Djokovic corona su cuarto título de Wimbledon.

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El serbio levanta en Londres su 13ª copa de Grand Slam.

Novak Djokovic levantó este domingo sobre la hierba de Wimbledon su 13er título de Grand Slam, remarcando su regreso al más alto nivel. El serbio venció al sudafricano Kevin Anderson por 6-2, 6-2, 7-6(3) en dos horas y 17 minutos para conquistar su cuarta copa en el All England Club, un hito de dimensiones históricas en la capital británica.

El tenista de Belgrado se convierte así en el cuarto jugador capaz de la Era Abierta (desde 1968) de levantar en al menos cuatro ocasiones el trofeo individual de Wimbledon, siguiendo los pasos de Bjorn Borg (5), Pete Sampras (7) y Roger Federer (8).

En una jornada de cielos despejados e intenso calor sobre Londres, ideal para el jugador directo y sin contemplaciones, el inicio no pudo ser más prometedor para el jugador serbio. Ante uno de los sacadores más formidables del ATP World Tour y bajo unas condiciones que favorecían esa velocidad de pelota, Djokovic encontró bien pronto la ranura de las dudas.

El balcánico quebró a Anderson en el primer juego del partido, marcando mentalmente la batalla antes de romper a sudar. Al dominar el juego desde el fondo de pista y acorralar a Kevin en puntos de revés a revés, una suerte que domina como pocos, Novak dibujó una primera manga de control en la que arrebató dos turnos de servicio a su rival.

Tras alcanzar la final rondando el 70% de puntos jugados con primer saque, Anderson vio caer la cifra hasta el 45% durante la manga inicial, una oportunidad que Djokovic abrazó con ambas manos para marcar diferencias amplias en el arranque del partido.

El jugador de Johannesburgo, asistido brevemente en su brazo derecho por el fisioterapeuta, buscó la reacción en un partido de ritmo frenético. Pero la velocidad de respuesta de Djokovic fue un arma afilada de principio a fin. Como en la primera manga, Novak quebró en el primer juego y pronto montó una ventaja de dos roturas (4-1), anulando cualquier atisbo de amenaza al otro lado de la red. Si el partido pedía velocidad de decisiones, Novak firmó una clase maestra al resto. El serbio aprovechó sus primeras cuatro oportunidades de rotura para dejar el partido casi sentenciado.

El mensaje sobre el césped fue claro: Anderson había perdido el servicio en 11 ocasiones en sus seis partidos previos en Londres. En algo menos de dos mangas, Djokovic fue capaz de hacerle saltar por los aires hasta cuatro turnos de saque. En una actuación clínica al resto, Novak firmó un 100% de efectividad (4/4) con una pelota de rotura entre las manos.

La autopista hacia la copa parecía un camino visible para Djokovic, admirado con veneración por la grada de la Centre Court. Sin embargo, el serbio se enzarzó en el set más igualado de la final ante Anderson, disputando una batalla de resistencia cuando el sudafricano elevó su nivel de saque. El duelo se equilibró de tal forma que Anderson cuestionó el dominio de Djokovic, forzado a levantar hasta cinco pelotas de set en el tramo final de la manga.

Tras dos dobles faltas cometidas en sendas situaciones de iguales con 4-5, el balcánico se situó sobre cuerda muy fina en Londres. Y la sangre fría llegó en el momento justo. Levantó la primera bola de set en un intercambio de vértigo, dejando una derecha en la línea antes de cerrar el punto con cautela en la red. Después, y con una poderosa derecha cruzada, evitó que Anderson apretase primero el gatillo.

Lejos de cejar en su empeño, Anderson llegó a generar otras tres pelotas de set con 5-6 – incluyendo un 15-40 que cortó el aire en Londres. En un juego de 12 puntos, la supervivencia de Djokovic se hizo patente para salvar cada situación camino del desempate. El balcánico logró mostrar una frialdad total ante el riesgo, haciendo que Anderson se estrellase ante una pared siempre que tuvo la rotura a un punto de distancia (0/7).

Tras sobrevivir a una presión infernal, y demostrando su amplia experiencia en situaciones límite, el serbio dominó por 7-3 el tiebreak para coronarse campeón ante la grada de Londres.

