Rafael Nadal XI, El Impertérrito.

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El español logra la ‘Undécima’ en Roland Garros y su título N° 17 de Grand Slam.

La historia la reescribe con su puño y raqueta. Rafael Nadal sigue desafiando a la lógica. El rey de la tierra no tiene rival cuando se trata de Roland Garros. La Philippe Chatrier es su dominio y cuando se trata de una Final, su título es garantía. Esta vez no fue diferente. Esta vez el español amplió aún más la leyenda. El mito. El N° 1 del mundo conquistó hoy su undécimo Roland Garros. Una auténtica barbaridad. Tras dos horas y 42 minutos de partido, Nadal besó una vez más su tierra amada: 6-4, 6-3 y 6-2. Rafael XI, el impertérrito.

Un dato demoledor para todos sus rivales: Nadal nunca ha perdido una final en Roland Garros. Once finales, once coronas: 2005-08, 2010-14, 2017 y 2018.

Se trata del título N° 17 en Grand Slam para el mallorquín, que reduce distancias una vez más con Roger Federer, poseedor del mayor número de coronas major en el circuito masculino con un total de 20. Nadal se convierte en el segundo jugador en toda la historia en ganar 11 veces un mismo torneo, uniéndose a la australiana Margaret Court, quien logró 11 veces el Abierto de Australia entre 1960-66, 1969-71 y 1973.

El español, sin embargo, ha conseguido algo que nadie antes ha conseguido en la historia del tenis: ganar 11 veces un mismo torneo en tres eventos distintos. Lo hizo en Montecarlo, en Barcelona y sobre todo, en la catedral de la tierra batida, Roland Garros.

Con este resultado, además, Nadal seguirá como N° 1 del Ranking ATP una vez se actualice la clasificación mundial. El español queda con 8.770 por los 8.670 de Roger Federer. Por su parte, Thiem ascenderá hasta el N° 7 del Ranking ATP.

Thiem ganó el sorteo y eligió restar para empezar la Final. Nadal empezó con fuerza y decisión, llevándose el primer juego sin titubeos en dos minutos. Para el austríaco, los primeros intercambios con su servicio mostraron la estrategia de su rival. Tocaría emplearse al máximo con el revés, donde el N° 1 insistiría una y otra vez con bolas altas. Las dos primeras ocasiones de break llegaron en el segundo juego y Nadal convirtió la primera tras un error de derecha de su rival.

Thiem necesitó unos minutos más que su rival para entrar en el partido, pero atacando con su derecha, se hizo él mismo con dos bolas de break en el tercer juego. Y de nuevo con su derecha, quebró a Nadal para restablecer la igualdad. Si al resto se sentía con fuerza, las dudas asaltaron a Thiem al servicio, cometiendo dos dobles faltas en el cuarto juego que dieron aire a su rival. Ese mismo juego sacó lo mejor del austríaco, que se rehizo a tiempo.

La intensidad de la primera manga fue en aumento. Thiem era sabedor que sus opciones pasaban por un poderoso inicio. Y Nadal también era consciente de ello. Disputados 39 minutos, la igualdad era total. 3-3. Todo por decidir. Sin concesiones.

Pero Thiem pestañeó en el momento menos oportuno. Cuando el austríaco servía por mantenerse en la manga, cuatro errores no forzados consecutivos entregaron en bandeja la primera manga al español.

La misión se volvía harto complicada para Thiem, que sabía que había perdido una oportunidad de oro en el primer set. El austríaco debía olvidarse cuanto antes de la manga inicial si quería lograr imposible hasta la fecha: vencer a Nadal en una final de Roland Garros. Las cosas no empezaron bien para el austríaco, que tuvo que enfrentarse ya de entrada a cuatro bolas de break en contra en su primer juego al servicio. A la quinta, Nadal quebró para situarse con 6-4 y 2-0.

Con el marcador a favor, Nadal fue sintiéndose más cómodo. Quizá porque en su subconsciente, la estadística le dejaba más tranquilo: en 17 finales que había disputado previamente en tierra batida al mejor de cinco sets, había ganado todas. Una y una.

Thiem se enfrentaba a una realidad demoledora: los dos hombres capaces de ganar a Nadal en Roland Garros -Robin Soderling y Novak Djokovic- se habían llevado el set inicial.

