El oficio de Nadal le da un billete a Semifinal.

post

El español se medirá a Matteo Berrettini por una plaza en la Final del US Open.

Si Rafael Nadal dispone de una cualidad distintiva es la capacidad para apagar cualquier intento de rebelión de sus rivales. El momento dulce que atraviesa el español, sin ceder ninguna derrota en la gira americana, se mantuvo intacto también en su duelo de Cuartos de Final del US Open frente a Diego Schwartzman. A pesar del desparpajo del argentino, que por momento puso contra las cuerdas a su rival, el favorito N° 2 en Nueva York tiró de oficio para llevarse la victoria por 6-4, 7-5 y 6-2.

El manacorense aseguró en Flushing Meadows una plaza en la Semifinal, una ronda que ha disputado en todos los Grand Slam durante este curso. Por si fuera poco, Nadal ha estado presente entre los cuatro mejores de cada torneo que ha encarado en 2019, salvo en Acapulco (segunda ronda). En los diez restantes, llegó al menos a esta instancia consiguiendo el título Roma, Roland Garros y Canadá, además de una Final más en el Open Australia.

El español construyó su victoria ante un rival al que había derrotado las siete ocasiones anteriores en las que se habían cruzado cara a cara. Y el Miércoles añadió la octava al head to head. Pero como siempre que lo hicieron en un Grand Slam, el desenlace no fue sencillo para Nadal. El argentino exigió oficio, trabajo y nervio durante las 2 horas y 47 minutos que se prolongó el partido. Porque hay días en los que el guion reclama un recurso de emergencia de los que muy pocos jugadores disponen. Un salvavidas para escapar del abismo y aumentar la escala de grises a todo color.

Eso es lo que logró el balear en la primera manga de un partido en el que no había tardado en declarar sus intenciones. En apenas un minuto resolvió su servicio inicial en blanco. Otro juego eterno al resto que se prolongó durante diez minutos con break a favor tras cuatro opciones parecía encarrilarlo de su lado. Mucho más cuando un errático Schwartzman con 9 errores no forzados en los primeros cuatro juegos dejaba a Nadal 4-0 por delante.

El argentino, que tardó prácticamente 25 minutos en aterrizar en la Arthur Ashe, dio un giro inesperado al argumento de la película. Empezó a encadenar un punto tras otro, mientras el cabeza de serie N° 2 no encontraba la vía de escape en un laberinto inesperado que desembocó en otros cuatro juegos consecutivos del bonaerense de 27 años.

La trama empeoró aún más para el español, cuando su rival se adelantó 4-4, 15-40. No le quedó más remedio que aferrarse al único recurso que entonces parecía quedar en su mochila: actitud. Siempre innegociable. Se negó a ceder más ventaja y con más corazón que acierto se agarró al fondo de la pista desde donde fue construyendo su reacción. Un “¡Vamos!” que retumbó en el estadio más grande del mundo sirvió para celebrar el fin de la sequía. Entonces, volvió a sacar su instinto felino para firmar el tercer break a su favor y cerrar el set (6-4). Eso sí, los errores se impusieron a los ganadores (7-13 Nadal; 9-17 Schwartzman).

El tres veces campeón del US Open empezó a construir los puntos, a sentirse poco a poco más cómodo en los intercambios y a generar golpes ganadores con más asiduidad (17 en el segundo set). Así, llegó el quiebre en el cuarto juego para adelantarse 3-1. Sin embargo, el argentino no le perdió la cara al partido. “¡Vamos, Peque, vamos!”, se escuchaba desde el banquillo de Schwartzman, donde se encontraba como invitado la leyenda de la NBA Manu Ginóbili. Pero la reacción inmediata 30-40 en el juego siguiente no se materializó y a partir de entonces Nadal desplegó su mejor tenis.

De nuevo, al resto, el manacorense protagonizó un juego impecable con ganadores desde ambos lados para escaparse 5-1. Pero si Nadal no entrega un punto por perdido, Schwartzman tampoco es menos. Y cuando el campeón de 18 Grand Slam se disponía a cerrar el parcial con su servicio, el argentino recuperó uno de los quiebres para darse la oportunidad de seguir peleando en el set (5-2). Un parcial de 12-2 en puntos disputados desde entonces permitió al bonaerense igualar la manga (5-5).

Otra vez Schwartzman había rescatado cuatro juegos consecutivos. ¿Sería capaz de aprovecharlo esta vez? La respuesta se la negó Nadal de la misma forma que en el primer set. Elevando el nivel de agresividad y provocando los errores del argentino. Dos juegos más seguidos, incluyendo su sexto break del encuentro pusieron el partido muy favorable para el español (7-5).

En el tercer set se mantuvo la hegemonía de los servicios hasta que en el sexto juego Nadal amenazó el saque de Schwartzman, colocándose 3-2, 0-40 hasta que quebró una vez más (8/14 en total) para asestar la sentencia final.

Nadal se enfrentará en Semifinal del US Open a Matteo Berrettini, que en la jornada de día consiguió su primera clasificación para esta ronda en un Grand Slam. El italiano se impuso por 3-6, 6-3, 6-2, 3-6 y 7-6(5) ante Gael Monfils. Será el primer duelo entre ambos. El Viernes, por una plaza en la Final del US Open.

Nadal y el don de la regularidad.

post

El español ha llegado a los Cuartos de Final de todos los Grand Slam.

De Melbourne a Nueva York. Rafael Nadal ha alcanzado, al menos, los Cuartos de Final en todos los Grand Slam esta temporada, una regularidad que le permite destacarse como la mejor raqueta de 2019 en la ATP Carrera a Londres. El español sacó esta vez su billete en Flushing Meadows frente a Marin Cilic, tras imponerse por 6-3, 3-6, 6-1 y 6-2, en 2 horas y 49 minutos.

El favorito N° 2 superó el test más serio en esta edición del US Open para seguir dando forma a un curso brillante, en el que ha conseguido llegar a estas alturas con opciones en todos los torneos que ha disputado salvo en Acapulco (segunda ronda). En los Grand Slam fue campeón en Roland Garros, finalista en el Open Australia y semifinalista en Wimbledon. Su techo en la pista dura americana está aún por escribir.

