GP Estados Unidos: Lewis Hamilton, Campeón del Mundo de F1 por sexta vez.

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Bottas se impuso ante Lewis, que aprovechó la enésima tragedia de Ferrari para celebrar desde el podio su título en Estados Unidos.

Lewis Hamilton lo volvió a hacer. Ya es Campeón del Mundo por sexta vez. El inglés, se coronó el Domingo en el GP de Estados Unidos de F1 para colocarse a un solo cetro del récord de 7 que posee Michael Schumacher. Otro título más para un campeón en mayúsculas, como dejó claro en la pista con su ambición e ímpetu. Le bastaba con ser octavo para levantar un nuevo Mundial, pero nada de eso. Conformarse no estaba en sus planes. Fue a por todas en busca de poder celebrar la continuidad de su reinado desde lo más alto del podio. Aunque finalmente, su ambición y pelea no se vio premiada. Lewis fue segundo y no pudo hacer nada para evitar el triunfo de un gran Bottas, que pasó al campeón a falta de 3 giros al viajar con gomas nuevas. El inglés no pudo coronarse con triunfo, pero lo hizo batallando, como mejor sabe, peleando por todo, terminando segundo por delante de Verstappen (3º) y por detrás de un Valtteri que pese a perder el Mundial, pudo hacerlo con una sonrisa.

La lograda el Domingo es la quinta corona para el de Stevenage en los últimos 6 años, un piloto que se ha encontrado en el lugar adecuado, Mercedes, en el momento adecuado, en la era híbrida, y ha sido el que mejor ha rentabilizado la superioridad de su Mercedes respecto al resto desde 2014 con la única excepción del Mundial perdido ante Rosberg en 2016. Pero con Bottas a su lado, Hamilton no ha fallado. Tres de tres desde entonces para el británico de 34 años, que junto al mejor equipo, aquel que nunca falla, con un compañero que sabe respetarle y escudarle cuando es necesario, y con un coche que es el más rápido y a la vez fiable, volvió a imponer su ley.

Si alguien dudaba de que iba a ir a por todas, el británico despejó cualquier interrogante en la primera vuelta, cuando ya era tercero salió decidido en hacerlo a lo grande. En las primeras curvas ya era tercero aprovechando la enésima catástrofe de Ferrari, otro ejemplo más de lo que ha sido esta temporada para unos y para otros.

Leclerc no tuvo opciones por el mal ritmo de su coche. Y Vettel decía adiós en la vuelta 8 al destrozar la suspensión trasera derecha por un bache. Otro ejemplo más de lo lejos que todavía está Ferrari de un Mercedes que nunca se equivoca. Los de Maranello suman innumerables errores carrera a carrera. Una vez por pilotos, otra por estrategia, otras por fiabilidad. Ni con la mejora aerodinámica y de potencia mostrada tras el parón veraniego les han servido. Y es que en esto de la F1 no solo vale con hacer un coche rápido, tiene que ser fiable y el equipo debe tomar siempre las decisiones correctas. En Mercedes lo hacen, y en Ferrari no. Es así de sencillo.

Así, con un ritmo superior, los dos Mercedes batallaron por todo con el Red Bull de Verstappen, su principal oponente el Domingo. Hamilton, que era tercero, optaría por una estrategia de una parada y los otros dos aspirantes irían a dos. Bonita batalla estratégica en la que Lewis volvió a mostrar la picardía de campeón. Tras la primera parada de Bottas, el equipo de Brackley llamaba a Lewis a boxes. Y con todo su equipo preparado en el pit lane, Hamilton sorprendió a todos diciendo: “voy a alargar”. Sabía que si molestaba un poco a Bottas podía tener opciones de ganarle. Valtteri debía pasarle para no perder tiempo en su estrategia y no tardó en hacerlo, pero consciente de que su compañero, ni con el título en el bolsillo, le iba a dejar las cosas fáciles.

Tras la segunda parada de Bottas y VerstappenHamilton era líder con 9”8 de ventaja sobre su compañero. Debía aguantar 21 vueltas más con los neumáticos duros, gestionándolos, pero a su vez, siendo muy constante en los tiempos. Difícil papeleta para el campeón, que perseguía una victoria heroica para un día inolvidable. Pero las cosas se le complicaban. En Mercedes le proponían entonces una alternativa: dudaban que los neumáticos aguantaran y le proponían a Hamilton parar de nuevo para luchar por la segunda posición con Verstappen, ya no por la victoria. Ahí, debió producirse un cortocircuito en la cabeza de Lewis. Ni contestó. Y posiblemente ni se lo planteó. No ganar nunca puede estar en sus planes y decidió seguir adelante a por la épica.

Bottas se estaba acercando cada vez más y a falta de 10 giros, el nórdico estaba a solo 2”5 del que iba a ser campeón. Y a falta de 5, Hamilton se defendió en el cuerpo a cuerpo, como si no estuviera en juego ningún título, dejando a Bottas sin más opciones que irse por fuera. Pero lo iba a volver a intentar y a falta de 3 giros Valtteri le pasaba sin problemas. Le pudo la ambición a Lewis, que en la pelea con su compañero, por lo imposible, se había quedado sin gomas y se encontraba con otro problema: Verstappen estaba a 3 segundos y le alcanzó en la penúltima vuelta. El correoso holandés, con mejores gomas, lo iba a intentar seguro en el último giro.

Inglaterra 12-32 Sudafrica: Los Springboks ganan el Mundial a la Rosa en una Final casi perfecta.

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Tercer título del equipo sudafricano.

Sudáfrica es el nuevo Campeón del Mundo. En un intenso partido venció a Inglaterra 12-32 (ensayos 0-2) en la Final de la Rugby World Cup Japón 2019, y se consagró campeón por tercera vez en su historia. Curiosamente, los Boks son campeones cada 12 años (1995, 2007, 2019) y rompieron con la maldición que decía que quien ganaba el Rugby Championship no ganaba el Mundial ese año. Otra curiosidad es que Sudáfrica marcó su primer ensayo en una Final del Mundial. Las otras 2 las había ganado con penales y drops.

