Sagan entra en la historia con su tercer Mundial consecutivo.

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El eslovaco hace historia al imponerse al sprint en Bergen. El local Kristoff ha sido plata y bronce el australiano Matthews.

El eslovaco Peter Sagan se ha proclamado campeón del mundo por tercera ocasión consecutiva, algo inédito en la historia del ciclismo en ruta, y de nuevo buscándose la vida en Bergen (Noruega) al imponerse al sprint al local Kristoff y el australiano Matthews.

La prueba, de forma inusual, llegó con un grandísimo pelotón en cabeza a los últimos 12 km y se decidió en una llegada de un grupo de 26 corredores.

La jornada, con una meteorología ideal, comenzó con la habitual fuga de ciclistas secundarios, que llegó a tener diez minutos de ventaja. República Checa llevó el peso de la persecución y luego fue Bélgica la que se esforzó para neutralizar.

Quedaban aún cuatro vueltas al circuito de 19 kms. donde la única dificultad era la subida al monte Ulriken, un repecho de 1,5 km. al 6% de desnivel hasta el cerro Salmon, aún a 10 de meta.

Ahí llegó la primera fuga de los hombres fuertes, con el italiano De Marchi, el español De la Cruz o el colombiano Pantano entre ellos. En el pelotón fue Francia la que asumió las riendas de la persecución del octeto destacado, mientras los últimos gregarios de Sagan se quedaban ya descolgados.

En la penúltima ascensión al monte, el holandés Dumoulin, ganador hacía cuatro días de la prueba contrarreloj, dio dos arreones que dejaron sentenciada esa fuga, pero que no fueron suficientes para seleccionar el pelotón, que llegaba al toque de campana con más de cien unidades, algo extraño a estas alturas de la carrera de fondo por excelencia de la temporada, pero revelador de la relativamente poca exigencia del recorrido.

Tras seis horas y media de esfuerzo, llegó el momento decisivo: el francés Alaphilippe, secundado por el italiano Moscon, consiguieron unos pocos segundos, insuficientes para que triunfara una escapada.

La volata la lanzó un Kristoff aupado por el numeroso público noruego y solo le sobrepasó Sagan, quien a duras penas consiguió aguantar el puesto en la línea de meta. Finalmente, conserva su maillot arcoíris y agranda un palmarés fabuloso a sus 27 años, en el que descatcan entre otros ocho triunfos de etapa y cinco clasificaciones por puntos en el Tour de Francia o un Tour de Flandes.

Se da la circunstancia de que además se ha proclamado campeón del mundo en tres continentes diferentes: Norteamérica en 2015 (Richmond, Virginia, EE.UU.); Asia en 2016 (Doha, Catar); y ahora Europa, y  como siempre ante selecciones mucho más potentes.

El eslovaco se une así al italiano Alfredo Binda, los belgas Rik van Steenbergen y Eddy Merckx y el español Oscar Freire con tres títulos como los mejores de todos los tiempos en la competición.

Tom Dumoulin Campeón del Mundo de Contrarreloj, dando una exhibición.

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Medalla de oro incontestable para Dumoulin y aviso para Froome. La medalla de plata se la ha ganado el esloveno Primoz Roglic y el bronce Froome.

Se citaban en los Mundiales de Bergen (Noruega) los dos ciclistas llamados a pelear por la victoria del próximo Tour de Francia y atención porque el holandés Tom Dumoulin se ha exhibido para ganar la medalla de oro y avisar a Chris Froome, de que el próximo año no le pondrá fácil repetir su inédito doblete Tour-Vuelta.

El ganador del Giro ha estado a punto de doblar al británico y se ha subido a lo más alto del podio gracias a su tiempo de 44 minutos y 41 segundos. La plata se la ha ganado el esloveno Primoz Roglic —el único de los cabeceros que cambió de bicicleta— (45’38”) y el bronce ha sido para Froome (46’02”).

Se esperaba una jornada lluviosa pero el agua no apareció hasta que todos los favoritos estaban en carrera. La tregua desapareció y descargó cuando el pulso Froome-Dumoulin se estaba librando.