El dato cobra aún más valor si cabe, cuando se mira el historial del balear. Esta regularidad en los Grand Slam sólo la había conseguido en cuatro ocasiones antes (2008, 2010, 2011 y 2018).

“Eso quiere decir que cuando he jugado al tenis he respondido y he estado competitivo en todas las superficies, mentalmente he estado lo suficientemente bien y a nivel de tenis también”, valora Nadal sobre una situación que no vivía desde 2011, cuando completó por segunda temporada consecutiva todos los Grand Slam estando entre los ocho mejores de cada torneo.

Aunque esa regularidad se ha visto enturbiada por un pequeño lunar: los problemas físicos. Aún con todo ha podido dejar su estampa en la estadística, pero con matices. “En cuanto a físico no he respondido tan bien, porque en estos ocho torneos en los que he llegado a Cuartos de Final, me he retirado en dos: en el Open Australia 2018 y en el US Open 2018”, recuerda el español sobre sus últimos grandes.

“El porcentaje tampoco es tan brillante, pero ahí están los números. Ahí quedan unos resultados que me sirven para seguir sintiendo que tengo opciones para pelear por las cosas más importantes, que me ilusionan y me motivan. Eso siempre da energía para seguir adelante”, cierra el manacorense sobre la cifra que consiguió el Lunes.

Por otro lado, el N° 2 del Ranking ATP amplió la racha de victorias que emprendió en esta gira americana, donde ya encadena siete partidos ganados de manera consecutiva. En el ATP Masters 1000 de Canadá consiguió levantar el título mientras que en Flushing Meadows ya se encuentra en Cuartos de Final, una ronda que ha disputado en nueve ocasiones a lo largo de su carrera en este Grand Slam.

Medvedev gana su primer Masters 1000 en Cincinnati.

post

Medvedev se convierte en el tercer campeón primerizo de la temporada a nivel ATP Masters 1000.

Daniil Medvedev consiguió muchos triunfos el Domingo en el Western & Southern Open. Tras batir a David Goffin por 7-6(3) y 6-4 en una hora y 39 minutos, el ruso de 23 años se convirtió en el campeón más joven del torneo desde Andy Murray en 2008. Y también se transformó en el noveno campeón primerizo en Masters 1000 en los últimos 21 torneos de la categoría.

Gracias a su triunfo, el ATP Tour llega a tres temporadas consecutivas con al menos tres campeones primerizos de la categoría, algo que no ocurría desde 1999. En el presente curso también estrenaron su palmarés en Masters 1000 Dominic Thiem (Indian Wells) y Fabio Fognini (Montecarlo). Mientras que en 2018 y 2017 lo consiguieron Juan Martín del Potro (Indian Wells), John Isner (Miami), Karen Khachanov (París), Alexander Zverev (Roma), Grigor Dimitrov (Cincinnati) y Jack Sock (París).

La victoria de Medvedev significa también que ahora ya hay cinco rusos campeones de al menos un torneo de esta categoría. Medvedev iguala a Safin (5), Davydenko (3), Chesnokov (2), Khachanov (1); y hace que Rusia se convierta en el sexto país con al menos 12 títulos de la categoría, después de España (54), Estados Unidos (48), Serbia (33), Suiza (29) y el Reino Unido (16).

Pero lo más importante a nivel personal para Medvedev luego de dejar en 2-1 su historial con Goffin, quien estaba debutando en una Final Masters 1000, es que garantiza irrumpir por primera vez en el Top-5 del Ranking ATP. Un ruso no lo conseguía desde Nikolay Davydenko en la semana del 28 de junio del 2010. Medvedev consigue mejorar su marca personal en el Ranking ATP por séptima vez en el año, luego de que en 2018 a esta altura de la temporada ocupaba el puesto N° 56.

De manera que Medvedev corona la mejor semana de su carrera, no solo por estos logros, sino por la forma de conseguirlos. El ruso conectó más de 50 aces en el torneo y perdió apenas un set en el camino (contra Djokovic en Semifinal). Además, el Domingo siguió creyendo a pesar de desaprovechar la ventaja de un quiebre en la primera manga y de empezar el tie-break con mini-quiebre abajo.

En el segundo set no desperdició la ruptura en el primer game y supo administrar la ventaja (incluso remontó un 15/40 en el game final) hasta sellar su quinto título en el ATP Tour. Este triunfo es su N° 44 del año, lo que lo convierte en el jugador con más partidos ganados de la temporada (lo sigue Rafael Nadal con 41). Además, Medvedev abandona este torneo afianzado como el tenista con más victorias sobre pistas rápidas (31) en 2019.

Su próximo reto: el US Open. Desde ya las luces alumbran sobre él. En el último Grand Slam de la temporada, Medvedev será uno de los grandes favoritos.

Nadal revalida el título en Canadá.

post

Por primera vez, el español defiende un trofeo en pista dura al ganar la Coupe Rogers.

Rafael Nadal consiguió el Domingo en la Coupe Rogers algo que le faltaba en su carrera. Y no fue ni ganar su quinto título en Canadá, su 35 ATP Masters 1000 o su trofeo N° 83 en total. No. El tenista español, que venció a Daniil Medvedev por 6-3 y 6-0, logró revalidar la corona que levantó en Toronto el año pasado, defendiendo por primera vez en su carrera un título en pista rápida.

Nadal convirtió a Montreal en el tercer ATP Masters 1000 donde más éxito ha tenido en su carrera, empatado con el Madrid Open. La lista la lidera Montecarlo, donde ha ganado 11 veces el trofeo, Roma, donde ha conseguido nueve, y Madrid y Canadá, donde tiene cinco trofeos de campeón.

Hasta hoy, Nadal y Medvedev no se habían visto nunca las caras. Y el arranque del partido sirvió para que el ruso demostrase de lo que es capaz. Sin fallar una bola, jugando solo al contraataque, Medvedev llevó al límite a Nadal, y ambos disputaron puntos de más de 30 golpes, haciendo las delicias de la grada.