La victoria en Wimbledon sirve como trampolín para un Djokovic en ascenso. El serbio pasará del N° 21 al N° 10 mundial el lunes, firmando su regreso al Top 10 del Ranking ATP por primera vez desde noviembre de 2017.

Djokovic sobrevive a Nadal y pisa la Final.

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El serbio buscará su cuarta corona en el All England Club.

En una reanudación para la historia, Novak Djokovic encontró la fórmula para abrirse paso hasta su quinta Final de Wimbledon. El serbio, tres veces campeón en el All England Club, desmontó por 6-4, 3-6, 7-6(9), 3-6 y 10-8 en cinco horas y 17 minutos al español Rafael Nadal hasta avanzar a su 22ª final de Grand Slam, la primera de la categoría desde la temporada 2016. La cita del domingo ante el sudafricano Kevin Anderson es una consecuencia al esfuerzo del serbio, una reacción completada en condiciones atípicas sobre el verde inglés.

Aunque el sábado amaneció despejado y con más de 20 grados, el partido se mantuvo con la esencia del viernes: competir en la Centre Court con el techo sellado. La situación era clara en la reanudación: Djokovic manejaba dos mangas a uno a Nadal por un puesto en la Final de Londres.

Sin margen de error al regresar a pista, Nadal fue puesto a prueba sin piedad. El español atravesó un primer turno de servicio de 18 puntos, levantando dos pelotas de rotura antes de respirar. En un ambiente cargado de presión, el balear logró superar la reválida hasta montar un 3-0 sobre el balcánico, que reaccionó de inmediato para colocar el 3-3 en el marcador. Si la igualdad fue notable el viernes, la reanudación marcó un guión muy parecido.

En un partido donde remar a contracorriente fue ley, Nadal volvió a remangarse para desafiar a su rival. El español se plantó sobre la línea, zarandeó al serbio en el fondo y se hizo con los últimos tres juegos del set para igualar la batalla. La manera de alcanzar la manga definitiva fue todo un mensaje: levantó un 0-40, conectó un ace para sellar el set y acudió al banquillo sin dejar de apretar el puño.

Con la Final de un Grand Slam a un set de distancia, la mente fue un golpe de primer orden sobre el césped. Nadal y Djokovic se montaron en un ritmo notable al servicio, conservando sus turnos hasta el 3-3 con la calma de los elegidos. Si Novak dejó volar el revés para abrir la pista, Nadal empleó su saque zurdo hasta despejar cualquier duda.

La cercanía del abismo llevó el partido al límite al ambos lados de la red. El español levantó una pelota de rotura con 3-4 de manera heroica: anuló la amenaza con una dejada, y después cerró el juego con una derecha junto a la valla. Si el duelo pidió supervivencia, el balear respondió con hechuras. Tras el riesgo, la oportunidad: Nadal se situó con 4-4 15-40 sobre el servicio de Djokovic, valiente para levantar ambas opciones permitir siquiera el resto. Desde entonces ya no hubo tregua. Con el agua al cuello surgió una versión total de Nadal, que levantó un agónico 0-30 con la frialdad del hielo: tres servicios no devueltos por Djokovic y un ace colocaron el 5-5 en el marcador.

Como si de un combate de boxeo se tratara, el duelo apiló una montaña de asaltos. Djokovic resistió desde la lona, llegando a levantar tres pelotas de rotura en un juego de 16 puntos hasta situar el 8-7. En un delirio total, Nadal levantó la primera pelota de partido con una dejada que congeló Londres y mandó a Djokovic al césped. Una batalla en la que el balcánico asestó el golpe final, cerrando el duelo con 10-8 en el luminoso.

La cita por la historia esta servida: Djokovic buscará el domingo su 13ª copa individual de Grand Slam en el All England Club, un escenario clave durante su carrera para tomar la cima del ATP World Tour. El serbio, que entrará de lleno en la lucha por acceder a las ATP Finals en caso de coronar Londres, batalla por seguir construyendo su leyenda en el olimpo del deporte.

Murray reivindica su corona en Londres, campeón y Numero 1.

