Inglaterra 12-32 Sudafrica: Los Springboks ganan el Mundial a la Rosa en una Final casi perfecta.

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Tercer título del equipo sudafricano.

Sudáfrica es el nuevo Campeón del Mundo. En un intenso partido venció a Inglaterra 12-32 (ensayos 0-2) en la Final de la Rugby World Cup Japón 2019, y se consagró campeón por tercera vez en su historia. Curiosamente, los Boks son campeones cada 12 años (1995, 2007, 2019) y rompieron con la maldición que decía que quien ganaba el Rugby Championship no ganaba el Mundial ese año. Otra curiosidad es que Sudáfrica marcó su primer ensayo en una Final del Mundial. Las otras 2 las había ganado con penales y drops.

Sudáfrica salió a atacar desde la patada inicial y consiguió un penal antes de cumplirse el primer minuto, aunque Handré Pollard no pudo sumar. En el minuto dos, Kyle Sinckler fue a placar a Mapimpi y chocó su cabeza contra la cadera del sudafricano. Se detuvo el juego para atenderlo y tras unos minutos salió caminando, pero no volvió a la cancha y fue reemplazado por Dan Cole.

Sudáfrica mostraba superioridad en las melés y se la hacía sentir a Inglaterra. Siguieron en campo inglés y obtuvo otro penal que esta vez sí convirtió Pollard a los nueve minutos. Recién pasados los 20, Inglaterra pudo cruzar la mitad de cancha y en esa jugada Sudáfrica sufrió las lesiones de Mbonambi De Jager (ambos reemplazados), y llegó el primer penal para los de La Rosa, con los primeros tres puntos gracias a Owen Farrell.

Los Boks volvieron al campo inglés por un rato y se fueron con tres puntos más sumados por Pollard. Inglaterra respondió con un tremendo ataque de varias fases en las que intentó imponer la fuerza de choque de los hermanos Vunipola, de Lawes, de Tuilagi, siempre rechazados por la defensa sudafricana incluso sobre la línea de ensayo. La jugada se diluyó cuando abrieron hacia la derecha para jugar con los tres cuartos, y retrocedieron metros. El árbitro decidió volver a un penal anterior y Owen Farrell empató. Sudáfrica volvió otra vez a campo inglés aprovechando su fuerza, y algunos errores permitieron al pie de Pollard poner el 6-12 al descanso.

El segundo tiempo fue un poco más parejo, sobre todo con el ingreso de Colin Slade por George Ford , que no estuvo fino en la conducción. Con un intercambio de penales el marcador se puso 12-18 para los Boks hasta que en el minuto 24, sobre la izquierda se escapó Makazole Mapimpi, pateó a la carrera para que la tomara Lukhanyo Am que lo acompañaba y tras romper su marca la devolvió para que Makazole Mapimpi apoye el primer ensayo de Sudáfrica en una Final del Mundial.

Sudáfrica comenzaba a sentirse campeón y remató faltando siete minutos, con Cheslin Kolbe por la derecha en una jugada individual en la que se sacó la marca de encima y corrió para apoyar el segundo ensayo, que sería el cierre del marcador. Sudáfrica festeja por tercera vez e iguala los tres títulos All Blacks. La Webb Ellis se queda en el Sur.

Nadal conquista su 19 Grand Slam en Nueva York.

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El español logró su cuarta corona en el US Open.

Había mucho más que un título en juego. La historia se escribía el Domingo en Flushing Meadows con dos protagonistas que perseguían hitos de diferente magnitud. Rafael Nadal, ampliar su leyenda, y Daniil Medvedev, ser el primer ruso en 15 años en ganar un título de esta categoría. Pero fue el español el que grabó su nombre con letras de oro en Nueva York, conquistando su decimonovena corona de Grand Slam y cuarta en el US Open, tras imponerse ante un rival que propuso una batalla encarnizada por 7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4 en 4 horas y 50 minutos.

A sus 33 años, el balear consiguió el título 84 de su carrera y el cuarto (ATP Masters 1000 de Roma, Roland Garros, ATP Masters 1000 de Canadá y US Open) de una temporada, en la que se distingue como el N° 1 de la ATP Carrera a Londres. Además, su 19º Grand Slam lo sitúa a sólo uno del récord absoluto que ostenta Roger Federer y le permite despegarse de Djokovic, que en tercera posición cuenta con 16.

Los ingredientes del menú incluían a los dos jugadores que más victorias habían acumulado a lo largo de la temporada. Si bien el manacorense registraba 46 partidos ganados en 2019, la cifra del moscovita se elevaba hasta las 50. Y el duelo no defraudó. Ambos querían sumar una más. Añadir otro título a su vitrina. Pero el triunfo N° 47 del español le permitió ampliar su racha de victorias consecutivas hasta 11 (27-1 en sus últimos cinco torneos), en la que era su quinta Final en el US Open.

Nadal, el único jugador junto a Federer que cuenta con al menos cinco finales en tres torneos de Grand Slam diferentes, pudo con el ruso por segunda vez en esta gira americana. Entonces, en la Final del ATP Masters 1000 de Canadá, Nadal ganó por 6-3 y 6-0 para coronarse con su 35º título ATP Masters 1000 en apenas 70 minutos, siete menos duró tan solo el primer set de un nuevo capítulo de su leyenda escrita, esta vez, en la Arthur Ashe.

Sin grandes golpes, pero resistiendo como un muro. Medvedev se levantó como una muralla al resto en los primeros juegos. Tanto que, si bien en el primero disfrutó de una opción de break, que el español salvo con un gran servicio, a la segunda no perdonó para convertir su primer quiebre del encuentro (2-1). Nadal parecía carecer de ‘feeling’ con la pelota y el punto que concedió el quiebre, así lo confirmó.

Pero, de inmediato, el favorito N° 2 en Nueva York devolvió la situación de peligro a su rival. Combinando tiros con profundidad y cambios de ritmo, Nadal encontró su primera opción de break, que convirtió después de que el ruso cometiera su sexto error no forzado del choque. Y reestableció la lógica del servicio en el marcador (3-2).

