokovic coronó por fin su quinta copa de Wimbledon.

Federer bate a Nadal y buscará su noveno Wimbledon.

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El suizo se llevó un choque clásico sobre la hierba de la Centre Court.

Incluso la leyenda más grande puede seguir creciendo. Roger Federer alcanzó su 12ª Final de Wimbledon al batir a Rafael Nadal en un choque titánico. El suizo, que superó al español por 7-6(3), 1-6, 6-3 y 6-4 tras tres horas y cinco minutos de lucha en Londres, se aseguró su 31ª Final individual de Grand Slam, la mayor marca de todos los tiempos, y también otra cita con lo desconocido. El domingo, ante el serbio Novak Djokovic, buscará su novena copa en el All England Club para extender su figura como jugador más laureado de siempre sobre el pasto británico.

Que no es un partido cualquiera pronto quedó bastante claro. Español y suizo saltaron a la Centre Court de Wimbledon bajo una sonora ovación, recibidos como auténticas leyendas en un escenario icónico. Sobre una hierba rota tras dos semanas de zapatazos, dos de las mayores figuras de todos los tiempos abordaron un partido sin concesiones.

El sol calentaba con fuerza la hierba y el juego actuó en consecuencia. Si el suizo es un especialista en el tenis vertiginoso, capaz de mantener la precisión a la velocidad de un rayo, el español mantuvo la agresividad mostrada desde su llegada a Londres. Era un partido para afrontar desde la decisión, con una contundencia sin miramientos, y la misión fue aceptada a ambos lados del campo.

Para dos tenistas con los nervios curtidos a experiencia, la situación fue manejada con hielo en las venas. Los primeros siete juegos volaron desde la autoridad al servicio, calentando las manos a pasos acelerados. Nadal no fue capaz de frenar un encuentro plagado de puntos simples, decididos de chispazo en chispazo al gusto de su adversario. Atento al escenario conducido, Federer dispuso de una pelota de rotura con 4-3, una opción que es tesoro en una batalla de equilibrio. Ahí, también, estuvo Nadal dispuesto a aceptarlo.

El primer momento crítico del partido fue un viaje al pasado. Ante una situación de presión, quizá en una de las visiones más repetidas de su carrera, Rafa confió en la medicina de siempre. Combar su derecha sobre el revés de Federer hasta partirlo en mil pedazos. Una variante para nada explotada pero que apareció en este instante. Después, cuando Roger se colocó a dos puntos de ganar la manga (6-5, 40-40), el mismo recoveco la permitió seguir a salvo. Como resultado: un primer set sin roturas de intenso aperitivo.

El desempate fue el destino lógico para dos tenistas blindados. Allí, en un minúsculo puñado de puntos, quedaría resuelto el drama de todo un primer asalto. Y Federer apareció preciso, dispuesto a sacarse toda la presión de golpe. El suizo se rehizo en un tiebreak de infarto, donde su cabeza funcionó tan rápido como las manos. Tras levantar dos mini-roturas y con una derecha que escupió fuego, el ocho veces campeón asestó el primer mazazo.

Nadal no se rendiría y poco tardó en demostrarlo. Con su capacidad para mover montañas, en un partido que apenas se encontraba en las faldas, el español comenzó a mover la pelota con una furia inusitada. Dejando fuera de posición a su adversario. Sus tiros desafiaron el orden del suizo, clavado en un paredón de trayectorias desde el fondo. Y el partido encontró unas curvas inmensas. Nada más comenzar el segundo set Rafa tuvo dos misiones: contener con 1-0 su interior, al no aprovechar sus dos primeros puntos de quiebre, y contener con 1-1 también a Roger, que rozó una rotura con un aspecto gigantesco.

Como la fe del español no tiene límites, convirtió en oportunidad un partido a cara de perro. El mallorquín hizo pestañear a Federer colapsando su flanco de revés y pronto abrió en canal la discusión sobre el césped. En un abrir y cerrar de ojos dominaba 4-1 en un partido hasta entonces bien plano. Sus piernas tomaron un impulso tremendo,  respondiendo a los cambios de ritmo del jugador suizo y su revés volvió a endurecerse, siendo la plataforma clave para plantear la pista a lo ancho.

El primer resurgir de Nadal creó dudas claras en Roger, impreciso incluso en la zona central del campo. Cuando los pensamientos llegaron hasta cerca de la red, un terreno de habitual dominio para el suizo, el rumbo del partido dio un giro bien brusco. Antes de que Londres asumiera una reacción, el español se sentó en el banco con el partido igualado.

Si los momentos de presión distinguen a los mejores de los buenos, Federer remarcó una vez más su lugar entre los primeros. El suizo desplegó una derecha que es un primor, coloreando una variedad de tiros que levantó al graderío. Con golpes invertidos, ganadores en estático pasando por bote prontos, el de Basilea rasgó un parcial que bien podría haberlo hundido. Con el 3-1 en las manos y un Nadal dispuesto a resistir, Roger salvó una situación crucial. Un 15-40 con el partido ya convertido en lo de siempre, un duelo de tenis con el ritmo del ping-pong.

