Roger Federer Gana Su 18 Grand Slam.

post

El suizo gana su quinto Open Australia ante Rafael Nadal y extiende su récord.

Una victoria brillante en el duelo más esperado de todos. Roger Federer se proclamó campeón del Open Australia 2017 al batir por 6-4, 3-6, 6-1, 3-6, 6-3 en tres horas y 40 minutos al español Rafael Nadal en la pista Rod Laver Arena de Melbourne Park. El suizo, que volvió a ganar un grande cuatro años y medio después, se rehizo en Melbourne para mandar un mensaje claro: selló con 35 años su quinto título sobre las pistas de Australia, levantó su decimoctava copa del Grand Slam y, desafiando al paso del tiempo , se convirtió en el campeón de un major más veterano de los últimos 45 años.

Construyendo el 35º capítulo de su rivalidad, la más extendida de todos los tiempos en una final de Grand Slam con hasta nueve enfrentamientos, el partido ofreció una lucha a la altura de su historial.

La ocasión era enorme para ambos y la igualdad fue patente desde los puntos de inicio. Tras seis primeros juegos dominados al servicio, Federer asestó el primer golpe al resto para situar el 4-3 en el marcador. En un arranque de partido vertiginoso, donde los puntos se jugaron a toda velocidad, el suizo se encontró como pez en el agua hasta cerrar el primer set en apenas 34 minutos de juego, una delicia para su directa puesta en escena. Con un 93% ganado con primer servicio y 13 tiros ganadores, el de Basilea tomó el control al entrar en calor.

Con el partido en contra surgió la garra del español, capaz de ganar sets en las 21 finales de Grand Slam disputadas en su carrera. Logrando extender los intercambios y situando su clásica pelota alta sobre el revés de Roger, Rafael logró contener el impulso inicial de su rival y quebrarle en sus dos primeros turnos al resto, montándose en una ventaja (4-0) que fue definitiva para igualar el partido. El español, que lejos de caminar tranquilo en ventaja afrontó situaciones delicadas ante un rival irredento (dos pelotas de rotura con 2-0, y un quiebre con el 4-0 a su favor), niveló el choque a base de perseverancia. Su crecimiento al resto (pasó del 17% al 48% de puntos ganados en la devolución) fue clave para lograrlo.

La batalla igualada hizo aflorar las virtudes de los aspirantes. Bajo presión apareció la versión más fría de Federer, capaz de salvar con tres aces tres pelotas de rotura en el primer juego. El desahogo impulsó al de Basilea, que pasó a romper el servicio del español y a subir de nuevo la velocidad del encuentro (3-0). Ante la nueva irrupción apareció el carácter de Rafa, capaz de levantar tres pelotas de rotura en el cuarto juego para evitar ser borrado de la manga. En una dinámica de juego acelerado Federer marcó el terreno, generando pelotas de quiebre en todos los juegos al resto, quebrando dos veces a Nadal y asegurando con holgura (6-1) el tercer parcial. Un servicio recuperado (82% ganado con primero) y su frialdad en fases clave (anuló los cinco puntos de rotura) le devolvieron la ventaja.

La presión volvió a ser total en una manga sin margen para cesiones. Tras tres juegos de dominio al servicio los latigazos de derecha de Nadal comenzaron a marcar diferencias, permitiendo al español recuperar la voz en el partido y llevar a su terreno el marcador (4-1). Abriendo la pista a lo ancho con su forehand liftado y muchos ángulos de revés cruzado el español volvió a aferrarse al encuentro, ganando sus últimos 10 puntos al servicio en el cuarto set. Una eficacia que probó decisiva para, como ya ocurriera en la edición de 2009, decidir la batalla por el título en la manga definitiva.

Allí, y con la copa apenas a un set de distancia, se desató la tormenta final. Y calado de sudor por el esfuerzo fue el español quien lanzó con decisión la derecha para intentar rematar el partido. Nadal rompió en el primer juego a Federer, que mantuvo una amenaza constante en los tres primeros turnos al resto (tres pelotas de break con 1-0, una con 2-1 y otras dos más con 3-2) hasta terminar equilibrando el choque. Entonces el suizo encontró el aire, enlazó siete puntos consecutivos hasta ponerse con 4-3 0-40 y situó en una situación límite a Nadal, que entregó su saque al quinto punto de rotura. Con su segunda pelota de partido, Roger coronó su 18º título del Grand Slam.