Nadal fue elevando su porcentaje de éxito hasta el 80% con el primero para garantizar en blanco un juego más con su saque (4-3), después de que Medvedev hiciera lo propio con el suyo. En el octavo juego, el manacorense apretó otra vez al resto para obtener tres opciones de break más, pero el ruso salió ileso de la amenaza del español. También en el décimo juego, donde tras cuatro ‘deuce’ puso el marcador en igualdad (5-5).

El manacorense reservó su mejor nivel para el final del set. Para entonces ya había calibrado su muñeca. Soltó el brazo y empezó a desplegar su mejor juego de fondo, conectando ganadores con su drive. En el duodécimo juego se terminó el set para Medvdev. El español trabajó dos opciones de break más (2/6) para acabar cerrando la primera manga por 7-5 tras 63 minutos con un balance de 10 winners y 10 errores no forzados, una decena menos que su rival.

Medvedev no dio lugar a la relajación. No estaba dispuesto a levantar la bandera blanca tan pronto. Y desde el inicio del segundo set volvió a exigir máxima tensión a Nadal, que no dudó en exhibirla para levantar otro punto de break. Superada la situación, la calma volvió a ambos lados de la pista, para que se mantuviese la hegemonía del servicio (2-1).

Nadal se agarró al fondo, poniendo cada ataque de Medvedev en pista y profundizando en las dudas de un rival que no había vivido una experiencia similar antes en su carrera. Así llegó una cadena de errores del ruso que colocaron el cuarto juego en 0-40, pero con la misma facilidad que los concedió fue rescatando cada punto para salvar hasta 4 opciones de quiebre (2-2). El balear, sin problemas con su servicio, con paciencia siguió trabajando al resto hasta que en su quinta oportunidad logró premio.

A pesar de que Medvedev subió el listón de agresividad (14 winners) y redujo la lista de errores (9 no forzados), el español jugó como si de una partida de ajedrez se tratase, moviendo las fichas adecuadas para escaparse en el marcador (5-2), gracias a un parcial de 12 puntos ganados en 15 posibles. Tras un juego en blanco del ruso, Nadal cerró el segundo set por 6-3 en 48 minutos.

Tal y como ha ocurrido durante todo el torneo, Nadal se reservó su mejor nivel para la tercera manga, donde empezó a mandar en prácticamente cada punto. Y en el quinto juego aprovechó su primera oportunidad de break del tercer set para asestar un golpe definitivo al partido. Cuando parecía que había asestado un golpe definitivo a la Final y aún construyendo los puntos con criterio, varios errores dejaron al ruso en posición de devolver el quiebre. Y así lo hizo en su tercera oportunidad (3-3).

La tensión de los primeros sets dio lugar al corazón. Ante un Nadal dominador apareció un Medvedev que se negó a marcharse sin dejarse el alma en la pista. Demostró por qué se presentaba en el US Open como el mejor jugador de la gira estadounidense y se aseguró llegar, al menos, al tie-break con una lucha desmesurada, que se ganó el aliento y apoyo de toda la Arthur Ashe. Sin embargo, no hizo falta ir hasta ese desempate. Un sensacional juego al resto le dio el quiebre y estiró el choque un set más.

Que la moneda cayera de su lado en el tramo final del tercer parcial fue una botella de oxígeno para Medvedev, que no tardó en poner en jaque a Nadal al resto (1-0, 30-40). Pero el español no sólo salió del laberinto con 6/6 con primeros saques, sino que devolvió la situación en el quinto juego (2-2, 30-40) hasta en dos ocasiones y el ruso también supo encontrar escapatoria.

A partir de entonces, tanto a uno como a otro le costó volver a hacerse daño al resto. Hasta que en el décimo juego, Medvedev levantó un 40-15 de Nadal para colocar el ‘deuce’ y encontrar el punto de set, que convirtió con un passing a la esquina.

Con la confianza de haber enlazado dos sets consecutivos, Medvedev atravesaba los mejores momentos del partido. Prácticamente con cada uno de sus golpes generaba peligro. Capaz de intercambiar golpes desde el fondo con saque-red. En el segundo juego obligó a Nadal a sacar su versión más guerrera para escapar de hasta tres puntos de break.

El español, que había pasado a ser dominado, supo aguantar cuando el guion lo exigió, cuando enfrente tuvo a un rival sublime que convertía en oro todo lo que tocaba. Y en el quinto juego del quinto set llegó la respuesta de Nadal. Un break, que confirmó a continuación con su servicio (4-2). El sufrimiento al inicio del set se tradujo en superioridad para abrir una brecha con su sexto break (6/19) hasta el 5-2.

Aún hubo tiempo a que Medvedev aumentara el drama devolviendo el quiebre (5-3). Era el quinto para él (5/14). En el caos, cuando el corazón le gana a la cabeza, el ruso salvó dos puntos de partido (5-4). Pero tras salvar un punto de break, acabó cerrando con su servicio.

Djokovic gana su quinto Wimbledon y suma 16 Grand Slams.

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El serbio domina 3-0 a Roger Federer en finales de Wimbledon.

Una emoción realmente complicada de igualar. Novak Djokovic revalidó el domingo el título de Wimbledon tras levantar dos pelotas de partido a Roger Federer y vencer por 7-6(5) 1-6, 7-6(4), 4-6 y 13-12(3) tras 4 horas y 57 minutos en la Final más larga de siempre en el All England Club. El serbio conquistó su quinta copa dorada en Londres y estiró hasta los 16 títulos su colección de Grand Slam, una hazaña que lo impulsa en la batalla histórica por ser el jugador más laureado de todos los tiempos.

La hierba de Londres parece yerma de imposibles para el balcánico, que ya firma un 3-0 en finales de Wimbledon ante Federer tras inclinar también al suizo en las ediciones de 2014 y 2015.

Por encima de todo, fue una prueba de supervivencia extrema. Djokovic se coronó en un partido donde levantó una pelota de set en el tercer parcial, en el no dispuso de bolas de rotura hasta el cuarto y en el que, por si fuera poco, anuló pelotas de partido para tocar la copa de Wimbledon. Algo que solo se había visto en la edición de 1948.