Como el suizo es imparable con la mano engrasada, el final del parcial fue un resumen de atributos. Roger se montó al resto como un martillo, devolviendo pelotas sin pausa con los pies sobre el blanco. Y su derecha, un láser hacia cualquier punta del campo, siguió marcando el ritmo de lado a lado. El nivel fue evidente mirando al marcador: Roger llegó a tener pelotas para dominar 5-1 al español, un tenista al que es casi imposible siquiera mantener el ritmo.

La caída del sol trajo un balón de oxígeno para Federer: un reto de larga distancia en las manos de su adversario. Si Nadal quería llegar a la victoria en la Centre Court, a imagen de su histórico triunfo en la Final de 2008, tendría que hacerlo por el camino más duro: las cinco mangas sobre césped ante el mayor dueño del campo.

Con el partido encarado Federer firmó momentos brillantes, plagados de reflejos. Sus manos fueron rápidas ante Nadal, un maestro del revés cortado que quiso bajarle la pelota contra el suelo. Allí estuvo Roger, intacto a los 37 años para mostrar la agilidad de su cuerpo. La contundencia del suizo pronto colocó el 3-1, dejando a Rafa al borde del camino. Una ventaja que Roger nunca más dejó escapar.

Y eso que el español se resistió sin descaso. Nadal levantó dos pelotas de rotura con su servicio, otras tres al resto y, con 5-4 en los letreros, estuvo apenas a un punto de restablecer el equilibrio. En el sufrimiento, algo habitual, se desvivió Rafa como ninguno. Una lucha sin tregua que levantó a una grada impactada ante lo visto.

Federer culminó el partido a lo grande, sin perder un servicio en las dos últimas mangas como mensaje más nítido. Ante los mejores, sin importar el nombre del adversario, su ritmo sigue siendo incontenible sobre pasto.

Nadal cita a Federer en épica Semifinal de Wimbledon.

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Español y estadounidense batallaron sobre la hierba de la Court 1 para pasar de ronda y medirse contra el suizo.

Es imposible contenerle, el jamás se rinde. Rafael Nadal avanzó el miércoles a la Semifinal de Wimbledon tras vencer por 7-5, 6-2 y 6-2 al estadounidense Sam Querrey en un duelo eléctrico. El español regresa a la penúltima ronda firmada en la pasada edición, extiende su trabajada adaptación sobre el césped y remarca su condición de gran candidato en el All England Club, donde persigue una tercera copa dorada que incluir en su vitrina.

El mallorquín disputará una Semifinal de ensueño ante el suizo Roger Federer. Ambos se encontrarán en la hierba de Londres once años después, sumando un esperado capítulo a la inolvidable Final librada en la edición de 2008. Un choque para los anales de la historia, considerado por muchos uno de los mejores partidos de tenis de todos los tiempos.

Para alcanzar esa cita, Rafa sumó ante Querrey su enésimo ejercicio de tesón sobre el pasto.

El partido fue recibido por la intensidad de Nadal, un jugador hirviente desde el principio del torneo. Ante Querrey, uno de los pegadores más formidables sobre hierba, el saludo inicial fue parecido a los anteriores. Ninguna tregua en los primeros minutos. Como en sus cuatro partidos previos, y marcando un dominio total de los momentos, Rafa apenas necesitó dos turnos al resto para asestar la primera rotura (2-1). Un manotazo de entrada sobre el juego de su adversario. En una superficie como la hierba, un buen balón de oxígeno.

En el torneo de las costumbres Nadal se aferró a las más mostradas en Londres: una mentalidad constante y la seguridad al poner la pelota en juego. El español ganó sus 14 primeros puntos con el servicio. Esa fue la carta de presentación más clara. Si Querrey suponía un reto de pegada, un obstáculo de tenis vertiginoso, Rafa afrontó el partido dispuesto a aceptar el desafío.

Que Querrey no era un invitado también quedó bastante claro. Imponente con sus golpes de derecha, un misil en el impacto estático, el estadounidense también mostró la suavidad de sus manos. Si Nadal buscó incomodar su gran planta (1.98m) con el revés cortado, Sam respondió con un tacto agudo desde la dejada y la volea. Golpes clásicos sobre el pasto que fueron dibujando una batalla sin tregua.

El partido tenía espinas y no tardaron en aparecer. Tras acumular ocho mangas sin encarar una pelota de rotura, Nadal estuvo a un punto de distancia de perder el servicio ante Querrey. El español evitó el 4-4 con tiros decididos y se lanzó con la mano abierta a la conquista del primer set. Allí, sin embargo, esperó el americano para sobrevivir al vía crucis. Sam levantó tres pelotas de set con su servicio y una cuarta al resto, arrastrando al español hasta un 5-5 que parecía improbable.

Como retener a Nadal equivale a consumir un incendio abanicando, el mallorquín respondió de inmediato. Rafa estuvo tres veces a un tiro de tocar el tiebreak, una ruleta rusa ante un rival como el americano, y su respuesta fue formidable. Tres servicios colosales, dos de ellos directos al besar la cal, para hacerse con el control de la primera manga. Un parcial en la que resistió con todo, tragando hasta 14 aces de su rival antes de apretar la mano.