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Conquista el Masters Cup y el No. 1

Andy Murray y Novak Djokovic se citaban en el O2 Arena en una final para la historia. Había algo más que el título del Masters Cup en juego. El escocés tenía la posibilidad de demostrar sobre la pista que era el mejor jugador del mundo ante su máximo perseguidor, ante la raqueta que había lucido el No. 1 durante 122 semanas seguidas hasta que consiguió arrebatársela el pasado 7 de noviembre. Y así lo hizo. Murray se impuso 6-3, 6-4 en una hora y 43 minutos.

En su primera final en el torneo que reúne a los ocho mejores jugadores de la temporada, Murray se confirmó como el 17º jugador de la historia (desde que se contabilizó por primera vez en 1973) que logra finalizar en lo más alto de la clasificación. El británico se une a nombres de leyenda como el propio Djokovic, Roger Federer, Pete Sampras, Jimmy Connors, Ivan Lendl, John McEnroe, Rafael Nadal, Bjorn Borg, Andy Roddick, Lleyton Hewitt, Stefan Edberg, Gustavo Kuerten, Andre Agassi, Jim Courier, Mats Wilander e Ilie Nastase.

Murray puso el broche de oro a un 2016 de ensueño en el que concluye con 24 victorias consecutivas, un total de nueve títulos (su mejor marca en un mismo año): Roma, Queen’s, Wimbledon, Oro Olímpico en los Juegos de Río, Pekín, Shanghái, Viena, París-Bercy y Masters Cup. Además de finalizar como el mejor jugador del planeta por primera vez en su carrera.

La presión por la magnitud del botín en juego quedó reflejada desde el primer punto: Murray estrenó el encuentro con una doble falta. Al margen de la imprecisión inicial con su servicio, logró defenderse sin ceder una sola oportunidad de break durante todo el parcial. No obstante fue Djokovic quien, a pesar de resolver con éxito sus 8 primeros puntos con el saque, tuvo que afrontar las primeras 2 opciones de quiebre del encuentro en un juego que se prolongó durante nueve minutos antes de igualar 3-3.

El partido fue aumentando la temperatura y el No. 1 del mundo sintiéndose cada vez más cómodo, dominando con la derecha y moviendo al serbio, dibujando grandes ángulos para abrir la pista. Así trabajó su tercera oportunidad de break que no dejó escapar en el octavo juego (5-3).

Murray encontró la solidez en el servicio que necesitaba para no sufrir ante Djokovic, anotándose el 86% de los puntos con su primer saque, y resistió desde el fondo en los intercambios más largos para adjudicarse el set inicial (6-3) en 46 minutos. El de Belgrado firmó una extensa lista de errores con 11 no forzados.

El duelo número 35 frente a frente era suficiente para que Murray aprendiese la lección. Era el momento de hacer daño y tratar de cerrarle la puerta a Djokovic definitivamente. El escocés apretó en el resto, siguió tirando con profundidad hasta ir fabricándose nuevas oportunidades para romperle el servicio. Y a la cuarta encontró su premio (1-0).

El discípulo de Ivan Lendl hico una lectura perfecta de su rival y castigó con insistencia el que se destapó como el talón de Aquiles del serbio hasta entonces: el revés. Murray conservó un esquema táctico que le había garantizado éxito durante la primera hora del encuentro. Así llegó el tercer break en 9 oportunidades (4-1).

Djokovic sacó su orgullo de campeón herido para agarrarse al partido. El campeón de las últimas cuatro ediciones en Londres no estaba dispuesto a marcharse por la vía rápida y encadenó dos juegos seguidos, firmando su primer quiebre (4-3).

Pero este título llevaba grabado el nombre de Murray, que jugó con el hambre de ser el mejor del mundo, el campeón del Masters Cup. Un 84% de puntos con su primer servicio le permitió cerrar el partido.

Djokovic avanza a la Final soñada.

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El serbio supera a Kei Nishikori y luchará con Andy Murray por el título de Londres y por el No. 1 del mundo.

Este sábado se presentaron tres ganadores en el Masters Cup. Andy Murray, Novak Djokovic y los amantes del tenis que verán al británico y al serbio disputar el domingo uno de los partidos más promisorios en la historia de nuestro deporte. El O2 se convertirá en un ring y el trofeo servirá como faja de número uno del mundo.