Un triunfo que sirvió para alimentar las fuerzas del suizo en una rivalidad histórica del ATP World Tour: Roger recordó lo que es batir al español en una final de Grand Slam (algo inédito desde Wimbledon 2007), remarcó su dominio en duelos por la copa fuera de la tierra batida (donde gobierna por 6-3 el historial de choques ante el español) y maquilló el balance de enfrentamientos ante el jugador de Manacor (ganando sus últimos dos duelos hasta poner el 12-23 en el Head to Head entre ambos).

En una demostración de versatilidad, además, el helvético logró convertirse en el primer jugador de todos los tiempos capaz de levantar al menos cinco títulos en tres Grand Slams diferentes. Alimentando un currículo de oro, Roger ya figura con vitola de pentacampeón en el Abierto de Australia, US Open y Wimbledon, donde su colección se dispara hasta las siete coronas.

En definitiva, una página dorada para el deporte. Un día, también, para el recuerdo del jugador suizo, convertido desde este 29 de enero con sus 18 coronas en un líder todavía más claro como jugador de más títulos de Grand Slam de todos los tiempos. Así, y tras dejar a cuatro majors de distancia a sus más inmediatos perseguidores (Rafael Nadal y Pete Sampras, ambos con 14) el suizo gira la cabeza y encuentra más tierra de por medio con la vitrina más poblada de todas. La historia continúa…

Un épico Nadal resiste y avanza a la Final.

post

Victoria de Rafael Nadal frente a Grigor Dimitrov en un épico partido a cinco sets. El español se cita con Federer en el partido decisivo del Open Australia.

Rafael Nadal no quería perderse una oportunidad como la que tenía delante. Regresar a una final de Grand Slam por primera vez desde 2014. Pelear por su 15º Grand Slam. Encontrarse frente a frente con su rival más especial. Y en un partido en el que tocó pelear y exigirse al máximo, se impuso a Grigor Dimitrov por 6-3, 5-7, 7-6(5), 6-7(4) y 6-4 en casi cinco horas de batalla para citarse con Roger Federer en la final de finales.

El campeón de 2009 (v. a Federer) llega a una final de Grand Slam por primera vez desde que se coronase en Roland Garros 2014 (v. a Djokovic) y disputará su cuarta final en Melbourne Park, donde también disputó la ronda decisiva en 2012 (p. ante Djokovic) y 2014 (p. ante Wawrinka). Con esta final, además, se convierte en el octavo hombre en la Era Open en disputar mínimo 4 finales en Australia, empatando con Agassi, Lendl y Wilander.

Final No. 21. Nadal llegó con un espectacular récord de 20-3 en semifinales a su encuentro ante Dimitrov y cumplió con la probabilidad. Así, avanzó a su final No. 21 en Grand Slam, igualando a Djokovic en segunda posición en finales grandes por detrás de Federer (28). La final tiene además una meta histórica. De hacerse con el título, Nadal se convertiría en el primer hombre en la Era Open (y tercero en la historia) en ganar los cuatro Grand Slam dos veces.

Un partido trepidante. El primer set arrancó con un Dimitrov que salió a por todas. El búlgaro se hizo con dos bolas de break en el juego inicial, pero una a una, Nadal las neutralizó. En el cuarto juego, fue el español quien encontró una brecha en el servicio de su rival, haciéndose con el único quiebre del parcial. El mallorquín se llevó el 90% de puntos con su primer servicio y tan sólo cometió dos errores no forzados: estaba intratable.

Dimitrov respondió de inmediato en el segundo set, escapándose con un 4-1 y un sólo quiebre. Nadal mantuvo la presión y el parcial entró en idas y venidas de ambos jugadores. Primero cedió Dimitrov su servicio con una doble falta en el séptimo juego. Inmediatamente después Nadal concedió otro break también con doble falta. Y cuando, con 5-3 y saque, Dimitrov sirvió por el parcial, el español logró el tercer break consecutivo.