Con 4-6 y 0-3 en el marcador, el austríaco sacó su genio para desquitarse de las malas sensaciones. Y aunque llegó a tener ventaja con un 30-0 ante el servicio de Nadal en el quinto juego, el mallorquín negó cualquier opción a su rival. Thiem no conseguía despertar y el diez veces campeón cada vez tomaba más control de la situación.

Thiem no perdió la fe ante la adversidad y se hizo con una bola de break en el séptimo juego pero Nadal, sin perder la compostura, negó las opciones de su rival.

El imán de la victoria atrajo al N° 1 desde el principio del tercer set. El desenlace estaba escrito y el español se dirigía con decisión hacia la gloria. Aunque Thiem salvó cuatro bolas de break en el juego inicial, sabía que tarde o temprano llegaría lo inevitable.

La calidad tenística fue excelsa durante los intercambios. Nadal consiguió quebrar a su rival una vez más cumplidas las dos horas y cuarto de partido. Pero este quiebre tenía un sentido aún más especial. Era el que le daba el trampolín hacia su undécimo título en el Bois de Boulogne.

Un susto con 2-1 y 30-0: Nadal paró el juego para ser atendido en su brazo izquierdo. Aunque mantuvo el break conseguido, fue atendido una vez más con 3-2 en el marcador. Tras los momentos de confusión, el español siguió adelante hacia una victoria de leyenda. Un nuevo break le situó a las puertas de un misticismo con su nombre y apellido.

Once coronas en Roland Garros. Su Undécima en París. Incomparable.

Nadal avanza a su 11ª Final en Roland Garros.

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El español derrota 6-4, 6-1 y 6-2 al argentino Juan Martín del Potro tras dos horas y 17 minutos de juego.

Cuando tienes oportunidad de ruptura contra Rafael Nadal, más te vale ser efectivo. Porque, de lo contrario, el español crece en confianza y aumentan las probabilidades de que se convierta en quebrador en el juego siguiente. El No. 1 del mundo pisó este viernes la Philippe-Chatrier con un registro de temporada de 33 games ganados habiendo salvado al menos un quiebre. De esos 33, siguieron 14 que terminaron en ruptura al resto para Nadal.

Cuando el No. 1 remonta en un juego con el servicio, se eleva su confianza. Y su rival queda paralizado, quizá culpándose por no haber cristalizado. Precisamente eso ocurrió este viernes con Juan Martín del Potro. El argentino no pudo concretar seis oportunidades de quiebre con la devolución: tres en el 1-1 del primer set y otras tres en el 4-4. Y cuando a Nadal le dan vida, el español aprovecha. Por eso rompió el servicio del tandilense en el 5-4 para quedarse con el parcial y dar un golpe anímico del que del Potro nunca se pudo reponer.

Para completar, del Potro volvió a generar una nueva oportunidad de ruptura. Se puso 30/40 en el tercer juego del segundo parcial. Y una vez más se quedó sin nada. El español remontó y una vez más quebró en el juego siguiente para dar otro golpe anímico, un nuevo martillazo en la mente de Juan Martín.

En total, Nadal pudo encajar siete juegos consecutivos desde el 4-4 hasta el 5-0 del segundo parcial. Del Potro no pudo recuperar la fuerza suficiente para intentar a dañar con su potente derecha. Anímicamente quizá atascado para siempre en el 4-4 y en el 0-2 cuando pudo haber roto. No lo hizo. Y la culpa lo devoró. No le dejó volver a mirar hacia delante con esperanza. Por eso no pudo generar más break points en el partido.

Y el No. 1 del mundo no soltó el pie del cuello del tigre. Siguió moviendo al argentino por toda la pista, haciéndolo correr hacia delante con dejadas oportunas y evitando que pegara cómodamente. Del Potro parecía corriendo sobre lodo, incapaz de apoyar sin la angustia de dejar un lado de la pista descubierto. El mismo que aprovechaba Nadal con sus golpes ganadores (35 en total en el partido).

