Alejandro Valverde gana el Mundial de ciclismo.

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El ciclista murciano se proclama campeón del mundo a los 38 años al batir al sprint a Bardet, Woods y Dumoulin, los últimos supervivientes del infierno de Innsbruck.

“¡Por fin!”, grita Alejandro Valverde, que, campeón del mundo, no ha levantado los brazos hasta que no ha estado seguro de cruzar el primero la última línea. Aún controlado y sereno, lo hace cuidadosamente: primero el brazo izquierdo, casi lentamente, mientras con la mano derecha frena un poco y controla la bici disparada; solo entonces alza el derecho. Y ahí se acaba la calma. La clase y la tranquilidad se rinden a la emoción que el ciclista murciano llevaba minutos controlando. Y empieza a llorar, una magdalena sin freno, tiernísimo, antes incluso de bajarse de la bici y abrazarse a su masajista, Escámez, y llorar más aún, incontenible.

Tiene 38 años. El de Innsbruck es el 12º Mundial que disputa, el más duro que ha conocido. Ha subido seis veces el podio en su larga carrera; lleva haciéndolo desde 2003, un niño de 23, y nunca ganando. Tantas veces se ha quedado cerca que piensa que nunca se llevará el arcoíris, el máximo símbolo de la gloria en el ciclismo junto al maillot amarillo del Tour. Ya escamado piensa que este año, tampoco. Lo piensa cuando atraviesa el infierno sobre un Innsbruck soleado penando sobre los pedales en los 300 metros del 28% que todos, salvo él, temen tanto. Se ve tan fuerte con su piñón de 29 que empieza a ilusionarse, aunque no quiere creérselo. “No me lo creía, no me lo creía”, repite después, las lágrimas ya secas, los ojos siempre brillantes. “Me encontraba bien en el momento clave, y solo habíamos quedado tres delante. Y pensaba, ‘este puede ser mío’, y al mismo tiempo quería olvidar que lo pensaba”.

Es el día perfecto de la selección española, su Mundial impecable. Solo han llegado vivos tres al infierno, Valverde entre ellos, pero los otros dos son más lentos que el murciano, la Bala Verde, El Imbatido desde sus tiempos de sprinter juvenil: son dos ciclistas duros, de fondo, el escalador francés Romain Bardet y el animoso canadiense Michael Woods. Nibali, Alaphilippe, los gemelos Yates, Moscon, Kwiatkowski, Roglic… La lista interminable de favoritos, de grandes rivales, de peligros insuperables, se ha quedado en nada. Solo, unos metros detrás, resiste Dumoulin, el gigante holandés que serpentea por el infierno, de lado a lado de la carretera estrecha, sin venirse abajo, sin despendolarse. Ha sido una carrera durísima, de eliminación pura y dura. De muchos ataques y acelerones de los italianos, los franceses, los holandeses, los belgas, los daneses, y una defensa increíble de los españoles, a los que les llegaba de vez en cuando un único mensaje desde el coche de su director, Javier Mínguez, quien, cuando le preguntaban “¿qué hacemos?”, respondía: “Nada. Tranquilos siempre, nunca perdáis la calma. Y controlad”.

Con un entusiasmo desbordado, los siete compañeros de Valverde han logrado controlar lo incontrolable, siete secantes que empiezan a llevar la carrera por donde quieren a falta de 80 kilómetros. Allí entra en acción Castroviejo, que tira del carro; luego salen Herrada y Omar Fraile a frenar ataques, y también De la Cruz. Mas, Izagirre y Nieve, los más escaladores, se guardan para el final. Y todos intervienen. Solidarios. Felices de contribuir a la coronación del ciclista que empezó a ser una referencia para todos a comienzos de siglo, cuando la mayoría no eran ni juveniles, solo niños que soñaban con ser él.

Valverde es el ciclista español con más victorias, 122 según los que llevan las cuentas, y ha ganado una Vuelta, cuatro Liejas y cinco Flechas y etapas en todas las pruebas que puedan pensarse. También ha subido al podio del Giro y del Tour. En todas, tantas, victorias, supo en todo momento qué había que hacer. En el Mundial, y no sabe por qué, quizás porque era el sueño que siempre se le escapaba, no lograba enfriarse en el momento decisivo. “Corre cuando tengas que correr, no corras antes”, es el último consejo que le da Mínguez. El consejo que le convence y pone en práctica cuando bajan los tres del infierno hacia Innsbruck y Dumoulin los persigue de cerca. Valverde sabe lo que tiene que hacer, lo que debe hacer, y lo hace. Corre cuando tiene que correr. Aunque el Mundial se corre sin pinganillo y no recibe información de lo que pasa detrás de su grupo, su instinto le hace volverse a mirar de vez en cuando, con su estilo de pistard, la mirada de reojo que se mama en los velódromos, y siente la llegada de una mancha naranja grande, Dumoulin, la huele. “Uno se va a quedar sin medalla”, dice que pensó entonces. Pero sabía que no sería él quien lloraría de rabia en la meta. Esta vez sería otro. Cuando llegó el holandés, y faltaban menos de dos kilómetros para la meta, Valverde se pone delante de todos para que el grupo no se pare y para controlar a todos, y así pasan por debajo del triángulo rojo del último kilómetro, y todos esperan a ver qué hace el favorito para saltar a la contra. Y ninguno se mueve. Cuando se mueven, después de que Valverde acelerara a falta de 300m, siempre en cabeza, fue para disputarse entre los tres la segunda plaza. Bardet, más fuerte, derrota a Woods y a Dumoulin. Todos, detrás del murciano que se corona campeón del mundo a los 38 años y cinco meses.