Si estudiar la tarde posterior a un examen es raro, Nadal apareció con varios manuales encima. Tras una manga de infarto, de esas que pueden aplanar a cualquiera, allí emergió la figura del español. Siempre dispuesto a continuar el trabajo. Rafa arrebató el servicio a Querrey en las faldas del set (2-1), cuando la toalla recién se apartaba del rostro del americano. El dos veces campeón se hizo fuerte en uno de sus grandes sellos, la intensidad permanente sin importar el sufrimiento vivido.

El ejemplo fue bien claro porque la segunda manga pudo tomar un rumbo muy distinto. En una de sus especialidades más perfeccionadas, Nadal convirtió una situación crítica en su trampolín más inmenso. El español levantó un 15-40 en el sexto juego del set, toda una amenaza ante un pegador como Sam, y volteó por completo la dinámica del partido. El impacto psicológico fue de tal dimensión que se pasó del día a la noche: un muy posible 3-3 se convirtió en un definitivo 6-2, con el español lanzado a la conquista del encuentro.

En un choque que era un cuerpo a cuerpo, los puñetazos de Querrey se fueron consumiendo. Ante un rival pletórico, siempre generoso en el derroche del esfuerzo, el americano apenas pudo conectar tres servicios directos en toda la segunda manga. Una cifra baja sobre césped e insuficiente para suponer un obstáculo. Era el mérito de Nadal, capaz de desfigurar la mejor propuesta de cualquier adversario.

El tercer set fue el desenlace porque el español no conoce el relax. Sobre un amplio colchón y con la caída del sol ya entre manos, Rafa mantuvo la velocidad de pies como un galgo. El dos veces campeón mordió el primer turno de servicio de Querrey y mantuvo como constante un imposible: hacer competir al americano siempre por debajo. Una misión de altura ante un rival que es un tren en marcha, algo incontenible sobre el pasto.

Con una derecha que dominó a su antojo, zarandeando a Querrey en un fondo de pista ya desgastado, Nadal puso rumbo decidido hacia la Semifinal. Una ronda que pondrá definitivamente a prueba su altura como candidato. Si Rafa está preparado para reconquistar Londres, ya se ha plantado a las puertas de demostrarlo.

La victoria permite a Nadal ser el primer jugador clasificado para las ATP Finals, a celebrar del 10 al 17 de noviembre bajo la cubierta del O2 en Londres.

Un Nadal imperial vuelve a Cuartos de Final en Wimbledon.

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El mallorquín desborda a Sousa sobre la hierba de la Centre Court.

Las ideas claras sobre hierba son un buen presagio. Rafael Nadal se clasificó el lunes para los Cuartos de Final de Wimbledon tras batir por 6-2, 6-2 y 6-2 al portugués Joao Sousa en una hora y 47 minutos de encuentro. La convicción del jugador español, intacta sobre la hierba del All England Club, lo ha impulsado con fuerza hasta colocarse entre los últimos ocho candidatos. Las rondas decisivas del Grand Slam se acercan en Londres, y el mallorquín aparece dispuesto a continuar con su camino.

El dos veces campeón intentará regresar a la penúltima ronda alcanzada durante la pasada edición. Su próximo reto será el semifinalista de 2017 Sam Querrey, un jugador bien curtido en el césped de Londres.

Sobre una superficie que pone a prueba la capacidad de reacción, porque sorprende con el vuelo bajo de la pelota, Nadal ha mostrado lo afilado de sus reflejos. En sus cuatro primeros partidos de Londres, marcando una buena tendencia, el español ha necesitado como mucho dos turnos al resto para romper el saque de su adversario.

El portugués Sousa palpó en esta ocasión la capacidad de aceleración del balear, que volvió a salir en tromba a la Centre Court de Wimbledon. Nadal marcó con convicción la dirección de sus golpes y colocó dos roturas en las faldas del encuentro (3-0), un golpe serio antes de subir las pulsaciones.

La seguridad al servicio siguió siendo la firma del mallorquín en Londres, donde está marcando un ritmo de juego vertiginoso ante cualquier adversario. Un 85% de tino con el primer saque fue el sostén más claro del arranque. Nadal supo mantener a raya cualquier intento de reacción de Sousa, desesperado por momentos e incapaz de generar una sola pelota de rotura en todo el parcial.

El tesón es una clave fundamental en el formato a cinco mangas y esa misión la cumplió Rafa al milímetro. Lejos de romper su concentración el español asestó otro golpe clave, colocando una nueva montaña en la apertura del segundo set (2-0). Para Sousa, vacío de soluciones ante el Top 5 en partidos de Grand Slam (0-8), la dificultad del reto comenzaba a ser inmensa.

Al encarar el partido con una variedad fabulosa, Nadal siguió complicando la situación sobre la hierba. El español empleó con maestría su revés cortado, un golpe fundamental para aplacar los fogonazos de un Sousa decidido a acelerar el ritmo. Las pelotas flotantes de Rafa desordenaron las ideas del portugués, consumido en un laberinto táctico. En esas, la segunda rotura del parcial no tardó en llegar (5-2), llevando el partido a un punto de difícil retorno.

Las dos primeras mangas le exigieron poco más de una hora al español, adherido al ritmo de crucero que ha mostrado desde el inicio del torneo. Si la velocidad de piernas es un reflejo del estado físico, Nadal gozó de un motor solvente en todo momento.