Al resto, en cambio, el búlgaro logró su primera bola de set. Nadal respondió con una derecha paralela inapelable. Cuando tuvo la segunda, Nadal forzó y forzó a su rival hasta el error. En la tercera, el español neutralizó con un buen primer saque. La cuarta con un ace que rozó la línea. Cuatro bolas de set salvadas y 10 minutos de juego después, Nadal se agarró al parcial y puso el 5-5.

Cuando Nadal servía por forzar la muerte súbita, Dimitrov convirtió su quinta bola de set e igualó el partido. El encuentro empezaba de nuevo.

El ganador de 14 grandes siguió presionando sin descanso y encontró su recompensa en el quinto juego, cuando pudo quebrar una vez más el servicio del búlgaro para ponerse con ventaja en el tercer set. Sin embargo, y como ya sucediera en el segundo set, Dimitrov respondió con otro break. El partido estaba en un cara a cara sin descanso. Una montaña rusa de sensaciones.

Como no podía ser de otra manera, el parcial se decidió en la muerte súbita. La emoción llegó a su momento más álgido y cuando Nadal dispuso de la primera bola de set, no perdonó. El cuarto set se convirtió en un todo o nada para Dimitrov, quien, empujado por la confianza de sus 10 victorias consecutivas, forzó la muerte súbita en el parcial, se llevó la manga y prolongó el encuentro al quinto y definitivo set.

Allí, en una batalla sin cuartel, con 3-4 y 15-40, Nadal resurgió ante el Dimitrov más brillante. Salvando dos bolas de break se hizo con el 4-4 y en el siguiente juego, quebró a Dimitrov para llevarse el encuentro.

La final de finales. Y en el año más inesperado, Federer y Nadal se vuelven a encontrar en una final de Grand Slam. El partido soñado en la ronda soñada. El español domina el Head to Head por 23-11 con un 6-2 en finales de Grand Slam. La cita será en Melbourne Park, donde ya se disputaron el trofeo en 2009, cuando en cinco mangas se llevó su primer y hasta ahora único Open Australia.

Y como si el destino tuviera un detalle más para completar el guión, la última vez que dos treintañeros disputaron una final de Grand Slam fue en el US Open de 2002, cuando Pete Sampras (31 años) superó a Andre Agassi (32 años). En Australia, sin embargo, hay que remontarse a 1972 para ver una ronda decisiva entre veteranos, cuando Ken Rosewall (37 años entonces) superó a Mal Anderson (36 años).

Un imponente Nadal pisa Semifinal.

post

Nadal sumó su victoria No. 50 en el Open Australia después de superar a Raonic. El español, campeón de 14 Grand Slams, regresa a la penúltima ronda de un grande por primera vez desde Roland Garros 2014.

Rafael Nadal está de vuelta en unas semifinales de Grand Slam. El No. 9 del mundo, ganador de 14 grandes y campeón en el Open Australia en 2009, se impuso a Milos Raonic en la Rod Laver arena con un despliegue de poderío y garra. Tras dos horas y 45 minutos, el español se impuso 6-4, 7-6(7) y 6-4 al No. 3 del mundo y alcanzó sus quintas semifinales en Melbourne Park.

Ya son 50 victorias en el Abierto de Australia, el único Grand Slam en el que tiene tantos triunfos además de Roland Garros. Es el cuarto jugador en la Era Open en sumar al menos 50 triunfos en Australia, por detrás de Federer (85-13), Djokovic (58-7) y Edberg (56-10). Precisamente desde 2014, año en que ganó su novena Copa de Mosqueteros y último grande hasta la fecha, Nadal no progresaba a una penúltima ronda de Grand Slam.

El primer set empezó con ambos jugadores mostrando respeto mutuo. Entrando poco a poco en el partido, escaneando el servicio rival. Nadal firmó una manga inicial prácticamente perfecta, sin ceder una sola bola de break, cometiendo tan sólo dos errores no forzados y conectando 12 golpes ganadores. El único quiebre del parcial llegó en el séptimo juego y fue suficiente para que el español se pusiera por delante en el marcador.