La circunstancia de los cambios de bicicleta antes de ascender el temido Monte Floyen, 3,5 km con una pendiente media del 9,1%, condicionó también la pelea.

El primero de los favoritos en cambiar de bici para conseguir el mejor tiempo fue el holandés Wilco Kelderman (46’15’’). Su tiempo lo rebajaría el portugués Nelson Oliveira (46’09’’) y eso que el corredor del Movistar realizó un cambio de bicicleta muy poco ortodoxo antes de afrontar el tramo final.

A punto estuvo de arrebatarle su puesto en la silla el bielorruso Vasil Kiryienka pero se mantuvo en ella por 23 centésimas. El que apeó al luso de la cabeza fue el eslovaco Primoz Roglic, que pulverizó el crono al rebajarlo en 30 segundos (45’38’’).

La primera víctima de la lluvia fue Rohan Dennis. El australiano venía pugnando por los mejores tiempos en los puntos intermedios pero se fue al suelo y se magulló la pierna derecha tirando así al traste sus opciones.

Chris Froome concluiría su actuación sin mejorar el tiempo de Roglic y con el increíble Tom Dumoulin pisándole los talones. La medalla de oro tenía su nombre ya grabado antes de que terminara Tony Martin por detrás (a 1’39”).

El holandés marcó territorio a partir del segundo punto cronometrado (14’22’’) y en el tercero ya ponía tierra de por medio al aventajar a su inmediato perseguidor, Tony Martin, en 32 segundos. En el siguiente, antes de la subida, su ventaja superaba ya los cuarenta segundos.

No cambió su herramienta, como tampoco lo hicieron Froome o Martin y finalmente en meta pararía el reloj en 44’41’’. Toda una exhibición para convertirse en el primer holandés de la historia que se enfunda el maillot arco iris de la CRI.

Froome se corona al fin en la Vuelta España y Contador entra en la leyenda.

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El madrileño dio sus últimas pedaladas profesionales en Madrid. El africano redondeó el doblete Tour-Vuelta.

El lunes después de una grande es un día de sensaciones raras. A la hora de la comida coges el mando a distancia, por pura inercia, y zapeas impulsivamente por el televisor, pero no encuentras a Carlos de Andrés y Pedro Delgado. Si acaso te topas con una redifusión. De repente, caes en tu error: ya no hay Vuelta a España. Y sientes un enorme vacío. Inconsolable. Ese vacío se convertirá este 11 de septiembre en un abismo cuando, además, recuerdes que ya no volverás a ver más a Alberto Contador en una carrera profesional.

A las 20:24 horas, Contador cruzó la meta de Madrid en el puesto 26º. Feliz del trabajo bien hecho. No le importó haber perdido la cuarta plaza ante Wilco Kelderman por un corte de siete segundos. El último recorrido, sobre 117 kilómetros, se lo tomó como una fiesta, con brindis de cava incluido. Vistió el maillot blanco de la combinada de prestado, porque el ganador de esa clasificación es Chris Froome, que también se ha llevado el rojo de la general y el verde de los puntos, en dura puja final con Matteo Trentin.

Froome cumplió su desafío. Le ha costado más esfuerzo ganar la Vuelta que el Tour. En España se descubrió como corredor de grandes rondas en 2011, cuando fue segundo tras Juanjo Cobo. Después de aquello se había coronado cuatro veces en París, pero la Vuelta se le resistía. El reto se transformó casi en una obsesión. Tanto que esta temporada Froome se preparó a conciencia para rendir aquí. Otras veces llegó más cansado, o con un equipo más pasota. En 2017 lo ha bordado. El africano se erige como el primer ciclista que gana Tour-Vuelta el mismo año, desde que se celebra en ese orden. Jacques Anquetil (1963) y Bernard Hinault (1978) también lo hicieron, pero cuando la Vuelta se disputaba en primavera.

