Froome se corona en Roma como el primer británico que gana el Giro de Italia.

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El líder del Sky se une a Anquetil, Merckx, Gimondi, Hinault, Contador y Nibali en el club de ganadores de las tres grandes, Giro, Tour y Vuelta.

Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault, Contador, Nibali. Si hace unos años alguno afirma públicamente que el siguiente en entrar en esa lista sería Chris Froome, todo el mundo le miraría raro, como se mira con temor a alguien que se cree que no está en sus cabales. O pensarían que la degeneración del ciclismo no tenía límites. Y nadie puede ahora decir lo contrario.

Nadie vio venir a Froome. Hace siete años, en 2011, ya había cumplido los 26 y solo era un exótico rubito, un chaval delgadito con mofletillos, que había nacido en Kenia y quedaba bien para escribir perfiles de bichos raros en el pelotón. No había corrido aún la Vuelta en la que se reveló, y que se analizó como una de las sorpresas habituales de la ronda española, especialista en dar gloria efímera a desconocidos.

Por eso, quizás, a muchos les da aún sarpullido leer que junto a los monstruos sagrados de la historia del ciclismo, los únicos que han ganado en su carrera las tres grandes pruebas por etapas, el Tour, el Giro y la Vuelta, el nombre de Froome. Pese a que desde entonces ha ganado cuatro Tours (y ha terminado segundo en otro), una Vuelta y, desde el domingo, en que se convirtió en el primer británico que lo lograba, un Giro, Froome sigue siendo, en cierta manera, un intruso. Y ni siquiera la forma heroica en que ha ganado un Giro que parecía imposible para él a tres días de su final, le absuelve a ojos de gran parte de la afición.

Froome es un intruso que desafía la mirada tradicional sobre el ciclismo porque sus raíces, su cultura, su forma de ejercer su patronazgo sobre las pruebas por etapas, no tienen nada que ver con lo que se llevaba antes de la acelerada globalización del relato ciclista. Es un intruso porque es el producto de un equipo, el Sky, que se vanagloria de controlar, analizar y modificar todos los mínimos detalles que influyen en el rendimiento, incluida la personalidad de sus ciclistas.

El británico nacido en Nairobi en 1985 ganó el Giro con un ataque de otros tiempos en la etapa más dura. Estaba en la general a más de tres minutos del líder, un mundo en el ciclismo de control que tanto se practica, y faltaban 80 kilómetros, y dos puertos hors catégorie, para llegar a la meta. Por delante, la carretera desierta; ni un solo ciclista en fuga, ni un solo punto de apoyo. Bajo sus ruedas hinchadas con la presión justa para esa superficie, el asfalto se había convertido en tierra apelmazada y fina gravilla. Froome se fue. Dejó el peso de los cálculos y las conjeturas a los que le seguían. Dejó con la boca abierta a todos los que veían la tele y querían recordar que ese mismo Froome se había caído antes de empezar el Giro en Jerusalén y también en la primera subida en los Apeninos; que había pedaleado como un cojo desequilibrado y que había cedido tiempo en todos los finales en alto y en la gran contrarreloj, y al que habían perdonado la vida en el Gran Sasso. Y que al día siguiente de su victoria de orgullo en el Zoncolan había vuelto en Sappada a dar muestras de flaqueza.

Ese hecho tan puro, tan simple, un ciclista y la montaña, la soledad, la llamada del destino, el riesgo, semilla de leyenda, los sabios de su equipo lo adulteraron informando inmediatamente de que la acción había sido cuidadosamente planificada, de que le dijeron a Froome cuándo tenía que atacar y cuántos vatios podía alcanzar en ese momento, y de que habían distribuido estratégicamente a decenas de colaboradores con botellitas de líquidos cuidadosamente medidos por los dietistas del equipo para rellenar los depósitos de nutrientes que el corredor agotaba con su pedaleo incansable y acelerado, sin respiro.

A Luis Ocaña, cuando derrotó a todo el Tour en Orciéres Merlette, el director del equipo intentó frenarlo preguntándole que qué locura se le había metido en la cabeza para escaparse solo tan lejos de la meta. La publicidad del Sky desprecia el instinto, el golpe de genio, la voluntad loca, las características que hacen campeones a los campeones, los rasgos únicos que adoran los aficionados.