Con este resultado, Nadal queda con ventaja de 10-5 frente al tandilense de 29 años en la serie head to head entre ambos. El español sella su pase hacia la undécima Final de su carrera en Roland Garros, convirtiéndose en el segundo hombre en llegar a esta cifra en un solo torneo e igualando las 11 clasificaciones de Roger Federer en Wimbledon. Su próximo rival será el único que lo ha podido vencer este año sobre arcilla: Dominic Thiem, quien terminó en Madrid su racha de 50 sets consecutivos en la superficie.

Nadal impone su ley en París.

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El español avanza a su undécima Semifinal tras superar a Schwartzman.

Rafael Nadal amaneció con energías renovadas y la jerarquía del No. 1 del Ranking ATP en su raqueta. También el poder que otorga ser diez veces campeón de Roland Garros. Y todas las dudas que pudieran surgir en la tarde lluviosa del miércoles, se desvanecieron en un jueves soleado. El español estuvo intratable ante un Diego Schwartzman que, si bien fue de menos a más, no pudo mantener la intensidad lograda el dia anterior.

Tras la reanudación, Nadal impuso su ley en París, donde avanzó a su undécima Semifinal en Roland Garros: 4-6, 6-3, 6-2 y 6-2 en un total combinado de tres horas y 42 minutos.

“He jugado más agresivo. He continuado con el nivel de intensidad con el que jugué tras el primer parón. Y en mi opinión, el partido cambió”, fotografió el español. “Por supuesto es un rival duro y sabía que iba a ser un partido complicado. Pero creo que las cosas cambiaron porque jugué más agresivo, con la intensidad alta y eso me fue beneficiando”.

El marcador había quedado 4-6, 5-3 y 30-15 para el español cuando la lluvia obligó a suspender el partido. Nadal se mantuvo firme al iniciar el encuentro desde su servicio y finiquitó la manga en un abrir y cerrar de ojos.

Schwartzman no conseguía encontrar el ritmo del día anterior, pero a medida que fueron pasando los juegos, el argentino elevó su nivel. Sin embargo, Nadal ya había tomado carrerilla y salvando cuatro ocasiones de break, se impulso con dos quiebres a su favor para dar la vuelta al marcador.

En la cuarta manga, un rápido quiebre en el tercer juego sirvió para que el español se encaminase a la penúltima ronda de Roland Garros. Llegó otro break más y Nadal pisó el acelerador, cerrando el partido desde su raqueta y servicio. El mallorquín está a dos triunfos de su undécima corona en el Bois de Boulogne. Una hazaña superlativa.

“No estaba abriendo la pista con el revés. Estaba jugando muy atrás y él se estaba anticipando mejor que yo. Sentía que él tenía el control de los puntos demasiadas veces. Cuando cambié mi determinación en cómo jugar mis golpes, el partido cambió drásticamente”.

Nadal se convierte así en el tercer hombre en la Era Abierta en alcanzar once semifinales en un mismo evento de Grand Slam, junto a Jimmy Connors (14 SF de US Open y 11 SF de Wimbledon) y Roger Federer (14 SF del Abierto de Australia y 13 SF de Wimbledon).

Además de ampliar su propio récord en semifinales de Roland Garros, el español ya está en la quinta posición histórica de más semifinales en Grand Slam.

Nadal imparte una masterclass.

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El balear alcanzo los Cuartos de Final tras imponerse en tres sets al alemán Marterer (6-3, 6-2 y 7-6).

El joven alemán Maximilian Marterer (22 años) saltó a la pista central de Roland Garros con mucha confianza para enfrentar por primera vez a Rafa Nadal, en el que con toda seguridad era el partido más difícil de toda su carrera. Demostró el alemán que tiene mimbres para llegar a ser un gran jugador, pero en su afán de noquear al mallorquín, lo que hizo fue despertarlo. Y cuando Nadal se siente en desventaja es un jugador imparable. Marterer terminó plantando cara en el tercer set (6-3, 6-2 y 7-6 ), pero será Nadal quien se mida al argentino Schwartzman por un puesto en Semifinal. Fue el triunfo 900 en la carrera del balear.

Después de un mal comienzo, el mallorquín tuvo una enorme reacción y no paró hasta lograr el pase a los Cuartos de Final. Apoyándose en una derecha más prodigiosa si cabe que en otras ocasiones, terminó imponiéndose a un rival que tiene muchas páginas interesantes por escribir todavía en este deporte.