Sudáfrica salió a atacar desde la patada inicial y consiguió un penal antes de cumplirse el primer minuto, aunque Handré Pollard no pudo sumar. En el minuto dos, Kyle Sinckler fue a placar a Mapimpi y chocó su cabeza contra la cadera del sudafricano. Se detuvo el juego para atenderlo y tras unos minutos salió caminando, pero no volvió a la cancha y fue reemplazado por Dan Cole.

Sudáfrica mostraba superioridad en las melés y se la hacía sentir a Inglaterra. Siguieron en campo inglés y obtuvo otro penal que esta vez sí convirtió Pollard a los nueve minutos. Recién pasados los 20, Inglaterra pudo cruzar la mitad de cancha y en esa jugada Sudáfrica sufrió las lesiones de Mbonambi De Jager (ambos reemplazados), y llegó el primer penal para los de La Rosa, con los primeros tres puntos gracias a Owen Farrell.

Los Boks volvieron al campo inglés por un rato y se fueron con tres puntos más sumados por Pollard. Inglaterra respondió con un tremendo ataque de varias fases en las que intentó imponer la fuerza de choque de los hermanos Vunipola, de Lawes, de Tuilagi, siempre rechazados por la defensa sudafricana incluso sobre la línea de ensayo. La jugada se diluyó cuando abrieron hacia la derecha para jugar con los tres cuartos, y retrocedieron metros. El árbitro decidió volver a un penal anterior y Owen Farrell empató. Sudáfrica volvió otra vez a campo inglés aprovechando su fuerza, y algunos errores permitieron al pie de Pollard poner el 6-12 al descanso.

El segundo tiempo fue un poco más parejo, sobre todo con el ingreso de Colin Slade por George Ford , que no estuvo fino en la conducción. Con un intercambio de penales el marcador se puso 12-18 para los Boks hasta que en el minuto 24, sobre la izquierda se escapó Makazole Mapimpi, pateó a la carrera para que la tomara Lukhanyo Am que lo acompañaba y tras romper su marca la devolvió para que Makazole Mapimpi apoye el primer ensayo de Sudáfrica en una Final del Mundial.

Sudáfrica comenzaba a sentirse campeón y remató faltando siete minutos, con Cheslin Kolbe por la derecha en una jugada individual en la que se sacó la marca de encima y corrió para apoyar el segundo ensayo, que sería el cierre del marcador. Sudáfrica festeja por tercera vez e iguala los tres títulos All Blacks. La Webb Ellis se queda en el Sur.

GP Tailandia: Márquez se corona campeón por la puerta grande.

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El de Cervera logra su sexto título mundial al conquistar una emocionante carrera en Buriram sobre Quartararo y Viñales.

Marc Márquez lo ha vuelto a hacer. El de Cervera ya es seis veces campeón del Mundo después de cumplir con los pronósticos el Domingo en el Circuito Internacional de Chang. El ’93’ lo consiguió, además, por la puerta grande, al llevarse un triunfo agónico sobre un Fabio Quartararo que tendrá que esperar para firmar su primera victoria.

Marc se adjudicó un preciado triunfo por delante del rookie francés y de un Maverick Viñales que volvió a repetir podio sin tener que preocuparse de Andrea Dovizioso. Pese a partir con la idea de aplazar el alirón de Márquez, el italiano no pudo seguir el ritmo de los más rápidos y deberá centrarse en la lucha por el subcampeonato con permiso de Álex Rins.

La carrera más decisiva del año arrancó con sorpresa por parte de Jack Miller, que se vio obligado a pasar por el box para partir desde el pitlane. Una auténtica lástima después del ritmo acreditado durante el fin de semana. La salida de Márquez fue impecable, logrando adelantar a Viñales para seguir rápidamente la estela del ‘poleman’ Quartararo.

Tras ellos irrumpiría con fuerza Dovizioso, al colocarse 4º después de ganar 3 posiciones. Márquez, por su parte, sufriría un pequeño susto al colarse después de haber superado a Quartararo en primera instancia. ‘El Diablo’, que vuelve a contar con 500 revoluciones más en su M1, aprovechó la circunstancia para recuperar la posición y apuntalar su liderazgo en Buriram.

La emoción también se haría notar por detrás de la cabeza de carrera, con Valentino Rossi batallando con las dos Suzuki pilotadas por Joan Mir Álex Rins. El que se quedaría fuera rápidamente sería Mika Kallio, candidato a seguir en Red Bull KTM Factory Racing el próximo año, al irse al suelo en la curva 8 durante la quinta vuelta.

Llegados a la octava vuelta, la ventaja de Quartararo Márquez sobre Viñales ascendía ya a más de 2 segundos. Todo apuntaba a un nuevo duelo vibrante como el que ambos nos brindaron en Misano. Al mismo tiempo, ‘Dovi’ tenía serios problemas para alcanzar a Viñales. Las opciones de podio del piloto de Forlí se complicaban de forma importante, mientras era encimado por su compatriota Franco Morbidelli.

Un par de vueltas más tarde, la novedad en cabeza vendría por el acelerón de ‘El Diablo’, que trataría de tomar aire respecto a Márquez, abriendo una pequeña brecha de 7 décimas entre ambos. Sin embargo, el rookie de Niza no conseguiría consolidar dicha ventaja debido, en buena medida, a la necesidad de conservar el neumático trasero y a la mayor potencia de la RC213V en las rectas.

Varias vueltas después, llegaría el momento de que se girasen las tornas, cuando el de Cervera apretó los dientes para asediar de lleno a un piloto que, según él mismo aseguró en la rueda de prensa del Jueves, será el próximo año un serio candidato al título de 2020 por derecho propio. Con todo aún por decidir en Buriram, Márquez buscaba repetir un guion similar al de Misano. ¿Volvería a decidirse todo en la última vuelta?