La perseverancia tuvo premio. La segunda manga continuó con tremenda igualdad hasta que en el décimo juego, estando 5-4 y resto, Raonic se hizo con hasta 3 bolas de set. Nadal salvó una a una con golpes ganadores. En la muerte súbita, el canadiense se hizo con tres bolas de set más y tampoco pudo convertir ninguna. Así, el español, salvó seis bolas de set en contra y cuando tuvo una a su favor, no perdonó. El set fue un punto de inflexión definitivo. Exprimiendo al máximo sus opciones, sin rendirse. En el tercer set, esperó su momento y en décimo juego quebró a Raonic para hacerse con el paso a semifinales.

Dimitrov, el próximo rival. En semifinales le espera el búlgaro Grigor Dimitrov, quien después de superar a David Goffin en cuartos de final, alcanzó su primera penúltima ronda en el primer Grand Slam del año. No sólo eso, el No. 15 del mundo, acumula 10 victorias consecutivas y un título en este 2017.

En el Head to Head entre ambos, Nadal lidera con un sólido 7-1. Sin embargo, el último encuentro disputado acabó del lado del búlgaro, en los Cuartos de Final de Pekín 2016.

Será la segunda semifinal de un grande para Dimitrov y la No. 24 para el español, que sobrepasa a Pete Sampras en la clasificación de más semifinales alcanzadas en la Era Open. Nadal está quinto por detrás de Federer (41), Connors y Djokovic (31), Lendl (28) y Agassi (26).

Nadal se abre paso en Melbourne.

post

Rafael Nadal suma ya 9 presencias en los Cuartos de Final del Open Australia y un total de 30 en los Grand Slam. Tras superar al No. 6 Gael Monfils, le espera el No. 3 Milos Raonic en Cuartos de Final.

No era un espejismo. En cada puesta en escena en el Abierto de Australia reafirma que su nivel competitivo continúa en sentido ascendente en este inicio de temporada. De esta forma, Rafael Nadal ha ido escalando peldaños hasta colarse en los cuartos de final de un Grand Slam, algo que no ocurría desde Roland Garros 2015. Esta vez, el español derribó a Gael Monfils por 6-3, 6-3, 4-6, 6-4 en dos horas y 55 minutos.

El No. 9 del Ranking ATP dio un golpe sobre la mesa desde el inicio. En sólo 14 minutos ya mandaba 3-0, dominando 14 de los 20 puntos en juego. Marcaba el ritmo en los intercambios más largos ante un rival que en el primer set terminó con más del doble de errores que el español (17 Monfils, 8 Nadal). Aquel break inicial convertido en la primera oportunidad que se presentó bastó para cerrar el primer set (6-3).

El manacorense planteó el mismo guion en el segundo set, adelantándose con un nuevo quiebre inicial (2-0), pero esta vez el francés reaccionó para devolver el quiebre (3-3). Monfils aprovechó un débil 43% con el segundo saque en los tres primeros juegos para hacer daño al español. Pero Nadal volvió a morder y en blanco firmó su tercer break del partido (4-3). Encontró su mejor nivel desde el fondo con 10 winners y un 71% de puntos con su primer saque terminó el segundo set (6-3).

El partido estrechó las diferencias y entró en un cuerpo a cuerpo, sin prácticamente margen. Ni errores ni golpes brillantes. Pero tanto Nadal como Monfils eran capaces de conservar sus saques. El francés soltó el brazo para encontrar premio en forma de punto de break en el noveno juego y con un total de 18 ganadores abrochó el parcial a su favor (6-4). Y eso que tuvo que levantar un 0-40 cuando se disponía a cerrar el set.

El francés, que atravesaba el momento más dulce del partido, no desaprovechó para hacer daño al resto. Jugándose cada bola, elevando el listón de agresividad e, incluso, llegando a desesperar a Nadal que no encontraba la manera de resistir los continuos ataques de su rival. Así, se despegó 2-4 en el cuarto set. Pero el español logró apagar el fuego. Resistió cuando mejor estaba Monfils y se aferró a su filosofía: siempre una bola más.