Marterer se llevó los dos primeros juegos del partido, mientras el balear intentaba entender como contrarrestar a un jugador que, como él, es zurdo. Cinco minutos duró la superioridad de este joven de 22 años. En cuanto cogió la distancia y calentó su brazo izquierdo, el número uno del mundo empezó a imponer su derecha y su alto ritmo de bola para recuperar el break en contra.

El alemán despertó a la bestia, que ya no tuvo más compasión con su rival y remontó el encuentro hasta ganar ocho de los nueve siguientes juegos. Cerró el primer set Nadal con relativa comodidad (6-3) y logró un break en el primer juego del segundo. Marterer ya sufría en los peloteos largos y había perdido la profundidad en sus golpes que en el inicio agobiaron al mallorquín.

Una de las principales cualidades del mallorquín pasa por la continuidad en su juego. Pocas veces se despista el número uno, y si tiene algún mal momento suele ser cuando el partido ya está claramente desnivelado a su favor. Ante Marterer se mostró incluso más agresivo que en partidos anteriores. Muy rápido de piernas y con una gran confianza en su derecha.

En el segundo set, el alemán intentó atacar con todo lo que pudo. De nuevo buscó dominar con su derecha y ser más profundo, pero sobre todo no marcharse mentalmente del partido. Consiguió mantener su servicio en varias ocasiones, no sin sufrimiento. Pero la superioridad del mallorquín fue aumentando con el paso de los minutos y solo algunos errores propios hicieron que el partido se alargase.

Un break en el séptimo juego favorable a Nadal definió la segunda manga a su favor. Sin embargo, las esperanzas de Marterer, las pocas que tuviese en ese momento, no se desvanecieron. Al contrario, en el tercer set fue capaz de recuperar su mejor tenis para elevar su nivel y romper el servicio del mallorquín en el cuarto juego. El partido recobró toda su intensidad del inicio y se vieron algunos de los puntos más bonitos.

Marterer creía otra vez. Pero cuanto mayor era la confianza del alemán, más vigorosa era la respuesta de Nadal. Un contrabreak en el quinto juego devolvió al set al mallorquín, que se resistía a ceder su primer set este año en Roland Garros. Necesitó lo mejor de su repertorio el mallorquín para superar la presión del alemán, que no cedió su saque en todo el set. Tuvo que ser en el ‘tie break’, cuando Nadal tumbase definitivamente la oposición este joven y prometedor alemán.

 

 

Nadal logra un histórico octavo título en Roma.

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El español levanta su 32º ATP World Tour Masters 1000.

Una jornada para la historia en Roma. En una tarde ya imborrable sobre la tierra batida del Foro Itálico, Rafael Nadal levantó su octava corona del Internazionali d’Italia – ampliando su registro como jugador más destacado en la historia del torneo. En uno de los eventos clave de la gira de arcilla, el español tomó su 78º título ATP World Tour y aseguró su ascenso al N° 1 mundial desde este lunes por 174ª semana en su carrera.

El balear subrayó su autoridad en la superficie más lenta del circuito para desmontar por 6-1, 1-6 y 6-3 el juego del alemán Alexander Zverev, destronando así al vigente campeón del torneo. Nadal levanta así el 32º título ATP Masters 1000 de su carrera y el segundo de este calibre en la temporada 2018 (Montecarlo), remarcando su estatus como líder histórico de coronas de la categoría en el ATP World Tour.

La Final de Roma congregó a los dos grandes protagonistas de la gira de arcilla. Con dos copas en la superficie en 2018 incluyendo un ATP Masters 1000 por cabeza (si Nadal coronó el Barcelona Open y el Monte-Carlo Masters, Zverev respondió con el Open de Munich y el Madrid Open), Rafa y Sascha pisaron la pista con credenciales más que probadas.

Y las curvas no tardaron en llegar. Con determinación para lanzar dejadas y acelerar como un rayo, Zverev rompió el servicio de Nadal en el primer juego del encuentro. La amenaza no pudo ser mejor aceptada por el español, que enlazó los seis siguientes juegos adivinando siempre las intenciones su rival.