El partido es tan grande que los despistes no se contemplan. Sobre la hierba de la Centre Court, y con la copa de Wimbledon en juego, Federer y Djokovic no necesitan explicación alguna para remangarse en el escenario. El partido comienza con un ritmo feroz, como si los cinco parciales que tienen por delante jugasen contra el crono. Y el suizo siempre se manejó como nadie en la alta velocidad.

Aunque todo el primer set transcurre sin un arañazo al saque, subrayando la igualdad del pulso, es el suizo el que dispone del primer aviso desde la devolución. Apenas una pelota de rotura con 2-1 para colocar la presión en el encuentro. No es una herida abierta, ni siquiera una tendencia en el encuentro, pero es suficiente para enviar un buen mensaje de amenaza.

La derecha paralela de Roger es un cañón en el inicio del partido. Federer conecta ese golpe con una decisión feroz, coleccionando un contrapié tras otro ante la mirada de Novak. El serbio, uno de los jugadores con mejor movilidad del circuito, siempre ha hecho virtud del anticipo. Pero ese tiro del helvético consigue dos cosas: primero, inculcar dudas en las piernas del serbio; después, neutralizar su formidable revés a dos manos, en el que aterrizan esos cañones sobre la línea. Dos armas principales del N° 1 son cuestionadas desde el inicio de la batalla.

De resistir podría sentar cátedra el serbio y no tarda mucho en demostrarlo. En un partido que no le da respiro, que le exige una reacción inmediata en cada punto, también sale indemne cuando Roger se coloca a dos pelotas del primer set (5-4, 0-30). Alcanzar el tiebreak en ese nivel de exigencia refuerza la dureza de su coraza. Allí, Novak firma un imposible que pocos podrían imaginar: detener en seco a un Roger lanzado en césped. Tras digerir otra situación límite (3-5), el serbio enlaza los últimos cuatro puntos del set para tomar ventaja en Londres.

Será el primer ejemplo de su resistencia. Djokovic gana un primera primera manga con todo en contra: sin pelotas de rotura, con un primer servicio demolido (54%) y ante un Federer rectilíneo, capaz de penetrarle con 21 tiros ganadores. Ninguna piedra es suficiente para detener al N° 1.

Como connsumir a Federer en hierba es una buena fantasía, Wimbledon se encarga de reventar la burbuja a golpe de realidad. Con el partido ya caliente y el pulso acelerado, Federer culminó la amenaza de la primera manga. Entre un revés cortado maravilloso y una derecha bien afilada, el suizo rasgó de arriba a abajo el parcial con un inmediato 4-0. Tal fue el ritmo que la caída de Djokovic, desparramado por el fondo entre la hierba abierta, ilustró a la perfección lo vertiginoso del juego.

El ocho veces campeón igualó el encuentro en un abrir y cerrar de ojos, escalando a pulmones llenos una montaña capaz de rendir a casi todos. El servicio, su músculo más firme, se mantuvo sobre la hierba, completando otra manga sin encarar una pelota de quiebre. Toda una gesta ante uno de los mejores restadores de siempre. Si Londres quería degustar una gran batalla, acababa de recibir los dos primeros platos.

El corazón del partido trajo momentos maravillosos, porque la importancia de la tercera manga reunió el mejor nivel a ambos lados de la cinta. Si Djokovic regresó con fuerza al encuentro, recuperando su fortaleza desde el fondo, Federer respondió con un amplio abanico de recursos. El suizo cortó el revés con furia, dejando muchas pelotas sobre los tobillos del serbio. Ninguna pelota era clara en manos del vigente campeón, todavía impedido para encontrar un recoveco sobre el servicio de su adversario.

El momento de máxima presión hizo aflorar la templanza de dos grandes campeones. Un bote pronto excelso con 5-4 dio a Federer una pelota de set, un momento que la grada celebró al unísono. Allí, solo ante el peligro, Djokovic fue capaz de reordenar su servicio, enlazar tres puntos de precisión y mantenerse con vida en el parcial. Otra demostración de hielo en las venas camino de un nuevo desempate.

Con el duelo en el canto de una moneda, el partido convertido de siempre: la supervivencia de un especialista al borde del precipicio. Djokovic remó en un desempate de puntos trabajados, donde se compitió desde el fondo más de lo habitual. La presión hizo ganar terreno a la selección de tiro y ahí el serbio marcó una diferencia visible.

Sin ver una opción de roturas en tres mangas completas, de alguna manera, Novak iba torciendo la mano a Roger en el césped más preciado de todos.

Lejos de encontrar una autopista hacia la copa, Djokovic se topó con lo contrario. Si la experiencia de Federer es imponente también lo fue su respuesta, dirigida a frenar los pasos de un campeón inminente. El suizo compitió montado como nunca sobre la línea y abrió la defensa del serbio de lado a lado. Pronto creó una renta de dos quiebres (5-2), una grieta terminal sobre pasto.

Como ocurriera en las dos primeras mangas Roger marcó diferencias después de parcial agónico, sobreponiéndose a un desempate que bien pudo mandarlo directo a los vestuarios. No a él, acostumbrado a mil batallas sobre la Centre Court de Londres. Antes de cerrar el cuarto set, además, le mostró a Djokovic el precio al partido. Cuando el serbio disfrutó de su primera pelota de rotura, algo minúsculo con casi cuatro sets en las piernas, Roger se lo negó con el intercambio más largo del partido, una maravilla de 35 tiros. Aunque Djokovic quebró y acortó distancias hasta el 5-4, el suizo no permitió el respiro.

Así, ambos acudieron al set definitivo con fe en las entrañas. Djokovic había asestado su primer mazazo al resto, toda una prueba de presencia. Federer, dispuesto a la épica, volvía a estar bien vivo.

Y los quintos sets son para sobrevivir.