Nadal dejó pasar la tormenta, entendió el momento y contratacó confirmando su quinto break del choque para recuperar la distancia (4-4). La lista de errores del francés continuó engorando (terminó con 64), mientras el español se mostraba cada vez más fiable. Con su sexto break en 17 oportunidades puso fin a un partido que le permite seguir soñando. Ya está entre los ocho mejores del Abierto de Australia.

Vuelve a ganar a un Top 10. A pesar de que Nadal presenta un contundente balance de victorias a lo largo de su carrera ante jugadores clasificados entre los diez mejores del mundo (141-77), acumulaba cinco derrotas consecutivas frente a un Top 10 hasta este lunes. Su victoria ante el No. 6 del Ranking ATP cortó de raíz una racha que se prolongaba desde su última victoria frente a Kei Nishikori en Barcelona. En un Grand Slam no lo hacía desde la final de Roland Garros 2014 (Novak Djokovic).

30 presencias en cuartos de Grand Slam. Si bien este domingo Roger Federer extendía el récord absoluto de clasificaciones para los cuartos de final de un Grand Slam con 49, Nadal ha conseguido dar un paso al frente en el ranking histórico que se contabiliza en la Era Open con 30 presencias en esta ronda, adelantando a Pete Sampras (29). El español tiene por delante en la quinta posición a Ivan Lendl con 34. En activo, le persigue Andy Murray, con 28, en la séptima plaza.

Nadal iguala a Djokovic. Sólo hay dos jugadores en la Era Open que hayan pisado los cuartos de final en más ocasiones que Nadal, que con la de esta edición suma ya 9 apariciones (2007-12, 2014-15, 2017). También comparte esa marca Novak Djokovic. Stefan Edberg logró acceder entre los ocho mejores de este torneo en 10 ocasiones, mientras que Roger Federer ya presenta 13 con la de este año.

A por la victoria 50 en Melbourne. En este 2017, el español encara su 12ª participación en el Abierto de Australia, desde que debutó con 17 años ante el checo Michal Tabara con éxito, acumula un total de 49 triunfos, uno más que Andre Agassi, Ivan Lendl y Andy Murray. En cuartos de final buscará frente a Milos Raonic firmar la victoria número 50 de su carrera en Melbourne.

Raonic, próximo rival. Dos torneos, dos enfrentamientos. Aún no ha transcurrido por completo el mes de enero y Nadal se cruzará con Raonic por segunda vez en 2017. En el duelo previo en Brisbane, la victoria se decantó del lado del canadiense en tres sets. Eso sí, el español domina el Head to Head por 6-2. No hay antecedentes en Grand Slam.

Djokovic gana su sexto Open de Australia en la Final a Murray.

post

Gana a Andy Murray la final por 6-1, 7-5 y 7-6 (3) y logra su sexto título en Melbourne, tantos como Emerson. Sigue con su tiranía y ya acumula once Grand Slams.

En las antípodas, y en cualquier rincón del planeta, triunfa Novak Djokovic, un tirano del tenis que va camino de la eternidad, tan brutal su superioridad en estos momentos que cabe pensar en un diluvio de récords y estadísticas imposibles. El serbio, a su manera, se ha llevado el Abierto de Australia y ya tiene seis, los mismos que acumuló Roy Emerson en tenis de blanco y negro. Además, son 11 grandes en la mochila y tiemblan Roger Federer (17) y Rafa Nadal (14), que ven cómo se les acerca un animal. En dos horas y 52 minutos, Djokovic redujo a a Andy Murray por 6-1, 7-5 y 7-6 (3). Es un campeón sin fisuras.

La final la juegan el número uno contra el dos, aunque hay una distancia sideral entre ambos. Y que conste que en el primer juego Murray tiene bola de rotura a su favor, pero la ansiedad le saluda y se lo lleva por delante. Sin saber muy bien cómo, en un periquete el partido está roto con un 5-0 inapelable para el balcánico, que sin hacer nada del otro mundo tiene la situación bajo control. A Murray ya solo le queda dignificar su nombre para evitar un rosco sonrojante y Djokovic puede presumir de haber firmado un 6-1 ante Nadal, Federer y el escocés en este primer mes de 2016. Es un dato más, pero no es ninguna tontería.

