Zverev conquista en Madrid su tercer Masters 1000.

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El alemán suma las coronas de Madrid, Canadá y Roma.
Era el duelo del futuro, de dos raquetas que lideran el relevo generacional del ATP World Tour y que todos los especialistas señalan como herederos naturales de la élite que ha dominado el circuito en la última década. Alexander Zverev ganó el pulso que sobre la tierra batida de la pista Manolo Santana del Madrid Open mantuvo ante Dominic Thiem por 6-4 y 6-4, en una hora y 18 minutos.

A pesar de sus 21 años, el alemán exhibió una madurez que le permitió encadenar la tercera corona ATP World Tour Masters 1000 de su carrera en la Caja Mágica, añadiendo a las que conquistó la pasada temporada en el Internazionali d’Italia en Roma (v. a Novak Djokovic) y la Rogers Cup de Canadá (v. a Roger Federer). Además, hace apenas unas semanas en el Miami Open (p. con John Isner).

Zverev se convirtió en el primer jugador en activo en alcanzar la cifra de tres ATP Masters 1000 ganados sin ser Rafael Nadal, Novak Djokovic, Roger Federer y Andy Murray. En total, hay 15 jugadores que sepan lo que es levantar un torneo de esta categoría.

Un break inicial marcó la historia de un partido en el que Zverev apenas tardó en tomar el mando. El jugador nacido en Hamburgo en 1997 aseguró el 78% de los puntos que puso en juego con su servicio y aprovechó la única oportunidad de todo el set para cerrar de su lado el marcador por 6-4.

El segundo parcial arrancó de la misma manera que el anterior: quiebre sobre el saque de Thiem. La agresividad del alemán desde el fondo y una serie de errores no forzados, sobre todo desde el lado del revés del austriaco, generó aún más nervios en la raqueta del austriaco que buscaba su primer ATP Masters 1000 en su segunda final en el Madrid Open.

Zverev consiguió mantener la ventaja en el marcador sin ceder una sola opción de break en el partido, elevando su porcentaje de éxito con el primer servicio a un 94%.

El N° 3 del Ranking ATP levantó el octavo título de su carrera en Madrid, uniendo a su palmarés lo que antes había conseguido en Múnich 2018, Canadá 2017, Washington 2017, Roma 2017, Múnich 2017, Montpellier 2017 y San Petersburgo 2016. Ahora viajará a Roma para defender su corona con un impecable récord de 9 victorias consecutivas.

GP España: Paseo triunfal de Hamilton en Barcelona.

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El inglés aumentó su liderato del Mundial ante un Vettel que falló en la estrategia y se quedó fuera del podio.

Inalcanzable. Infinitamente superior. Lewis Hamilton sacó la corona de vigente campeón del mundo de F1 el domingo a relucir en el GP de España de F1 y logró su victoria número 64. Lo hizo metafóricamente, pero fue tan superior que incluso podía haber corrido con alguno de sus cuatro cetros en la mano. En la quinta cita del año, el británico reinó con contundencia. Nada de concesiones a sus rivales. Fortaleza y un ritmo frenético desde el inicio aprovechando el mejor ritmo que Mercedes ha demostrado tener con el cambio de neumáticos Pirelli para liderar con puño de hierro en una victoria incontestable acompañado en el podio por Bottas Verstappen.

Esta vez, Hamilton no necesitó que la suerte se subiera al cockpit de su W09 como sí lo hizo en Bakú. Le respetó el tiempo, con un sol que se hizo paso ante las amenazadoras nubes negras que había sobre el trazado, que no quería desaprovechar la ocasión de iluminar el triunfo del inglés. El de Stevenage hizo el resto con sus manos, olvidándose de los problemas de neumáticos de las carreras anteriores y corroborando su liderato del Mundial esta vez por méritos propios. El inglés no estaba pasando por su mejor momento en este inicio de campeonato y España le devolvió la sonrisa a un campeón que parecía apagado anteriormente. Lewis sabía de la importancia de este triunfo e incluso quiso dormir en el motorhome del Circuito para concienciarse y no descentrarse por nada del mundo. Y obtuvo el premio, aumentando su liderato en el Mundial ante un Vettel ‘tocado’.

Ferrari volvió a ser ‘víctima’ de su estrategia. Este factor le dio la victoria de forma fenomenal en Australia sorprendiendo a los Mercedes, pero cuatro carreras más tarde, jugaron sus cartas muy mal con una jugada muy arriesgada que acabó de repente con todas sus opciones. Con la voluntad de sorprender a Hamilton, el teutón de Ferrari fue el primero e parar en la vuelta 17 para atacar a Lewis y ahí arruinó su carrera al salir de boxes tras Magnussen, desaprovechando las primeras vueltas de su neumático nuevo. Sin embargo, pudo empujar para evitar que Bottas le pasara por los pelos cuando el finlandés entró a boxes en la vuelta 20. Se ayudó del DRS y minimizó los daños de un fallo estratégico garrafal.

En la vuelta 25, Ferrari perdió a su ‘alfil’ cuando Raikkonen tuvo que abandonar por pérdida de potencia, seguramente provocando de nuevo el llanto del pequeño francés que el pasado curso en Barcelona conmovió al mundo con sus lágrimas. Y en la vuelta 42, otra jugada improvisada de los italianos volvió a dejar a su ‘rey’ al descubierto. Ferrari se hizo su propio ‘jaque mate’. De nuevo, Vettel volvía a parar y salía detrás de un Verstappen que lideró incluso la carrera al alargar al máximo su parada y que no tenía pensado volver a entrar. Así, Vettel había pasado de la segunda a la cuarta plaza de forma incomprensible. Casi le echa un ‘capote’ el joven neerlandés con otro error infantil, cuando tocó a Sirotkin cuando lo quiso doblar. Dañó parte de su alerón izquierdo, pero por suerte para la joven estrella de Red Bull, pudo conservar su tercera posición con un buen ritmo ante un Vettel furioso. A partir de ahí, la carrera fue una procesión en la que la dificultad por adelantar en pista complicó mucho las cosas para que la afición pudiera vivir un final tan emocionante como el que se vio en las tres carreras anteriores.