Por si la situación no era definitiva el tiro de gracia fue absoluto. El español comenzó el tercer set repleto de oxígeno y el ejemplo generó la ovación del graderío. Rafa ganó el gran punto del encuentro, dominando un intercambio de casi 20 golpes que culminó con un delicado revés a una mano. Un tiro en mitad de pista que dejó a Sousa clavado y a Nadal por los aires con el puño bien cerrado. La fortaleza de su backhand quedó probado para convertir la rotura (2-1), lanzando un misil cruzado que fulminó la cal del pasillo.

La victoria fue un destino natural para el orden de Nadal, impasible a la ventaja del marcador hasta completar su objetivo. Así, Nadal alcanza por 7ª vez los Cuartos de Final de Wimbledon – ocupando la 10ª posición histórica de apariciones en esta ronda en Londres junto a Andre Agassi, Stefan Edberg, Goran Ivanisevic e Ivan Lendl.

Nadal conquista su 12 Roland Garros.

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El español consiguió el 18 Grand Slam de su carrera.

Como si de un déjà vu se tratase, el tiempo se detuvo en la Philippe Chatrier para decidir entre los mismos protagonistas del pasado año quién es el campeón de Roland Garros. Rafael Nadal y Dominic Thiem pelearon por la Copa de los Mosqueteros en una reedición de la Final de 2018. Pero la historia no cambió el mismo guion establecido prácticamente sin piedad en los últimos 15 años y el español se impuso por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 para levantar su duodécima corona en París.

El manacorense volvió a normalizar lo imposible. Si bien en el Monte-Carlo Masters y en el Barcelona Open había elevado el listón hasta los once trofeos, en Roland Garros se convirtió en el primer jugador de todos los tiempos (hombre o mujer) en ganar 12 veces en un mismo Grand Slam.

Al otro lado de la red, Nadal se medía a su némesis en tierra batida. Al único jugador capaz de derrotarlo en la superficie más lenta en las últimas tres temporadas (Roma 2017, Madrid 2018 y Barcelona 2019). Pero no dio lugar a revanchas. Ni siquiera la confianza de haber tumbado a Djokovic un día antes fue suficiente para que Thiem impidiese el Grand Slam número 18 de la carrera del español.

La intensidad del primer juego fue un revelador preámbulo de lo que estaba por llegar. En cinco minutos Nadal amarró su servicio inicial frente a un rival muy suelto desde el fondo, capaz de aguantarle los intercambios. Tuvo que trabajar los puntos ante un jugador pleno de confianza tras su victoria en Semifinal ante el número uno del mundo. No obstante, el austriaco fue el primer jugador de esta edición en evitar que el español se adelantara 3-0.

Thiem obligó a Nadal a ejecutar siempre un golpe más. Demostró dotes felinas en la defensa para con una facilidad asombrosa pasar al ataque. Tampoco dudó en cortar los puntos con dejadas milimétricas. Y fue el primero en aprovechar la ventaja al resto, convirtiendo su primera opción de break para adelantarse 3-2. Pero el manacorense respondió de inmediato colocándose 0-40 y en su segunda oportunidad devolvió el quiebre.

Cada punto era una batalla, cada intercambio una eternidad. Y Thiem volvió a encontrar la forma de hacer daño al resto, jugando con mucha profundidad y abriendo ángulos con el revés, para colocarse con otra oportunidad de break 30/40. Sin embargo, Nadal logró salvarlo para adelantarse de nuevo 4-3 en 40 minutos de partido hasta entonces.

El desgaste del juego anterior -físico y mental- pasó factura al austriaco. Nadal empujó a Thiem al fondo con tiros de mucha profundidad para situarse 15-40. Transformó su segundo break del duelo (2/3) y certificó el primer set con su servicio.

Si alguien esperaba que el partido rebajase la intensidad al inicio del segundo set, estaba equivocado. Ajenos aún al cansancio, Thiem y Nadal siguieron desgarrando pedazos del alma en cada intercambio, tratando de desgastar al contario. Eso sí, con altos porcentajes, ambos conservaron como su principal baluarte sus servicios. Una fisura en el saque, podría ser sinónimo de dar una ventaja demasiado grande al rival.

Y así fue. La superioridad de los servicios terminó en el duodécimo juego, cuando Thiem encontró su única oportunidad de break del segundo set. No perdonó e igualó el encuentro cuando había transcurrido una hora y 42 minutos. 13 golpes ganadores acompañaron un parcial en el que ganó tres puntos más que su rival (29-26).

El paso por el banco sirvió como un bálsamo para Nadal. Recuperó la brújula para mandar en el inicio del set con un break en blanco. Tres errores no forzados del austriaco contribuyeron a la ventaja del español. Y en tan sólo seis minutos ya dominaba 2-0 sin haber concedido un solo punto.

La lista de errores de Thiem siguió engordando (acabó con 9 el tercer set), a la vez que Nadal aprovechó para dar un paso adelante al oler el momento de mayor debilidad en el partido de su rival. El austriaco no ganó su primer punto del tercer set hasta el duodécimo, pero fue un espejismo. El balear, con un parcial de 12-1, firmó otro break para adelantarse 3-0.