La grada, plagada de banderas serbias, quiere más batalla, pero Murray no parece tener las armas necesarias como para estirar el duelo. Se le ve atosigado y falto de fuerzas, delatado por ese repertorio de gritos y muecastan habitual cuando la cosa está torcida. Se siente menor y busca una mirada en su palco, pero Amelie Mauresmo, su entrenadora, tampoco sabe muy bien qué decir. Simplemente, se trata de aguantar el chaparrón.

A Murray le pasa básicamente lo que le pasa al resto cuando enfrente está Djokovic. Hoy en día, el tenis se ha convertido en el deporte más previsible que hay porque siempre gana el mismo y encima, salvo en contadas ocasiones, lo hace arrollando, también en la final de un Grand Slam ante un oponente con tanto nombre. Además, da la sensación de no inmutarse y lo hace todo perfecto, un martillo pilón que repite automatismos como si nada.

Y de ahí que Djokovic, pese a su grandeza, no genere tanto entusiasmo como otras leyendas. Federer enamoró, y lo sigue haciendo, por su manera de entender el tenis, tan plástica y bella la ejecución. Nadal aportó una dosis de épica en cada triunfo, capaz de subir montañas imposibles. Y Djokovic, al que no hay que restarle ni una pizca de mérito, ha perfeccionado el deporte con un juego sólido y limpio, pero no emociona tanto.

La final de Australia, quién sabe, cambió en ese primer juego, la única vez en la que Murray pudo tomar la delantera. En media hora entendió que necesitaba mucho más y se flageló a grito pelado, puede que de manera exagerada. «¡Es el peor partido que he jugado en mi vida!», bramó. No se puede decir que fuera del todo cierto, pero sirve esa reflexión en voz alta del británico para entender cómo se puede sentir uno ante Djokovic, que le volvió a derrotar en la lucha por la gloria de Melbourne. Y ya son cuatro.

Y eso que Murray tuvo un tímido despertar en la segunda manga, mejorado y en línea ascendente para beneficiarse del sesteo del serbio. Se sucedieron las roturas y el británico fue capaz de volver cuando parecía sentenciado, pero en el undécimo juego se enredó y perdió un eterno intercambio de 36 golpes, penalizado una vez más por un error con el revés. Break para Djokovic y set al juego siguiente pese a cometer dos doble faltas consecutivas. Hasta así gana Djokovic, disparado después de llevarse un segundo parcial larguísimo (80 minutos).

Ese segundo set parecía el único salvavidas para Murray que no tuvo fuerzas para cogerlo. Para colmo, nada más empezar el tercero se produjo otro break a favor de Djokovic, aunque se le esfumó la renta y tuvo que remar para finiquitar la faena en la muerte súbita. Hubo más nivel y puntos disputados, algo de emoción para compensar ese desnivelado prólogo. Con todo, el balcánico se serenó en el juego decisivo (Murray empezó con doble falta y realizó otra más) y acabó festejando un nuevo éxito. Firmó un 2015 memorable (11 trofeos, tres de ellos grandes, seis Masters 1.000 y la Copa de Maestros) y 2016 ha empezado todavía mejor, campeón en Doha y también en Australia. Son 61 títulos en su carrera, más puntos para afianzarse en el ático del tenis y un aviso para el resto. Esta es la era de Djokovic y nadie está en condiciones de discutirle el trono. Nunca se vio a un campeón así, nunca hubo un jugador tan superior.

Open Australia: Djokovic se deshace de Federer en Semifinal.

post

El serbio Novak Djokovic, defensor del título, se adueñó de una plaza en la final del Abierto de Australia, primer Grand Slam de la temporada que se está disputando en Melbourne, al superar este jueves al suizo Roger Federer, por 6-1, 6-2, 3-6 y 6-3.

En dos horas y 20 minutos certificó su quinta presencia consecutiva en la final de un grande el primer cabeza de serie, campeón el pasado año de Wimbledon y de los Abiertos de Australia y los Estados Unidos y subcampeón de Roland Garros, torneo que todavía se le resiste.

Bajo un cielo parcialmente nublado y una temperatura de 25 grados centígrados saltaron Djokovic y Federer al cemento azul del Rod Laver Arena. El actual dominador del circuito masculino y el jugador con más Grand Slams -17- de la Era Open se citaron por cuadragésima quinta vez desde 2006 para quebrar la igualdad que entre ellos estipuló el resultado de los duelos precedentes.