Federer lo comprobó bien pronto. Tras completar cuatro sets con sufrimientos contados al saque, el suizo se encontró con tres pelotas de rotura en un solo juego. La sangre fría para colocar el 2-2 lanzó el duelo a una batalla sin miedo. Como si lo que estuviera en juego no fuera poner las manos en el trofeo. La cercanía del final desató las emociones en un partido que no resistía demasiada lógica. Si Djokovic colocó un 4-2 de aroma inquietante, Federer respondió rompiendo de inmediato ante una grada que coreaba con fuerza su nombre.

El hambre por un drama total era más que evidente. La llegada del 4-4 desató una ovación digna de un estadio de fútbol, como si Roger hubiera anotado en el tiempo de descuento.

La ebullición ya solo fue a más. Con 5-5 15-30, expuesto a un peligro límite, Djokovic acabó por el suelo después de cazar una pelota lanzado sobre su derecha. Más que un partido de tenis aquello ya era una pelea por la vida. Hasta Novak le preguntó al juez de silla en qué momento habría un desempate en la quinta manga. Un premonición lejana pero factible, con el formato de 12-12 estrenado en esta edición.

Federer se encargó de desafiar esos límites. El suizo resistió en un partido en el que estuvo a dos puntos de verse 2-5 en la manga definitiva. Y cerca estuvo de obrar el milagro. Con un tremendo passing shot de derecha cruzada dejó clavado a Djokovic, puso el 8-7 en el marcador y los nervios en media Inglaterra. Novak respondió con un imposible, algo complicado de creer en césped, colocando el 8-8 tras levantar al resto una doble pelota de partido. La segunda, con un colosal passing de derecha cruzada que rompió el esquema de Roger.

Desde allí, el partido fue una carrera al abismo. Un momento deportivo de difícil descripción. Demasiado en juego y demasiado poco por jugar. El 10-10 llegó como la noche al final de los días y ninguno dio su brazo a torcer hasta la tregua del 24º juego. Allí, tras volver a caer por los suelos y ver una caña de Federer perderse por los aires de Londres, Djokovic coronó por fin su quinta copa de Wimbledon.

Barcelona 68-74 Real Madrid: Cuarto título blanco en cinco años.

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El Real Madrid se proclamó campeón de Liga después de superar en el cuarto partido al Barcelona (68-74), en un enfrentamiento que no terminó de romperse, pero que tuvo dominado durante toda la segunda mitad. Es el quinto título liguero de Pablo Laso con los blancos que tuvieron a Facundo Campazzo como jugador más destacado en la dirección del equipo con 28 de valoración.

En un cuarto partido duro, se impuso el físico del Real Madrid, muy superior en la zona -con 46 rebotes, 18 de ellos ofensivos- e intenso atrás, anulando al azulgrana Thomas Heurtel, autor de tan solo dos puntos.

A la sobresaliente actuación de Tavares (10 puntos y 13 rebotes), se sumó la regularidad de Facundo Campazzo, Rudy Fernández, Anthony Randolph y Fabien Causeur, cuatro jugadores que superaron los diez puntos.

Todo ello en el último partido de la temporada en el Palau Blaugrana. El aficionado azulgrana no falló. Ambiente ensordecedor en el anfiteatro; máxima eficacia en los primeros cuatro minutos del Real Madrid en el parqué .

Liderados por Rudy Fernández, autor de tres triples en apenas tres minutos y medio, los visitantes completaron un primer tramo de partido impoluto. Entraron los triples -cinco en el primer cuarto- y controlaron el rebote ofensivo, lo que les permitió gozar de una ventaja de 11 puntos (8-19, min.6).

Pedía tiempo muerto Svetislav Pesic para frenar la sangría. Con un Heurtel sin chispa en ataque, un hasta el viernes discreto Kevin Pangos, secundado por Singleton, conectó a los locales.

Los triples y las asistencias del base canadiense (16 puntos) dieron aire al Barcelona, que cerró el primer acto con un parcial de 13-5 que dejaba vivo el partido (21-24).

En el segundo periodo, mandaron las defensas. La inercia de Pangos situó al Barcelona por delante por vez primera (27-26, min.22), pero los de Pablo Laso, sin jugar un baloncesto coral, apretaron las tuercas en defensa ahogando, de nuevo, a un barça sin muchas ideas. Tavares y Ayón mandaban en la zona, mientras que Thompkins sacaba la cabeza para dejar a su equipo con una mínima renta tras los primeros 20 minutos (33-37).

El Real Madrid reapareció del vestuario refrendando su superioridad en la zona. Tavares edificó un muro y su equipo lo notó con los rebotes ofensivos. Con segundas opciones en ataque, el Real Madrid fue letal. Rudy y Randolph se mostraban infalibles desde el perímetro y su equipo lo agradeció en el marcador (37-47, min.25).

Pero el Barcelona tiró de orgullo y de Pangos para agarrarse a la Final. El base volvió a brillar con un triple y un contraataque de manual que situaba el 45-47 (min.27).

Paró el partido Pablo Laso y su equipo lo agradeció, especialmente en defensa. Sobresalía Causeur con cinco puntos consecutivos, mientras que Tavares ahogaba a un Ante Tomic cansado. El Barcelona, orgulloso, cerraba el tercer cuarto algo titubeante, con la sensación de que el Real Madrid domaba el ritmo del duelo cuando quería (47-55, min.30).

Echaron el cerrojo los blancos en el último cuarto. Pablo Laso planteó una defensa sin fisuras que dejó sin aire a su rival. No aparecía Heurtel, no llegaban los triples del Barcelona y el Real Madrid tuvo suficiente con los chispazos de Campazzo, Caseur y la intimidación de Tavares para acabar con las opciones del equipo azulgrana, que encadenó cinco minutos sin anotar (55-67, min.37).

A un minuto y 56 segundos para el final, Hanga puso fin a la sangría con un triple. La remontada, sin embargo, no llegó y el Real Madrid alargó su jerarquía en la ACB ante un Palau Blaugrana resignado.

Nadal conquista su 12 Roland Garros.

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El español consiguió el 18 Grand Slam de su carrera.