Froome es un intruso pese a que comparte con todos los ciclistas que han sido grandes (Anquetil, Merckx, Gimondi, Hinault, Contador y Nibali) entrar en la historia y en este selecto club de ganadores.

GP Monaco: Ricciardo resiste y gana en Monaco.

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El australiano logró su segundo triunfo del año ante Vettel y Hamilton.

A veces, la mejor defensa es el mejor ataque. Y esa frase, muy utilizada en otros deportes de equipo, debió retumbar una y otra vez, vuelta tras vuelta, en la cabeza de Ricciardo en Mónaco. El australiano tenía la victoria en el bolsillo desde la pole. Contaba con el mejor coche en las calles del Principado y tan sólo debía realizar una buena salida y luchar contra sus nervios. Él mismo debía ser su único rival. Su calma habitual y los pocos errores que comete eran sinónimo de éxito, pero el destino quiso ponerle una piedra más en el camino para que un triunfo que debía ser fácil se convirtiera en sufrido para el australiano, que supo aguantar la primera plaza ante la constante presión de Vettel con un problema de potencia durante más de media carrera. Con menos caballos y ¡con sólo seis marchas!, lejos de desesperarse, se hizo ancho en las calles del Principado ante un Vettel muy conformista, pensando más que nunca en que no podía permitirse el riesgo de tocarse con su ex compañero y entregar otro ‘trocito’ más de Mundial a Hamilton, que fue tercero tras el teutón de Ferrari. Ese miedo le cortó las alas a ’Seb’ y se las dio a Ricciardo, que tuvo la suerte de que en Mónaco no saliera ningún ‘Safety Car’ que podía haber destrozado su carrera al final de una cita monegasca.

La victoria de Ricciardo se vio peligrar a falta de 6 vueltas, cuando Leclerc se quedó sin frenos y embistió por detrás de forma espectacular a Hartley en la chicane de la salida del túnel. La entrada de un coche de seguridad hubiera podido arruinar la carrera al de Red Bull, pero hasta eso le salió bien a Daniel, ya que el Safety Car Virtual fue suficiente para que la normalidad volviera a pista con Ricciardo al frente.

El australiano puso la guinda a un fin e semana perfecto. Fue el más rápido en todos los libres, logró la pole con una enorme superioridad y lideró incluso guardándose alguna carta. En una ciudad donde los juegos de azar son famosos, el australiano era el domingo una apuesta segurísima debido al gran chasis de Red Bull, capaz de marcar la diferencia en el Principado con un motor Renault.

Objetivo cumplido para Lewis Hamilton. El inglés hubiera querido quedar segundo, por delante de Vettel, pero sabía que con su Mercedes en Mónaco dicho objetivo era prácticamente imposible. Mercedes tuvo muchas dificultades durante todo el fin de semana por las características del circuito, contrarias al ADN de su coche, y Lewis logró un podio muy valioso para mantener el liderato del Mundial ante el germano pese a las muchas quejas que realizó por radio por la gran degradación que tenía en sus gomas. Por ello, pudo terminar muy satisfecho, sabiendo que pese a que los focos no apuntaban hacia él el domingo, dio un gran paso para seguir minando la moral de Vettel. Y es que el germano sólo pudo ‘rascarle’ unos cuantos puntos en uno de los teóricos peores circuitos para Mercedes antes de la llegada de circuitos favorables a los de Brackley.

Real Madrid 3-1 Liverpool: Bale corona a un Real Madrid de leyenda.

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El galés, desatado con un doblete. El 2-1, con una tijera para la Historia. El club blanco conquista la Decimotercera y una marca majestuosa.

El fútbol es un deporte de engaño. Y como tal, la Final de Kiev comenzó como nadie hubiese imaginado. Lo que se esperaba un combate entre pesos pesados repartiendo puñetazos por doquier resultó ser una primera parte con más amagos que golpes reales. Bueno, al menos en lo que se refiere a los goles. Porque para golpes, los de Salah y Carvajal, que a la media hora y con apenas cuatro minutos de diferencia tuvieron que abandonar el campo lesionados y entre lágrimas. Lo del egipcio, el primero en caer, es en su hombro tras una mala caída en una acción con Ramos. Lo de Carvajal es muscular al dar un taconazo in extremis en línea de fondo. El uno iba camino de ser la figura mundial del año, mientras que el otro, desconsolado por pensar que dice adiós a Rusia, ya se perdió la EURO 2016 por lesión también en la Final de Milán. La competición más feroz vista antes del descanso fue la de la crueldad de las lesiones con dos jugadores que siempre merecen otro final diferente.