Mientras Murray necesitó de tres horas y 38 minutos para eliminar a Milos Raonic en el partido más largo en la historia del torneo y de toda la temporada, Djokovic empezó ganando de piernas la final del domingo luego de superar 6-1, 6-1 en una hora y seis minutos a Kei Nishikori. Contundencia. Ahorro de energía.

El japonés pareció empezar jugando el mismo partido que terminó perdiendo ante Marin Cilic en la última jornada de la fase de grupos. Errático, sin poder sostener peloteos largos. Luego de 35 minutos, 10 tiros ganadores y tres rupturas, el serbio se llevó el primer set en coproducción con el asiático, que cometió 13 errores no forzados y no pudo ganar ningún game con su servicio.

El serbio sumó así su séptimo set ganado de forma consecutiva en el torneo y se acercaba a su décima victoria seguida sobre Nishikori. Y en la segunda parte no bajó las revoluciones de su maquinaria. Ganó los dos primeros saques de Kei y no volvió a ver hacia atrás. Incluso completó su tercer quiebre de la manga en el último game del partido.

Fue una aplanadora. Conectó 14 tiros ganadores, cometió 12 errores no forzados (contra 24 del rival), ganó el 100% de los puntos en la red (9/9) y perdió 36 de 99 puntos en el partido. No pudo ser más perfecta su presentación de este sábado.

Con esta victoria avanza por sexta ocasión a la final en la historia de este torneo y buscará conseguir su quinto título consecutivo en el O2 Arena. Para ello deberá derrotar al local Andy Murray en el partido No. 35 entre los dos. El serbio lidera 24-10 el récord entre ambos.

En 17 ocasiones se han visto en finales y ‘Nole’ se ha impuesto en 10, incluyendo la última vez en el partido definitivo de Roland Garros 2016. Este domingo tendrá la posibilidad de recuperar el terreno perdido ante el británico.

Si lo vence terminará por tercer año seguido como No. 1 (quinto en total). Pero si pierde, Murray se convertirá en el tenista No. 17 en acabar una temporada liderando el Ranking ATP. Por primera vez en la historia el trono del escalafón lo definirá el partido definitivo del Masters Cup.

Final soñada, emoción garantizada. Los amantes al buen tenis y al espectáculo van a ser los mayores beneficiados.

Bautista destrona a Djokovic en Shanghai.

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El español disputará su primera final en un ATP Masters 1000.

Un nivel excelso y una buena dosis de confianza fueron las claves para que Roberto Bautista Agut escribiese una de las páginas más brillantes de su carrera. No sólo por protagonizar su primera victoria frente a un número uno del mundo, también por cerrar su pase a la primera final de un ATP Masters 1000. Y es que el español superó en semifinal de Shanghai a Novak Djokovic por 6-4, 6-4 en una hora y 48 minutos.

Bautista aparecía en la segunda semifinal de su carrera en un ATP Masters 1000, después de hacer lo propio en el Madrid Open 2014 (p. con Rafael Nadal). Esta vez en Shanghái consiguió colarse en la final más importante de su trayectoria profesional y acabar con un Head2Head aplastante de Djokovic que hasta ahora lucía un 0-5.

El mérito del español reside también en poner punto y final a una racha de Djokovic de 21 victorias en sus últimos 22 partidos en Shanghái desde 2012 hasta este sábado. Y es que desde entonces, el principal cabeza de serie sólo había cedido en este torneo frente a Roger Federer en las semifinales de 2014.

Djokovic saltó a la pista olvidando las dudas ante Mischa Zverev en cuartos de final, donde estuvo cerca de despedirse antes de tiempo del torneo asiático. El serbio, sublime con su servicio en el inicio, se adjudicó los 8 primeros puntos con su saque. Mientras tanto, Bautista sufría para mantener el servicio e incluso tuvo que salvar dos puntos de break en el noveno juego.

El español conservó su saque y con 5-4 restó para cerrar el primer set. No dejó escapar la oportunidad. Más agresivo que nunca dio con la fórmula para empujar a Djokovic detrás de la línea y moverle de lado a lado. Incluso la suerte le acompañó con 30-30 para encontrar su primera opción de quiebre en forma de punto de set. Tras un largo intercambio, el de Belgrado acabó enviando la bola al pasillo (6-4).