En 14 minutos, Nadal había cedido únicamente un punto y ningún juego (4-0). Fue entonces cuando el austriaco pareció aterrizar de nuevo en la Philippe Chatrier estrenándose con su servicio (4-1). Pero ya era tarde, al menos, para levantar el set. El defensor del título en Roland Garros mostró su mejor versión y prácticamente no dio opciones a Thiem. Con 24 puntos ganados de 31, 3 de 4 break convertidos y 10 golpes ganadores se quedó a un set de levantar la duodécima.

El cuarto set arrancó como el anterior. De nuevo con Nadal volando sobre la pista, deslizándose como una pieza de ballet clásico, con una fluidez en sus movimientos superior a la de Thiem, que parecía haber perdido la sintonía con su raqueta y también con sus piernas. Así, el español dio un importante golpe de autoridad para colocarse 3-0. Ya no hubo capacidad de respuesta de un rival que lo había dejado todo en la pista, pero que tuvo que inclinarse ante el mejor jugador de todos los tiempos en la tierra batida.

Nadal tumba a Federer antes de su 12ª Final en París.

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El español espera a Thiem en la última ronda de Roland Garros.

Rafael Nadal y Roger Federer. Roger Federer y Rafael Nadal. El Viernes se citaron en la Philippe Chatrier dos de los grandes colosos de la historia de este deporte, para protagonizar el capítulo N° 39 de su rivalidad. Pero fue el español el que volvió a dominar en su territorio sagrado en París, al imponerse por 6-3, 6-4 y 6-2 y ganarse el derecho a pelear por su duodécima Copa de los Mosqueteros en París.

El manacorense amplió, además, su reinado frente a Federer en Roland Garros. No obstante, el once veces campeón en el segundo Grand Slam de la temporada ha ganado los seis encuentros que han disputado sobre la tierra batida francesa. También añadió una victoria más al head to head frente al helvético (24-15), cortó una racha de cinco triunfos seguidos de su rival y amplió a 14-2 su autoridad sobre arcilla.

Y es que ya son 22 las victorias consecutivas de Nadal en Roland Garros (no pierde desde los Cuartos de Final de 2015 frente a Novak Djokovic). Finalmente Dominic Thiem será el último peldaño que deba escalar para levantar al cielo de París un título más en la ciudad custodiada por la Torre Eiffel.

Las condiciones atmosféricas eran la peores para decorar uno de los partidos más grandes de la historia de este deporte. Pero el fuerte viento y la lluvia fina parisina previa pusieron aún más mística al duelo entre Nadal y Federer. Fue el suizo el primero en intimidar al resto, colocándose 30-40 en el juego inicial, pero tras ocho minutos el español salvó su servicio para de inmediato devolver la amenaza 1-0, 15-40. A la tercera oportunidad firmó su primer break (1/3).

Tal y como había hecho en sus cinco enfrentamientos anteriores en París, el manacorense inició el partido abriendo una brecha inicial en el marcador de 3-0. Sin embargo, Federer logró romper la sangría con su servicio y de nuevo al resto mantuvo un patrón agresivo, tratando de cerrar los puntos lo antes posible. Así, consiguió levantar un 3-1, 40-30 para convertir su segunda oportunidad de quiebre (3-2).

En una réplica del primer juego del encuentro, pero esta vez con Federer al servicio, se sucedieron las alternativas en los diez minutos que se prolongó. Y la irregularidad del servicio durante la primera media hora continuó inalterable. Esta vez fue Nadal el que insistió al resto hasta encontrar premio. En su sexta oportunidad de break en el sexto juego volvió a romper el saque (4-2) para, a continuación, confirmar la ventaja con su servicio (5-2). El español conservó la ventaja y con un revés ganador, de los 8 winners con los que terminó el set, cerró el parcial por 6-3 en 52 minutos.

A pesar del golpe de perder la primera manga, Federer se mantuvo en el partido. Tanto que al resto logró contener las embestidas de su rival hasta situarse con tres oportunidades de quiebre. A la tercera, logró colocarse por primera vez por delante por 2-0. Sin embargo, la paciencia -una de las grandes virtudes del balear- volvió a ser su mejor aliado.

Nadal necesitó de nuevo tres oportunidades para devolver el break al suizo. Y más allá de presentar un escaso 37% de puntos ganados con el primer servicio hasta entonces en el segundo set, consolidó el quiebre (2-2). La igualdad era máxima con un reparto de 22-20 en puntos ganados hasta entonces, dominado por el suizo que también iba por delante 4-3.

La autoridad del servicio se mantuvo inalterable hasta el noveno juego. Nadal consiguió levantar un 40-0 en contra y con cinco puntos seguidos se dio la oportunidad de sacar para cerrar el segundo set. No falló y con 12 golpes ganadores -por tan solo 4 errores no forzados- consiguió dar un importante paso hacia la victoria.

El 17 veces campeón de Grand Slam parecía tomar velocidad de crucero. Ágil de piernas, dominando con la derecha y apoyándose en el revés que funcionó como un puñal, volvió a adelantarse 30-40 al inicio del tercer set. Pero Federer se negó a abandonar tan pronto. Levantó la situación de peligro para mantenerse con vida en el partido.

Fue un espejismo. Para entonces Nadal ya había sacado el rodillo. Un doble break sentenció el partido y le permitió poner rumbo a su duodécima final en Roland Garros.

Nadal sube el nivel en París.

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Se medirá a Roger Federer en Semifinal de Roland Garros.