Como si de un déjà vu se tratase, el tiempo se detuvo en la Philippe Chatrier para decidir entre los mismos protagonistas del pasado año quién es el campeón de Roland Garros. Rafael Nadal y Dominic Thiem pelearon por la Copa de los Mosqueteros en una reedición de la Final de 2018. Pero la historia no cambió el mismo guion establecido prácticamente sin piedad en los últimos 15 años y el español se impuso por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 para levantar su duodécima corona en París.

El manacorense volvió a normalizar lo imposible. Si bien en el Monte-Carlo Masters y en el Barcelona Open había elevado el listón hasta los once trofeos, en Roland Garros se convirtió en el primer jugador de todos los tiempos (hombre o mujer) en ganar 12 veces en un mismo Grand Slam.

Al otro lado de la red, Nadal se medía a su némesis en tierra batida. Al único jugador capaz de derrotarlo en la superficie más lenta en las últimas tres temporadas (Roma 2017, Madrid 2018 y Barcelona 2019). Pero no dio lugar a revanchas. Ni siquiera la confianza de haber tumbado a Djokovic un día antes fue suficiente para que Thiem impidiese el Grand Slam número 18 de la carrera del español.

La intensidad del primer juego fue un revelador preámbulo de lo que estaba por llegar. En cinco minutos Nadal amarró su servicio inicial frente a un rival muy suelto desde el fondo, capaz de aguantarle los intercambios. Tuvo que trabajar los puntos ante un jugador pleno de confianza tras su victoria en Semifinal ante el número uno del mundo. No obstante, el austriaco fue el primer jugador de esta edición en evitar que el español se adelantara 3-0.

Thiem obligó a Nadal a ejecutar siempre un golpe más. Demostró dotes felinas en la defensa para con una facilidad asombrosa pasar al ataque. Tampoco dudó en cortar los puntos con dejadas milimétricas. Y fue el primero en aprovechar la ventaja al resto, convirtiendo su primera opción de break para adelantarse 3-2. Pero el manacorense respondió de inmediato colocándose 0-40 y en su segunda oportunidad devolvió el quiebre.

Cada punto era una batalla, cada intercambio una eternidad. Y Thiem volvió a encontrar la forma de hacer daño al resto, jugando con mucha profundidad y abriendo ángulos con el revés, para colocarse con otra oportunidad de break 30/40. Sin embargo, Nadal logró salvarlo para adelantarse de nuevo 4-3 en 40 minutos de partido hasta entonces.

El desgaste del juego anterior -físico y mental- pasó factura al austriaco. Nadal empujó a Thiem al fondo con tiros de mucha profundidad para situarse 15-40. Transformó su segundo break del duelo (2/3) y certificó el primer set con su servicio.

Si alguien esperaba que el partido rebajase la intensidad al inicio del segundo set, estaba equivocado. Ajenos aún al cansancio, Thiem y Nadal siguieron desgarrando pedazos del alma en cada intercambio, tratando de desgastar al contario. Eso sí, con altos porcentajes, ambos conservaron como su principal baluarte sus servicios. Una fisura en el saque, podría ser sinónimo de dar una ventaja demasiado grande al rival.

Y así fue. La superioridad de los servicios terminó en el duodécimo juego, cuando Thiem encontró su única oportunidad de break del segundo set. No perdonó e igualó el encuentro cuando había transcurrido una hora y 42 minutos. 13 golpes ganadores acompañaron un parcial en el que ganó tres puntos más que su rival (29-26).

El paso por el banco sirvió como un bálsamo para Nadal. Recuperó la brújula para mandar en el inicio del set con un break en blanco. Tres errores no forzados del austriaco contribuyeron a la ventaja del español. Y en tan sólo seis minutos ya dominaba 2-0 sin haber concedido un solo punto.

La lista de errores de Thiem siguió engordando (acabó con 9 el tercer set), a la vez que Nadal aprovechó para dar un paso adelante al oler el momento de mayor debilidad en el partido de su rival. El austriaco no ganó su primer punto del tercer set hasta el duodécimo, pero fue un espejismo. El balear, con un parcial de 12-1, firmó otro break para adelantarse 3-0.

En 14 minutos, Nadal había cedido únicamente un punto y ningún juego (4-0). Fue entonces cuando el austriaco pareció aterrizar de nuevo en la Philippe Chatrier estrenándose con su servicio (4-1). Pero ya era tarde, al menos, para levantar el set. El defensor del título en Roland Garros mostró su mejor versión y prácticamente no dio opciones a Thiem. Con 24 puntos ganados de 31, 3 de 4 break convertidos y 10 golpes ganadores se quedó a un set de levantar la duodécima.

El cuarto set arrancó como el anterior. De nuevo con Nadal volando sobre la pista, deslizándose como una pieza de ballet clásico, con una fluidez en sus movimientos superior a la de Thiem, que parecía haber perdido la sintonía con su raqueta y también con sus piernas. Así, el español dio un importante golpe de autoridad para colocarse 3-0. Ya no hubo capacidad de respuesta de un rival que lo había dejado todo en la pista, pero que tuvo que inclinarse ante el mejor jugador de todos los tiempos en la tierra batida.

Tottenham 0-2 Liverpool: El Real Madrid ya tiene sucesor.

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Los ‘reds’ suceden a los blancos como campeones de la Champions League tres años después con un 0-2 gracias a los goles de Salah -de penalti- y Origi.

Se la sentía suya desde hace un año, cuando perdió de forma cruel en Kíev ante el Real Madrid, que tres años después cede la corona de Campeón de Europa a un Liverpool más convencido que nadie de sus propias posibilidades. Capaz de mutar entre dos versiones muy distintas con respecto al equipo que aplastó al Barcelona en Anfield y el que ahogó al Tottenham en la Final del Wanda Metrpolitano, se hizo con el título tras un buen arranque que les brindó a los reds un penalti por manos de Sissoko que tuvo que refrendar el VAR para que Salah adelantara a su equipo cuando no habían pasado siquiera dos minutos de juego.