Concentrado, el castellonense no cedió ante el empuje del discípulo de Marian Vajda que trató de recuperar el terreno perdido por la vía rápida desde el inicio del segundo set. Sin embargo, Bautista logró contener la versión más agresiva de Djokovic en el quinto juego que buscó insistentemente la bola de break. Pero el español puso en liza su capacidad de sacrificio para resistir los dardos de su rival (3-2).

Las fuerzas de Djokovic parecieron esfumarse después de la alta intensidad en el resto. Una doble falta concedió la primera opción de break de la manga a Bautista, que no pudo aprovecharla en un cara a cara en la red. La insistencia del español acabó con dos errores del serbio sin superar la cinta y el buscado quiebre (4-2).

El partido giró en una ruleta de riesgo, donde los restos se impusieron a los saques. Después de tres puntos de break, Djokovic recortó distancias (4-3), pero sólo un juego después, Bautista devolvió la moneda (5-3) convirtiendo la tercera opción de break de cuatro en el duelo.

Cuando el No. 19 del Ranking ATP se disponía a cerrar el encuentro con su servicio, Djokovic sacó a relucir su mejor repertorio salvando hasta tres bolas de partido, con un resto paralelo ganador, una volea perfecta y otra derecha ganadora más (5-4). Pero en la dictadura de los restos, Bautista volvió a dar un golpe sobre la mesa y con un passing de derecha materializó la victoria.

Djokovic, séptima Final en Miami.

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El número uno del mundo supera en un duro encuentro a Goffin y buscará igualar el récord de seis coronas en Miami, que pertenece a Agassi.

La final como rutina. O eso hace pensar el incansable número uno del mundo cada semana. Novak Djokovic, cinco veces campeón del Miami Open, se clasificó para la final en Crandon Park después de superar en la semifinal al belga David Goffin en un cerrado encuentro que se estiró por dos horas y 5 minutos. Una auténtica batalla que terminó con un 7-6 (5) y 6-4 en el marcador.

De esta manera, Djokovic alcanza su séptima final en el segundo Masters 1000 del año, donde persigue una marca más: igualar las seis coronas, récord absoluto del torneo, de Andre Agassi, al que además empataría en la estadística de tricampeón en años consecutivos de hacerse con el trofeo.

Goffin fue un correoso rival que llevó al límite al serbio, que fue de menos a más en el choque. Ya de inicio, Djokovic tuvo que salvar tres bolas de break en un game inicial de seis minutos. Fue el preludio de un combate sin cuartel. Hora y cuarto duró la primera manga, decidida en una muerte súbita llena de intriga, donde el belga dudó en un smash con 4-4 que le hubiera dado la opción de cerrar el parcial desde su raqueta.

Sin embargo, fue el número uno quien -pese al calor infernal- se anotó el set. Antes tuvo que neutralizar un quiebre de Goffin, que primero preservó su servicio en un eterno sexto juego de once minutos para después romper el saque de Nole. El cabeza de serie número 15 se encontró con la reacción del primer sembrado, que contrarrestó de manera inmediata, devolviendo el break.

Aprendiendo de la tendencia del set inicial, Djokovic optó apretar el acelerador, siendo más agresivo al resto. Así, en el séptimo juego, rompió de nuevo a Goffin y ya no dejó escapar la victoria, que cerró con 20 golpes ganadores en el contador, cinco menos que el belga.

Campeón ya del Open de Indian Wells (v. a Milos Raonic) y poseedor de un apabullante 27-1 este 2016, el de Belgrado no cae en Miami desde que en 2013 perdiera en cuarta ronda ante Tommy Haas. Colíder de la lista de jugadores con más ATP World Tour Masters 1000 (27 hasta la fecha, los mismos que Rafael Nadal), Djokovic tratará de quedarse en solitario en su undécima final consecutiva de un torneo de esta categoría. Con férrea resistencia.

Djokovic se lleva Indian Wells e iguala a Nadal en títulos de Masters 1000.

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El balcánico alcanza en California los 27 títulos de categoría Masters 1000.