Rafael Nadal buscaba el Martes ante Kei Nishikori ampliar su dominio sobre la tierra batida de Roland Garros, donde presenta un récord de partidos de 91-2. La victoria del español por 6-1, 6-1 y 6-3 sirvió para sellar su clasificación a Semifinal en París por duodécima vez en su carrera, una marca que no ha logrado ningún otro jugador en la historia del Grand Slam francés.

El español llegaba más fresco que su rival, que había pasado hasta cuatro horas más en pista, debido a las victorias en cinco sets que firmó en sus dos últimos encuentros frente a Laslo Djere (6-4, 6-7[6], 6-3, 4-6 y 8-6) y Benoit Paire (6-2, 6-7[8], 6-2, 6-7[8] y 7-5). Y se acabó trasladando a la arcilla, donde se vio a Nadal más cómodo, ágil y dominador durante la hora y 50 minutos que duró el encuentro.

El once veces campeón de la Copa de los Mosqueteros apenas tardó ocho minutos en fabricarse el primer break del partido. Tal y como venía haciendo a lo largo de todo el torneo, el español saltó con una voracidad atroz a la pista, agresivo con la derecha, haciendo mucho daño al resto desde el fondo.

Así encontró premio para adelantarse 3-0 también ante el japonés, al igual que en cada uno de sus duelos anteriores en esta edición de Roland Garros. Nishikori respondió anotándose su primer juego con el saque, pero sería el último que firmó en el set inicial. El balear encadenó otro quiebre más y con un 83% con su primer servicio y 2 de 3 puntos de break convertidos se anotó el parcial.

Nadal mantuvo la intensidad al inicio del segundo set ante un rival que parecía no encontrar las mejores sensaciones con su raqueta. Pero, Nishikori respondió de inmediato para impedir que el partido se le escapara desde tan pronto con su primer quiebre del choque. Pero sólo fue un espejismo. El favorito N° 2 en París se impuso en el duelo de restadores y volvió a endosar un break (2-1).

El nipón se fue diluyendo a medida que Nadal retomó el control de la pista. El segundo juego había sido tan solo un desliz en una primera hora impoluta. Y es que el campeón de 17 Grand Slam encadenó tres juegos seguidos más para marcar distancias insalvables para Nishikori. Elevó la lista de quiebres a un 6/8 que le permitió asegurar el segundo set con otro 6-1.

El cabeza de serie N° 7 se negó a entregar el partido, pero la muralla que se levantaba al otro lado de la red era demasiado elevada. Ni siquiera durante los primeros siete minutos del tercer set y las cuatro oportunidades de rotura que dispuso, pudo intimidar al español.

Sin ir más lejos, fue el manacorense el que encontró el camino para abrir la última brecha del partido (3-1). Era el séptimo quiebre (7/11). Cuando el partido llevaba una hora y 41 minutos, con 4-2 en el marcador, la lluvia obligó a detener el partido a las 5:28 pm (hora local).

A las 6:38 pm, sin rastro de nubes, regresó el juego en la Philippe Chatrier con Nadal al servicio para cerrar el partido finalmente por 6-3 tan solo diez minutos después de la reanudación.

Nadal puso rumbo a Semifinal de Roland Garros, para convertirse en el tercer jugador de la historia con más presencias en esta ronda. El español se enfrentará a Roger Federer, que superó a Stan Wawrinka por 7-6(4), 4-6, 7-6(5) y 6-4.

Nadal sigue agrandando su historia en París.

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Alcanza 90 victorias en Roland Garros para clasificarse a Cuartos de Final.

Ver a Rafael Nadal celebrando una victoria en Roland Garros se ha convertido en una estampa habitual. Tanto que parece casi una rutina que el español acabe despidiendo rivales en París. Así lo ha hecho en 90 de los 92 partidos que ha afrontado en la capital francesa. El último en caer en sus redes fue Juan Ignacio Londero, que vio cómo el manacorense voló hacia Cuartos de Final tras imponerse por 6-2, 6-3 y 6-3.

Por octavo año diferente en sus 15 participaciones en Roland Garros, a Nadal le tocó enfrentarse a un argentino. Y como en las diez ocasiones anteriores, acabó firmando la victoria. El pasado curso fue la edición con más rivales de esta nacionalidad (3), mientras que Juan Martín del Potro es el único frente al que ha repetido (2007, 2018) y Mariano Puerta contra el primero que jugó en París en la Final de 2005.

Apenas tardó diez minutos en intimidar a un rival que no sólo se estrenaba en la Philippe Chatrier, sino que en esta edición de Roland Garros debuta en el cuadro final de un Grand Slam. El español se adelantó con un 3-0 que marcó la diferencia desde el inicio. Y eso que en el quinto juego se vio obligado a salvar hasta 3 opciones de break para el argentino (3-1, 15-40/ Ad), pero Nadal supo mantener la ventaja para adelantarse en los primeros 37 minutos por 6-2.

Nadal mantuvo altos porcentajes con el servicio también durante el segundo set, y esta vez no entregó ni siquiera una sola opción de quiebre. Agresivo desde el fondo y sabiendo encontrar el momento para atacar a su rival, volvió a romper el saque por tercera vez en el sexto juego (4-2). El argentino trató de agarrarse al parcial, levantando dos puntos de set con 5-2 y saque, pero no pudo impedir lo inevitable. El español amarró la segunda manga por 6-3 con su servicio.