Ello coartó, y de qué manera, a un Tottenham intimidado por la fastuosidad del escenario, el tempranero gol que hundió la moral de los hombres de Mauricio Pochettino y la convicción e intensidad de un Liverpool que jugó la Final como si se tratara de un día más en la oficina. Fueron a ganar y no titubearon en el camino aunque pudieron matar el partido en la primera parte y no lo hicieron. Tras el 0 a 1 Jürgen Klopp dio órdenes de mantener la templanza y el Liverpool no quiso hacer sangre, limitándose a aguantar a un Tottenham incapaz de rematar a puerta durante los primeros cuarenta y cinco minutos mientras Salah y Robertson lo intentaban desde la distancia pero primero la zaga de los Spurs y luego Hugo Lloris desviaron a córner.

Lo cierto es que ninguno de los dos equipos fue demasiado generoso en cuanto a juego y ocasiones durante la primera parte pero es bien sabido que el Tottenham no había logrado ponerse por delante en el marcador en ninguno de los trece partidos europeos esta temporada y, sin embargo, ahí estaba. Dispuesto a todo en la segunda parte y arrastrado por un Harry Kane muy lejos de su mejor forma debido a una lesión que casi le deja sin Final pero con una gigantesca influencia en el juego ofensivo de su equipo fue acercándose a la porteria rival. Por lo pronto, Eriksen logró imponerse en la zona ancha pero en los últimos metros tanto Dele Alli como Son Heung-Min se mostraban todavía excesivamente imprecisos.

Pero no permitió mucho más el Liverpool, que reaccionaría con un remate de Milner que se marchó fuera rozando el palo y otra acción de Mané que no fue gol de milagro. Y a eso se agarraba el Tottenham, que intentó volver a sorprender con una tímida vaselina de Dele en el primer remate a puerta del equipo londinense en todo el partido y que Allison desintegró sin mayores dificultades. Mientras, el cansancio hacía mella en un Tottenham que rechazó rendirse pero que vio como ninguna de sus ocasiones encontraba, ni por asomo, al brasileño despistado. Esta vez el portero transmitió al Liverpool la seguridad que no sintió en la Final del año pasado y se fue al ataque para que, de nuevo Origi con un latigazo seco, subiera el 0 a 2 en el electrónico que tanto acabó con la esperanza de los Spurs como coronó a un Liverpool intratable en Europa y que corrigió con esmero la única asignatura pendiente que la temporada pasada le privó verse como el mejor equipo del continente.

Chelsea 4-1 Arsenal: Hazard regala a los Blues la Europa League.

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El belga, figura en Bakú con un doblete ante los Gunners.

El Chelsea ha vencido al Arsenal y ha ganado la Europa League con goles de Olivier Giroud, de Pedro Rodríguez y de Eden Hazard (2), la estrella belga ya puede decir adiós al club de Londres y poner rumbo al Real Madrid.

El equipo de Maurizio Sarri no dejó dudas en el estadio Olímpico de Bakú, Azerbaijan, y es campeón del certamen continental con una goleada por 4-1 sobre el conjunto de Unai Emery.

Después de un primer tiempo sin emociones, el equipo Blue rompió el marcador en la segunda parte, a los 48 minutos. Emerson Palmieri, desde la izquierda, metió un centro al punto de penalti y Olivier Giroud se lanzó de cabeza para desviar el balón y descolocar a Petr Cech.

En el 59′, un desborde por izquierda de Eden Hazard hizo la diferencia con un envío que dejó a Pedro Rodríguez para el 2-0 en un remate de zurda. Los de Sarri no bajaron los brazos y, en el 65′, un pase en profundidad de Pedro para Giroud terminó en penalti cometido por Maitland-Niles y que Hazard no falló.

Los Gunners lograron recortar en el minuto 69, mediante un rechace en él área del Chelsea después de una jugada a balón parado, que le quedó a Iwobi fuera del área y le pegó sin que el balón tocara el césped. Sin embargo, la sentencia fue rápida: en el 71′, Hazard definió de primeras después de una gran combinación en el área con Giroud.

Chelsea, un campeón sin atenuantes que repitió la consagración conseguida en 2013.

Melbourne es de Djokovic.

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El serbio suma 7 títulos en el Open Australia.

Melbourne. 7:46 PM. Fue la hora a la que empezó a volar la primera pelota por encima de la red de la Rod Laver Arena en uno de esos partidos que pueden marcar la historia. Novak Djokovic y Rafael Nadal, los dos principales favoritos a la corona en el Open Australia, se presentaban el Domingo en la cita por el título. El serbio, con el objetivo de sumar el séptimo en la pista dura australiana; el español, para tratar de completar el Grand Slam por segunda vez. Pero fue el N° 1 del Ranking ATP quien dio el golpe de autoridad por 6-3, 6-2 y 6-3, en dos horas y cuatro minutos.

Se puede debatir si es una de las rivalidades más grandes de la historia, pero lo que nadie discute es que es la más repetida de todos los tiempos. Hasta 53 capítulos acumulan ya, y el del Domingo era uno de esos partidos que pueden cambiar dinámicas, por la magnitud del escenario, las estadísticas, los récords y el título que estaba en juego. Y fue Djokovic quien escaló hasta los 15 Grand Slam, y se sitúa a dos de los 17 de Nadal y a cinco de los 20 de Federer.

Fue el serbio el que mejor supo gestionar la tensión inicial, muy cómodo en una situación en la que ya se había encontrado hasta en seis ocasiones antes -y siempre salió como ganador- además de la confianza producto de su última victoria en la Semifinal de Wimbledon 2018. Aquel encuentro supuso un giro a la temporada de Djokovic. A partir de entonces acumuló un parcial de 29-3, que le permitió arrebatarle al español el N° 1 del Ranking ATP al final del curso.

La tranquilidad de Djokovic fue el mejor bálsamo para encarar la Final en Melbourne Park. En sintonía en todo momento con la pelota, dibujando con facilidad todos los ángulos posibles, dominó desde el fondo de la pista al manacorense en los intercambios más largos y apenas sufrió con su servicio. No obstante, el de Belgrado dejó escapar un único punto en sus juegos con el saque en el primer set (20/21).