Tras ellos emergía con fuerza de forma paulatina un Rins que había partido 10º. El catalán, cuyo objetivo hasta final de año pasa por acechar la segunda plaza de la general que ostenta Dovizioso, se colocaba 5º tras superar a Morbidelli. La Desmosedici GP de ‘Dovi’ asomaba por el horizonte, aunque el objetivo de darle caza se confirmaría prácticamente como una quimera con el paso de las vueltas.

Faltaban 10 vueltas para el final y la hoja de ruta estaba muy definida. Sin embargo, a diferencia del precedente de San Marino, Márquez trataría de hacer los deberes antes de hora. El de Cervera lo intentaría una y otra vez en la frenada de la curva 3, pero Quartararo conseguiría desquitarse una y otra vez tirando de talento y pundonor.

Por detrás, la noticia negativa la daría Aleix Espargaró al verse obligado a abandonar por problemas mecánicos después de haber estado peleando por el Top 10. Después de llegar a Buriram con la motivación de prolongar el ‘feeling’ positivo de Aragón, el mayor de los Espargaró se quedó sin premio pese a haber conseguido el objetivo de colarse en la Q2 el Sábado.

Con el paso de las vueltas el mano a mano entre Quartararo Márquez incrementaría su intensidad, mientras Rins trataba de forma infructuosa de acechar a ‘Dovi’. A falta de 4 vueltas, Marc daría uno de sus primeros golpes, al intentar pasar a su rival protagonizando, eso sí, una nueva colada de la que conseguiría reponerse rápidamente, emplazando el desenlace a la última vuelta. Una vez más.

Tras el penúltimo paso por línea de meta, Marc conseguiría rubricar su adelantamiento después de una fabulosa maniobra por el exterior, en la que haría valer la mayor potencia de la HondaQuartararo, pese al mazazo, pelearía hasta el final, llegando a pasar al líder en el último giro, pero Márquez, tirando de veteranía, recuperaría la posición para cruzar la línea de meta en cabeza y proclamarse campeón con victoria como ya hiciera en Japón 2016.

Con su noveno triunfo en 2019, Márquez acumula ya 325 puntos, elevando su ventaja sobre ‘Dovi’ (215) hasta los 110 puntos, certificando su título a falta de 4 Grandes Premios y 100 puntos por disputar. La tercera plaza es para un Rins (167) que sigue centrado en dar caza al italiano, pese a la diferencia de 48 puntos que separa a ambos. Viñales, con 163 puntos, se mantiene a 4 de Rins y 1 por encima de Petrucci (162), mientras que Rossi (145) comienza a ver amenazada su sexta plaza por el empuje de Quartararo (143).

Medvedev gana su primer Masters 1000 en Cincinnati.

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Medvedev se convierte en el tercer campeón primerizo de la temporada a nivel ATP Masters 1000.

Daniil Medvedev consiguió muchos triunfos el Domingo en el Western & Southern Open. Tras batir a David Goffin por 7-6(3) y 6-4 en una hora y 39 minutos, el ruso de 23 años se convirtió en el campeón más joven del torneo desde Andy Murray en 2008. Y también se transformó en el noveno campeón primerizo en Masters 1000 en los últimos 21 torneos de la categoría.

Gracias a su triunfo, el ATP Tour llega a tres temporadas consecutivas con al menos tres campeones primerizos de la categoría, algo que no ocurría desde 1999. En el presente curso también estrenaron su palmarés en Masters 1000 Dominic Thiem (Indian Wells) y Fabio Fognini (Montecarlo). Mientras que en 2018 y 2017 lo consiguieron Juan Martín del Potro (Indian Wells), John Isner (Miami), Karen Khachanov (París), Alexander Zverev (Roma), Grigor Dimitrov (Cincinnati) y Jack Sock (París).

La victoria de Medvedev significa también que ahora ya hay cinco rusos campeones de al menos un torneo de esta categoría. Medvedev iguala a Safin (5), Davydenko (3), Chesnokov (2), Khachanov (1); y hace que Rusia se convierta en el sexto país con al menos 12 títulos de la categoría, después de España (54), Estados Unidos (48), Serbia (33), Suiza (29) y el Reino Unido (16).

Pero lo más importante a nivel personal para Medvedev luego de dejar en 2-1 su historial con Goffin, quien estaba debutando en una Final Masters 1000, es que garantiza irrumpir por primera vez en el Top-5 del Ranking ATP. Un ruso no lo conseguía desde Nikolay Davydenko en la semana del 28 de junio del 2010. Medvedev consigue mejorar su marca personal en el Ranking ATP por séptima vez en el año, luego de que en 2018 a esta altura de la temporada ocupaba el puesto N° 56.

De manera que Medvedev corona la mejor semana de su carrera, no solo por estos logros, sino por la forma de conseguirlos. El ruso conectó más de 50 aces en el torneo y perdió apenas un set en el camino (contra Djokovic en Semifinal). Además, el Domingo siguió creyendo a pesar de desaprovechar la ventaja de un quiebre en la primera manga y de empezar el tie-break con mini-quiebre abajo.

En el segundo set no desperdició la ruptura en el primer game y supo administrar la ventaja (incluso remontó un 15/40 en el game final) hasta sellar su quinto título en el ATP Tour. Este triunfo es su N° 44 del año, lo que lo convierte en el jugador con más partidos ganados de la temporada (lo sigue Rafael Nadal con 41). Además, Medvedev abandona este torneo afianzado como el tenista con más victorias sobre pistas rápidas (31) en 2019.

Su próximo reto: el US Open. Desde ya las luces alumbran sobre él. En el último Grand Slam de la temporada, Medvedev será uno de los grandes favoritos.

Nadal revalida el título en Canadá.

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Por primera vez, el español defiende un trofeo en pista dura al ganar la Coupe Rogers.