Nadal, que había ganado el último ATP Masters 1000 disputado este año en Roma, salió de esa situación elevando su nivel. En poco tiempo, el español consiguió romper el saque de Medvedev para colocarse 3-1 en el primer parcial, con todo controlado. Mantener la renta, una buena brecha, fue suficiente para que el N° 2 del mundo se llevase la primera manga, dando un paso importante hacia el título y golpeando la moral de su contrario.

Medvedev comenzó el segundo parcial lamentándose por las ocasiones perdidas, y cuando quiso darse cuenta había cedido de nuevo su saque, dejando que Nadal se colocase 2-0. Con todo en contra, el ruso se lanzó a luchar, aunque no encontró el éxito que buscaba ante uno de los mejores tenistas de todos los tiempo.

Con todo a su favor, Nadal no se detuvo, al revés. El español decidió seguir buscando aumentar la ventaja con Medvedev, y lo consiguió en forma de otra rotura de saque, que le dio el 3-0 y le despejó el camino hacia el título de campeón.

Jugó un gran juego, algunos intercambios muy largos. Para mí, personalmente, fue importante comenzar el partido en buena forma. Llegó a este partido jugando muy bien, jugando muchos partidos [en las últimas] semanas. Para mí, fue una historia diferente. Solo jugué tres partidos en dura antes de este”, dijo Nadal, quien jugaba en su final N° 51 de Masters 1000.

“Creo que también jugué un buen primer juego. Tenía punto de break. Jugué bien y salvé ese juego. Después de eso, creo que jugué un partido sólido, mi mejor partido de la semana hasta ahora sin lugar a dudas”.

“Mi táctica era no darle tanto tiempo, intentar jugar profundo, no darle golpes fáciles. Funcionó al principio del partido, pero luego perdí el impulso por completo. Solo él controlaba el juego”, dijo Medvedev.

“El simplemente jugó demasiado bien”.

“Hice muchas cosas bien: cambiando direcciones, cambiando ritmos durante el punto. El cortado funcionó bien esta tarde. Jugué algunas bolas altas, luego cambié la línea. Creo que jugué de manera inteligente esta tarde”, dijo Nadal.

El español ganó su tercer título del año (Roma, Roland Garros). Con su quinta corona de Masters 1000 en Canadá (2005, 2008, 2013, 2018), mejoró a 5-0 el balance en las finales canadienses Masters 1000 y consiguió una de las marcas de todos los tiempos de Ivan Lendl. El N° 2 del mundo solo ha perdido un set en sus cinco finales canadienses (2005 vs Andre Agassi, 6-3, 4-6 y 6-2).

“Siempre he estado rodeado de buenas personas y buenos profesionales que me ayudan en todos los términos. Creo que he sido lo suficientemente humilde e inteligente para escuchar todo el tiempo a las personas que son mayores que yo y que tienen un mejor conocimiento que yo de la vida en general y al mismo tiempo en el tenis”, dijo Nadal.

Egan Bernal, el chico de oro.

post

Primer colombiano que gana la ronda francesa.

Egan Bernal entró en el olimpio de los dioses del ciclismo al conquistar el Tour de Francia 2019. El ciclista lo logra con apenas 22 años convirtirse en uno de los más jóvenes en conseguirlo y en el primer colombiano de toda la historia. El del Ineos sube a lo más alto del podio de París en un cierre de fiesta donde Caleb Ewan se llevó la última etapa, una vez más resuelta al esprint.

La edad y el ser el primero de su país en conseguirlo son dos hitos, pero también su impresionante irrupción en la élite del ciclismo mundial. Su llegada no ha podido tener una una puerta más grande, puesto que es habitual que los jóvenes talentos que vienen con fuerza primero prueben fortuna en el Giro de Italia o en la Vuelta a España como hemos visto en los últimos años: Froome hizo podio en Vuelta (que finalmente ha sido suya) antes de lanzarse a por el Tour; Dumoulin lo hizo ganando el Giro de 2017, Nibali también en la ronda italiana o, más recientemente, Richard Carapaz en el pasado Giro.

Pero Bernal es un caso de lo más atípico. Este Tour es su segunda participación en una gran vuelta, y la segunda, además, en el país galo. Todavía no sabe lo que es correr en la de nuestro país o en Italia. El año pasado debutó como gregario de Froome y terminó siéndolo para Thomas, y este año, con la baja del primero, se convirtió en el colíder junto al segundo. Así, el Ineos contaba con dos bazas: el vigente campeón y el hombre que está llamado a dominar el ciclismo la próxima década. Y más atípico aún es su caso si tenemos en cuenta que hablamos de un colombiano que no sólo sabe escalar, también se defiende en las pruebas contra el reloj, el histórico talón de Aquiles de sus compatriotas en este deporte.

Y eso que en esta edición no pudo demostrarlo en Pau, donde perdió más tiempo del esperado en la crono. Pero en la montaña no tuvo rival. Sólo Pinot en los Pirineos pareció poder animar la carrera, pero el francés abandonó en los Alpes, donde el colombiano asestó el golpe definitivo. Era su terreno y el momento que con más impaciencia esperaba para dejar claro que el mando del Ineos debía ser para él y no para Thomas, siempre elegante en pos de su compañero. Alaphilippe, la otra gran sensación de esta edición al ganar dos etapas y vestir dos semanas el maillot amarillo con un desparpajo que ha cautivado al mundo, no pudo aguantar el pulso final debido a su perfil explosivo, no de escalador puro.

Pero estuvo cerca. De hecho, si Bernal no decide atacar en Iseran, penúltimo puerto de la etapa 19, ‘Balaphilippe‘, apodado así por su similitud en la forma de correr con Valverde, podría haber llegado con más opciones en la última y recortada jornada alpina. Pero el colombiano no escatimó y lanzó el mejor ataque de una edición algo descafeinada por la falta de combatividad en los grandes puertos. Un alud obligó a anular el último puerto en una de las imágenes que quedarán para el recuerdo de esta histórica prueba y el colombiano sacó más de dos minutos al francés y sentenció la carrera. El deporte de las dos ruedas era justo, por fin, con Colombia, que llevaba décadas persiguiéndolo. Ni Parra, ni Nairo, que volvió a atragantarse con la ronda gala y que maquilló con un triunfo de etapa, ni Urán , todos ellos con podios en Francia, pudieron lograrlo. Tuvo que ser este ‘chaval’ de 22 años el que llegara y besara el santo.