El rendimiento de uno y otro, sin embargo, fue hoy desigual en el arranque: un Djokovic pletórico se midió con un Federer disminuido, superado en todas las facetas por el cinco veces campeón del torneo.

El jugador de Belgrado, de 28 años y poseedor de diez major, llevó el duelo adonde quiso y desde el fondo de la pista construyó un triunfo que supondrá su decimonovena aparición en la final de un Grand Slam. El británico Andy Murray o el canadiense Milos Raonic, quienes mañana protagonizarán la otra semifinal, será su adversario en el definitivo encuentro por el trofeo.

Sin atisbos del mejor Federer, el suizo acumuló sobre todo números negativos. Doce errores no forzados y apenas once puntos ganados, seis de ellos con golpes ganadores, explican el 6-1 que encajó en la primera manga.

El exnúmero uno del mundo, de 34 años, se vio no solo sometido al resto sino también con su servicio y, sin el golpe que le permite solventar en muchas ocasiones situaciones incómodas, luchó igualmente desarmado en el segundo set. Por 6-2 se anotó Nole ese parcial.

Con solo 54 minutos de disputa sobre sus piernas, el serbio encaró el tercer set con la determinación de quien se sabe superior. No en vano, se mantiene invicto en 2016 tras su triunfo en Doha y desde el 1 de enero de 2015 cuenta con solo seis tropiezos.

Federer, responsable de tres de ellos, se rebeló contra la derrota, multiplicó sus aproximaciones a la red y soñó con la remontada tras romper el saque de Djokovic en el sexto juego. Ese quiebre le acabó por entregar la manga (3-6).

El cierre del techo, motivado por la lluvia, interrumpió momentáneamente la semifinal. Un paréntesis que precipitó la recuperación de Djokovic, menos descansado que el suizo.

En su camino hacia este compromiso, el serbio empleó 12 horas y 35 minutos. Federer, en cambio, 9 horas y 9 minutos.

En el octavo juego del cuarto set dinamitó definitivamente el partido el dominador del circuito masculino. Tomó una ventaja de 5-3 tras sumar al resto y avistó su sexta final en Melbourne Park, escenario que conquistó en 2008, 2011, 2012, 2013 y 2015.

Un título más, el número 61 de su carrera, persigue Djokovic en la vigente edición del Abierto de Australia.

Open Australia: Murray despacha a Ferrer en Cuartos de Final.

post

El escocés Andy Murray, segundo favorito del torneo, apartó al español David Ferrer de las semifinales del Abierto de Australia tras imponerse en el partido de cuartos por 6-3, 6-7(5), 6-2 y 6-3, en un partido que duró tres horas y 19 minutos. Será la sexta semifinal que el británico juegue en el Melburne Park, donde nunca ha ganado, y de donde salió subcampeón en cuatro ocasiones, incluida la pasada edición.

Murray, que impidió que el español jugara en la penúltima ronda del primer Grand Slam del curso por tercera vez en su carrera, buscará la final ante el canadiense Milos Raonic.

El decimonoveno enfrentamiento entre ambos estuvo condicionado por la amenaza de lluvia, que obligó a la interrupción del choque al final del segundo set. El partido se detuvo al inicio de la tercera manga y el techo del estadio Rod Laver Arena fue tapado. Tras la reanudación, el escocés se mostró superior y selló el triunfo, en el que reconoció que pudo influir algo el cierre del estadio: «Ha sido más fácil desde que se cerró el techo. Me ha ayudado sobre todo en el resto. Pero ha sido un partido muy duro».

También Ferrer reconoció que el cierre del techo influyó en el partido, cuyas condiciones «cambiaron un poco», aunque evitó ponerlo como excusa de su derrota: «¿Qué puedo hacer? Es igual para los dos».

Murray fraguó su decimotercer triunfo ante el español en la fiabilidad de su servicio. Antes de la interrupción, David Ferrer, que no gana al escocés desde el Masters 1000 de Shangai del 2014, respondió con acierto a cada contratiempo. Tras perder el primer set en todo el torneo, el español, octavo del mundo, se rehizo. El tesón y la regularidad le llevó a ganar el desempate del segundo parcial e igualar el partido.