Rafael Nadal consiguió el Domingo en la Coupe Rogers algo que le faltaba en su carrera. Y no fue ni ganar su quinto título en Canadá, su 35 ATP Masters 1000 o su trofeo N° 83 en total. No. El tenista español, que venció a Daniil Medvedev por 6-3 y 6-0, logró revalidar la corona que levantó en Toronto el año pasado, defendiendo por primera vez en su carrera un título en pista rápida.

Nadal convirtió a Montreal en el tercer ATP Masters 1000 donde más éxito ha tenido en su carrera, empatado con el Madrid Open. La lista la lidera Montecarlo, donde ha ganado 11 veces el trofeo, Roma, donde ha conseguido nueve, y Madrid y Canadá, donde tiene cinco trofeos de campeón.

Hasta hoy, Nadal y Medvedev no se habían visto nunca las caras. Y el arranque del partido sirvió para que el ruso demostrase de lo que es capaz. Sin fallar una bola, jugando solo al contraataque, Medvedev llevó al límite a Nadal, y ambos disputaron puntos de más de 30 golpes, haciendo las delicias de la grada.

Nadal, que había ganado el último ATP Masters 1000 disputado este año en Roma, salió de esa situación elevando su nivel. En poco tiempo, el español consiguió romper el saque de Medvedev para colocarse 3-1 en el primer parcial, con todo controlado. Mantener la renta, una buena brecha, fue suficiente para que el N° 2 del mundo se llevase la primera manga, dando un paso importante hacia el título y golpeando la moral de su contrario.

Medvedev comenzó el segundo parcial lamentándose por las ocasiones perdidas, y cuando quiso darse cuenta había cedido de nuevo su saque, dejando que Nadal se colocase 2-0. Con todo en contra, el ruso se lanzó a luchar, aunque no encontró el éxito que buscaba ante uno de los mejores tenistas de todos los tiempo.

Con todo a su favor, Nadal no se detuvo, al revés. El español decidió seguir buscando aumentar la ventaja con Medvedev, y lo consiguió en forma de otra rotura de saque, que le dio el 3-0 y le despejó el camino hacia el título de campeón.

Jugó un gran juego, algunos intercambios muy largos. Para mí, personalmente, fue importante comenzar el partido en buena forma. Llegó a este partido jugando muy bien, jugando muchos partidos [en las últimas] semanas. Para mí, fue una historia diferente. Solo jugué tres partidos en dura antes de este”, dijo Nadal, quien jugaba en su final N° 51 de Masters 1000.

“Creo que también jugué un buen primer juego. Tenía punto de break. Jugué bien y salvé ese juego. Después de eso, creo que jugué un partido sólido, mi mejor partido de la semana hasta ahora sin lugar a dudas”.

“Mi táctica era no darle tanto tiempo, intentar jugar profundo, no darle golpes fáciles. Funcionó al principio del partido, pero luego perdí el impulso por completo. Solo él controlaba el juego”, dijo Medvedev.

“El simplemente jugó demasiado bien”.

“Hice muchas cosas bien: cambiando direcciones, cambiando ritmos durante el punto. El cortado funcionó bien esta tarde. Jugué algunas bolas altas, luego cambié la línea. Creo que jugué de manera inteligente esta tarde”, dijo Nadal.

El español ganó su tercer título del año (Roma, Roland Garros). Con su quinta corona de Masters 1000 en Canadá (2005, 2008, 2013, 2018), mejoró a 5-0 el balance en las finales canadienses Masters 1000 y consiguió una de las marcas de todos los tiempos de Ivan Lendl. El N° 2 del mundo solo ha perdido un set en sus cinco finales canadienses (2005 vs Andre Agassi, 6-3, 4-6 y 6-2).

“Siempre he estado rodeado de buenas personas y buenos profesionales que me ayudan en todos los términos. Creo que he sido lo suficientemente humilde e inteligente para escuchar todo el tiempo a las personas que son mayores que yo y que tienen un mejor conocimiento que yo de la vida en general y al mismo tiempo en el tenis”, dijo Nadal.

Egan Bernal, el chico de oro.

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Primer colombiano que gana la ronda francesa.

Egan Bernal entró en el olimpio de los dioses del ciclismo al conquistar el Tour de Francia 2019. El ciclista lo logra con apenas 22 años convirtirse en uno de los más jóvenes en conseguirlo y en el primer colombiano de toda la historia. El del Ineos sube a lo más alto del podio de París en un cierre de fiesta donde Caleb Ewan se llevó la última etapa, una vez más resuelta al esprint.

La edad y el ser el primero de su país en conseguirlo son dos hitos, pero también su impresionante irrupción en la élite del ciclismo mundial. Su llegada no ha podido tener una una puerta más grande, puesto que es habitual que los jóvenes talentos que vienen con fuerza primero prueben fortuna en el Giro de Italia o en la Vuelta a España como hemos visto en los últimos años: Froome hizo podio en Vuelta (que finalmente ha sido suya) antes de lanzarse a por el Tour; Dumoulin lo hizo ganando el Giro de 2017, Nibali también en la ronda italiana o, más recientemente, Richard Carapaz en el pasado Giro.

Pero Bernal es un caso de lo más atípico. Este Tour es su segunda participación en una gran vuelta, y la segunda, además, en el país galo. Todavía no sabe lo que es correr en la de nuestro país o en Italia. El año pasado debutó como gregario de Froome y terminó siéndolo para Thomas, y este año, con la baja del primero, se convirtió en el colíder junto al segundo. Así, el Ineos contaba con dos bazas: el vigente campeón y el hombre que está llamado a dominar el ciclismo la próxima década. Y más atípico aún es su caso si tenemos en cuenta que hablamos de un colombiano que no sólo sabe escalar, también se defiende en las pruebas contra el reloj, el histórico talón de Aquiles de sus compatriotas en este deporte.