Otros nombres que nos deja esta edición son los de Mikel Landa, que venía con un Giro en las piernas y se vació hasta el último día, Thomas que confirma que lo del año pasado no fue casualidad, Kruijswijk que sube al tercer cajón, Sagan que se convierte en el ciclista con mayor número (7) de victorias del maillot verde de toda la historia; Romain Bardet que se tuvo que consolar con ser el rey de la montaña, Caleb Ewan, el mejor esprinter de la edición con tres victorias, y el Movistar Team, que volvió a ser el mejor equipo de la carrera.

Djokovic gana su quinto Wimbledon y suma 16 Grand Slams.

post

El serbio domina 3-0 a Roger Federer en finales de Wimbledon.

Una emoción realmente complicada de igualar. Novak Djokovic revalidó el domingo el título de Wimbledon tras levantar dos pelotas de partido a Roger Federer y vencer por 7-6(5) 1-6, 7-6(4), 4-6 y 13-12(3) tras 4 horas y 57 minutos en la Final más larga de siempre en el All England Club. El serbio conquistó su quinta copa dorada en Londres y estiró hasta los 16 títulos su colección de Grand Slam, una hazaña que lo impulsa en la batalla histórica por ser el jugador más laureado de todos los tiempos.

La hierba de Londres parece yerma de imposibles para el balcánico, que ya firma un 3-0 en finales de Wimbledon ante Federer tras inclinar también al suizo en las ediciones de 2014 y 2015.

Por encima de todo, fue una prueba de supervivencia extrema. Djokovic se coronó en un partido donde levantó una pelota de set en el tercer parcial, en el no dispuso de bolas de rotura hasta el cuarto y en el que, por si fuera poco, anuló pelotas de partido para tocar la copa de Wimbledon. Algo que solo se había visto en la edición de 1948.

El partido es tan grande que los despistes no se contemplan. Sobre la hierba de la Centre Court, y con la copa de Wimbledon en juego, Federer y Djokovic no necesitan explicación alguna para remangarse en el escenario. El partido comienza con un ritmo feroz, como si los cinco parciales que tienen por delante jugasen contra el crono. Y el suizo siempre se manejó como nadie en la alta velocidad.

Aunque todo el primer set transcurre sin un arañazo al saque, subrayando la igualdad del pulso, es el suizo el que dispone del primer aviso desde la devolución. Apenas una pelota de rotura con 2-1 para colocar la presión en el encuentro. No es una herida abierta, ni siquiera una tendencia en el encuentro, pero es suficiente para enviar un buen mensaje de amenaza.

La derecha paralela de Roger es un cañón en el inicio del partido. Federer conecta ese golpe con una decisión feroz, coleccionando un contrapié tras otro ante la mirada de Novak. El serbio, uno de los jugadores con mejor movilidad del circuito, siempre ha hecho virtud del anticipo. Pero ese tiro del helvético consigue dos cosas: primero, inculcar dudas en las piernas del serbio; después, neutralizar su formidable revés a dos manos, en el que aterrizan esos cañones sobre la línea. Dos armas principales del N° 1 son cuestionadas desde el inicio de la batalla.

De resistir podría sentar cátedra el serbio y no tarda mucho en demostrarlo. En un partido que no le da respiro, que le exige una reacción inmediata en cada punto, también sale indemne cuando Roger se coloca a dos pelotas del primer set (5-4, 0-30). Alcanzar el tiebreak en ese nivel de exigencia refuerza la dureza de su coraza. Allí, Novak firma un imposible que pocos podrían imaginar: detener en seco a un Roger lanzado en césped. Tras digerir otra situación límite (3-5), el serbio enlaza los últimos cuatro puntos del set para tomar ventaja en Londres.

Será el primer ejemplo de su resistencia. Djokovic gana un primera primera manga con todo en contra: sin pelotas de rotura, con un primer servicio demolido (54%) y ante un Federer rectilíneo, capaz de penetrarle con 21 tiros ganadores. Ninguna piedra es suficiente para detener al N° 1.

Como connsumir a Federer en hierba es una buena fantasía, Wimbledon se encarga de reventar la burbuja a golpe de realidad. Con el partido ya caliente y el pulso acelerado, Federer culminó la amenaza de la primera manga. Entre un revés cortado maravilloso y una derecha bien afilada, el suizo rasgó de arriba a abajo el parcial con un inmediato 4-0. Tal fue el ritmo que la caída de Djokovic, desparramado por el fondo entre la hierba abierta, ilustró a la perfección lo vertiginoso del juego.

El ocho veces campeón igualó el encuentro en un abrir y cerrar de ojos, escalando a pulmones llenos una montaña capaz de rendir a casi todos. El servicio, su músculo más firme, se mantuvo sobre la hierba, completando otra manga sin encarar una pelota de quiebre. Toda una gesta ante uno de los mejores restadores de siempre. Si Londres quería degustar una gran batalla, acababa de recibir los dos primeros platos.

El corazón del partido trajo momentos maravillosos, porque la importancia de la tercera manga reunió el mejor nivel a ambos lados de la cinta. Si Djokovic regresó con fuerza al encuentro, recuperando su fortaleza desde el fondo, Federer respondió con un amplio abanico de recursos. El suizo cortó el revés con furia, dejando muchas pelotas sobre los tobillos del serbio. Ninguna pelota era clara en manos del vigente campeón, todavía impedido para encontrar un recoveco sobre el servicio de su adversario.

El momento de máxima presión hizo aflorar la templanza de dos grandes campeones. Un bote pronto excelso con 5-4 dio a Federer una pelota de set, un momento que la grada celebró al unísono. Allí, solo ante el peligro, Djokovic fue capaz de reordenar su servicio, enlazar tres puntos de precisión y mantenerse con vida en el parcial. Otra demostración de hielo en las venas camino de un nuevo desempate.