El descanso sirvió para que ambos equipos se quitarán el corsé que reflejaba el marcador. Todos los goles racaneados en la primera mitad empezaron a caer sin descanso. Y es que apenas tardaron diez minutos en convertir dos goles. Al igual que las lesiones, los tantos también llegaron a pares. Primero fue el de Benzema, haciendo de Raúl para retratar a Karius. Iba a sacar con la mano y puso el pie por medio para que el balón se introdujese llorando en las mallas. Ni el ‘7’ trató tan mal a sus porteros nunca. Eso sí, le duró muy poco la alegría a los blancos, pues apenas en la jugada siguiente Mané logró la igualada al desviar un testarazo de Lovren por encima de Ramos en un córner. Quién lo iba a decir: Benzema siendo el pillo, y Ramos siendo el pillado.

Sin embargo, la cosa no iba a quedar ahí. En sólo quince minutos se vio más fútbol que en quince partidos de Liga. De cualquier liga, en realidad. Y por si no fuera suficiente, también se vio un gol de esos que no se repiten en quince años. O dieciséis, por ser más concretos. Porque desde que Zidane metiese su histórico gol de volea en Glasgow en 2002 no se veía nada igual en una Final de Champions League. La rúbrica era de Gareth Bale, que llevaba un minuto en el campo y seguramente ni había tocado el balón aún. Ni había salido a calentar siquiera. Y aun así, dibujó un gol de tijera inimaginable, de dibujos animados. Menos plástico que el de Ronaldo en Turín, pero más importante. Una chilena directa a la Historia para poner en ventaja a los blancos. God Save The Welsh.

Como ya sucedió en Turín, tal gol ejerció de anestesia para el rival, que no supo cómo responder a semejante peso de belleza y contundencia. Y así el Liverpool se fue consumiendo poco a poco. Se sabía que era difícil que le aguantase el físico hasta los minutos finales, pero si le añades además la lesión de Salah, y el guantazo que supuso la remontada de Bale nada más lograr el empate, levantarse de todo a la vez fue imposible ya. De ahí que los Reds poco a poco se fueran difuminando ante el abrumador dominio blanco. Entre Arnold y Karius alargaron la agonía, pero el meta del Liverpool volvió a quedar en evidencia a un tiro lejano de Bale que tampoco fue capaz de despejar.

Quién se lo iba a decir al galés, nombrado mejor jugador del partido con sus dos goles. Máxime cuando se quedó fuera del once de Kiev. Quién se lo iba a decir a Benzema, el más criticado durante toda la temporada. Pero sobre todo, quién se lo iba a decir a Zidane, cuando llegó al Real Madrid hace tres años. Con el galo en el banquillo, el club merengue ha conseguido tres Champions consecutivas, lo que sólo habían logrado antes el Bayern de Beckenbauer, el Ajax de Cruyff y el Real Madrid de las Cinco Copas. Ahora, este Madrid de Zidane marcha por la Historia del fútbol ya sólo detrás de ese equipo merengue de los años 50. Con cuatro Orejonas en cinco años se ha ganado todo el derecho. Ni la Gran Bretaña pudo esta vez con la Armada Invencible.

Fenerbahçe 80-85 Real Madrid: La Decima se viste de blanco.

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El Real Madrid se llevó una Euroliga trabajada y se tomó su propia ‘vendetta’ ante Fenerbahçe. Un espectacular tercer cuarto de Causeur con 12 puntos dinamitó la Final, dándole la vuelta al encuentro. Laso consigue su segunda Euroliga y le arrebata a Obradovic su décimo título. Los blancos se sobrepusieron a Nicolo Melli con 29 puntos, el mejor del partido de largo.

El partido comenzó con los de Obradovic mandando, con ventajas de hasta 4 puntos, y solo con Doncic tirando del carro madridista. El esloveno comenzó con 6 puntos consecutivos, sin que ningún compañero le ayudara en la anotación.

Pero salió Llull y cambió el guion del partido. 3 triples consecutivos (RudyLlull Randolph) pusieron por delante a los de Laso y en el segundo cuarto un parcial de 14-2 abrió brecha. El Real Madrid lo bordaba ante un equipo de Obradovic que fallaba canastas fáciles. Hasta que apareció Nicole Melli. 11 puntos en el segundo cuarto que dio ventaja a los otomanos, y volvía a cambiar el guion del partido.