Chris Froome se lleva la gloria en el palmarés y la admiración del público. “Para todos, mucho, mucho gracias, para tres semanas a tope”, se despidió en castellano desde el podio. Es difícil no quererle. Su ciclismo no es bello, pero su actitud nos engancha. Sus dos sprints finales contra Trentin son un ejemplo de ello. Para Contador ha sido la gloria eterna y el aplauso infinito. Su ciclismo es bello. Su actitud, también. Contador nos engancha porque no se ha limitado a recibir los vítores de los aficionados en cada una de las 21 etapas. Ha atacado cada día que ha podido: hasta once días. Sin contar el paseo en solitario que se dio en la entrada a Madrid. Emotivo homenaje. Los 2:33 minutos que perdió en la tercera etapa en Andorra han sido un lastre que le ha impedido luchar por el jersey rojo y por el podio. Pero siempre le quedará el Angliru: la imagen más hermosa de esta Vuelta 2017.

Contador se dio el domingo el último baño de cariño como profesional. Firmó autógrafos en la salida de Arroyomolinos, se hizo fotografías… Y lidió como pudo la aclamación unánime: “No te retires, Alberto”. Hasta sus compañeros Markel Irizar y Edward Theuns se lo cantaron en directo para las cámaras de televisión: “¡Un año más!”. Nos vamos a quedar con las ganas. Aunque bien pensado, ¿para qué arriesgarnos a un broche menos mágico?

Trentin ganó el sprint de Madrid y logró su cuarta victoria en la Vuelta, pero no le sirvió para arrebatar el maillot verde a Froome, que se codeó con los velocistas ‘a lo Eddy Merckx’ para clasificarse undécimo y conservar la prenda por sólo dos puntos. Por cosas así, Froome es admirable. Mientras el africano se daba ese último calentón, Contador se autodedicaba un homenaje: una vuelta de honor con la bandera de España al viento. Ya desmontado de su bicicleta, subió al podio para recoger el premio al Más Combativo… A un podio similar al que escaló otras nueve veces como ganador de nueve grandes: tres Tour de Francia, tres Giro de Italia y tres Vuelta a España. Por todo ello solo queda decir el que ha sido el lema de esta Vuelta: Gracias Alberto.

Chris Froome conquista su cuarto Tour de Francia.

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Chris Froome sigue agrandando su historia después de ganar su cuarto Tour de Francia, lo que le convierte en el único corredor en toda la historia de esta centenaria carrera que cuenta con ese número de triunfos en París.

El británico volvió a ser el corredor más completo del pelotón defendiéndose en todos los terrenos, aunque en una edición donde lo ha tenido más difícil que nunca ante unos rivales que parecen haberle perdido ya el respeto. Rigoberto Urán y Romain Bardet le acompañan en el podio final con Mikel Landa a tan sólo 1 segundo del cajón.

La 104 edición de la ‘Grande Boucle’ deja un sabor ciertamente agridulce. Agrio porque quizás se echó en falta más finales en alto, más dureza en la montaña y, sobre todo, más desnivel en la primera semana y media de carrera. Agrio también porque los rivales de Froome tardaron en ponerle en aprietos. El único que lo intentó pronto, Fabio Aru, terminó acusando el esfuerzo y cayó en picado en la clasificación en una carrera que se le hizo muy larga. Agrio también la superioridad del Sky volvió a ser tan clara que ni siquiera le hizo falta atacar. Así, sin atacar y sin ganar una etapa por primera vez en sus cuatro victorias, Froome firmó el póker en París.

Tal fue el dominio del Sky que siempre vistieron el maillot amarillo, de principio a fin, salvo dos jornadas que lo vistió Fabio Aru. Desde el inicio en Dusseldorf, con la victoria de Geraint Thomas, hasta Planche des Belles Filles, donde le cogió el relevo Froome, que sin embargo no dio su característico golpe de autoridad en la primera semana de carrera. Esta vez su ventaja nunca fue algo insalvable para sus rivales, donde surgió la inesperada figura de Rigoberto Urán, con el que nadie contaba en un principio y que terminó siendo la principal amenaza hasta la contrarreloj final de Marsella.