Una cita con la historia para el número 1 del Ranking ATP. Novak Djokovic coronó Indian Wells al superar al canadiense Milos Raonic por 6-2 6-0 y marcó con mayor fuerza su nombre al frente del tenis masculino. El serbio, destacado líder del ATP World Tour en la actualidad, dejó varios registros a su nombre al reinar en el Valle de Coachella: alcanzó los 27 títulos en eventos de categoría Masters 1000, igualando el récord ostentado hasta ahora en solitario por Rafael Nadal; ganó su tercera corona consecutiva en California, un logro únicamente firmado por Roger Federer con anterioridad; y se proclamó pentacampeón en Palm Springs (2008, 2011, 2014, 2015, 2016), algo sin precedentes en el circuito y representativo de la dimensión alcanzada.

El balcánico, que ha dominado ocho de los últimos 10 torneos de categoría Masters 1000 en los que ha participado, planteó un partido de ambición para sumar una nueva corona. En apenas unos minutos logró colocar el 4-0 en el marcador, situando una dinámica de dominio permanente en el partido. El de Belgrado castigó con fuerza el segundo servicio de su rival (13 de 16 puntos ganados) para sellar la primera manga con comodidad sin llegar a encarar una pelota de quiebre.

La carrera hacia la copa se produjo en línea recta. Con la final inclinada a su favor, Djokovic logró mantener la intensidad en la devolución. El balcánico gobernó los tres turnos de servicio de Raonic en el segundo set, asestó el primer 6-0 en la rivalidad y abrazó la victoria para mantener implacable su balance en los enfrentamientos directos ante el de Podgorica (6-0).

En el legado de Novak Djokovic la toma de Indian Wells fue también la consecución de su título número 62 en el circuito. Un mérito que le permite alcanzar la novena posición histórica durante la Era Abierta en número de conquistas, quedando en paridad con el argentino Guillermo Vilas y a dos cetros de igualar las 64 coronas del sueco Bjorn Borg y al estadounidense Pete Sampras.

Para Milos Raonic fue una aproximación en su intento por coronar el torneo más importante de su trayectoria en el ATP World Tour. Así, y tras quedar a un paso de la copa en Indian Wells, el canadiense ha cedido las tres finales de categoría Masters 1000 disputadas hasta la fecha en su carrera, sumando la experiencia californiana a las entregadas en la Rogers Cup de Montreal en la temporada 2013 (d. ante Rafael Nadal) y, posteriormente, bajo la cubierta del BNP Paribas Masters de París-Bercy en 2014 (d. ante Novak Djokovic).

Ahora, y tras domar el primer Masters 1000 de la temporada, Novak Djokovic mantiene un rumbo en línea recta al frente del circuito masculino. Con una misión evidente: acudir a las pistas de Crandon Park y tratar de revalidar en Miami un torneo que hizo propio durante las últimas dos temporadas.

Djokovic vence a Nadal y buscará su quinto título en Indian Wells.

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Su rival en el partido definitivo será Milos Raonic.

Novak Djokovic se clasificó para la gran final tras superar en un gran partido por 7-6(5), 6-2 a Rafael Nadal en una hora y 58 minutos.

Djokovic lidera ahora 25-23 los enfrentamientos ante el español y ha ganado los últimos seis encuentros (diez de los últimos 11). La última victoria de Nadal llegó en la final de Roland Garros 2014. Djokovic también aumentó su ventaja a 18-7 en pistas duras, ganando las últimas siete veces desde que el español ganara la final del US Open 2013.

El serbio, número 1 ATP, salvó un punto de set y resistió la gran perseverancia y lucha de Nadal para quedarse con la primera manga de su partido de semifinales en Indian Wells.

En el segundo parcial, Djokovic logró quebrar el saque de su rival en el sexto y octavo game para conseguir su paso a la final.  El serbio ha ganado sus últimos 16 encuentros aquí desde que perdiera en la semifinal de 2013 (p. ante del Potro). Nadal aparecía en las semifinales por novena vez en 12 visitas y luchaba por su cuarto título (2007, ’09, ’13). El español también buscaba la final No. 100 de singles en su carrera (67-32).

Esta era la cuarta vez que se encontraban estos dos tenistas en Indian Wells (Djokovic lidera ahora 3-1). Nadal, que no le gana un set a Djokovic desde Roland Garros 2014, ganó la final de 2007 antes de que Djokovic prevaleciera en la semifinal de 2008 y la final de 2011. Djokovic, que está empatado con Roger Federer con cuatro títulos de Indian Wells en su carrera, intenta convertirse en primer ganador de este en cinco ocasiones (2008, ’11, ’14-15).