Con el duelo en el canto de una moneda, el partido convertido de siempre: la supervivencia de un especialista al borde del precipicio. Djokovic remó en un desempate de puntos trabajados, donde se compitió desde el fondo más de lo habitual. La presión hizo ganar terreno a la selección de tiro y ahí el serbio marcó una diferencia visible.

Sin ver una opción de roturas en tres mangas completas, de alguna manera, Novak iba torciendo la mano a Roger en el césped más preciado de todos.

Lejos de encontrar una autopista hacia la copa, Djokovic se topó con lo contrario. Si la experiencia de Federer es imponente también lo fue su respuesta, dirigida a frenar los pasos de un campeón inminente. El suizo compitió montado como nunca sobre la línea y abrió la defensa del serbio de lado a lado. Pronto creó una renta de dos quiebres (5-2), una grieta terminal sobre pasto.

Como ocurriera en las dos primeras mangas Roger marcó diferencias después de parcial agónico, sobreponiéndose a un desempate que bien pudo mandarlo directo a los vestuarios. No a él, acostumbrado a mil batallas sobre la Centre Court de Londres. Antes de cerrar el cuarto set, además, le mostró a Djokovic el precio al partido. Cuando el serbio disfrutó de su primera pelota de rotura, algo minúsculo con casi cuatro sets en las piernas, Roger se lo negó con el intercambio más largo del partido, una maravilla de 35 tiros. Aunque Djokovic quebró y acortó distancias hasta el 5-4, el suizo no permitió el respiro.

Así, ambos acudieron al set definitivo con fe en las entrañas. Djokovic había asestado su primer mazazo al resto, toda una prueba de presencia. Federer, dispuesto a la épica, volvía a estar bien vivo.

Y los quintos sets son para sobrevivir.

Federer lo comprobó bien pronto. Tras completar cuatro sets con sufrimientos contados al saque, el suizo se encontró con tres pelotas de rotura en un solo juego. La sangre fría para colocar el 2-2 lanzó el duelo a una batalla sin miedo. Como si lo que estuviera en juego no fuera poner las manos en el trofeo. La cercanía del final desató las emociones en un partido que no resistía demasiada lógica. Si Djokovic colocó un 4-2 de aroma inquietante, Federer respondió rompiendo de inmediato ante una grada que coreaba con fuerza su nombre.

El hambre por un drama total era más que evidente. La llegada del 4-4 desató una ovación digna de un estadio de fútbol, como si Roger hubiera anotado en el tiempo de descuento.

La ebullición ya solo fue a más. Con 5-5 15-30, expuesto a un peligro límite, Djokovic acabó por el suelo después de cazar una pelota lanzado sobre su derecha. Más que un partido de tenis aquello ya era una pelea por la vida. Hasta Novak le preguntó al juez de silla en qué momento habría un desempate en la quinta manga. Un premonición lejana pero factible, con el formato de 12-12 estrenado en esta edición.

Federer se encargó de desafiar esos límites. El suizo resistió en un partido en el que estuvo a dos puntos de verse 2-5 en la manga definitiva. Y cerca estuvo de obrar el milagro. Con un tremendo passing shot de derecha cruzada dejó clavado a Djokovic, puso el 8-7 en el marcador y los nervios en media Inglaterra. Novak respondió con un imposible, algo complicado de creer en césped, colocando el 8-8 tras levantar al resto una doble pelota de partido. La segunda, con un colosal passing de derecha cruzada que rompió el esquema de Roger.

Desde allí, el partido fue una carrera al abismo. Un momento deportivo de difícil descripción. Demasiado en juego y demasiado poco por jugar. El 10-10 llegó como la noche al final de los días y ninguno dio su brazo a torcer hasta la tregua del 24º juego. Allí, tras volver a caer por los suelos y ver una caña de Federer perderse por los aires de Londres, Djokovic coronó por fin su quinta copa de Wimbledon.

Federer bate a Nadal y buscará su noveno Wimbledon.

post

El suizo se llevó un choque clásico sobre la hierba de la Centre Court.

Incluso la leyenda más grande puede seguir creciendo. Roger Federer alcanzó su 12ª Final de Wimbledon al batir a Rafael Nadal en un choque titánico. El suizo, que superó al español por 7-6(3), 1-6, 6-3 y 6-4 tras tres horas y cinco minutos de lucha en Londres, se aseguró su 31ª Final individual de Grand Slam, la mayor marca de todos los tiempos, y también otra cita con lo desconocido. El domingo, ante el serbio Novak Djokovic, buscará su novena copa en el All England Club para extender su figura como jugador más laureado de siempre sobre el pasto británico.

Que no es un partido cualquiera pronto quedó bastante claro. Español y suizo saltaron a la Centre Court de Wimbledon bajo una sonora ovación, recibidos como auténticas leyendas en un escenario icónico. Sobre una hierba rota tras dos semanas de zapatazos, dos de las mayores figuras de todos los tiempos abordaron un partido sin concesiones.

El sol calentaba con fuerza la hierba y el juego actuó en consecuencia. Si el suizo es un especialista en el tenis vertiginoso, capaz de mantener la precisión a la velocidad de un rayo, el español mantuvo la agresividad mostrada desde su llegada a Londres. Era un partido para afrontar desde la decisión, con una contundencia sin miramientos, y la misión fue aceptada a ambos lados del campo.

Para dos tenistas con los nervios curtidos a experiencia, la situación fue manejada con hielo en las venas. Los primeros siete juegos volaron desde la autoridad al servicio, calentando las manos a pasos acelerados. Nadal no fue capaz de frenar un encuentro plagado de puntos simples, decididos de chispazo en chispazo al gusto de su adversario. Atento al escenario conducido, Federer dispuso de una pelota de rotura con 4-3, una opción que es tesoro en una batalla de equilibrio. Ahí, también, estuvo Nadal dispuesto a aceptarlo.