Y eso que en esta edición no pudo demostrarlo en Pau, donde perdió más tiempo del esperado en la crono. Pero en la montaña no tuvo rival. Sólo Pinot en los Pirineos pareció poder animar la carrera, pero el francés abandonó en los Alpes, donde el colombiano asestó el golpe definitivo. Era su terreno y el momento que con más impaciencia esperaba para dejar claro que el mando del Ineos debía ser para él y no para Thomas, siempre elegante en pos de su compañero. Alaphilippe, la otra gran sensación de esta edición al ganar dos etapas y vestir dos semanas el maillot amarillo con un desparpajo que ha cautivado al mundo, no pudo aguantar el pulso final debido a su perfil explosivo, no de escalador puro.

Pero estuvo cerca. De hecho, si Bernal no decide atacar en Iseran, penúltimo puerto de la etapa 19, ‘Balaphilippe‘, apodado así por su similitud en la forma de correr con Valverde, podría haber llegado con más opciones en la última y recortada jornada alpina. Pero el colombiano no escatimó y lanzó el mejor ataque de una edición algo descafeinada por la falta de combatividad en los grandes puertos. Un alud obligó a anular el último puerto en una de las imágenes que quedarán para el recuerdo de esta histórica prueba y el colombiano sacó más de dos minutos al francés y sentenció la carrera. El deporte de las dos ruedas era justo, por fin, con Colombia, que llevaba décadas persiguiéndolo. Ni Parra, ni Nairo, que volvió a atragantarse con la ronda gala y que maquilló con un triunfo de etapa, ni Urán , todos ellos con podios en Francia, pudieron lograrlo. Tuvo que ser este ‘chaval’ de 22 años el que llegara y besara el santo.

Otros nombres que nos deja esta edición son los de Mikel Landa, que venía con un Giro en las piernas y se vació hasta el último día, Thomas que confirma que lo del año pasado no fue casualidad, Kruijswijk que sube al tercer cajón, Sagan que se convierte en el ciclista con mayor número (7) de victorias del maillot verde de toda la historia; Romain Bardet que se tuvo que consolar con ser el rey de la montaña, Caleb Ewan, el mejor esprinter de la edición con tres victorias, y el Movistar Team, que volvió a ser el mejor equipo de la carrera.

Djokovic gana su quinto Wimbledon y suma 16 Grand Slams.

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El serbio domina 3-0 a Roger Federer en finales de Wimbledon.

Una emoción realmente complicada de igualar. Novak Djokovic revalidó el domingo el título de Wimbledon tras levantar dos pelotas de partido a Roger Federer y vencer por 7-6(5) 1-6, 7-6(4), 4-6 y 13-12(3) tras 4 horas y 57 minutos en la Final más larga de siempre en el All England Club. El serbio conquistó su quinta copa dorada en Londres y estiró hasta los 16 títulos su colección de Grand Slam, una hazaña que lo impulsa en la batalla histórica por ser el jugador más laureado de todos los tiempos.

La hierba de Londres parece yerma de imposibles para el balcánico, que ya firma un 3-0 en finales de Wimbledon ante Federer tras inclinar también al suizo en las ediciones de 2014 y 2015.

Por encima de todo, fue una prueba de supervivencia extrema. Djokovic se coronó en un partido donde levantó una pelota de set en el tercer parcial, en el no dispuso de bolas de rotura hasta el cuarto y en el que, por si fuera poco, anuló pelotas de partido para tocar la copa de Wimbledon. Algo que solo se había visto en la edición de 1948.

El partido es tan grande que los despistes no se contemplan. Sobre la hierba de la Centre Court, y con la copa de Wimbledon en juego, Federer y Djokovic no necesitan explicación alguna para remangarse en el escenario. El partido comienza con un ritmo feroz, como si los cinco parciales que tienen por delante jugasen contra el crono. Y el suizo siempre se manejó como nadie en la alta velocidad.

Aunque todo el primer set transcurre sin un arañazo al saque, subrayando la igualdad del pulso, es el suizo el que dispone del primer aviso desde la devolución. Apenas una pelota de rotura con 2-1 para colocar la presión en el encuentro. No es una herida abierta, ni siquiera una tendencia en el encuentro, pero es suficiente para enviar un buen mensaje de amenaza.

La derecha paralela de Roger es un cañón en el inicio del partido. Federer conecta ese golpe con una decisión feroz, coleccionando un contrapié tras otro ante la mirada de Novak. El serbio, uno de los jugadores con mejor movilidad del circuito, siempre ha hecho virtud del anticipo. Pero ese tiro del helvético consigue dos cosas: primero, inculcar dudas en las piernas del serbio; después, neutralizar su formidable revés a dos manos, en el que aterrizan esos cañones sobre la línea. Dos armas principales del N° 1 son cuestionadas desde el inicio de la batalla.

De resistir podría sentar cátedra el serbio y no tarda mucho en demostrarlo. En un partido que no le da respiro, que le exige una reacción inmediata en cada punto, también sale indemne cuando Roger se coloca a dos pelotas del primer set (5-4, 0-30). Alcanzar el tiebreak en ese nivel de exigencia refuerza la dureza de su coraza. Allí, Novak firma un imposible que pocos podrían imaginar: detener en seco a un Roger lanzado en césped. Tras digerir otra situación límite (3-5), el serbio enlaza los últimos cuatro puntos del set para tomar ventaja en Londres.

Será el primer ejemplo de su resistencia. Djokovic gana un primera primera manga con todo en contra: sin pelotas de rotura, con un primer servicio demolido (54%) y ante un Federer rectilíneo, capaz de penetrarle con 21 tiros ganadores. Ninguna piedra es suficiente para detener al N° 1.

Como connsumir a Federer en hierba es una buena fantasía, Wimbledon se encarga de reventar la burbuja a golpe de realidad. Con el partido ya caliente y el pulso acelerado, Federer culminó la amenaza de la primera manga. Entre un revés cortado maravilloso y una derecha bien afilada, el suizo rasgó de arriba a abajo el parcial con un inmediato 4-0. Tal fue el ritmo que la caída de Djokovic, desparramado por el fondo entre la hierba abierta, ilustró a la perfección lo vertiginoso del juego.