Solo el holandés Joop Zoetemelk, que alcanzó el arcoíris a los 38 años y 10 meses, lo ha logrado más viejo que él, el ciclista que aún corre con la emoción de un juvenil y la clase de un campeón único.

GP Rusia: Hamilton sale de Sochi con medio título en el bolsillo.

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El inglés se impuso en el cuerpo a cuerpo a Vettel y vio como Bottas le cedía el liderato para aumentar su ventaja en el Mundial hasta los 50 puntos.

Lewis Hamilton tiene medio título en el bolsillo, o incluso más, después de que el domingo lograra su octava victoria de la temporada en el GP de Rusia de F1, la número 70 de su carrera deportiva y que le sirve para dar un golpe prácticamente definitivo a un Vettel que ya no tiene prácticamente motivos para creer en una remontada. El inglés, con su quinto triunfo en las últimas 6 carreras, deja al teutón a la deriva y se escapa en solitario hacia su quinto título, con el que lograría igualar al mítico Juan Manuel Fangio. 50 son ya los puntos que separan al vigente campeón del germano de Ferrari, que en esta ocasión se vio de nuevo superado por la astucia, clase y calidad del de Stevenage en un día en el que además, Mercedes pudo exhibir su enorme mejora en las últimas carreras, batiendo a los transalpinos, con mejor coche durante todo el año. Pero esta vez, los de Brackley supieron reaccionar a tiempo, y con sus últimas evoluciones y una gran mejora en la gestión de los compuestos, lograron imponerse con claridad con un nuevo doblete, con Bottas en las segunda posición y Vettel, en la tercera, como espectador de lujo.

Como ya anunciábamos en los días precedentes, la salida iba a ser algo clave. Vettel, pese a partir desde la tercera plaza lo tenía todo para hacerse con el rebufo de los de la estrella en la larga recta principal de Sochi y conseguir la primera posición para poner nervioso a Hamilton. Pero a la práctica, no pudo hacerlo. Hamilton cerró extremadamente bien la puerta para mantener las cosas como estaban para empezar a escaparse junto a Bottas.

Sin movimientos de inicio pese a lo tensa que fue la salida, la carrera parecía que pasaría a decidirse en la estrategia. Bottas entró antes que Hamilton y y el inglés trató de alargar su parada para pasar a su compañero con un ‘overcut’ de libro. Pero ni una cosa, ni la otra, y el muro de Mercedes empezaba a sudar de nervios al ver que, por buscar la primera plaza de Lewis, habían comprometido la posición de su líder con respecto a Vettel. ‘Seb’ entró antes a boxes en busca del ‘undercut’ y en la vuelta 15, Hamilton salía de boxes por detrás del germano. Se complicaba la situación, pero ahí, aparecieron las manos de Lewis.

Con un neumático más joven, presionó tremendamente a su rival por el título, le cogió el rebufo y se preparó para pasarlo por el interior, pero Vettel reaccionó de una forma fea y sucia. Cerró su trazada en plena frenada y de esta manera obligó al inglés a bloquear ruedas para evitar lo que habría sido una colisión polémica. Vettel no estaba dispuesto a vender su piel, y Hamilton, lejos de quejarse por radio y desconcentrarse, dio toda una demostración de temple. Posiblemente, la acción del británico fue el adelantamiento del año por todo lo que significa. Tras un feo gesto de ‘Seb’, Lewis se recompuso inmediatamente, se volvió a pegar al Ferrari del germano y lo pasó de forma espectacular por el interior en la curva 5.

El polvo que levantó el inglés por la zona sucia también parecía aplaudir el tremendo ‘hachazo’ que le pegó a su mayor contrincante. Y a partir de ahí, tan sólo su compañero Valtteri le podía apartar del triunfo. Sin embargo, Mercedes pidió al finlandés que dejara pasar a Hamilton en la vuelta 25. Y el finlandés obedeció sin rechistar. Hamilton ya era segundo, líder virtual de la carrera ya que Verstappen, que ocupaba la primera plaza, perdería su posición al entrar a boxes.

Mercedes volvió a recurrir a órdenes de equipo de forma acertada para proteger a su campeón de los posibles ataques de Vettel debido al blistering que empezaba a acosar Lewis en sus compuestos por haberlos sobrecalentado en su pasada a Vettel. Así, Bottas, que tenía mejor ritmo y hubiera ganado la carrera sin problemas, tuvo que cumplir con su función de escudero para evitar males mayores, lo que hizo que la alegría en Mercedes no fuera completa. “Ha sido un buen resultado para el equipo, pero personalmente ha sido una carrera muy difícil, como todo el mundo ha visto”, decía Valtteri tras beneficiar a un Hamilton que vuela cada vez más alto, con las complicaciones que pasó este curso ya en el olvido.

“Lo impresionante de él es el desarrollo constante en la búsqueda de ese rendimiento óptimo. Es un perfeccionista, y siempre lo busca, año tras año. Por eso es un piloto tan completo”. Ya lo decía Wolff el viernes pasado. Hamilton ha vuelto a reinventarse este año ante el Ferrari más fuerte de los últimos tiempos y volverá a ser campeón gracias a victorias como las del domingo y a haber aprendido a sufrir como hizo al principio de año.