Su rival en la final será el canadiense Milos Raonic, quien a primera hora superó al belga David Goffin por 6-3, 3-6, 6-3.

Djokovic gana su sexto Open de Australia en la Final a Murray.

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Gana a Andy Murray la final por 6-1, 7-5 y 7-6 (3) y logra su sexto título en Melbourne, tantos como Emerson. Sigue con su tiranía y ya acumula once Grand Slams.

En las antípodas, y en cualquier rincón del planeta, triunfa Novak Djokovic, un tirano del tenis que va camino de la eternidad, tan brutal su superioridad en estos momentos que cabe pensar en un diluvio de récords y estadísticas imposibles. El serbio, a su manera, se ha llevado el Abierto de Australia y ya tiene seis, los mismos que acumuló Roy Emerson en tenis de blanco y negro. Además, son 11 grandes en la mochila y tiemblan Roger Federer (17) y Rafa Nadal (14), que ven cómo se les acerca un animal. En dos horas y 52 minutos, Djokovic redujo a a Andy Murray por 6-1, 7-5 y 7-6 (3). Es un campeón sin fisuras.

La final la juegan el número uno contra el dos, aunque hay una distancia sideral entre ambos. Y que conste que en el primer juego Murray tiene bola de rotura a su favor, pero la ansiedad le saluda y se lo lleva por delante. Sin saber muy bien cómo, en un periquete el partido está roto con un 5-0 inapelable para el balcánico, que sin hacer nada del otro mundo tiene la situación bajo control. A Murray ya solo le queda dignificar su nombre para evitar un rosco sonrojante y Djokovic puede presumir de haber firmado un 6-1 ante Nadal, Federer y el escocés en este primer mes de 2016. Es un dato más, pero no es ninguna tontería.

La grada, plagada de banderas serbias, quiere más batalla, pero Murray no parece tener las armas necesarias como para estirar el duelo. Se le ve atosigado y falto de fuerzas, delatado por ese repertorio de gritos y muecastan habitual cuando la cosa está torcida. Se siente menor y busca una mirada en su palco, pero Amelie Mauresmo, su entrenadora, tampoco sabe muy bien qué decir. Simplemente, se trata de aguantar el chaparrón.

A Murray le pasa básicamente lo que le pasa al resto cuando enfrente está Djokovic. Hoy en día, el tenis se ha convertido en el deporte más previsible que hay porque siempre gana el mismo y encima, salvo en contadas ocasiones, lo hace arrollando, también en la final de un Grand Slam ante un oponente con tanto nombre. Además, da la sensación de no inmutarse y lo hace todo perfecto, un martillo pilón que repite automatismos como si nada.

Y de ahí que Djokovic, pese a su grandeza, no genere tanto entusiasmo como otras leyendas. Federer enamoró, y lo sigue haciendo, por su manera de entender el tenis, tan plástica y bella la ejecución. Nadal aportó una dosis de épica en cada triunfo, capaz de subir montañas imposibles. Y Djokovic, al que no hay que restarle ni una pizca de mérito, ha perfeccionado el deporte con un juego sólido y limpio, pero no emociona tanto.

La final de Australia, quién sabe, cambió en ese primer juego, la única vez en la que Murray pudo tomar la delantera. En media hora entendió que necesitaba mucho más y se flageló a grito pelado, puede que de manera exagerada. «¡Es el peor partido que he jugado en mi vida!», bramó. No se puede decir que fuera del todo cierto, pero sirve esa reflexión en voz alta del británico para entender cómo se puede sentir uno ante Djokovic, que le volvió a derrotar en la lucha por la gloria de Melbourne. Y ya son cuatro.

Y eso que Murray tuvo un tímido despertar en la segunda manga, mejorado y en línea ascendente para beneficiarse del sesteo del serbio. Se sucedieron las roturas y el británico fue capaz de volver cuando parecía sentenciado, pero en el undécimo juego se enredó y perdió un eterno intercambio de 36 golpes, penalizado una vez más por un error con el revés. Break para Djokovic y set al juego siguiente pese a cometer dos doble faltas consecutivas. Hasta así gana Djokovic, disparado después de llevarse un segundo parcial larguísimo (80 minutos).