Todo cambió tras la aparición de la lluvia sobre Melburne. Murray volvió a la pista para mostrarse superior y ganó con autoridad el tercer parcial.

Ferrer pretendió la remontada. A pesar del 2-0 en contra con el que se topó en el arranque del cuarto equilibró la situación (2-2). Pero volvió a ceder su saque y Murray ya no desperdició la ocasión para cerrar el partido y alcanzar la semifinal de Australia por sexta vez en su carrera. El escocés, actual subcampeón, que aspira a lograr su tercer Grand Slam tras Wimbledon 2013 y Abierto de Estados Unidos 2012, pretende llegar a su quinta final en Melburne.

Open Australia: Ferrer tumba al gigante Isner en Octavos de Final.

post

El español accede a cuartos de final en Australia por sexta vez en su carrera.

Cumpliendo con la tradición, el tenis español tendrá al menos un representante en los cuartos de final del Abierto de Australia por décimo año consecutivo. En esta ocasión, David Ferrer ha sido el encargado de colarse entre los ocho mejores del primer Grand Slam del curso, tras superar a John Isner por 6-4, 6-4, 7-5, en algo más de dos horas. Se trata, además, de la sexta vez que el número 8 del Ranking ATP logra adentrarse en esta ronda en la pista dura ‘aussie’ (2008, 2011, 2012, 2013, 2014 y 2016).

Había advertido el alicantino en la previa que sólo con paciencia podía hacer frente al jugador que más saques directos había firmado en esta edición en Melbourne. Y así lo hizo. Esperó su momento para desintegrar la fiabilidad al servicio de Isner, que hasta hoy no había concedido ni una sola opción de break en el torneo. Este lunes lo hizo en tres ocasiones (3/6), una por cada set.

Ferrer, consolidado como uno de los mejores restadores del circuito, apenas tardó dos juegos en amenazar el saque del estadounidense. Mientras el de Greensboro buscaba puntos gratis con su servicio (terminó con 18 aces) o evitar los peloteos subiendo a la red (hizo 31 aproximaciones a la cinta), el español trataba de mover desde el fondo a su rival, buscando los errores de Isner en los intercambios más largos. De esta manera y restando agresivo y con profundidad encontró sus primeras oportunidades de quiebre. Aprovechó la tercera para escaparse 3-1 en el primer set.

Aunque el de Jávea estuvo cerca de ampliar la distancia y convertir un doble break, un 81% de puntos ganados con el primer servicio del americano le sirvió para mantenerse con vida en la manga (3-2). Salvar aquella situación dio alas a Isner, que dos juegos más tarde hallaría dos opciones de break a su favor. Pero Ferrer encadenó cuatro puntos seguidos que prácticamente le aseguraron el parcial (5-3).

A pesar de que Isner volvió a disfrutar de una nueva oportunidad para romper el saque de Ferrer en el décimo juego, el español salvó la situación para cerrar la manga, tras un error con la derecha del estadounidense (6-4) en 41 minutos.

En el inicio del segundo set, John Isner elevó su nivel de consistencia desde el fondo y abrió su abanico de golpes, combinando dejadas, cortados y planos. Así disfrutó, incluso, de una bola de break que, eso sí, salvó Ferrer (1-1). Con sólo un 37% de primeros servicios, el español era capaz de resistir el empuje de su rival.

Por su parte, cuando Isner parecía más inspirado, un balance de efectividad superior al 80% con sus primeros no fue suficiente para que el octavo cabeza de serie acabara logrando su segundo quiebre del encuentro en blanco (4-3), que consolidó de manera inmediata con su servicio para cerrar el set (6-4).

La igualdad con el servicio marcó el siguiente parcial. Tanto Isner como Ferrer conservaron de manera impecable su saque hasta el undécimo juego, en el que el español volvió a firmar un nuevo break. Sería el tercero y definitivo para abrochar su pase a cuartos de final por 7-5, con 28 golpes ganadores, el último un revés paralelo con suspense que besó la línea.