A Nadal le costó tomar el pulso al partido, sin las sensaciones en el golpeo de los días anteriores vio cómo Djokovic sumó 13 de los primeros 14 puntos en juego. Un parcial de 3-0 fue una distancia demasiado amplia ante el 6 veces campeón del Abierto de Australia para remontar la manga inicial. El balear lo intentó, poniendo más coraje que muñeca hasta que a la media hora de partido soltó la mano y la pelota empezó a correr cada vez que besaba sus cuerdas. Era tarde para darle la vuelta a un set que Djokovic cerró (6-3) en 36 minutos, pero no para seguir compitiendo.

El cielo fue tomando colores de fuego a medida que la raqueta de Djokovic ardía. Sin compasión. Ni siquiera importó que Nadal elevara su nivel en los juegos con su saque y fuese valiente cuando su rival ponía la pelota en juego. El español elevó el riesgo en sus tiros de fondo ante la facilidad de su rival para contestar a cada uno de sus golpes. Pero en el quinto juego el balcánico volvió a dar otro puñetazo sobre la mesa en forma de break. Trató de responder de inmediato Nadal, llegando al deuce por primera vez al resto hasta en dos ocasiones (2-3, 40-40), pero no encontró la oportunidad de quiebre.

Djokovic detuvo en seco el intento de reacción de Nadal con cuatro juegos seguidos. Un 78% con primeros saques y un imponente balance de 11 winners y sólo un error no forzado explicaron una estadística en el segundo set, en la que el serbio duplicó en puntos ganados (30-15). A pesar de que el español trataba de afinar su juego, el principal favorito en Melbourne apenas sufría.

En ese decorado con viento a favor, sin esfuerzo aparente y con total superioridad, Djokovic volvió a firmar un break en el tercer juego de la tercera manga (5/8 en el partido) para escaparse de nuevo 3-1. Nadal, al que jamás puede reprochársele la actitud aún en un día con colores grises para él, encontró su primera opción de break con 3-2, 30-40. Pero el serbio estaba tocado por una varita, que constató en una impecable hoja de servicios con 34 winners y sólo 9 errores.

El español no pudo recuperar la distancia perdida y Djokovic volvió a gritar al mundo que Melbourne es su territorio. Comenzó en 2008, continuó en 2011, 2012, 2013, 2015 y 2016, y lo confirmó en 2019.

“Voy a seguir trabajando y peleando para tener opciones de ganar los títulos más grandes”, aseguró Nadal durante la ceremonia de entrega de trofeos. “Haré lo posible para volver a tener oportunidades en el futuro. Cuando no puedo competir lo que más añoro es estar en ese pasillo y sentir vuestro aprecio”.

Nadal nunca había perdido una final de Grand Slam en tres sets. En sus siete derrotas anteriores en el partido por el título siempre había ganado al menos un parcial. El español se queda con un récord de 17-8 en la última ronda en un torneo de esta categoría.

Zverev se corona en el Masters Cup.

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Con carácter, personalidad y determinación. Alexander Zverev se coronó el Domingo con el título en el Masters Cup, al derrotar al N° 1 del Ranking ATP Novak Djokovic por 6-4 y 6-3 en una hora y 20 minutos, sólo un día después de dejar fuera al cabeza de serie N° 2 Roger Federer también en dos sets.

El O2 los reunía por segunda vez en la misma semana. Y es que el Miércoles se enfrentaron en el segundo partido del Round Robin, con victoria cómoda para el serbio por 6-4 y 6-1. Pero esta vez, fue el alemán el que logró igualar el head to head (2-2), devolviéndole la moneda en la última ronda en Londres.

Zverev, que se confirma con 58 victorias como el jugador que más partidos ha ganado esta temporada (58-19), dejó el récord de Djokovic en 35-3 desde Wimbledon además de impedir que el serbio iguale a Federer con seis coronas en el Masters Cup.

Hubo intensidad desde el inicio del duelo. Zverev saltó a la pista rápida sin especular, sin esperar al error del rival, buscando hacer daño en la otra zona de la red en cada tiro. El segundo punto del encuentro, un intercambio de 29 golpes para el serbio, ya fue el preludio de lo que podría esperarse en los primeros minutos. Una lucha encarnizada en cada rally.

Sin concesiones de los servicios, Djokovic fijó un 79% de puntos ganados con su saque, mientras que el alemán -agresivo como durante toda la semana (promedia 22 golpes ganadores y el domingo hizo 20)- mejoró el porcentaje de su rival con un 83% hasta el 4-4.

Fue entonces cuando Zverev dio un paso adelante. Con 13 winners en el primer set supo contrarrestar la precisión de Djokovic desde el fondo para encontrar las líneas y así llegó el primer break del choque en su primera oportunidad. De esta manera, el germano terminó con una racha de 40 juegos consecutivos ganados con el servicio de su rival.

Con su saque, el alemán conectó 3 aces consecutivos (7 en total en el set) para anotarse la primera manga 6-4. Fue el primer set que concedió Djokovic en todo el torneo, que perseguía en ser el primer hombre en levantar el título en el Masters Cup sin ceder un parcial. El último en conseguirlo había sido precisamente el entrenador de Zverev, Ivan Lendl en 1986.

Zverev logró mantener la inercia del final del set anterior, y casi sin tiempo a que Djokovic encajara el golpe, se colocó 30-40. Obligó al serbio a trabajar por mantenerse con vida en el partido, pero el alemán aún fue capaz de trabajarse una nueva opción de break más que resolvió con una derecha paralela ganadora para convertir un nuevo break (1-0).

El cinco veces campeón en el Masters Cup parecía noqueado por primera vez en todo el torneo por un rival que estaba desplegando un juego descarado y suelto. Pero en apenas dos minutos, Djokovic respondió con su primer break, en la primera oportunidad que dispuso tras colocarse 15-40. Pero en el caos de los servicios, cuando los restos dominaron el duelo, Zverev volvió a quebrar para adelantarse (2-1).