El ocho veces campeón igualó el encuentro en un abrir y cerrar de ojos, escalando a pulmones llenos una montaña capaz de rendir a casi todos. El servicio, su músculo más firme, se mantuvo sobre la hierba, completando otra manga sin encarar una pelota de quiebre. Toda una gesta ante uno de los mejores restadores de siempre. Si Londres quería degustar una gran batalla, acababa de recibir los dos primeros platos.

El corazón del partido trajo momentos maravillosos, porque la importancia de la tercera manga reunió el mejor nivel a ambos lados de la cinta. Si Djokovic regresó con fuerza al encuentro, recuperando su fortaleza desde el fondo, Federer respondió con un amplio abanico de recursos. El suizo cortó el revés con furia, dejando muchas pelotas sobre los tobillos del serbio. Ninguna pelota era clara en manos del vigente campeón, todavía impedido para encontrar un recoveco sobre el servicio de su adversario.

El momento de máxima presión hizo aflorar la templanza de dos grandes campeones. Un bote pronto excelso con 5-4 dio a Federer una pelota de set, un momento que la grada celebró al unísono. Allí, solo ante el peligro, Djokovic fue capaz de reordenar su servicio, enlazar tres puntos de precisión y mantenerse con vida en el parcial. Otra demostración de hielo en las venas camino de un nuevo desempate.

Con el duelo en el canto de una moneda, el partido convertido de siempre: la supervivencia de un especialista al borde del precipicio. Djokovic remó en un desempate de puntos trabajados, donde se compitió desde el fondo más de lo habitual. La presión hizo ganar terreno a la selección de tiro y ahí el serbio marcó una diferencia visible.

Sin ver una opción de roturas en tres mangas completas, de alguna manera, Novak iba torciendo la mano a Roger en el césped más preciado de todos.

Lejos de encontrar una autopista hacia la copa, Djokovic se topó con lo contrario. Si la experiencia de Federer es imponente también lo fue su respuesta, dirigida a frenar los pasos de un campeón inminente. El suizo compitió montado como nunca sobre la línea y abrió la defensa del serbio de lado a lado. Pronto creó una renta de dos quiebres (5-2), una grieta terminal sobre pasto.

Como ocurriera en las dos primeras mangas Roger marcó diferencias después de parcial agónico, sobreponiéndose a un desempate que bien pudo mandarlo directo a los vestuarios. No a él, acostumbrado a mil batallas sobre la Centre Court de Londres. Antes de cerrar el cuarto set, además, le mostró a Djokovic el precio al partido. Cuando el serbio disfrutó de su primera pelota de rotura, algo minúsculo con casi cuatro sets en las piernas, Roger se lo negó con el intercambio más largo del partido, una maravilla de 35 tiros. Aunque Djokovic quebró y acortó distancias hasta el 5-4, el suizo no permitió el respiro.

Así, ambos acudieron al set definitivo con fe en las entrañas. Djokovic había asestado su primer mazazo al resto, toda una prueba de presencia. Federer, dispuesto a la épica, volvía a estar bien vivo.

Y los quintos sets son para sobrevivir.

Federer lo comprobó bien pronto. Tras completar cuatro sets con sufrimientos contados al saque, el suizo se encontró con tres pelotas de rotura en un solo juego. La sangre fría para colocar el 2-2 lanzó el duelo a una batalla sin miedo. Como si lo que estuviera en juego no fuera poner las manos en el trofeo. La cercanía del final desató las emociones en un partido que no resistía demasiada lógica. Si Djokovic colocó un 4-2 de aroma inquietante, Federer respondió rompiendo de inmediato ante una grada que coreaba con fuerza su nombre.

El hambre por un drama total era más que evidente. La llegada del 4-4 desató una ovación digna de un estadio de fútbol, como si Roger hubiera anotado en el tiempo de descuento.

La ebullición ya solo fue a más. Con 5-5 15-30, expuesto a un peligro límite, Djokovic acabó por el suelo después de cazar una pelota lanzado sobre su derecha. Más que un partido de tenis aquello ya era una pelea por la vida. Hasta Novak le preguntó al juez de silla en qué momento habría un desempate en la quinta manga. Un premonición lejana pero factible, con el formato de 12-12 estrenado en esta edición.

Federer se encargó de desafiar esos límites. El suizo resistió en un partido en el que estuvo a dos puntos de verse 2-5 en la manga definitiva. Y cerca estuvo de obrar el milagro. Con un tremendo passing shot de derecha cruzada dejó clavado a Djokovic, puso el 8-7 en el marcador y los nervios en media Inglaterra. Novak respondió con un imposible, algo complicado de creer en césped, colocando el 8-8 tras levantar al resto una doble pelota de partido. La segunda, con un colosal passing de derecha cruzada que rompió el esquema de Roger.

Desde allí, el partido fue una carrera al abismo. Un momento deportivo de difícil descripción. Demasiado en juego y demasiado poco por jugar. El 10-10 llegó como la noche al final de los días y ninguno dio su brazo a torcer hasta la tregua del 24º juego. Allí, tras volver a caer por los suelos y ver una caña de Federer perderse por los aires de Londres, Djokovic coronó por fin su quinta copa de Wimbledon.

Barcelona 68-74 Real Madrid: Cuarto título blanco en cinco años.

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El Real Madrid se proclamó campeón de Liga después de superar en el cuarto partido al Barcelona (68-74), en un enfrentamiento que no terminó de romperse, pero que tuvo dominado durante toda la segunda mitad. Es el quinto título liguero de Pablo Laso con los blancos que tuvieron a Facundo Campazzo como jugador más destacado en la dirección del equipo con 28 de valoración.

En un cuarto partido duro, se impuso el físico del Real Madrid, muy superior en la zona -con 46 rebotes, 18 de ellos ofensivos- e intenso atrás, anulando al azulgrana Thomas Heurtel, autor de tan solo dos puntos.