El primer momento crítico del partido fue un viaje al pasado. Ante una situación de presión, quizá en una de las visiones más repetidas de su carrera, Rafa confió en la medicina de siempre. Combar su derecha sobre el revés de Federer hasta partirlo en mil pedazos. Una variante para nada explotada pero que apareció en este instante. Después, cuando Roger se colocó a dos puntos de ganar la manga (6-5, 40-40), el mismo recoveco la permitió seguir a salvo. Como resultado: un primer set sin roturas de intenso aperitivo.

El desempate fue el destino lógico para dos tenistas blindados. Allí, en un minúsculo puñado de puntos, quedaría resuelto el drama de todo un primer asalto. Y Federer apareció preciso, dispuesto a sacarse toda la presión de golpe. El suizo se rehizo en un tiebreak de infarto, donde su cabeza funcionó tan rápido como las manos. Tras levantar dos mini-roturas y con una derecha que escupió fuego, el ocho veces campeón asestó el primer mazazo.

Nadal no se rendiría y poco tardó en demostrarlo. Con su capacidad para mover montañas, en un partido que apenas se encontraba en las faldas, el español comenzó a mover la pelota con una furia inusitada. Dejando fuera de posición a su adversario. Sus tiros desafiaron el orden del suizo, clavado en un paredón de trayectorias desde el fondo. Y el partido encontró unas curvas inmensas. Nada más comenzar el segundo set Rafa tuvo dos misiones: contener con 1-0 su interior, al no aprovechar sus dos primeros puntos de quiebre, y contener con 1-1 también a Roger, que rozó una rotura con un aspecto gigantesco.

Como la fe del español no tiene límites, convirtió en oportunidad un partido a cara de perro. El mallorquín hizo pestañear a Federer colapsando su flanco de revés y pronto abrió en canal la discusión sobre el césped. En un abrir y cerrar de ojos dominaba 4-1 en un partido hasta entonces bien plano. Sus piernas tomaron un impulso tremendo,  respondiendo a los cambios de ritmo del jugador suizo y su revés volvió a endurecerse, siendo la plataforma clave para plantear la pista a lo ancho.

El primer resurgir de Nadal creó dudas claras en Roger, impreciso incluso en la zona central del campo. Cuando los pensamientos llegaron hasta cerca de la red, un terreno de habitual dominio para el suizo, el rumbo del partido dio un giro bien brusco. Antes de que Londres asumiera una reacción, el español se sentó en el banco con el partido igualado.

Si los momentos de presión distinguen a los mejores de los buenos, Federer remarcó una vez más su lugar entre los primeros. El suizo desplegó una derecha que es un primor, coloreando una variedad de tiros que levantó al graderío. Con golpes invertidos, ganadores en estático pasando por bote prontos, el de Basilea rasgó un parcial que bien podría haberlo hundido. Con el 3-1 en las manos y un Nadal dispuesto a resistir, Roger salvó una situación crucial. Un 15-40 con el partido ya convertido en lo de siempre, un duelo de tenis con el ritmo del ping-pong.

Como el suizo es imparable con la mano engrasada, el final del parcial fue un resumen de atributos. Roger se montó al resto como un martillo, devolviendo pelotas sin pausa con los pies sobre el blanco. Y su derecha, un láser hacia cualquier punta del campo, siguió marcando el ritmo de lado a lado. El nivel fue evidente mirando al marcador: Roger llegó a tener pelotas para dominar 5-1 al español, un tenista al que es casi imposible siquiera mantener el ritmo.

La caída del sol trajo un balón de oxígeno para Federer: un reto de larga distancia en las manos de su adversario. Si Nadal quería llegar a la victoria en la Centre Court, a imagen de su histórico triunfo en la Final de 2008, tendría que hacerlo por el camino más duro: las cinco mangas sobre césped ante el mayor dueño del campo.

Con el partido encarado Federer firmó momentos brillantes, plagados de reflejos. Sus manos fueron rápidas ante Nadal, un maestro del revés cortado que quiso bajarle la pelota contra el suelo. Allí estuvo Roger, intacto a los 37 años para mostrar la agilidad de su cuerpo. La contundencia del suizo pronto colocó el 3-1, dejando a Rafa al borde del camino. Una ventaja que Roger nunca más dejó escapar.

Y eso que el español se resistió sin descaso. Nadal levantó dos pelotas de rotura con su servicio, otras tres al resto y, con 5-4 en los letreros, estuvo apenas a un punto de restablecer el equilibrio. En el sufrimiento, algo habitual, se desvivió Rafa como ninguno. Una lucha sin tregua que levantó a una grada impactada ante lo visto.

Federer culminó el partido a lo grande, sin perder un servicio en las dos últimas mangas como mensaje más nítido. Ante los mejores, sin importar el nombre del adversario, su ritmo sigue siendo incontenible sobre pasto.

Nadal cita a Federer en épica Semifinal de Wimbledon.

post

Español y estadounidense batallaron sobre la hierba de la Court 1 para pasar de ronda y medirse contra el suizo.

Es imposible contenerle, el jamás se rinde. Rafael Nadal avanzó el miércoles a la Semifinal de Wimbledon tras vencer por 7-5, 6-2 y 6-2 al estadounidense Sam Querrey en un duelo eléctrico. El español regresa a la penúltima ronda firmada en la pasada edición, extiende su trabajada adaptación sobre el césped y remarca su condición de gran candidato en el All England Club, donde persigue una tercera copa dorada que incluir en su vitrina.

El mallorquín disputará una Semifinal de ensueño ante el suizo Roger Federer. Ambos se encontrarán en la hierba de Londres once años después, sumando un esperado capítulo a la inolvidable Final librada en la edición de 2008. Un choque para los anales de la historia, considerado por muchos uno de los mejores partidos de tenis de todos los tiempos.

Para alcanzar esa cita, Rafa sumó ante Querrey su enésimo ejercicio de tesón sobre el pasto.

El partido fue recibido por la intensidad de Nadal, un jugador hirviente desde el principio del torneo. Ante Querrey, uno de los pegadores más formidables sobre hierba, el saludo inicial fue parecido a los anteriores. Ninguna tregua en los primeros minutos. Como en sus cuatro partidos previos, y marcando un dominio total de los momentos, Rafa apenas necesitó dos turnos al resto para asestar la primera rotura (2-1). Un manotazo de entrada sobre el juego de su adversario. En una superficie como la hierba, un buen balón de oxígeno.