Ese segundo set parecía el único salvavidas para Murray que no tuvo fuerzas para cogerlo. Para colmo, nada más empezar el tercero se produjo otro break a favor de Djokovic, aunque se le esfumó la renta y tuvo que remar para finiquitar la faena en la muerte súbita. Hubo más nivel y puntos disputados, algo de emoción para compensar ese desnivelado prólogo. Con todo, el balcánico se serenó en el juego decisivo (Murray empezó con doble falta y realizó otra más) y acabó festejando un nuevo éxito. Firmó un 2015 memorable (11 trofeos, tres de ellos grandes, seis Masters 1.000 y la Copa de Maestros) y 2016 ha empezado todavía mejor, campeón en Doha y también en Australia. Son 61 títulos en su carrera, más puntos para afianzarse en el ático del tenis y un aviso para el resto. Esta es la era de Djokovic y nadie está en condiciones de discutirle el trono. Nunca se vio a un campeón así, nunca hubo un jugador tan superior.

Open Australia: Djokovic se deshace de Federer en Semifinal.

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El serbio Novak Djokovic, defensor del título, se adueñó de una plaza en la final del Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada que se está disputando en Melbourne, al superar este jueves al suizo Roger Federer, por 6-1, 6-2, 3-6 y 6-3.

En dos horas y 20 minutos certificó su quinta presencia consecutiva en la final de un grande el primer cabeza de serie, campeón el pasado año de Wimbledon y de los Abiertos de Australia y los Estados Unidos y subcampeón de Roland Garros, torneo que todavía se le resiste.

Bajo un cielo parcialmente nublado y una temperatura de 25 grados centígrados saltaron Djokovic y Federer al cemento azul del Rod Laver Arena. El actual dominador del circuito masculino y el jugador con más Grand Slams -17- de la Era Open se citaron por cuadragésima quinta vez desde 2006 para quebrar la igualdad que entre ellos estipuló el resultado de los duelos precedentes.

El rendimiento de uno y otro, sin embargo, fue hoy desigual en el arranque: un Djokovic pletórico se midió con un Federer disminuido, superado en todas las facetas por el cinco veces campeón del torneo.

El jugador de Belgrado, de 28 años y poseedor de diez major, llevó el duelo adonde quiso y desde el fondo de la pista construyó un triunfo que supondrá su decimonovena aparición en la final de un Grand Slam. El británico Andy Murray o el canadiense Milos Raonic, quienes mañana protagonizarán la otra semifinal, será su adversario en el definitivo encuentro por el trofeo.

Sin atisbos del mejor Federer, el suizo acumuló sobre todo números negativos. Doce errores no forzados y apenas once puntos ganados, seis de ellos con golpes ganadores, explican el 6-1 que encajó en la primera manga.

El exnúmero uno del mundo, de 34 años, se vio no solo sometido al resto sino también con su servicio y, sin el golpe que le permite solventar en muchas ocasiones situaciones incómodas, luchó igualmente desarmado en el segundo set. Por 6-2 se anotó Nole ese parcial.

Con solo 54 minutos de disputa sobre sus piernas, el serbio encaró el tercer set con la determinación de quien se sabe superior. No en vano, se mantiene invicto en 2016 tras su triunfo en Doha y desde el 1 de enero de 2015 cuenta con solo seis tropiezos.

Federer, responsable de tres de ellos, se rebeló contra la derrota, multiplicó sus aproximaciones a la red y soñó con la remontada tras romper el saque de Djokovic en el sexto juego. Ese quiebre le acabó por entregar la manga (3-6).

El cierre del techo, motivado por la lluvia, interrumpió momentáneamente la semifinal. Un paréntesis que precipitó la recuperación de Djokovic, menos descansado que el suizo.

En su camino hacia este compromiso, el serbio empleó 12 horas y 35 minutos. Federer, en cambio, 9 horas y 9 minutos.

En el octavo juego del cuarto set dinamitó definitivamente el partido el dominador del circuito masculino. Tomó una ventaja de 5-3 tras sumar al resto y avistó su sexta final en Melbourne Park, escenario que conquistó en 2008, 2011, 2012, 2013 y 2015.

Un título más, el número 61 de su carrera, persigue Djokovic en la vigente edición del Abierto de Australia.