El conjunto blanco se marchaba al descanso con 2 puntos abajo, le tocaba remar y darle la vuelta en una segunda parte que se avecinaba apasionante.

La segunda parte comenzó con Causeur en modo estrella, el francés con 8 puntos en los primeros 5 minutos, y sobre todo aguantando en defensa, revitalizó a los blancos para darle la vuelta de nuevo al marcador. Melli volvió a responder con 5 puntos consecutivos, el hombre de la Final ponía las cosas difíciles.

En el último cuarto, Melli volvió a aparecer con 6 puntos consecutivos de inicio, pero una falta antideportiva de Vesely Doncic puso 10 puntos de ventaja a favor de los blancos que iba a ser definitiva.

Un triple de Melli metía de nuevo en el partido a los turcos, pero la defensa blanca, fundamentada en Causeur y Thompkins conseguía mantener la distancia. Wannamaker tiró de los otomanos, pero Doncic le respondió, aunque terminó excluido el encuentro.

Dos tiros libres de Causeur, hombre del Madrid en la Final, cerraron definitivamente el partido. Los turcos se quedaron sin tiempo y los tiros libres dieron la victoria a los blancos. Obradovic se quedó sin su décimo entorchado, mientras que Laso sale triunfador y suma su segunda Euroliga en 4 años.

Nadal logra un histórico octavo título en Roma.

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El español levanta su 32º ATP World Tour Masters 1000.

Una jornada para la historia en Roma. En una tarde ya imborrable sobre la tierra batida del Foro Itálico, Rafael Nadal levantó su octava corona del Internazionali d’Italia – ampliando su registro como jugador más destacado en la historia del torneo. En uno de los eventos clave de la gira de arcilla, el español tomó su 78º título ATP World Tour y aseguró su ascenso al N° 1 mundial desde este lunes por 174ª semana en su carrera.

El balear subrayó su autoridad en la superficie más lenta del circuito para desmontar por 6-1, 1-6 y 6-3 el juego del alemán Alexander Zverev, destronando así al vigente campeón del torneo. Nadal levanta así el 32º título ATP Masters 1000 de su carrera y el segundo de este calibre en la temporada 2018 (Montecarlo), remarcando su estatus como líder histórico de coronas de la categoría en el ATP World Tour.

La Final de Roma congregó a los dos grandes protagonistas de la gira de arcilla. Con dos copas en la superficie en 2018 incluyendo un ATP Masters 1000 por cabeza (si Nadal coronó el Barcelona Open y el Monte-Carlo Masters, Zverev respondió con el Open de Munich y el Madrid Open), Rafa y Sascha pisaron la pista con credenciales más que probadas.

Y las curvas no tardaron en llegar. Con determinación para lanzar dejadas y acelerar como un rayo, Zverev rompió el servicio de Nadal en el primer juego del encuentro. La amenaza no pudo ser mejor aceptada por el español, que enlazó los seis siguientes juegos adivinando siempre las intenciones su rival.

Ante las bolas cortas de Sascha, Rafa respondió con unos reflejos perfectos en la cinta (8/8) y una voracidad temible al resto. Si Zverev coronó la Caja Mágica días atrás sin conceder una rotura en todo el torneo, Nadal le infligió hasta tres quiebres apenas en la primera manga. Con una posición muy retrasada al resto, comenzando el intercambio a más de cuatro metros de la línea de fondo, Nadal ganó tiempo hasta hacer que el alemán apenas ganara cinco puntos con su servicio en el primer parcial.

Que Zverev es un jugador especial quedó claro de inmediato. Ante un rival jamás batido, con la primera manga todavía caliente y la responsabilidad de proteger la copa entre manos, el de Hamburgo levantó un 0-5 en un puñado de minutos para sentenciar el segundo parcial. En una manga donde Nadal apenas pudo conectar un golpe ganador por los 12 de Zverev, el jugador de Hamburgo encontró la oportunidad para restablecer el equilibrio.

La supervivencia fue la clave para tomar la corona de Roma. Zverev mantuvo el impulso del segundo parcial, sumiendo a Nadal en un amenazador 1-3 hasta la llegada de la lluvia. Intentos por reanudar el encuentro fueron en vano hasta que, con 2-3 en el marcador y una rotura favorable a Zverev, los jugadores acudieron durante una hora al vestuario.