Londero amenazó por cuarta vez en el partido el saque de Nadal (0/4), pero no encontró premio en el segundo juego del tercer set. El que sí lo hizo fue el balear, que a continuación cerró dos breaks consecutivos (4-1), antes de que Londero devolviese uno de los quiebres de inmediato (4-3). Fue el mejor momento por el que atravesó el argentino hasta que Nadal volvió a sofocar un intentó de rebelión para encadenar dos juegos seguidos que pusieron fin al partido.

De esta manera, Nadal se aseguró estar en los Cuartos de Final de Roland Garros por decimotercera ocasión en su carrera, convirtiéndose en el jugador de la historia con más presencias en esta ronda junto con Novak Djokovic.

Por otro lado, Nadal consiguió otra marca personal que lo sitúa en la cuarta posición en la Era Abierta con más presencias en los Cuartos de Final de un Grand Slam. El español estaba igualado con el australiano Roy Emerson y el Domingo en París, se situó con 38 clasificaciones a esta ronda en un torneo de esta categoría y se sitúa a sólo tres de la tercera plaza que ostenta Jimmy Connors.

Nadal espera ahora en Cuartos de Final al japonés N° 7 del Ranking ATP Kei Nishikori.

Melbourne es de Djokovic.

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El serbio suma 7 títulos en el Open Australia.

Melbourne. 7:46 PM. Fue la hora a la que empezó a volar la primera pelota por encima de la red de la Rod Laver Arena en uno de esos partidos que pueden marcar la historia. Novak Djokovic y Rafael Nadal, los dos principales favoritos a la corona en el Open Australia, se presentaban el Domingo en la cita por el título. El serbio, con el objetivo de sumar el séptimo en la pista dura australiana; el español, para tratar de completar el Grand Slam por segunda vez. Pero fue el N° 1 del Ranking ATP quien dio el golpe de autoridad por 6-3, 6-2 y 6-3, en dos horas y cuatro minutos.

Se puede debatir si es una de las rivalidades más grandes de la historia, pero lo que nadie discute es que es la más repetida de todos los tiempos. Hasta 53 capítulos acumulan ya, y el del Domingo era uno de esos partidos que pueden cambiar dinámicas, por la magnitud del escenario, las estadísticas, los récords y el título que estaba en juego. Y fue Djokovic quien escaló hasta los 15 Grand Slam, y se sitúa a dos de los 17 de Nadal y a cinco de los 20 de Federer.

Fue el serbio el que mejor supo gestionar la tensión inicial, muy cómodo en una situación en la que ya se había encontrado hasta en seis ocasiones antes -y siempre salió como ganador- además de la confianza producto de su última victoria en la Semifinal de Wimbledon 2018. Aquel encuentro supuso un giro a la temporada de Djokovic. A partir de entonces acumuló un parcial de 29-3, que le permitió arrebatarle al español el N° 1 del Ranking ATP al final del curso.

La tranquilidad de Djokovic fue el mejor bálsamo para encarar la Final en Melbourne Park. En sintonía en todo momento con la pelota, dibujando con facilidad todos los ángulos posibles, dominó desde el fondo de la pista al manacorense en los intercambios más largos y apenas sufrió con su servicio. No obstante, el de Belgrado dejó escapar un único punto en sus juegos con el saque en el primer set (20/21).

A Nadal le costó tomar el pulso al partido, sin las sensaciones en el golpeo de los días anteriores vio cómo Djokovic sumó 13 de los primeros 14 puntos en juego. Un parcial de 3-0 fue una distancia demasiado amplia ante el 6 veces campeón del Abierto de Australia para remontar la manga inicial. El balear lo intentó, poniendo más coraje que muñeca hasta que a la media hora de partido soltó la mano y la pelota empezó a correr cada vez que besaba sus cuerdas. Era tarde para darle la vuelta a un set que Djokovic cerró (6-3) en 36 minutos, pero no para seguir compitiendo.

El cielo fue tomando colores de fuego a medida que la raqueta de Djokovic ardía. Sin compasión. Ni siquiera importó que Nadal elevara su nivel en los juegos con su saque y fuese valiente cuando su rival ponía la pelota en juego. El español elevó el riesgo en sus tiros de fondo ante la facilidad de su rival para contestar a cada uno de sus golpes. Pero en el quinto juego el balcánico volvió a dar otro puñetazo sobre la mesa en forma de break. Trató de responder de inmediato Nadal, llegando al deuce por primera vez al resto hasta en dos ocasiones (2-3, 40-40), pero no encontró la oportunidad de quiebre.

Djokovic detuvo en seco el intento de reacción de Nadal con cuatro juegos seguidos. Un 78% con primeros saques y un imponente balance de 11 winners y sólo un error no forzado explicaron una estadística en el segundo set, en la que el serbio duplicó en puntos ganados (30-15). A pesar de que el español trataba de afinar su juego, el principal favorito en Melbourne apenas sufría.