Esta vez sí consolidó la ventaja (3-1), con un nivel de efectividad al servicio asombroso. A cada juego con su saque demostraba que el break anterior sólo había sido un espejismo (4-2). Djokovic renunció a decir la última palabra y contrarrestó una larga lista de 23 errores no forzados con actitud para seguir en el partido, sobre todo cuando entraba su primer servicio con un 79% de éxito (4-3).

Pero Zverev aún tuvo tiempo para fabricar dos opciones de break más, esta vez en forma de puntos de partido que sirvieron al alemán para caer rendido sobre la pista dura londinense. Después de que el serbio salvara el primero, un espectacular passing de revés le dio la victoria en el título más importante de su carrera.

Djokovic se hace aún más grande en Nueva York.

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El serbio cerrará 2018 con dos Grand Slam en Wimbledon y el US Open.

Nueva York reunió el domingo a dos raquetas que ya habían conquistado sus dominios, dos jugadores que habían levantado al cielo estadounidense el trofeo que acredita al campeón del US Open. Si bien Juan Martín del Potro fue el primero en hacerlo en 2009, Novak Djokovic lo consiguió en dos ocasiones más en 2011 y 2015. Y en 2018 añadió una tercera tras imponerse por 6-3, 7-6(4) y 6-3, en tres horas y 16 minutos.

Llegaba con la confianza de haber ido de menos a más en la última quincena, así como de haber confirmado que había vuelto a escena levantando la corona de Wimbledon. Casi dos meses después de aquel 15 de Julio en Londres, el serbio se consolida en Flushing Meadows sumando el Grand Slam número 14 de su carrera e igualando a Pete Sampras en la clasificación histórica.

Djokovic se encuentra ya en el tercer escalón por detrás de los 17 de Rafael Nadal, campeón este curso en Roland Garros, y los 20 de Roger Federer, que estrenó la temporada de Grand Slams en el Open Australia. Eso sí, este curso ganó el pulso al español y el suizo, siendo el único jugador que logra dos coronas de esta categoría este año.

El head to head se decantaba del lado del jugador nacido en Belgrado hace 31 años, ganador en 14 de los 18 enfrentamientos que habían disputado previamente. Y la Final en la Arthur Ashe no fue una excepción, a pesar de que Del Potro dejó todo para tratar de cambiar el signo de una historia escrita en su contra la mayoría de las veces.

Agresivo desde el fondo, tirando con la muñeca suelta y con potencia, sin renunciar a intercambios largos, el argentino fue asegurando su servicio. Si el de Tandil aseguró el 90% de primeros saques, el balcánico se quedó en un 80%. Así fue hasta que el serbio apretó las clavijas al resto, defendiendo cada uno de los misiles que llegaban desde el otro lado de la red.

Djokovic fue capaz de levantar un 40-0 a favor de su rival para obligarle a correr, a jugar intercambios de más de diez golpes y acabar forzando más errores de la cuenta en la figura de Del Potro (11 no forzados). Así llegó el primer break en la primera oportunidad (5-3). Y a continuación, cerró el primer set con su servicio (6-3) tras 44 minutos.

Lejos de conformarse con la ventaja inicial, el serbio continuó agresivo desde el fondo de la pista, manteniendo un esquema claro: castigar la zona de revés de Del Potro. Además, logró minimizar el daño que su rival podía generar con el saque. No obstante, en el primer juego del segundo set fabricó dos oportunidades más de quiebre de las que el argentino pudo escapar.

Sin embargo, la tercera opción de break no la dejó pasar. Djokovic volvió a tomar la iniciativa en el segundo set restando dentro 18 de los 20 primeros puntos que encaró. Con este nivel de intensidad se hizo con tres de los primeros cuatro juegos (3-1). Del Potro tenía que remar contracorriente, si quería que su rival no se acercase peligrosamente al título.

El argentino lo dejó todo sobre la pista para que así no fuese. Reaccionó y encontró las dos primeras opciones de break del partido. Si bien la primera no pudo aprovecharla con un passing paralelo lejos de la línea de fondo, una derecha al pasillo de Djokovic dejó el marcador en 3-3. Del Potro elevó el nivel y se hizo más fuerte desde ambos lados, logrando winners con la derecha y el revés a dos manos hasta doblar los winners de la primera manga (17-6).

Tanto apretó Del Potro que exigió como nunca a Djokovic, lo llevó al límite en un eterno juego de más de 20 minutos, 8 deuces y 3 puntos de break que no pudo convertir (4-4). A pesar de la insistencia del argentino, el desenlace del segundo parcial se decidió en un tie-break con múltiples alternativas, donde el serbio terminó asegurando el set con solidez en los últimos puntos (7-4).

No poder igualar el partido, a pesar de haber hecho méritos para conseguirlo afectó al de Tandil. Después de más de dos horas de lucha, de vaciarse en cada golpe y haber llevado al límite a un rival en una versión sublime, el marcador no era condescendiente con su esfuerzo. Y el apagón emocional lo acabó pagando. En el cuarto juego llegó un nuevo aguijonazo de Djokovic en forma de break (3-1).

Pero si algo no se puede cuestionar a Del Potro es su capacidad de lucha, que volvió a aparecer sobre la Arthur Ashe para recuperar el quiebre de inmediato (3-3). El guion trazado era idéntico al de segundo parcial. El argentino estaba dispuesto a dar guerra hasta la última bola. Hasta que el serbio decidió que había llegado el momento de decir basta, de sentenciar el duelo con un último break (4/7 en total).

«Quiero agradecer a mi equipo, a todos los que me ayudaron a volver a estar en este lugar, a mis amigos, a toda la gente que me apoyó y a toda Argentina que sentí la energía», señaló Del Potro durante la ceremonia de entrega de trofeos. «A veces uno puedo ganar o perder un torneo, pero el amor de toda la gente vale lo mismo que esa copa y ya la tengo. Hoy me llevo el cariño de todos ustedes».

Djokovic sumó el Grand Slam número 50 para el Big Four en las últimas 55 ediciones disputadas. La racha se inició cuando Nadal conquistó Roland Garros en 2005. Desde entonces el propio Nadal ha conseguido 17 títulos, Federer 16, Djokovic 14 y Murray 3.