El que parecía más en forma para ponerle en aprietos era Richie Porte y el australiano, fiel a su mala suerte, se fue al suelo dejando más despejado el camino a Froome, que tampoco tuvo en Alberto Contador como rival. El pinteño se volvió a ir al suelo en un Tour, y ya van seis seguidos por los suelos. Intentó redimirse y buscar algún triunfo de etapa para su nuevo equipo, el Trek, que tuvo que conformarse con el de Bauke Mollema. Tampoco tuvo Froome que pelear con Nairo Quintana, que llegó muy desgastado del Giro de Italia, donde también había estado Mikel Landa, que por momentos pareció estar en disposición de aspirar al trono, algo que, sin embargo, nunca le permitió el Sky, equipo que abandonará para fichar por un equipo que le deje, sin discusión, ser el jefe absoluto.

Pero no todo fue agrio. También hubo dulces, como el hecho de ver que Froome, que el año que viene soplará 33 velas, ya no es tan dominador como en años anteriores, algo que ha animado a sus rivales, a los que han estado muy cerca de él en esta edición, y a los que vendrán con ganas de revancha el próximo año como los mencionados Contador, Quintana, Porte, Pinot, Chaves y otros que podrían estar como Dumoulin o Nibali. Dulce porque esa igualdad garantiza siempre más espectáculo para el aficionado y que verá como Froome tendrá muy complicado entrar en el club de los cinco veces campeones del Tour de Francia: Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain.

Y también hubo grandes momentos como los cinco triunfos de etapa de Marcel Kittel o la enorme carrera de Warren Barguil, que con dos triunfos de etapa y el maillot de la montaña se convirtió en el corredor favorito de muchos. También el maillot verde de Michael Matthews, que lo peleó hasta el final y que se vio favorecido por el abandono de Kittel, y el de mejor joven para Simon Yates, que mantuvo una bonita disputa con Louis Meintjes, además de la incansable insistencia de un Daniel Martin que demostró ser capaz de luchar por un podio en una gran vuelta. El Sky se llevó la clasificación por equipos y también se vio cómo empezaban a despuntar futuras promesas como Calmejane o Roglic, ganadores de etapa.

Dumoulin remonta y gana el Giro de Italia, por delante de Quintana y Nibali.

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Tom Dumoulin hizo buenos los pronósticos y se llevó la edición 100 del Giro de Italia, por delante de Nairo Quintana y Vincenzo Nibali, 2º y 3º respectivamente.

37 años después un ciclista holandés vuelve a ganar una grandes. Desde que lo hiciera Joop Zoetemelk en el Tour de Francia ningún ciclista ‘orange’ había logrado subir a lo más alto del podio ni en el Giro, ni en la Vuelta ni en el Tour de Francia. Pero el 28 de mayo, Tom Dumoulin ha hecho buenos los pronósticos y ha logrado el triunfo final en la edición 100 del Giro de Italia.

Dumoulin, que se caía del podio después de la penúltima etapa de la Corsa Rosa, tenía que remontar 53” a Nairo Quintana para aspirar a la gloria en Milán. Una remontada, que dadas las mejores prestaciones del holandés en la lucha contra el crono y el perfil de la CRI, 29,3 kilómetros del todo llanos, lo daban del todo favorito. Pero ésta era una contrarreloj diferente, marcada por las 20 etapas previas y el castigo acumulado en las piernas de los ciclistas, y este era el comodín que esperaba Nairo Quintana que le llegara en una buena mano.

A priori, el líder del Movistar era el que peor lo tenía, a tenor de sus condiciones, y había quien incluso lo veía fuera del podio. No fue así, pero al menos mantuvo la maglia rosa momentáneamente después de una buena CRI. Nibali –ganador en 2016– mantuvo la tercera plaza, de la que se caía un Thibaut Pinot que sí, lo ha hecho muy bien en la semana final, pero quien ha fallado en las dos contrarreloj del Giro.

No pudo ‘El Tiburón’ repetir el éxito de 2016, tampoco Quintana el de 2014, pero ambos han protagonizado una de las ediciones de la Corsa Rosa más emocionantes que se recuerdan.