En el torneo de las costumbres Nadal se aferró a las más mostradas en Londres: una mentalidad constante y la seguridad al poner la pelota en juego. El español ganó sus 14 primeros puntos con el servicio. Esa fue la carta de presentación más clara. Si Querrey suponía un reto de pegada, un obstáculo de tenis vertiginoso, Rafa afrontó el partido dispuesto a aceptar el desafío.

Que Querrey no era un invitado también quedó bastante claro. Imponente con sus golpes de derecha, un misil en el impacto estático, el estadounidense también mostró la suavidad de sus manos. Si Nadal buscó incomodar su gran planta (1.98m) con el revés cortado, Sam respondió con un tacto agudo desde la dejada y la volea. Golpes clásicos sobre el pasto que fueron dibujando una batalla sin tregua.

El partido tenía espinas y no tardaron en aparecer. Tras acumular ocho mangas sin encarar una pelota de rotura, Nadal estuvo a un punto de distancia de perder el servicio ante Querrey. El español evitó el 4-4 con tiros decididos y se lanzó con la mano abierta a la conquista del primer set. Allí, sin embargo, esperó el americano para sobrevivir al vía crucis. Sam levantó tres pelotas de set con su servicio y una cuarta al resto, arrastrando al español hasta un 5-5 que parecía improbable.

Como retener a Nadal equivale a consumir un incendio abanicando, el mallorquín respondió de inmediato. Rafa estuvo tres veces a un tiro de tocar el tiebreak, una ruleta rusa ante un rival como el americano, y su respuesta fue formidable. Tres servicios colosales, dos de ellos directos al besar la cal, para hacerse con el control de la primera manga. Un parcial en la que resistió con todo, tragando hasta 14 aces de su rival antes de apretar la mano.

Si estudiar la tarde posterior a un examen es raro, Nadal apareció con varios manuales encima. Tras una manga de infarto, de esas que pueden aplanar a cualquiera, allí emergió la figura del español. Siempre dispuesto a continuar el trabajo. Rafa arrebató el servicio a Querrey en las faldas del set (2-1), cuando la toalla recién se apartaba del rostro del americano. El dos veces campeón se hizo fuerte en uno de sus grandes sellos, la intensidad permanente sin importar el sufrimiento vivido.

El ejemplo fue bien claro porque la segunda manga pudo tomar un rumbo muy distinto. En una de sus especialidades más perfeccionadas, Nadal convirtió una situación crítica en su trampolín más inmenso. El español levantó un 15-40 en el sexto juego del set, toda una amenaza ante un pegador como Sam, y volteó por completo la dinámica del partido. El impacto psicológico fue de tal dimensión que se pasó del día a la noche: un muy posible 3-3 se convirtió en un definitivo 6-2, con el español lanzado a la conquista del encuentro.

En un choque que era un cuerpo a cuerpo, los puñetazos de Querrey se fueron consumiendo. Ante un rival pletórico, siempre generoso en el derroche del esfuerzo, el americano apenas pudo conectar tres servicios directos en toda la segunda manga. Una cifra baja sobre césped e insuficiente para suponer un obstáculo. Era el mérito de Nadal, capaz de desfigurar la mejor propuesta de cualquier adversario.

El tercer set fue el desenlace porque el español no conoce el relax. Sobre un amplio colchón y con la caída del sol ya entre manos, Rafa mantuvo la velocidad de pies como un galgo. El dos veces campeón mordió el primer turno de servicio de Querrey y mantuvo como constante un imposible: hacer competir al americano siempre por debajo. Una misión de altura ante un rival que es un tren en marcha, algo incontenible sobre el pasto.

Con una derecha que dominó a su antojo, zarandeando a Querrey en un fondo de pista ya desgastado, Nadal puso rumbo decidido hacia la Semifinal. Una ronda que pondrá definitivamente a prueba su altura como candidato. Si Rafa está preparado para reconquistar Londres, ya se ha plantado a las puertas de demostrarlo.

La victoria permite a Nadal ser el primer jugador clasificado para las ATP Finals, a celebrar del 10 al 17 de noviembre bajo la cubierta del O2 en Londres.

Un Nadal imperial vuelve a Cuartos de Final en Wimbledon.

post

El mallorquín desborda a Sousa sobre la hierba de la Centre Court.

Las ideas claras sobre hierba son un buen presagio. Rafael Nadal se clasificó el lunes para los Cuartos de Final de Wimbledon tras batir por 6-2, 6-2 y 6-2 al portugués Joao Sousa en una hora y 47 minutos de encuentro. La convicción del jugador español, intacta sobre la hierba del All England Club, lo ha impulsado con fuerza hasta colocarse entre los últimos ocho candidatos. Las rondas decisivas del Grand Slam se acercan en Londres, y el mallorquín aparece dispuesto a continuar con su camino.

El dos veces campeón intentará regresar a la penúltima ronda alcanzada durante la pasada edición. Su próximo reto será el semifinalista de 2017 Sam Querrey, un jugador bien curtido en el césped de Londres.

Sobre una superficie que pone a prueba la capacidad de reacción, porque sorprende con el vuelo bajo de la pelota, Nadal ha mostrado lo afilado de sus reflejos. En sus cuatro primeros partidos de Londres, marcando una buena tendencia, el español ha necesitado como mucho dos turnos al resto para romper el saque de su adversario.

El portugués Sousa palpó en esta ocasión la capacidad de aceleración del balear, que volvió a salir en tromba a la Centre Court de Wimbledon. Nadal marcó con convicción la dirección de sus golpes y colocó dos roturas en las faldas del encuentro (3-0), un golpe serio antes de subir las pulsaciones.

La seguridad al servicio siguió siendo la firma del mallorquín en Londres, donde está marcando un ritmo de juego vertiginoso ante cualquier adversario. Un 85% de tino con el primer saque fue el sostén más claro del arranque. Nadal supo mantener a raya cualquier intento de reacción de Sousa, desesperado por momentos e incapaz de generar una sola pelota de rotura en todo el parcial.