Ante las bolas cortas de Sascha, Rafa respondió con unos reflejos perfectos en la cinta (8/8) y una voracidad temible al resto. Si Zverev coronó la Caja Mágica días atrás sin conceder una rotura en todo el torneo, Nadal le infligió hasta tres quiebres apenas en la primera manga. Con una posición muy retrasada al resto, comenzando el intercambio a más de cuatro metros de la línea de fondo, Nadal ganó tiempo hasta hacer que el alemán apenas ganara cinco puntos con su servicio en el primer parcial.

Que Zverev es un jugador especial quedó claro de inmediato. Ante un rival jamás batido, con la primera manga todavía caliente y la responsabilidad de proteger la copa entre manos, el de Hamburgo levantó un 0-5 en un puñado de minutos para sentenciar el segundo parcial. En una manga donde Nadal apenas pudo conectar un golpe ganador por los 12 de Zverev, el jugador de Hamburgo encontró la oportunidad para restablecer el equilibrio.

La supervivencia fue la clave para tomar la corona de Roma. Zverev mantuvo el impulso del segundo parcial, sumiendo a Nadal en un amenazador 1-3 hasta la llegada de la lluvia. Intentos por reanudar el encuentro fueron en vano hasta que, con 2-3 en el marcador y una rotura favorable a Zverev, los jugadores acudieron durante una hora al vestuario.

El regreso a pista fue el puro reflejo del campeón español. Con el agua al cuello y el margen de error justo para aspirar a la copa surgió la mejor versión de Nadal. Con una velocidad de piernas antológica, una fe infinita y cruzando el juego sobre la derecha de Zverev, el mallorquín encadenó los últimos cuatro juegos del partido para tomar una victoria histórica en Roma.

Un esfuerzo total que permitió a Nadal frenar una racha de 13 victorias consecutivas de Zverev, reciente campeón sobre la tierra batida de Múnich y Madrid.

Enfrentado a uno de sus principales rivales en la actualidad, Nadal aprovechó el duelo de Roma para trazar una línea firme. El español estiró su impecable dominio ante el joven jugador alemán, al que ya domina por 5-0 en su historial head to head.

En Roma, conocida como la Ciudad Eterna, Nadal grabó a fuego su respeto en el ATP World Tour.

Zverev conquista en Madrid su tercer Masters 1000.

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El alemán suma las coronas de Madrid, Canadá y Roma.
Era el duelo del futuro, de dos raquetas que lideran el relevo generacional del ATP World Tour y que todos los especialistas señalan como herederos naturales de la élite que ha dominado el circuito en la última década. Alexander Zverev ganó el pulso que sobre la tierra batida de la pista Manolo Santana del Madrid Open mantuvo ante Dominic Thiem por 6-4 y 6-4, en una hora y 18 minutos.

A pesar de sus 21 años, el alemán exhibió una madurez que le permitió encadenar la tercera corona ATP World Tour Masters 1000 de su carrera en la Caja Mágica, añadiendo a las que conquistó la pasada temporada en el Internazionali d’Italia en Roma (v. a Novak Djokovic) y la Rogers Cup de Canadá (v. a Roger Federer). Además, hace apenas unas semanas en el Miami Open (p. con John Isner).

Zverev se convirtió en el primer jugador en activo en alcanzar la cifra de tres ATP Masters 1000 ganados sin ser Rafael Nadal, Novak Djokovic, Roger Federer y Andy Murray. En total, hay 15 jugadores que sepan lo que es levantar un torneo de esta categoría.

Un break inicial marcó la historia de un partido en el que Zverev apenas tardó en tomar el mando. El jugador nacido en Hamburgo en 1997 aseguró el 78% de los puntos que puso en juego con su servicio y aprovechó la única oportunidad de todo el set para cerrar de su lado el marcador por 6-4.

El segundo parcial arrancó de la misma manera que el anterior: quiebre sobre el saque de Thiem. La agresividad del alemán desde el fondo y una serie de errores no forzados, sobre todo desde el lado del revés del austriaco, generó aún más nervios en la raqueta del austriaco que buscaba su primer ATP Masters 1000 en su segunda final en el Madrid Open.

Zverev consiguió mantener la ventaja en el marcador sin ceder una sola opción de break en el partido, elevando su porcentaje de éxito con el primer servicio a un 94%.