A la sobresaliente actuación de Tavares (10 puntos y 13 rebotes), se sumó la regularidad de Facundo Campazzo, Rudy Fernández, Anthony Randolph y Fabien Causeur, cuatro jugadores que superaron los diez puntos.

Todo ello en el último partido de la temporada en el Palau Blaugrana. El aficionado azulgrana no falló. Ambiente ensordecedor en el anfiteatro; máxima eficacia en los primeros cuatro minutos del Real Madrid en el parqué .

Liderados por Rudy Fernández, autor de tres triples en apenas tres minutos y medio, los visitantes completaron un primer tramo de partido impoluto. Entraron los triples -cinco en el primer cuarto- y controlaron el rebote ofensivo, lo que les permitió gozar de una ventaja de 11 puntos (8-19, min.6).

Pedía tiempo muerto Svetislav Pesic para frenar la sangría. Con un Heurtel sin chispa en ataque, un hasta el viernes discreto Kevin Pangos, secundado por Singleton, conectó a los locales.

Los triples y las asistencias del base canadiense (16 puntos) dieron aire al Barcelona, que cerró el primer acto con un parcial de 13-5 que dejaba vivo el partido (21-24).

En el segundo periodo, mandaron las defensas. La inercia de Pangos situó al Barcelona por delante por vez primera (27-26, min.22), pero los de Pablo Laso, sin jugar un baloncesto coral, apretaron las tuercas en defensa ahogando, de nuevo, a un barça sin muchas ideas. Tavares y Ayón mandaban en la zona, mientras que Thompkins sacaba la cabeza para dejar a su equipo con una mínima renta tras los primeros 20 minutos (33-37).

El Real Madrid reapareció del vestuario refrendando su superioridad en la zona. Tavares edificó un muro y su equipo lo notó con los rebotes ofensivos. Con segundas opciones en ataque, el Real Madrid fue letal. Rudy y Randolph se mostraban infalibles desde el perímetro y su equipo lo agradeció en el marcador (37-47, min.25).

Pero el Barcelona tiró de orgullo y de Pangos para agarrarse a la Final. El base volvió a brillar con un triple y un contraataque de manual que situaba el 45-47 (min.27).

Paró el partido Pablo Laso y su equipo lo agradeció, especialmente en defensa. Sobresalía Causeur con cinco puntos consecutivos, mientras que Tavares ahogaba a un Ante Tomic cansado. El Barcelona, orgulloso, cerraba el tercer cuarto algo titubeante, con la sensación de que el Real Madrid domaba el ritmo del duelo cuando quería (47-55, min.30).

Echaron el cerrojo los blancos en el último cuarto. Pablo Laso planteó una defensa sin fisuras que dejó sin aire a su rival. No aparecía Heurtel, no llegaban los triples del Barcelona y el Real Madrid tuvo suficiente con los chispazos de Campazzo, Caseur y la intimidación de Tavares para acabar con las opciones del equipo azulgrana, que encadenó cinco minutos sin anotar (55-67, min.37).

A un minuto y 56 segundos para el final, Hanga puso fin a la sangría con un triple. La remontada, sin embargo, no llegó y el Real Madrid alargó su jerarquía en la ACB ante un Palau Blaugrana resignado.

Nadal conquista su 12 Roland Garros.

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El español consiguió el 18 Grand Slam de su carrera.

Como si de un déjà vu se tratase, el tiempo se detuvo en la Philippe Chatrier para decidir entre los mismos protagonistas del pasado año quién es el campeón de Roland Garros. Rafael Nadal y Dominic Thiem pelearon por la Copa de los Mosqueteros en una reedición de la Final de 2018. Pero la historia no cambió el mismo guion establecido prácticamente sin piedad en los últimos 15 años y el español se impuso por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 para levantar su duodécima corona en París.

El manacorense volvió a normalizar lo imposible. Si bien en el Monte-Carlo Masters y en el Barcelona Open había elevado el listón hasta los once trofeos, en Roland Garros se convirtió en el primer jugador de todos los tiempos (hombre o mujer) en ganar 12 veces en un mismo Grand Slam.

Al otro lado de la red, Nadal se medía a su némesis en tierra batida. Al único jugador capaz de derrotarlo en la superficie más lenta en las últimas tres temporadas (Roma 2017, Madrid 2018 y Barcelona 2019). Pero no dio lugar a revanchas. Ni siquiera la confianza de haber tumbado a Djokovic un día antes fue suficiente para que Thiem impidiese el Grand Slam número 18 de la carrera del español.

La intensidad del primer juego fue un revelador preámbulo de lo que estaba por llegar. En cinco minutos Nadal amarró su servicio inicial frente a un rival muy suelto desde el fondo, capaz de aguantarle los intercambios. Tuvo que trabajar los puntos ante un jugador pleno de confianza tras su victoria en Semifinal ante el número uno del mundo. No obstante, el austriaco fue el primer jugador de esta edición en evitar que el español se adelantara 3-0.

Thiem obligó a Nadal a ejecutar siempre un golpe más. Demostró dotes felinas en la defensa para con una facilidad asombrosa pasar al ataque. Tampoco dudó en cortar los puntos con dejadas milimétricas. Y fue el primero en aprovechar la ventaja al resto, convirtiendo su primera opción de break para adelantarse 3-2. Pero el manacorense respondió de inmediato colocándose 0-40 y en su segunda oportunidad devolvió el quiebre.

Cada punto era una batalla, cada intercambio una eternidad. Y Thiem volvió a encontrar la forma de hacer daño al resto, jugando con mucha profundidad y abriendo ángulos con el revés, para colocarse con otra oportunidad de break 30/40. Sin embargo, Nadal logró salvarlo para adelantarse de nuevo 4-3 en 40 minutos de partido hasta entonces.