El regreso a pista fue el puro reflejo del campeón español. Con el agua al cuello y el margen de error justo para aspirar a la copa surgió la mejor versión de Nadal. Con una velocidad de piernas antológica, una fe infinita y cruzando el juego sobre la derecha de Zverev, el mallorquín encadenó los últimos cuatro juegos del partido para tomar una victoria histórica en Roma.

Un esfuerzo total que permitió a Nadal frenar una racha de 13 victorias consecutivas de Zverev, reciente campeón sobre la tierra batida de Múnich y Madrid.

Enfrentado a uno de sus principales rivales en la actualidad, Nadal aprovechó el duelo de Roma para trazar una línea firme. El español estiró su impecable dominio ante el joven jugador alemán, al que ya domina por 5-0 en su historial head to head.

En Roma, conocida como la Ciudad Eterna, Nadal grabó a fuego su respeto en el ATP World Tour.

GP Francia: Márquez gana y asesta un golpe de efecto en Le Mans.

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Triunfo sin paliativos del 93, que aprovechó las caídas de Dovi y de Zarco para vencer; 2º fue Petrucci y 3º Rossi, salvando a Yamaha.

Gana hasta en ‘territorio comanche’. Marc Márquez se impone en una pista que no es excesivamente positiva para las características de la Honda: Le Mans parecía predestinada para las Yamaha y en especial para Zarco, que acabó cayendo. El número 93 alcanza a Casey Stoner con 38 victorias en la clase reina, sólo le queda Jorge Lorenzo (39) por delante. Afianza su liderato, con 36 puntos sobre Viñales.

La carrera comenzó con el de Cervera en quinta plaza. Lorenzo lideraba con Johann Zarco y Andrea Dovizioso al acecho. Dovi se puso en cabeza en la quinta vuelta, pero se fue al suelo justo después. Dos vueltas más tarde, el francés también acabó en el suelo, algo que no hacía en una carrera desde Qatar 2017, hace 21 carreras.

Esto dejó a Lorenzo y Márquez al mando de la prueba. Las gomas blandas del balear no aguantaron y perdió ritmo hasta acabar 6°. Márquez adelantó a Lorenzo y, a partir de ahí, no hubo carrera. Finalmente distanció a Danilo Petrucci en 2.3 segundos.

Por detrás, Valentino Rossi salvó el honor de Yamaha con la tercera plaza final: el italiano fue superando pilotos, pero no pudo alcanzar a la Ducati. El siete veces campeón del mundo asciende a la cuarta plaza del Mundial, a tan sólo 3 puntos del segundo, pero a 39 de Márquez.

La cuarta posición se la llevó Jack Miller, que completó una gran carrera, por delante de un Dani Pedrosa quien superó a Lorenzo a final de carrera. Maverick Viñales sufrió problemas y acabó 7º: ahora mismo es segundo en el campeonato.

CSKA Moscu 83-92 Real Madrid: A por la Decima.

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El Real Madrid supera al CSKA de Moscú (83-92) y disputará la Final de la Euroliga ante el Fenerbahçe turco, vigente campeón. El equipo de Laso supo resolver con templanza y defensa un duelo dificilísmo ante el mayor presupuesto de Europa. Claves para el equipo blanco, los 16 puntos de Doncic, otros 16 de Llull y un imperial Gustavo Ayón con 12 puntos y 11 rebotes.

No fue buena la puesta en escena del equipo blanco, al que costó mucho entrar en ritmo y detener la agresiva eficacia de Higgins Rodríguez. Laso detuvo el partido (15-9, m. 5) y dio entrada a Llull y Randolph buscando alterar la dinámica ofensiva. No se consiguió, dando además demasiadas facilidades al conjunto ruso en defensa, lo que se notó en el marcador al término del primer parcial (30-20, m. 10).

Laso reformuló su cinco de pista. Entraron Carroll Causeur y el equipo se soltó en ataque con un 8-0 de salida. Responsable del cambio de cara, Jaycee Carroll, que anotó tres triples seguidos sin fallo resolviendo de forma expeditiva todas las dudas anteriores del equipo blanco (17-4 en 4’ de parcial), que por fin tomó la delantera (36-37, m. 15).