A priori, a tenor del perfil de las etapas, todo parecía indicar que Quintana era el máximo favorito para la victoria final, pero la mayor regularidad y el gran comportamiento de Tom Dumoulin en la montaña han sido claves para que acabe con la mala suerte que le acompañaba en las grandes y logre por fin su primer gran triunfo, después de que en el último suspiro se le escapara la Vuelta de 2015.

A partir de ahoea se abre una nueva página en blanco en el libro de la ‘Mariposa de Mastricht’, en la que muchos ya adivinan otros grandes éxitos, de un ciclista que antes de los Juegos Olímpicos de Río declaraba: “Soy joven y las grandes vueltas siempre me han llamado, pero luchar por la general lo dejo para más adelante”. Su momento ya llegó.

Turin corona por segunda vez a Nibali como ganador del Giro de Italia.

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El italiano Vincenzo Nibali terminó vestido de rosa la 99ª edición del Giro de Italia, que concluyó este domingo en Turín, e inscribió por segunda vez su nombre en la ronda ciclista, cuyo podio lo completaron el colombiano Esteban Chaves y el español Alejandro Valverde.

La última etapa terminó con la victoria al esprint del italiano Giacomo Nizzolo, en una jornada que solo se animó cuando el pelotón llegó al circuito urbano final, al que los corredores hubieron de dar ocho vueltas. A bordo de una bicicleta de color sosa, Nibali disfrutó de un trayecto relajado durante el que ofreció a los fotógrafos todo tipo de poses.

Además de podio final con Nibali, Chaves y Valverde, el cuadro de honor del Giro lo completaron Nizzolo como maillot rojo por puntos, Bob Jungels de blanco como mejor joven y el español Mikel Nieve con el azul de rey de la montaña. Después de vivir todo el abanico de sensaciones, pasando del tormento de la crisis a la resurrección en la penúltima jornada alpina y al éxtasis del triunfo final con su exhibición en solitario del sábado, Nibali sucedió al español Alberto Contador como ganador del Giro más abierto de los últimos años.

El holandés Steven Kuiijswijk, que acariciaba la gloria cuando el antepenúltimo día afrontaba como líder sólido la primera etapa alpina, entre Pinerolo y Risoul, recorrió el camino inverso al de Nibali. Ese día se dejó el rosa en la cuneta cuando sufrió una caída espectacular y se estrelló contra un muro de nieve, pasando del éxtasis a la crisis y, finalmente, al hundimiento moral y físico, expulsado incluso del podio.

Tres años después de ganar su primer Giro, Nibali, cuya deficiente condición física había suscitado polémica en Italia hace solo una semana, renació en los Alpes y se mostró como el más fuerte en la fase decisiva. Su perseverancia le dio la victoria final, en tanto que Chaves, que vestía de rosa en la penúltima jornada, no pudo defender la maglia frente al ataque del Tiburón y hubo de conformarse con el segundo puesto.

Nibali consigue de esta forma su cuarta ‘grande’, después del Tour de 2014, el Giro de 2013 y una Vuelta de 2010. Ahora repite en la carrera rosa. Valverde, debutante en la ronda italiana, pasó por varias fases en las jornadas decisivas, pero nunca perdió la esperanza de subir al podio y lo recuperó en la penúltima etapa. El ‘Bala’ entra en un selecto club de ciclistas que han subido al podio en las tres grandes: seis veces en la Vuelta (con triunfo incluido en 2009), y el tercer puesto en el Tour 2015.

Italy's Vincenzo Nibali (C) of team Astana, winner, Colombia's Esteban Chaves of team Orica (L), second, and Spain's Alejandro Valverde of team Movistar, on the podium after winning the 99th Giro d'Italia, Tour of Italy, after the 21th stage from Cuneo to Turin on May 29, 2016. Astana's Vincenzo Nibali secured his second Giro d'Italia triumph on Sunday after topping a dramatic 99th edition that saw key rival Steven Kruijswijk agonisingly crash during the final stages. Germany's Nikias Arndt, of the Giant team, celebrated winning the final stage into Turin although it came only after Giacomo Nizzolo, of the Trek team, was stripped of the victory by race judges who ruled the Italian had hampered other riders by deviating from his sprint line.  / AFP PHOTO / Luk BENIES