En ese decorado con viento a favor, sin esfuerzo aparente y con total superioridad, Djokovic volvió a firmar un break en el tercer juego de la tercera manga (5/8 en el partido) para escaparse de nuevo 3-1. Nadal, al que jamás puede reprochársele la actitud aún en un día con colores grises para él, encontró su primera opción de break con 3-2, 30-40. Pero el serbio estaba tocado por una varita, que constató en una impecable hoja de servicios con 34 winners y sólo 9 errores.

El español no pudo recuperar la distancia perdida y Djokovic volvió a gritar al mundo que Melbourne es su territorio. Comenzó en 2008, continuó en 2011, 2012, 2013, 2015 y 2016, y lo confirmó en 2019.

“Voy a seguir trabajando y peleando para tener opciones de ganar los títulos más grandes”, aseguró Nadal durante la ceremonia de entrega de trofeos. “Haré lo posible para volver a tener oportunidades en el futuro. Cuando no puedo competir lo que más añoro es estar en ese pasillo y sentir vuestro aprecio”.

Nadal nunca había perdido una final de Grand Slam en tres sets. En sus siete derrotas anteriores en el partido por el título siempre había ganado al menos un parcial. El español se queda con un récord de 17-8 en la última ronda en un torneo de esta categoría.

Nadal gana el duelo generacional para llegar a la Final en Melbourne.

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El español peleará por su segunda corona en el Open Australia diez años después.

Rafael Nadal y Stefanos Tsitsipas se citaron este Jueves en la Rod Laver Arena en un duelo generacional. En un pulso de presente contra futuro. En una batalla de veterano frente a aspirante. Pero ambos con un mismo objetivo: la Final del Open Australia. Y la balanza se decantó del lado de la madurez del campeón de 17 Grand Slam, que tratará de sumar uno más, después de derrotar al griego por 6-2, 6-4 y 6-0 en una hora y 46 minutos.

12 años y 70 días de distancia les separan, en lo que supone la novena diferencia de edad más grande en la historia de la Semifinal de Grand Slam (Era Open). Nadal, de 32 años y 238 días, y Tsitsipas, de 20 años y 168 días, se medían por tercera vez. Hasta entonces, el español se había impuesto en todos los antecedentes que registraba el head to head (Barcelona y Canadá), y esta vez la historia no cambió.

En un día en el que Melbourne ardió superando los 40 grados en el termómetro por primera vez desde que arrancó el torneo el pasado 14 de enero, el manacorense se ganó el derecho a pelear por una nueva corona en el Abierto de Australia diez años después. No obstante, será su quinta final en Las Antípodas y la número 25 de su carrera en un torneo de Grand Slam.

Y eso que Tsitsipas no padeció la inexperiencia en su primera Semifinal en un Grand Slam. El griego empezó a jugar el partido antes de que la pelota empezara a volar por encima de la red, ocupando la silla que habitualmente había elegido su rival en sus partidos anteriores en el torneo. Poco después en la pista, tampoco le tembló el pulso en los primeros intercambios.

La primera acción del encuentro fue un saque-red del N° 15 del Ranking ATP. Fue una declaración de valentía, personalidad y agresividad desde el principio. No obstante, de los primeros ocho puntos, Tsitsipas se apuntó seis para colocarse 0-1, 15-30. El español salvó el juego y fue a partir de entonces cuando se desató su mejor versión. La misma que arrolló a sus cinco rivales anteriores sin conceder un set.

Con 30-30 en el tercer juego el guion cambió. Nadal conectó una derecha paralela en la esquina que le dejó el primer break del encuentro en bandeja. A partir de entonces, el ritmo del partido aceleró con una sucesión de juegos en blanco con el servicio. Hasta el 4-2 cuando el griego cometió dos dobles faltas con 40-15 a su favor. El cabeza de serie N° 2 firmó un nuevo break para cerrar con su saque (6-2), con el que firmó un 100% de puntos con primeros (11/11).

En el segundo set Tsitsipas sofocó el primer intento de Nadal de dar un nuevo zarpazo al marcador. En el quinto juego el español enlazó un golpe de magia que coló entre la silla del juez de silla y el poste de la red con la derecha, un error del griego y un golpe de suerte con la red para ponerse 0-40. Pero el heleno salvó el peligro con cinco puntos seguidos y demostrando su habilidad en la volea.

Los servicios marcaron el desenlace del set. Con 4-4 Nadal exhibió un manual de recursos ilimitado que le valió para encontrar dos nuevas oportunidades de quiebre. La primera no la pudo materializar tras estrellar un intento de passing de derecha en la red. Pero en la siguiente (1/5), precisamente un error con la volea de Tsitsipas le dio el break. Un 86% de primeros saques y un equilibrado balance de 10 winners y 4 errores marcaron una hoja de servicios suficiente para adelantarse dos sets a cero.

Nadal apagó cualquier intento de remontada de su rival desde el inicio del tercer parcial. Otro break, que confirmó a continuación con su servicio, lo situó por delante en el marcador 2-0. Lejos de conformarse, el balear volvió a sacar un manual de derechas, globos y sutileza en la red. Potencia y muñeca. Talento. Así llegaron dos quiebres más (6/11 en el partido) y la puntilla final (6-0).

El Domingo, el español buscará su segunda corona en el Open Australia, diez años después de conseguir la única copa que ha levantado en Melbourne Park. Será ante el N° 1 del mundo Novak Djokovic.