Perdido el flujo de ataque, CSKA se rehízo hasta tomar el mando, pero ya sin brechas de marcador. De hecho, un rebote ofensivo de Thompkins sobre la bocina permitió a los de Laso recuperar la ventaja mínima al descanso (46-47, m. 20).

La reanudación fue una réplica del inicio de partido. En un momento delicado por el repunte defensivo ruso (51-47, m. 24) el cerebro de Causeur fue el principal artífice para deshacer el nudo. Un aplastante 13-0 cambió la cara al partido (51-60, m. 27). Laso acertó ampliando con precisión la rotación de jugadores hasta los siete de ventaja a falta de diez minutos (56-63, m. 30).

El equipo blanco resolvió otro nudo desde la transición y el triple. Llull, Thompkins, Carroll lideraron la oleada de artillería para alcanzar la máxima ventaja (61-73, m. 33).

Un nuevo arreón ruso (8-0) recortó el margen a cuatro, pero el Madrid ha llegado a esta cita en su mejor momento de la temporada. La templanza ante las situaciones difíciles que fue planteando CSKA, un rendimiento defensivo sostenido y un Ayón imperial (12+11) dieron al equipo blanco otra presencia en la Final, su décimo octava. El domingo veremos una final inédita: Fenerbahçe – Real Madrid.

Marsella 0-3 Atletico Madrid: Griezmann corona al Atletico en Lyon.

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El delantero rojiblanco, ha dejado su firma en la Final de la Europa League con un brillante doblete.

No salió muy metido en el encuentro el Atlético de Madrid. Estaba nervioso, agarrotado, impreciso; y el Olympique de Marsella tuvo varias ocasiones peligrosas, pero si no aprovechas esas situaciones con un equipo como el de Diego Pablo Simeone, sabes que puedes acabar sucumbiendo. Y de eso se encargó Griezmann.

Mediada la primera parte, el ‘7’ rojiblanco aprovechó un error del Olympique de Marsella en la salida de balón para batir a Mandanda por abajo. Y justo tras la reanudación, asistido por Koke, el delantero volvió a ajusticiar a los franceses para finiquitar una Final que, salvo los primeros compases, ha sido completamente rojiblanca.

Quién sabe si éste ha sido su último servicio como jugador del Atlético de Madrid, pero si finalmente así fuera, no puede marcharse con mayor gloria que haber dado a los rojiblancos un nuevo título europeo en un torneo donde ha anotado en cada eliminatoria, incluida una Final para el recuerdo.

Zverev conquista en Madrid su tercer Masters 1000.

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El alemán suma las coronas de Madrid, Canadá y Roma.
Era el duelo del futuro, de dos raquetas que lideran el relevo generacional del ATP World Tour y que todos los especialistas señalan como herederos naturales de la élite que ha dominado el circuito en la última década. Alexander Zverev ganó el pulso que sobre la tierra batida de la pista Manolo Santana del Madrid Open mantuvo ante Dominic Thiem por 6-4 y 6-4, en una hora y 18 minutos.

A pesar de sus 21 años, el alemán exhibió una madurez que le permitió encadenar la tercera corona ATP World Tour Masters 1000 de su carrera en la Caja Mágica, añadiendo a las que conquistó la pasada temporada en el Internazionali d’Italia en Roma (v. a Novak Djokovic) y la Rogers Cup de Canadá (v. a Roger Federer). Además, hace apenas unas semanas en el Miami Open (p. con John Isner).

Zverev se convirtió en el primer jugador en activo en alcanzar la cifra de tres ATP Masters 1000 ganados sin ser Rafael Nadal, Novak Djokovic, Roger Federer y Andy Murray. En total, hay 15 jugadores que sepan lo que es levantar un torneo de esta categoría.

Un break inicial marcó la historia de un partido en el que Zverev apenas tardó en tomar el mando. El jugador nacido en Hamburgo en 1997 aseguró el 78% de los puntos que puso en juego con su servicio y aprovechó la única oportunidad de todo el set para cerrar de su lado el marcador por 6-4.

El segundo parcial arrancó de la misma manera que el anterior: quiebre sobre el saque de Thiem. La agresividad del alemán desde el fondo y una serie de errores no forzados, sobre todo desde el lado del revés del austriaco, generó aún más nervios en la raqueta del austriaco que buscaba su primer ATP Masters 1000 en su segunda final en el Madrid Open.