El desgaste del juego anterior -físico y mental- pasó factura al austriaco. Nadal empujó a Thiem al fondo con tiros de mucha profundidad para situarse 15-40. Transformó su segundo break del duelo (2/3) y certificó el primer set con su servicio.

Si alguien esperaba que el partido rebajase la intensidad al inicio del segundo set, estaba equivocado. Ajenos aún al cansancio, Thiem y Nadal siguieron desgarrando pedazos del alma en cada intercambio, tratando de desgastar al contario. Eso sí, con altos porcentajes, ambos conservaron como su principal baluarte sus servicios. Una fisura en el saque, podría ser sinónimo de dar una ventaja demasiado grande al rival.

Y así fue. La superioridad de los servicios terminó en el duodécimo juego, cuando Thiem encontró su única oportunidad de break del segundo set. No perdonó e igualó el encuentro cuando había transcurrido una hora y 42 minutos. 13 golpes ganadores acompañaron un parcial en el que ganó tres puntos más que su rival (29-26).

El paso por el banco sirvió como un bálsamo para Nadal. Recuperó la brújula para mandar en el inicio del set con un break en blanco. Tres errores no forzados del austriaco contribuyeron a la ventaja del español. Y en tan sólo seis minutos ya dominaba 2-0 sin haber concedido un solo punto.

La lista de errores de Thiem siguió engordando (acabó con 9 el tercer set), a la vez que Nadal aprovechó para dar un paso adelante al oler el momento de mayor debilidad en el partido de su rival. El austriaco no ganó su primer punto del tercer set hasta el duodécimo, pero fue un espejismo. El balear, con un parcial de 12-1, firmó otro break para adelantarse 3-0.

En 14 minutos, Nadal había cedido únicamente un punto y ningún juego (4-0). Fue entonces cuando el austriaco pareció aterrizar de nuevo en la Philippe Chatrier estrenándose con su servicio (4-1). Pero ya era tarde, al menos, para levantar el set. El defensor del título en Roland Garros mostró su mejor versión y prácticamente no dio opciones a Thiem. Con 24 puntos ganados de 31, 3 de 4 break convertidos y 10 golpes ganadores se quedó a un set de levantar la duodécima.

El cuarto set arrancó como el anterior. De nuevo con Nadal volando sobre la pista, deslizándose como una pieza de ballet clásico, con una fluidez en sus movimientos superior a la de Thiem, que parecía haber perdido la sintonía con su raqueta y también con sus piernas. Así, el español dio un importante golpe de autoridad para colocarse 3-0. Ya no hubo capacidad de respuesta de un rival que lo había dejado todo en la pista, pero que tuvo que inclinarse ante el mejor jugador de todos los tiempos en la tierra batida.

Tottenham 0-2 Liverpool: El Real Madrid ya tiene sucesor.

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Los ‘reds’ suceden a los blancos como campeones de la Champions League tres años después con un 0-2 gracias a los goles de Salah -de penalti- y Origi.

Se la sentía suya desde hace un año, cuando perdió de forma cruel en Kíev ante el Real Madrid, que tres años después cede la corona de Campeón de Europa a un Liverpool más convencido que nadie de sus propias posibilidades. Capaz de mutar entre dos versiones muy distintas con respecto al equipo que aplastó al Barcelona en Anfield y el que ahogó al Tottenham en la Final del Wanda Metrpolitano, se hizo con el título tras un buen arranque que les brindó a los reds un penalti por manos de Sissoko que tuvo que refrendar el VAR para que Salah adelantara a su equipo cuando no habían pasado siquiera dos minutos de juego.

Ello coartó, y de qué manera, a un Tottenham intimidado por la fastuosidad del escenario, el tempranero gol que hundió la moral de los hombres de Mauricio Pochettino y la convicción e intensidad de un Liverpool que jugó la Final como si se tratara de un día más en la oficina. Fueron a ganar y no titubearon en el camino aunque pudieron matar el partido en la primera parte y no lo hicieron. Tras el 0 a 1 Jürgen Klopp dio órdenes de mantener la templanza y el Liverpool no quiso hacer sangre, limitándose a aguantar a un Tottenham incapaz de rematar a puerta durante los primeros cuarenta y cinco minutos mientras Salah y Robertson lo intentaban desde la distancia pero primero la zaga de los Spurs y luego Hugo Lloris desviaron a córner.

Lo cierto es que ninguno de los dos equipos fue demasiado generoso en cuanto a juego y ocasiones durante la primera parte pero es bien sabido que el Tottenham no había logrado ponerse por delante en el marcador en ninguno de los trece partidos europeos esta temporada y, sin embargo, ahí estaba. Dispuesto a todo en la segunda parte y arrastrado por un Harry Kane muy lejos de su mejor forma debido a una lesión que casi le deja sin Final pero con una gigantesca influencia en el juego ofensivo de su equipo fue acercándose a la porteria rival. Por lo pronto, Eriksen logró imponerse en la zona ancha pero en los últimos metros tanto Dele Alli como Son Heung-Min se mostraban todavía excesivamente imprecisos.

Pero no permitió mucho más el Liverpool, que reaccionaría con un remate de Milner que se marchó fuera rozando el palo y otra acción de Mané que no fue gol de milagro. Y a eso se agarraba el Tottenham, que intentó volver a sorprender con una tímida vaselina de Dele en el primer remate a puerta del equipo londinense en todo el partido y que Allison desintegró sin mayores dificultades. Mientras, el cansancio hacía mella en un Tottenham que rechazó rendirse pero que vio como ninguna de sus ocasiones encontraba, ni por asomo, al brasileño despistado. Esta vez el portero transmitió al Liverpool la seguridad que no sintió en la Final del año pasado y se fue al ataque para que, de nuevo Origi con un latigazo seco, subiera el 0 a 2 en el electrónico que tanto acabó con la esperanza de los Spurs como coronó a un Liverpool intratable en Europa y que corrigió con esmero la única asignatura pendiente que la temporada pasada le privó verse como el mejor equipo del continente.