El N° 3 del Ranking ATP levantó el octavo título de su carrera en Madrid, uniendo a su palmarés lo que antes había conseguido en Múnich 2018, Canadá 2017, Washington 2017, Roma 2017, Múnich 2017, Montpellier 2017 y San Petersburgo 2016. Ahora viajará a Roma para defender su corona con un impecable récord de 9 victorias consecutivas.

Nadal muerde La ‘Undécima’ en Montecarlo.

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El español hace historia y se desmarca con 31 títulos Masters 1000.

Sobre la tierra batida de Montecarlo, Rafael Nadal se erige como dueño y señor. El español logró hoy su particular ‘Undécima’ al lograr el título N° 11 en el Masters 1000 de Montecarlo. Kei Nishikori no pudo evitar el triunfo del N° 1 del Ranking ATP, que se impuso por 6-3 y 6-2 en hora y 33 minutos. No hay quien detenga al amo de la tierra batida, que ha arrancado el curso con siete imponentes triunfos.

¿Récords? Rutina para Nadal. En el Principado el español ha conquistado once veces el título en doce finales y ante ocho rivales distintos: Guillermo Coria, Roger Federer, Novak Djokovic, Fernando Verdasco, David Ferrer, Gael Monfils, Albert Ramos-Viñolas y Kei Nishikori. Con la corona de 2018 el mallorquín además se desmarca en la lista histórica de ganadores de ATP World Tour Masters 1000 y se convierte en líder en solitario con 31 trofeos, uno por delante de Novak Djokovic.

Otro de los récords que Nadal amplió fue una estadística demoledora: lleva 36 sets consecutivos ganados en polvo de ladrillo y en ese tiempo ningún rival ha conseguido ganarle más de cuatro juegos en un parcial.

Nadal además amplía a 10-2 (4-0 en tierra) su head to head particular con Nishikori.

El primer set fue una titánica batalla entre ambos jugadores. Nishikori no salió en ningún caso amedrentado por los grandes récords de su rival y respondió a un break inicial del español con un rápido contra break. Sin embargo, Nadal se hizo poderoso a medida que avanzaba el parcial y en el sexto juego quebró una vez más al japonés para tomar impulso en el set.

En la segunda manga, el español subió el nivel de intensidad al resto y amenazó el servicio de Nishikori ya en el primer juego. En el tercero, certificó el quiebre y transitó con total autoridad hacia su corona N° 11 en Montecarlo. Un hito sin precedentes. Una marca solo para elegidos.

Isner levanta el título en Miami.

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El americano logró el primer ATP Masters 1000 de su carrera.

Estados Unidos y pista dura han sido una combinación ganadora para John Isner. A lo largo de su carrera, el americano siempre ha sacado su mejor tenis ante su público, pero aún se exigía hacerlo en territorio ATP Masters 1000, algo que no había ocurrido. Después de dejar escapar el título en tres finales antes, esta vez no falló en Miami ante Alexander Zverev para acabar conquistando su primera corona por 6-7(4), 6-4, 6-4, en dos horas y 29 minutos.

Antes de la última cita en el Crandon Park Tennis Center, el americano había cedido en las finales de Indian Wells 2012 (p. con Federer), Cincinnati 2013 (p. con Nadal) y París 2016-Bercy (p. con Murray). Eso sí, después de completar una semana en la que terminó con la racha de 15 victorias consecutivas de Juan Martín del Potro en Semifinal y superar a tres Top 10 (Cilic, Del Potro y Zverev), se aseguró su regreso a la posición más alta de su carrera con el No. 9 del Ranking ATP.

El espigado americano de 2,08 m inauguró su casillero de títulos ATP Masters 1000 logrando derrotar a Zverev por primera vez en su carrera, dejando el head to head en 1-3. El alemán se había impuesto en las dos finales anteriores que había disputado de ATP Masters 1000 en Roma (d. a Djokovic), mientras que unos meses más tarde consiguió la Rogers Cup en Canadá (d. a Federer).

El estadounidense saltó a la pista con confianza y más agresivo al resto. A la seguridad con su servicio –máximo artífice de aces del torneo con 79– se unió la capacidad para generar dudas en el servicio de Zverev. En el segundo juego trabajó 3 opciones de break, mientras que en el sexto volvió a firmar otras dos. Pero el alemán encontró recursos para escapar del peligro y mantener su saque (5/5) hasta el tie-break.