El tesón es una clave fundamental en el formato a cinco mangas y esa misión la cumplió Rafa al milímetro. Lejos de romper su concentración el español asestó otro golpe clave, colocando una nueva montaña en la apertura del segundo set (2-0). Para Sousa, vacío de soluciones ante el Top 5 en partidos de Grand Slam (0-8), la dificultad del reto comenzaba a ser inmensa.

Al encarar el partido con una variedad fabulosa, Nadal siguió complicando la situación sobre la hierba. El español empleó con maestría su revés cortado, un golpe fundamental para aplacar los fogonazos de un Sousa decidido a acelerar el ritmo. Las pelotas flotantes de Rafa desordenaron las ideas del portugués, consumido en un laberinto táctico. En esas, la segunda rotura del parcial no tardó en llegar (5-2), llevando el partido a un punto de difícil retorno.

Las dos primeras mangas le exigieron poco más de una hora al español, adherido al ritmo de crucero que ha mostrado desde el inicio del torneo. Si la velocidad de piernas es un reflejo del estado físico, Nadal gozó de un motor solvente en todo momento.

Por si la situación no era definitiva el tiro de gracia fue absoluto. El español comenzó el tercer set repleto de oxígeno y el ejemplo generó la ovación del graderío. Rafa ganó el gran punto del encuentro, dominando un intercambio de casi 20 golpes que culminó con un delicado revés a una mano. Un tiro en mitad de pista que dejó a Sousa clavado y a Nadal por los aires con el puño bien cerrado. La fortaleza de su backhand quedó probado para convertir la rotura (2-1), lanzando un misil cruzado que fulminó la cal del pasillo.

La victoria fue un destino natural para el orden de Nadal, impasible a la ventaja del marcador hasta completar su objetivo. Así, Nadal alcanza por 7ª vez los Cuartos de Final de Wimbledon – ocupando la 10ª posición histórica de apariciones en esta ronda en Londres junto a Andre Agassi, Stefan Edberg, Goran Ivanisevic e Ivan Lendl.

Barcelona 68-74 Real Madrid: Cuarto título blanco en cinco años.

post

El Real Madrid se proclamó campeón de Liga después de superar en el cuarto partido al Barcelona (68-74), en un enfrentamiento que no terminó de romperse, pero que tuvo dominado durante toda la segunda mitad. Es el quinto título liguero de Pablo Laso con los blancos que tuvieron a Facundo Campazzo como jugador más destacado en la dirección del equipo con 28 de valoración.

En un cuarto partido duro, se impuso el físico del Real Madrid, muy superior en la zona -con 46 rebotes, 18 de ellos ofensivos- e intenso atrás, anulando al azulgrana Thomas Heurtel, autor de tan solo dos puntos.

A la sobresaliente actuación de Tavares (10 puntos y 13 rebotes), se sumó la regularidad de Facundo Campazzo, Rudy Fernández, Anthony Randolph y Fabien Causeur, cuatro jugadores que superaron los diez puntos.

Todo ello en el último partido de la temporada en el Palau Blaugrana. El aficionado azulgrana no falló. Ambiente ensordecedor en el anfiteatro; máxima eficacia en los primeros cuatro minutos del Real Madrid en el parqué .

Liderados por Rudy Fernández, autor de tres triples en apenas tres minutos y medio, los visitantes completaron un primer tramo de partido impoluto. Entraron los triples -cinco en el primer cuarto- y controlaron el rebote ofensivo, lo que les permitió gozar de una ventaja de 11 puntos (8-19, min.6).

Pedía tiempo muerto Svetislav Pesic para frenar la sangría. Con un Heurtel sin chispa en ataque, un hasta el viernes discreto Kevin Pangos, secundado por Singleton, conectó a los locales.

Los triples y las asistencias del base canadiense (16 puntos) dieron aire al Barcelona, que cerró el primer acto con un parcial de 13-5 que dejaba vivo el partido (21-24).

En el segundo periodo, mandaron las defensas. La inercia de Pangos situó al Barcelona por delante por vez primera (27-26, min.22), pero los de Pablo Laso, sin jugar un baloncesto coral, apretaron las tuercas en defensa ahogando, de nuevo, a un barça sin muchas ideas. Tavares y Ayón mandaban en la zona, mientras que Thompkins sacaba la cabeza para dejar a su equipo con una mínima renta tras los primeros 20 minutos (33-37).

El Real Madrid reapareció del vestuario refrendando su superioridad en la zona. Tavares edificó un muro y su equipo lo notó con los rebotes ofensivos. Con segundas opciones en ataque, el Real Madrid fue letal. Rudy y Randolph se mostraban infalibles desde el perímetro y su equipo lo agradeció en el marcador (37-47, min.25).

Pero el Barcelona tiró de orgullo y de Pangos para agarrarse a la Final. El base volvió a brillar con un triple y un contraataque de manual que situaba el 45-47 (min.27).

Paró el partido Pablo Laso y su equipo lo agradeció, especialmente en defensa. Sobresalía Causeur con cinco puntos consecutivos, mientras que Tavares ahogaba a un Ante Tomic cansado. El Barcelona, orgulloso, cerraba el tercer cuarto algo titubeante, con la sensación de que el Real Madrid domaba el ritmo del duelo cuando quería (47-55, min.30).

Echaron el cerrojo los blancos en el último cuarto. Pablo Laso planteó una defensa sin fisuras que dejó sin aire a su rival. No aparecía Heurtel, no llegaban los triples del Barcelona y el Real Madrid tuvo suficiente con los chispazos de Campazzo, Caseur y la intimidación de Tavares para acabar con las opciones del equipo azulgrana, que encadenó cinco minutos sin anotar (55-67, min.37).

A un minuto y 56 segundos para el final, Hanga puso fin a la sangría con un triple. La remontada, sin embargo, no llegó y el Real Madrid alargó su jerarquía en la ACB ante un Palau Blaugrana resignado.