Zverev consiguió mantener la ventaja en el marcador sin ceder una sola opción de break en el partido, elevando su porcentaje de éxito con el primer servicio a un 94%.

El N° 3 del Ranking ATP levantó el octavo título de su carrera en Madrid, uniendo a su palmarés lo que antes había conseguido en Múnich 2018, Canadá 2017, Washington 2017, Roma 2017, Múnich 2017, Montpellier 2017 y San Petersburgo 2016. Ahora viajará a Roma para defender su corona con un impecable récord de 9 victorias consecutivas.

GP España: Paseo triunfal de Hamilton en Barcelona.

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El inglés aumentó su liderato del Mundial ante un Vettel que falló en la estrategia y se quedó fuera del podio.

Inalcanzable. Infinitamente superior. Lewis Hamilton sacó la corona de vigente campeón del mundo de F1 el domingo a relucir en el GP de España de F1 y logró su victoria número 64. Lo hizo metafóricamente, pero fue tan superior que incluso podía haber corrido con alguno de sus cuatro cetros en la mano. En la quinta cita del año, el británico reinó con contundencia. Nada de concesiones a sus rivales. Fortaleza y un ritmo frenético desde el inicio aprovechando el mejor ritmo que Mercedes ha demostrado tener con el cambio de neumáticos Pirelli para liderar con puño de hierro en una victoria incontestable acompañado en el podio por Bottas Verstappen.

Esta vez, Hamilton no necesitó que la suerte se subiera al cockpit de su W09 como sí lo hizo en Bakú. Le respetó el tiempo, con un sol que se hizo paso ante las amenazadoras nubes negras que había sobre el trazado, que no quería desaprovechar la ocasión de iluminar el triunfo del inglés. El de Stevenage hizo el resto con sus manos, olvidándose de los problemas de neumáticos de las carreras anteriores y corroborando su liderato del Mundial esta vez por méritos propios. El inglés no estaba pasando por su mejor momento en este inicio de campeonato y España le devolvió la sonrisa a un campeón que parecía apagado anteriormente. Lewis sabía de la importancia de este triunfo e incluso quiso dormir en el motorhome del Circuito para concienciarse y no descentrarse por nada del mundo. Y obtuvo el premio, aumentando su liderato en el Mundial ante un Vettel ‘tocado’.

Ferrari volvió a ser ‘víctima’ de su estrategia. Este factor le dio la victoria de forma fenomenal en Australia sorprendiendo a los Mercedes, pero cuatro carreras más tarde, jugaron sus cartas muy mal con una jugada muy arriesgada que acabó de repente con todas sus opciones. Con la voluntad de sorprender a Hamilton, el teutón de Ferrari fue el primero e parar en la vuelta 17 para atacar a Lewis y ahí arruinó su carrera al salir de boxes tras Magnussen, desaprovechando las primeras vueltas de su neumático nuevo. Sin embargo, pudo empujar para evitar que Bottas le pasara por los pelos cuando el finlandés entró a boxes en la vuelta 20. Se ayudó del DRS y minimizó los daños de un fallo estratégico garrafal.

En la vuelta 25, Ferrari perdió a su ‘alfil’ cuando Raikkonen tuvo que abandonar por pérdida de potencia, seguramente provocando de nuevo el llanto del pequeño francés que el pasado curso en Barcelona conmovió al mundo con sus lágrimas. Y en la vuelta 42, otra jugada improvisada de los italianos volvió a dejar a su ‘rey’ al descubierto. Ferrari se hizo su propio ‘jaque mate’. De nuevo, Vettel volvía a parar y salía detrás de un Verstappen que lideró incluso la carrera al alargar al máximo su parada y que no tenía pensado volver a entrar. Así, Vettel había pasado de la segunda a la cuarta plaza de forma incomprensible. Casi le echa un ‘capote’ el joven neerlandés con otro error infantil, cuando tocó a Sirotkin cuando lo quiso doblar. Dañó parte de su alerón izquierdo, pero por suerte para la joven estrella de Red Bull, pudo conservar su tercera posición con un buen ritmo ante un Vettel furioso. A partir de ahí, la carrera fue una procesión en la que la dificultad por adelantar en pista complicó mucho las cosas para que la afición pudiera vivir un final tan emocionante como el que se vio en las tres carreras anteriores.