En el desempate se desató la locura. Después del respeto mutuo durante todo el set, se sucedieron los errores a partir del quinto punto. Si bien Zverev se adelantó 3-2, Isner firmó dos puntos seguidos al resto (3-4), una acción que repitió el alemán para recuperar la ventaja (5-4) y sacar para cerrar el tie-break (7-4).

El mismo guion dominante de los servicios continuó en el segundo set hasta el noveno juego. Hasta que por primera vez se llegó al deuce y fue Isner el que aprovechó su sexta oportunidad (1/6) para anotar el primer break del encuentro (5-4). A pesar de que Zverev consiguió sus dos primeras oportunidades de quiebre para intentar devolver de inmediato el break, el estadounidense acabó cerrando el set en los minutos de mejor nivel de tenis del partido.

En el set definitivo, una vez más fue Isner el que logró hacer más daño al resto y prácticamente en todos los turnos al servicio de Zverev cuestionó su saque con opciones de break. En el tercer juego no pudo convertir la que tuvo, tampoco las cuatro que registró en el quinto juego, pero en el noveno llegó el segundo break en 12 oportunidades para cerrar el encuentro con su saque.

Isner levantó el título ATP World Tour número 13 de su carrera y 11 en Estados Unidos. Auckland es el único trofeo que ha levantado lejos de su país (2010, 2014), mientras que Newport (2011, 2012, 2017), Winston-Salem (2011, 2012), Houston (2013), Atlanta (2013, 2014, 2015, 2017) y Miami (2018) componen todo su palmarés.

Del Potro Levanta Su Primer Masters 1000.

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El argentino logra su primer ATP Masters 1000 en Indian Wells al superar a Roger Federer salvando tres puntos de partido.

Un guión perfecto. En el paraíso del tenis. Ante el N° 1 del Ranking ATP en una batalla épica en la que tuvo que salvar tres (¡tres!) puntos de partido. Juan Martín del Potro logró su primer ATP World Tour Masters 1000 en Indian Wells y lo hizo con todas las de ley y por todo lo alto: venciendo al cinco veces campeón Roger Federer, actual N° 1 del mundo, el mismo hombre que no había perdido en todo 2018. El argentino supo recomponerse a tiempo y tras dos horas y 42 minutos de combate sin cuartel, se impuso por 6-4, 6-7(8) y 7-6(2).

A la cuarta fue la vencida para el jugador de Tandil, quien tras caer en Montreal 2009 (p. ante Murray), Indian Wells 2013 (p. ante Nadal) y Shanghái 2013 (p. ante Djokovic), consiguió el tan ansiado Masters 1000. Su segundo título en importancia tras el US Open de 2009. Y los dos trofeos, ante el mismo jugador: Federer. Aunque el suizo sigue dominando el head to head (18-7), es Del Potro quien domina por 4-2 el cara a cara de finales entre ambos.

Del Potro se convierte en el primer argentino en lograr el prestigioso título de Indian Wells (desde 1976) en una semana en la que ha superado la barrera de los 400 triunfos y ha dejado (de momento) en 11 la racha de victorias consecutivas y dos títulos seguidos en Acapulco e Indian Wells. O lo que es lo mismo, 1500 puntos.

El primer quiebre del encuentro llegó cuando el parcial rozaba el cuarto de hora. Del Potro aprovechó la primera oportunidad que dispuso para hacerse con el break, atacando el segundo servicio del suizo. Desde el fondo de la pista, Del Potro dominó los intercambios y se hizo más fuerte cuanto más lejos de la red estuvo. En 34 minutos, con ese único quiebre, el argentino se hacía con el primer set: 10 golpes ganadores por tan solo 3 errores no forzados ante un Federer que dejó su contador a 0. Firmó 11 golpes ganadores pero sumó el mismo número de errores no forzados.

El segundo set empezó con opciones de quiebre para Del Potro, pero esta vez Federer le negó la oportunidad de escaparse en el marcador. El parcial, muy parejo, llegó al undécimo juego, cuando Del Potro dudó por primera vez en todo el encuentro y concedió sus primeras bolas de break, que además significaban dos bolas de set para el suizo. Primero con un derechazo y después forzando el error de su rival, el argentino salvó ambas. Con total resistencia.

El set llegó a su punto álgido: la muerte súbita. El momento clave. El desempate en sí fue un thriller en el que Federer danzó hasta el 6-3, Del Potro regresó de sus cenizas salvando cuatro puntos de set más hasta poner el 7-7 y hacerse con punto de campeonato. De nuevo volvió el suizo para negarle esa opción y en su séptima oportunidad, en su séptima vida, igualó el encuentro.

El tercer y definitivo set fue una demostración de resistencia de ambos jugadores, que no quisieron dar una grieta a su rival. Los ocho primeros juegos transitaron con Federer y Del Potro amarrando sus servicios con decisión y compostura, entrando en la fase decisiva del campeonato con nervios de acero. ¿Quién pestañearía? ¿Quién dudaría por un segundo? De nuevo, como en la segunda manga, la tensión y electricidad fueron in crescendo. Primero quebró Federer -su primer break en todo el partido-, momento que pareció decisivo pues el suizo serviría por el triunfo. Pero eso no entraba en el guion de Del Potro, que tras salvar tres puntos de partido, quebró a su rival para poner el 5-5. Las pulsaciones se disparaban a ambos lados de la red.

Como no podía ser de otra manera, el título se decidió en una muerte súbita. Todo o nada. La gloria para un solo jugador tras una batalla entre dos gladiadores. La fe inquebrantable de Del Potro tuvo sus frutos, pues en un despliegue de poderío en el tie-break, resucitó para reinar en el paraíso.

La leyenda de Federer es eterna.

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El suizo logra su Grand Slam N° 20 al lograr su sexto Open Australia.

En su raqueta siempre estuvo desafiar a la historia. La eternidad pareció destinada a su nombre y apellido. El reloj hizo un pacto con él: la leyenda crecería cuando muchos ya hubieran dicho basta. Roger Federer, el hombre de los récords, volvió a firmar con su puño y letra uno más: la corona de Grand Slam N° 20. No quedan calificativos para describir la hazaña del suizo, que a sus 36 años sigue ampliando un palmarés bañado en oro.

Cuando el reloj marcó poco más de tres horas de encuentro, la realidad superó al sueño: Federer se hacía con su sexto Open Australia por 6-2, 6-7(5), 6-3, 3-6 y 6-1.

Nada pudo hacer un Marin Cilic, que en su tercera final de Grand Slam se encontró con el mismo hombre que le negó el julio pasado la posibilidad de ampliar su palmarés. Si Federer ya le privó de hacerse con el título de Wimbledon, también lo hizo con el Open Australia. De esta manera, el croata ha sido testigo de primera mano en los dos últimos trofeos grandes del suizo: el N° 19 y el N° 20.

En la final N° 30 de Grand Slam para Federer, los nervios no estuvieron presentes. Su sexto Open Australia le sitúa junto a Novak Djokovic y Roy Emerson, ambos con seis trofeos. Y a sus 36 años y 173 días, el suizo se convierte en el tercer hombre en la Era Abierta en ganar cuatro o más Grand Slams después de alcanzar la treintena junto a Rod Laver (4) -presente en la grada- y Ken Rosewall (4).

Federer supo adaptarse al guión de cada set. En un primer parcial de poderío absoluto, rozó la perfección sin dar opción a Cilic. En el segundo aceptó que su rival había subido el nivel y no perdió la compostura cuando el gigante de 29 años se llevó el tie-break.

Con la tranquilidad de no haber cedido su servicio hasta el momento, el jugador procedente de Basilea enderezó su camino en el tercer set, donde de nuevo elevó el nivel para frustración de su rival. En la cuarta manga, Federer arrancó con decisión pero cedió por primera vez su saque. Otro break a favor de Cilic llevaría el partido a un quinto y definitivo set.

Allí, en el momento álgido, Federer supo resistir para luego asestar el golpe definitivo. La gloria esperaba y el suizo no quería faltar a la cita. El título era suyo.

Pese a la derrota, Cilic se garantiza ascender a su mejor puesto en la clasificación mundial. Escalará hasta el puesto N° 3 del Ranking ATP, sólo por detrás de Rafael Nadal (1) y un Roger Federer que se quedará a 135 puntos del español, activando así la carrera por el primer escalafón tenístico.